Defendor

Las armas son para los cobardes

Por Emiliano Fernández

El mainstream hollywoodense ha transformado al cine de superhéroes durante las últimas dos décadas en una usina de productos intercambiables y extremadamente pobres que ponen de manifiesto la lastimosa redundancia del enclave comercial, la corrección política demacrada con la que arman las historias y la vagancia conceptual y el conservadurismo en general de films que en vez de optar por alguna salida mínimamente novedosa -léase que se aparte del tono humorístico infradotado de Marvel o la pose dark melodramática baladí de DC Comics- vuelven a caer en la misma pavada de siempre ya vista decenas de veces en el pasado, todo por supuesto cortesía de la lógica castradora del marketing, la publicidad y los collages videocliperos y de la estupidez de los bobos en la gerencia de los grandes estudios de nuestros días, quienes por un lado apelan a los CGIs de plástico y a la manipulación emocional más berreta y por el otro ni deben recordar que todo esto comenzó con películas con una enorme personalidad propia como las queridas Superman (1978), Batman (1989) y hasta Dick Tracy (1990), obras que tomaban el sustrato simplista de la historieta para llevarlo hacia nuevos rumbos y construir un espectáculo visual coherente e interesante sin apostar a la fastuosidad hueca y cobarde que se fagocita a sí misma a los pocos minutos.

 

Dentro de este panorama se evitó a conciencia desde el mainstream la popularización de las parodias directas del cine de superhéroes para no “desprestigiarlo” a ojos de la masa de cavernícolas lobotomizados que suelen consumirlo, por ello las muy pocas películas orientadas a la sátira no suelen ser detectadas por el radar de los espectadores en cuestión: a diferencia de la vertiente absurda representada por Hombres Misteriosos (Mystery Men, 1999), su homóloga indie estúpida correspondiente a The Specials (2000) y Super (2010) y la pomposa sarcástica de Kick-Ass (2010) y su secuela del 2013, por cierto cercana a ese Hollywood que empaqueta una y otra vez a los mismos paparulos de calzas y poderes pueriles que retrasan medio siglo, Defendor (2009) en cambio nos regala una versión más mundana y realista del rubro “paladines en solfa” aunque sin recurrir a lo fantástico inflado, al delirio semi psicodélico, la parodia explícita repetitiva símil Superhéroes, la Película (Superhero Movie, 2008), la relectura burda de los engranajes narrativos más conocidos, las caricaturas de personajes por demás quemados o al mismo fetiche para con la hipérbole de cualquier tipo, ya sea volcada hacia las destrezas de turno o a lo ridículo del hecho de un hombre adulto/ vigilante patrullando la ciudad en un traje digno de Halloween y aledaños.

 

Esta atractiva ópera prima de Peter Stebbings gira en torno a un hombre con un leve retraso mental, Arthur Poppington (Woody Harrelson), quien durante el día trabaja como obrero y vive en el taller del departamento de obras públicas de Hammertown y por la noche combate el crimen bajo el mote de Defendor, un adalid de la justicia todo vestido de negro, con un antifaz hecho de betún, un casco con luces y una cámara, una enorme D en el pecho trazada con cinta aislante gris y hasta un cinturón y un variopinto equipo que incluye canicas, frascos con avispas, jugo de limón, un quiebra nueces y un garrote de trinchera. Mientras está siendo interrogado por una psiquiatra, la Doctora Ellen Park (Sandra Oh), por haber atacado al dueño pederasta de una tintorería, el Señor Debrofkowitz (Bryan Renfro), conocemos vía un gran flashback la misión del protagonista y los secundarios de turno: Arthur está cazando al Captain Industry, némesis narco que asesinó a su madre drogadicta cuando niño, y termina entablando una amistad con Katerina (Kat Dennings), una prostituta adolescente adicta al crack cuyo proxeneta, Chuck Dooney (Elias Koteas), es un policía corrupto que trabaja para el mafioso más importante y temido de la ciudad, Radovan Kristic (A.C. Peterson), psicópata y eterno importador de armas, drogas y meretrices esclavizadas.

 

Admirador de historietas alternativas que no le importan a los fans descerebrados del cómic mainstream y criado por su abuelo Henry (David Gardner) luego del abandono por parte de su madre, Poppington alias Defendor se gana la simpatía no sólo de Park sino también del jefe de la policía, el Capitán Roger Fairbanks (Clark Johnson), gracias a su sinceridad, su amabilidad y al detalle de que se preocupa en serio por el prójimo al punto de siempre defender al desvalido. Cuando Katerina le sugiere que Radovan Kristic es de hecho Captain Industry, ni ella misma ni su jefe y amigo Paul Carter (Michael Kelly) le podrán sacar de la cabeza la idea de comenzar una vigilancia sobre el mafioso que se vuelve muy peligrosa porque Dooney se percata del carácter obsesivo de Arthur y de su contacto con Fairbanks. El canadiense Stebbings, en esencia un actor reconvertido en realizador, se mueve con inteligencia y sin mayores sobresaltos en la línea divisoria entre la comedia y el drama pero sin subrayados bruscos -algo sinceramente muy extraño en el cine de América del Norte en general- y teniendo muy presente la integridad e idiosincrasia de cada personaje en pantalla, redondeando criaturas con contradicciones prosaicas que no se sienten forzadas porque obedecen a un desarrollo narrativo raudo, con los pies sobre la tierra y bastante minucioso.

 

La película también le escapa a los retratos indulgentes y maniqueos a lo Forrest Gump (1994) de las patologías psiquiátricas/ psicológicas, aquí ponderando el desajuste del protagonista con respecto a su entorno pero también señalando su valentía y la nobleza de su lucha cotidiana contra los delincuentes, incluso contra aquellos que forman parte de las instituciones como Dooney: en este sentido, se puede considerar al maravilloso desempeño de Harrelson como la piedra angular de Defendor ya que el actor jamás banaliza a Poppington y lo metamorfosea desde el inicio en una cruza entre el Batman de Bob Kane y Bill Finger y el Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, con Katerina como su escudero Sancho Panza y un camión al que bautiza Defenperro/ Defendog como su caballo Rocinante. La violencia, el dolor y la marginalidad tampoco adquieren rasgos caricaturescos y se mantienen siempre dentro del terreno de lo posible y de un humor negro con corazón en consonancia con peleas que derivan en resultados mixtos, con el antihéroe a veces siendo derrotado y en otras ocasiones saliendo victorioso de las refriegas. Sin llegar a deslumbrar pero con eficacia dramática y una sensatez muy poco habitual en nuestros días, la propuesta recupera con hidalguía la estimable premisa “las armas son para los cobardes”, una de las máximas personales de Arthur, y le restituye el sustrato contracultural a esto de combatir las barrabasadas callejeras diarias mediante el accionar de un loco lindo en el que la paradoja revanchista/ justiciera toma verdadera dimensión por su sustrato fanático y monocorde a raíz de su retraso cognitivo, planteo que el guión de Stebbings en ningún momento vuelca hacia la ridiculización del protagonista porque el convite en su conjunto lo respeta al compararlo con el sadismo y la pusilanimidad circundantes y con la histeria de un vulgo representado en un locutor radial de derecha (Jim Ladd) y sus paranoicos oyentes…

 

Defendor (Canadá/ Estados Unidos/ Reino Unido, 2009)

Dirección y Guión: Peter Stebbings. Elenco: Woody Harrelson, Elias Koteas, Michael Kelly, Sandra Oh, Kat Dennings, Clark Johnson, A.C. Peterson, Lisa Ray, Kristin Booth, Jim Ladd. Producción: Nicholas Tabarrok. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 7