Patty Hearst

Un semblante simbiótico

Por Martín Chiavarino

Tras la conmutación de su sentencia por Jimmy Carter en 1979, Patricia Hearst comenzó a escribir sus polémicas memorias alentada por el periodista Alvin Moscow, obra que se publicaría en 1981 en inglés bajo el título de Patty Hearst: Her Own Story (1981). El libro le traería más problemas legales a Patricia de los que ya arrastraba por su ambiguo contenido, reflejado en la adaptación que realizaría Paul Schrader a fines de la década del ochenta. Schrader se había consagrado con los guiones de The Yakuza (1974), de Sydney Pollack, y Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, y ya había incursionado en la dirección con films extraordinarios como Gigoló Americano (American Gigolo, 1980) y Mishima: Una Vida en Cuatro Capítulos (Mishima: A Life in Four Chapters, 1985), pero venía de un gran fracaso, Light of Day (1987), un musical con Michael J. Fox, la estrella de Volver al Futuro (Back to the Future, 1985), y necesitaba cambiar de página y regresar a la gravedad de historias como la biografía de personajes contradictorios e inclasificables como Mishima.

 

Patty Hearst (1988) narra el secuestro y la asimilación de Patricia Hearst, la nieta del magnate de los medios norteamericanos William Randolph Hearst, al Ejército Simbiótico de Liberación (Symbionese Liberation Army), un comando conocido como SLA con pretensiones revolucionarias que buscaba asemejarse a las experiencias de guerrilla urbana latinoamericana de la década del sesenta y setenta. El SLA fue uno de los experimentos de radicalización revolucionaria producto de la represión y la persecución ilegal por parte del FBI (Federal Bureau of Investigation) de dirigentes políticos con ideas progresistas que interpelaban a una juventud que buscaba romper con los parámetros conservadores de la generación anterior y la ética protestante que enarbolaban los sectores más reaccionarios de los Estados Unidos.

 

La inglesa Natasha Richardson, hija de la actriz Vanessa Redgrave y del director de cine Tony Richardson, compone aquí en uno de sus primeros papeles protagónicos a Patricia Campbell Hearst, una joven estudiante de la progresista Universidad de Berkeley, heredera de una gran fortuna y de un imperio mediático, secuestrada a sus diecinueve años por el SLA a principios de 1974 para ser arrestada un año y medio después por su participación en el robo de un banco, lo que supuso la desintegración final de la pretendida guerrilla urbana que había sido desbaratada el año anterior y tan solo había asaltado un par de bancos, gozando de cobertura mediática debido al secuestro de la joven y las consecuencias del mismo.

 

El guion de Nicholas Kazan se aleja de las historias sensacionalistas que rodearon el caso y retoma solamente las memorias de Patty Hearst para centrarse en la experiencia de la joven, su secuestro, su cautiverio, las vejaciones y la presión psicológica para unirse al grupo que practicaba más el sexo libre y la charlatanería que las ideas revolucionarias. Schrader realiza un gran trabajo de cámara junto al director de fotografía montenegrino Bojan Bazelli para captar las variantes del sometimiento desde la posición de Hearst, de sus sentimientos y de la coacción constante por parte de sus captores, que la veían como la encarnación de la burguesía capitalista a la que buscaban destruir, pero también hay una luz sobre descubrimientos difíciles de asimilar para el norteamericano burgués promedio como que sus fuerzas de seguridad son una banda de asesinos psicópatas con una placa en lugar de servidores de la ley o protectores de la ciudadanía. Schrader reconstruye con gran éxito las confusas ideas revolucionarias del Ejercito Simbiótico de Liberación que combinaban el símbolo de una cobra de siete cabezas tomada de las ilustraciones de The Lost Continent of Mu (1926), el libro del ocultista británico James Churchward, que proponía la existencia de un continente desaparecido hace muchos siglos en el Océano Pacifico. El símbolo ofidio tomado de la mitología hindú representaba siete principios de una celebración afroamericana denominada Kwanzaa, que había cobrado popularidad en Estados Unidos hacía mediados de la década del sesenta después de la rebelión del barrio de Watts en Los Ángeles ante el maltrato policial contra la población afroamericana. Cada uno de los personajes es retratado en sus contradicciones y anhelos absurdos completamente alejados de la realidad, cuestión por la que el grupo fue rápidamente desbaratado.

 

El film relata convincentemente la asimilación de Patty Hearst al grupo, una pequeña comunidad que proponía el sexo libre y la libertad, pero que como la mayoría de los grupos revolucionarios tenía una retórica alejada de sus acciones o buscaba en cuestiones externas definiciones que solo pertenecen a la dinámica grupal interna. Richardson interpreta a una joven confundida y al borde del colapso psicológico que dice y hace lo que le digan en una búsqueda de aceptación cansina, prólogo de un colapso físico que la Patty Hearst sufriría en la cárcel tras su arresto. A su alrededor solo Cinque, el líder, un profeta loco interpretado por Ving Rhames, logra la unidad de un grupo que se desintegra tras su suicidio al ser acorralado por la policía junto a la mayor parte del grupo, abatidos durante el brutal ataque institucional. El resto de la pandilla es retratada como una banda patética que combina ideas revolucionarias de la izquierda radical tomadas de las guerrillas latinoamericanas y los libros de Regis Debray con ideas orientales regurgitadas por algún gurú de la época, un combo guerrillero completamente delirante que alegaba que la revolución estaba a la vuelta de la esquina.

 

El Ejército Simbiótico o Simbionés de Liberación fue claramente una de las consecuencias de la derrota revolucionaria de la década del sesenta y una reacción radical al fracaso político de una generación que buscaba cambios en el corto plazo, metamorfosis política que en general necesita primero de un cambio cultural muy fuerte y que recién se había iniciado en Estados Unidos, un país conservador creado bajo las bases de la férrea ética protestante. En este contexto las ideas de izquierda progresista agitadas durante la década del sesenta aún tenían mucho camino hasta llegar a su madurez y convertirse en un nuevo sentido común sobre el cual plantear nuevos mundos posibles.

 

El film también puede ser leído como un capítulo extremo del choque del universitario norteamericano de clase alta con las ideas revolucionarias y cierto clima radical de la época, encuentro traumático exacerbado por el secuestro, el cautiverio y el bombardeo ideológico que transforman a un Síndrome de Estocolmo en una situación más compleja que implica una ruptura con las ideas preconcebidas de la protagonista sobre el mundo y su futuro.

 

Patty Hearst fue un opus extraño y aún lo es dentro de la filmografía de Paul Schrader. Claustrofóbica, oscura y pálida, la obra indaga en la transformación de una joven estudiante burguesa en un icono revolucionario, de víctima de un secuestro a delincuente buscada por la policía. Confusa y polémica, la película captó con gran profundidad la ideología revolucionaria del grupo y las transformaciones que sufrió Patty Hearst, una mujer que tras el estreno cobraría aún más notoriedad y colaboraría con el director John Waters en varios de sus films, como Cry-Baby (1990), Serial Mom (1994), Pecker (1998) y A Dirty Shame (2004).

 

A pesar de las críticas no muy positivas que la película tuvo en su época, mayormente producto de la incomprensión de la postura del director o de la actitud de los críticos ante la historia y el caso más que sobre el film, Paul Schrader se adentra aquí con éxito en una de las historias más incomprensibles e indefinibles de la década del setenta sobre la maleabilidad de la personalidad y la psiquis humana, cuestión que deja al descubierto la delgada línea entre el lavado de cerebro, el adoctrinamiento y la formación ideológica y política. Patty Hearst demuestra el impacto que el descubrimiento de mundos y de personalidades fuertes y fascinantes tiene en la mayoría de las personas, y el personaje de Patty es sin duda un icono de las contradicciones llevadas hasta sus últimas consecuencias. En este sentido Schrader logra reconstruir muy bien las instancias de las decisiones de una joven que nunca serán del todo comprendidas por la opinión pública para eventualmente dejar en claro que si hay algo que se puede decir sobre el ser humano es que su irracionalidad siempre va de la mano con su imprevisibilidad.

 

Patty Hearst (Estados Unidos/ Reino Unido, 1988)

Dirección: Paul Schrader. Guión: Nicholas Kazan. Elenco: Natasha Richardson, William Forsythe, Ving Rhames, Frances Fisher, Jodi Long, Olivia Barash, Dana Delany, Marek Johnson, Kitty Swink, Peter Kowanko. Producción: Marvin Worth. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 7