El Enigma de Kaspar Hauser (Jeder für sich und Gott gegen alle, 1974), cuyo título original es Cada uno para sí y Dios contra todos, inició la colaboración entre el director alemán Werner Herzog y uno de sus actores preferidos, Bruno Schleinstein, un hombre que había pasado la mayor parte de su juventud encerrado en instituciones psiquiátricas y carcelarias por delitos menores, con quien unos años más tarde filmaría Stroszek (1977). Bruno S. interpreta aquí a Kaspar Hauser, un adolescente huérfano abandonado en medio de las calles de Núremberg que había vivido encerrado en una oscura celda sin ningún contacto humano salvo el del hombre que lo alimentaba y cuidaba, una historia real que de la sociología y la antropología saltaría a la literatura y más tarde al cine.
A diferencia de los cinco films que Werner Herzog realizó con Klaus Kinski, tanto en Stroszek como en El Enigma de Kaspar Hauser el personaje central protagonizado por Bruno S. genera más empatía que rechazo porque son hombres destruidos por la sociedad, que nunca han recibido realmente una oportunidad. Ambos son individuos que para el conjunto social son un problema a solucionar o un sujeto al cual se le busca un uso y no hay pruritos a la hora de deshacerse una vez exprimido su potencial. Secundado por el extraordinario y prolífico Walter Ladengast y Brigitte Mira, Bruno S. debutó aquí como actor tras encandilar a Herzog con su aparición en un documental sobre músicos callejeros.
Al igual que en la mayoría de sus films, Herzog comienza con una imagen bucólica y una elegía sobre el apabullante y ensordecedor poder del silencio en medio de la multitud, un elogio de la individualidad que acompaña una imagen de campos azotados por el viento al son del canon del compositor barroco alemán Johann Pachelbel, una composición apacible e hipnótica que invita a perderse en su ligera melodía, un preludio que siempre contrasta con los finales desoladores del cine de Herzog. En esta secuencia el cineasta construye uno de sus mejores comienzos con una escena memorable que queda marcada en la retina del espectador como una poesía eterna que contrasta con la imagen patética de Kaspar encerrado en medio de un establo y encadenado como un animal.
En El Enigma de Kaspar Hauser, Herzog indaga en diversas cuestiones que más tarde trabajaría con el actor Klaus Kinski en su adaptación de una famosa obra de teatro de Georg Büchner, Woyzeck (1979), film para el que también consideraría seriamente a Bruno S. como actor protagónico, especialmente la influencia de la sociedad sobre el desarrollo de la educación y la personalidad del ser humano, indagaciones de un director imbuido por un existencialismo descarnado. Esta tensión alrededor de la necesidad del ser humano de construir una personalidad individual y su obligación de vivir en sociedad es también una de las principales cuestiones que el film de Herzog analiza y que tiene un desarrollo verdaderamente maravilloso gracias a la elección de Bruno S. como protagonista.
En lugar de centrarse en las investigaciones de Georg Friedrich Daumer, Herzog se concentra aquí en el personaje de Kaspar, un joven que descubre el mundo, sueña a la humanidad trepando una montaña para encontrarse con la muerte y escribe su autobiografía a la vez que estudia música mientras los científicos intentan explicar su comportamiento. Daumer, al igual que Stanhope, funcionan como dos contrapuntos de la inocencia aniñada de Kaspar en su afán por descubrir el mundo. Herzog trabaja sobre el ensimismamiento humano, la falta de empatía y la imposibilidad de hombres y mujeres de intentar comprender al prójimo, corolario de la intención de imponer siempre la verdad personal sobre el otro en lugar de abrir la posibilidad del diálogo. La curiosidad y las posibilidades de la imaginación en su proceso de socialización también son analizadas por el guión de Herzog a partir de un personaje tan polémico como interesante.
El film narra las circunstancias en las que Kaspar es dejado en libertad en las calles de Núremberg con una carta para el Capitán de Caballería de la ciudad tras su largo encierro en una celda, con un caballito de madera como único juguete, para convertirse tras su aparición pública en el “huérfano de Europa”, un joven abandonado que es ayudado por diversos personajes que lo acogen bajo su tutela al trascender la enigmática noticia. Para mantenerlo la ciudad lo ofrece como un personaje extravagante al que los ciudadanos pagan para ver hasta que su suerte cambia cuando es descubierto por el filósofo y poeta alemán Georg Friedrich Daumer, un anciano profundamente conmovido por la historia de Kaspar. Daumer lo toma bajo su tutela y lo educa para insertarlo al mundo pero también para estudiarlo y escribir ensayos sobre este singular joven no corrompido por la sociedad y sus prácticas. Kaspar aprende música y comienza a escribir su autobiografía para transmitir sus penurias y su visión del mundo. A pesar de haber sido encerrado y privado de su libertad y de la posibilidad de interactuar con otros seres humanos, Kaspar no guarda ningún rencor hacia la persona que lo confinó a una vida muda, pero su anunciada autobiografía inicia una serie de intentos de asesinato que terminarán con su vida prematuramente. Así como su aparición en Núremberg es un misterio su muerte también lo es, pero para Herzog el lado humano es el que domina la ficción y Kaspar y su perspectiva son las que marcan el paso de la trama.
Más que en las obras antropológicas, sociológicas y psicológicas sobre Kaspar Hauser, de entre las que se destaca la del importante jurista alemán Paul Johann Anselm von Feuerbach como la más interesante y profunda (recientemente editada en Argentina por Interzona), Herzog basó su guión en la popular novela de Jacob Wasserman, Gaspar Hauser o la Inercia del Corazón (Caspar Hauser oder Die Trägheit des Herzens, 1908), que narra la vida del personaje desde el imaginario europeo del “niño lobo”, un joven que crece por fuera de la civilización y más tarde debe adaptarse a ella, demostrando la resiliencia del ser humano ante los cambios. Herzog también utilizó en su guión la obra teatral de Peter Handke, Kaspar (1967), y el poema de Georg Trakl, La Canción de Kaspar Hauser (Kaspar Hauser Lied, 1913), obras que demuestran la influencia de la historia de joven encerrado y devuelto al mundo en su adolescencia como un relato inspirador y perturbador a la vez respecto de la fragilidad del ser humano y de su dependencia de los estímulos externos.
Mientras que la obra de Paul Johann Anselm von Feuerbach examina la pérdida de la sensibilidad diferencial que Kaspar había adquirido por su encierro a medida que se inserta en la conservadora sociedad de la época, que intenta asimilarlo con sus ideas teológicas, racionales o matemáticas en un intento por civilizar a un salvaje, Herzog retoma el sentir de Kaspar para proponerlo como un contraste a la falta de sensibilidad del resto de los personajes, que no pueden comprender que haya un trasfondo distinto a su visión del mundo y su percepción de la realidad.
La música de Mozart, Pachelbel, Albinoni y Orlande de Lassus tiene por supuesto una gran importancia ya que Herzog explota al máximo la inclinación de Bruno S. hacia la música, interés que también tenía Kaspar Hauser, un joven que tuvo que aprender a convivir con la multiplicidad de estímulos asociados con la vida urbana. Aunque Popol Vuh no es parte aquí de la banda sonora, Florian Fricke tiene un par de escenas reservadas junto al piano tocando algunas melodías de la banda como un músico ciego, única intervención del grupo asociado al movimiento krautrock en este film del Nuevo Cine Alemán, corriente cinematográfica liderada por directores como el propio Werner Herzog, Wim Wenders, Volker Schlöndorf y Rainer Werner Fassbinder.
Como es característico en el cine de Herzog, El Enigma de Kaspar Hauser es una obra que combina una mirada inquisitiva sobre el mundo, un elogio de la sensibilidad y lo distinto que le agregan color al entorno social, y una crítica feroz contra la homogeneización del sentir, el pensamiento y de la existencia en general. El personaje de Kaspar Hauser ha causado gran controversia desde su aparición por su supuesto origen y su misterioso asesinato pero claramente Herzog se centra en traer a Kaspar al presente para enseñar al mundo una gran lección que queda marcada, al igual que sus hermosas escenas, en cada espectador: cada persona cuenta con un universo tan particular como incognoscible e imprevisible, y tenemos el deber de promover que el mundo sea más compasivo y respetuoso y menos soberbio y orgulloso.
El Enigma de Kaspar Hauser (Jeder für sich und Gott gegen alle, República Federal de Alemania, 1974)
Dirección y Guión: Werner Herzog. Elenco: Bruno Schleinstein, Walter Ladengast, Brigitte Mira, Willy Semmelrogge, Michael Kroecher, Hans Musäus, Henry van Lyck, Gloria Doer, Volker Prechtel, Herbert Achternbusch. Producción: Werner Herzog. Duración: 110 minutos.