Junto con Eugene O’Neill y Arthur Miller, Tennessee Williams es considerado uno de los principales dramaturgos norteamericanos del Siglo XX, lo que por cierto equivale a decir que es uno de los mejores de la historia estadounidense y específicamente en lo que atañe a la exploración psicológica entrecruzada de personajes que van desde sus clásicos rebeldes e inadaptados hasta esos monstruos bien maquiavélicos que suelen moverse a su alrededor. A diferencia de los otros dos autores, Williams gozó del muy raro privilegio de haber sido acogido a pleno por Hollywood en la etapa sin duda más fructífera y brillante de su carrera mediante recordadas adaptaciones -algunas muy en diferido, otras prácticamente dentro del mismo período histórico de su estreno- de puestas teatrales hoy legendarias como El Zoo de Cristal (The Glass Menagerie, 1944), Un Tranvía Llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, 1947), La Rosa Tatuada (The Rose Tattoo, 1951), La Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente (Cat on a Hot Tin Roof, 1955), Orfeo Descendiendo (Orpheus Descending, 1957), De Repente, el Último Verano (Suddenly, Last Summer, 1958), Dulce Pájaro de Juventud (Sweet Bird of Youth, 1959) y La Noche de la Iguana (The Night of the Iguana, 1961). Su voluminosa producción artística fue adaptada por directores como Irving Rapper, Daniel Mann, Richard Brooks, Joseph L. Mankiewicz, Sidney Lumet, Peter Glenville, José Quintero, George Roy Hill, John Huston, Sydney Pollack, Paul Newman, Nicolas Roeg y Jodie Markell, entre muchos otros, sin embargo es Elia Kazan el gran responsable de la popularización del dramaturgo en términos cinematográficos y en todo el mundo gracias a su mítica Un Tranvía Llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, 1951), protagonizada por Marlon Brando, Vivien Leigh, Kim Hunter y Karl Malden, y la tremenda Baby Doll (1956), realización que levantó mucha polvareda en su tiempo por su carga sexual y el evidente conservadurismo de buena parte de la sociedad internacional de mediados del siglo pasado.
Realizada por Kazan justo luego de Al Este del Paraíso (East of Eden, 1955), encabezada por aquel malogrado James Dean, y de su trilogía de colaboraciones con Brando, léase la mencionada Un Tranvía Llamado Deseo, ¡Viva Zapata! (1952) y Nido de Ratas (On the Waterfront, 1954), Baby Doll es un caso extraño porque constituye una especie de ampliación bastante ambiciosa de la obra de teatro de un solo acto 27 Vagones de Algodón (27 Wagons Full of Cotton, 1946), de Williams, aquí con el propio autor firmando el guión y -sin proponérselo del todo, definitivamente- poniendo el mojón inicial en un subgénero del cine erótico que con los años desembocaría en muchas odiseas semejantes, hablamos del centrado en “señoritas precoces” (switch del eufemismo en modo on) y/ o putitas adolescentes (switch del eufemismo en modo off, acentuación exploitation). Hasta en cierto punto comparable con otro de los pivotes fundamentales del rubro, la posterior Lolita (1962), dirigida por Stanley Kubrick a partir de una extraordinaria novela de un Vladimir Nabokov que también escribió el guión, el film del tándem Kazan/ Williams utiliza el lenguaje de la comedia negra para presentarnos una historia que gira en torno al Delta del Mississippi de la época y a tres personajes cruciales, Archie Lee Meighan (Malden reincide con la dupla creativa), un cuarentón y propietario de una desmotadora de algodón que está en la ruina financiera, su esposa Baby Doll Meighan (Carroll Baker), una muchacha de 19 años que se casó con el anterior a instancias de su padre ya fallecido y obedeciendo a un acuerdo algo bizarro, según el cual ella permanecerá virgen y se entregará a él al cumplir 20 años si el hombre le ofrece la casa más grande del condado y un mobiliario y un estatus acordes, y finalmente Silva Vacarro (Eli Wallach), un norteamericano de ascendencia siciliana y superintendente del Sindicato del Algodón que desde hace tiempo viene dejando sin trabajo a los agricultores de la zona porque posee una colosal y flamante desmotadora.
Como casi siempre ocurre con las obras de Williams, el planteo dramático es relativamente sencillo pero la cosa de a poco se va complicando porque los protagonistas demuestran ser seres multidimensionales y de por sí muy enrevesados, a nivel de lo patológico: Archie es un alcohólico y un verdadero manojo de nervios ya que no aguanta más las frustraciones sexuales acumuladas y se dedica a espiar a su esposa por un agujero de una pared de la derruida mansión que supo comprarle, Tiger Tail, esa que promete restaurar de a poco, no obstante Baby Doll sabe que sus dichos son todas patrañas porque el hombre ni siquiera logra conservar los cinco juegos de muebles que había comprado para la vivienda, los cuales terminan embargados por la compañía de turno ante la imposibilidad de pago de un Archie que ve con recelo y animadversión a Vacarro y su estrategia de eliminar de modo progresivo a la competencia acaparando todo el procesamiento de algodón de la región, precisamente por ello una noche toma algo de kerosene y le prende fuego a su maquinaría cual desquite impulsivo/ justicia popular. Vacarro, visto como un forastero por los sureños, no se queda atrás y pronto deduce quién fue el responsable del incendio intencional porque Meighan fue el único que no estaba en una reunión del gremio algodonero en un cobertizo de su planta productora, evento paralelo al comienzo de las llamas, y así se acerca a Tiger Tail y con la excusa de ofrecer trabajo a su desmotadora, una máquina antigua y muy necesitada de mantenimiento, saca a Archie de la casona y se queda solito con Baby Doll, a la que primero presiona para que reconozca que su marido inició el fuego y luego seduce con la explícita intención de arruinarle el matrimonio a su enemigo y respondiendo a la inefable competencia masculina por la hembra, aquí una chica cosificada y homologada a esa desmotadora que pereció entre un calor ardiente que a posteriori se metamorfosea en pasión cuando Baby Doll pasa de ser propiedad frígida de Archie a bello trofeo de Silva.
Condimentando el asunto con secundarios como el cónclave de empleados afroamericanos ociosos de Archie, la mano derecha de Vacarro, Rock (Lonny Chapman), un dentista que busca una recepcionista y también coquetea con la chica (en la piel de un muy joven Rip Torn) y la hilarante Tía Rose Comfort (Mildred Dunnock), hermana senil y semi sorda del padre de la señorita, una anciana fanática de las golosinas que lee maniáticamente el periódico para ver si alguna amiga suya está internada en un hospital para visitarla y poder comer todos esos dulces que suelen recibir los enfermos de parte de parientes y conocidos varios, en esta oportunidad Williams se debe acomodar a la censura hiper oscurantista del Hollywood de aquella etapa y por ello evita el planteo de semi violación de la puesta teatral del magnate algodonero hacia la esposa de Meighan y de paso aprovecha para por un lado no hacerla tan infantil, mostrándola como una mujer banal y algo tontuela pero mucho más avispada y consciente de lo que está ocurriendo a su alrededor que en la obra original, y por el otro lado jugar con la insinuación erótica en una movida que termina de cristalizar en la famosa escena del columpio en el jardín saturado de basura de Tiger Tail, cuando mediante un primer plano de los rostros libidinosos de Baker y Wallach se insinúa que el hombre la está tocando por debajo de la ropa y fuera de campo, algo que se emparda a la costumbre de ella de dormir en una cuna -a la que le quita las barandillas- mientras se chupa un pulgar porque es el único otro mueble de dormitorio que hay en la mansión por fuera de la cama donde descansa Archie (Silva incluso le dice a la mujer que en el columpio se relajará como en la cuna, enfatizando esta jocosa asociación sexual entre ambos objetos). La masculinidad posesiva y la feminidad endeble y dependiente son ridiculizadas a la par en la película a través de la pareja Meighan, un matrimonio sin el más mínimo respeto, y por conveniencia por parte de la mujer y símil “botín sensual” por parte del hombre, en el que nadie es feliz.
Ahora bien, y más allá de los queridos latiguillos de las trayectorias de Kazan y Williams acerca de las gestas trágicas de independencia de los marginados, el afán en pos de una redención en verdad digna y la decrepitud de individuos y relaciones condenadas al fracaso desde el vamos, en Baby Doll asimismo se ponen muy de manifiesto las destructivas consecuencias de la Gran Depresión y cómo la oligarquía concentrada y mafiosa se fue fagocitando a los cuentapropistas y los pequeños productores estadounidenses en general en lo que a materias primas se refiere; interesante denuncia que la película complementa con la xenofobia del Delta del Mississippi, la enorme desidia estatal, el sustrato reaccionario del período, las minucias de la segregación y el fetiche con la justicia por mano propia entre los propietarios caucásicos de campos, hoy convertidos en bandos en pugna con poco y nulo espacio para la negociación ya que aquí la conquista completa del terreno o las propiedades del adversario es lo único que vale. Cuando en el desenlace el enfrentamiento entre los hombres y entre la muchacha y su marido quede a la vista de todo el mundo, con ella besando a Vacarro y un Archie furioso a raíz de la tarde que compartieron juntos Baby Doll y Silva y empuñando una escopeta, el proceso de extrañamiento retórico -entre ensoñado y realista/ costumbrista- del relato habrá terminado dentro de un marco de parodia camuflada de las miserias de los sexos y de la sociedad mojigata e hipócrita en la que conviven: en la propuesta las féminas se nos aparecen como consagradas a una dura autopreservación en cárceles conceptuales impuestas y/ o autoconstruidas y los hombres como energúmenos o necios más preocupados por imponerse entre ellos y frente a las mujeres que por disfrutar de la compañía de ellas, equiparadas en boca de la Tía Rose a las flores, “los poemas de la naturaleza”, señalando de paso cierto encanto intrínseco de las señoritas jóvenes y bellas a ojos de los varones de cualquier edad y sobre todo de aquellos verdes y bien mayorcitos…
Baby Doll (Estados Unidos, 1956)
Dirección: Elia Kazan. Guión: Tennessee Williams. Elenco: Karl Malden, Carroll Baker, Eli Wallach, Mildred Dunnock, Lonny Chapman, Eades Hogue, Noah Williamson, R.G. Armstrong, Madeleine Sherwood, Rip Torn. Producción: Elia Kazan. Duración: 114 minutos.