El Profesional (Le Professionnel)

Traiciones por la patria

Por Emiliano Fernández

Aun antes de El Profesional (Le Professionnel, 1981), sin duda una de las mejores y más populares e influyentes películas del cine de género francés en particular y europeo en general, el recordado director Georges Lautner y el guionista especializado en diálogos Michel Audiard ya habían colaborado en muchas otras realizaciones dentro de un espectro muy variopinto que va desde la obra maestra del film noir cómico Mi Tío Tira Tiros (Les Tontons Flingueurs, 1963), con Lino Ventura, Bernard Blier y Francis Blanche, pasa por memorables comedias como Los Barbudos (Les Barbouzes, 1964) y No nos Enojemos (Ne nous Fâchons pas, 1966), ambas también protagonizadas por Ventura, y llega hasta clásicos del policial negro como Pachá (Le Pacha, 1968), con el gran Jean Gabin, y Muerte de un Corrupto (Mort d’un Pourri, 1977), con Alain Delon, Ornella Muti y Stéphane Audran en el reparto. En esta oportunidad el dúo conformado por Lautner y Audiard por un lado colabora en el guión con el hijo del segundo, Jacques Audiard, asimismo uno de los principales realizadores galos a futuro como lo demuestran Mira a los Hombres Caer (Regarde les Hommes Tomber, 1994), Un Héroe muy Discreto (Un Héros très Discret, 1996), Lee mis Labios (Sur mes Lèvres, 2001), El Latido de mi Corazón (De Battre mon Coeur s’est Arrêté, 2005), Un Profeta (Un Prophète, 2009), Metal y Hueso (De Rouille et d’Os, 2012), Dheepan (2015) y Los Hermanos Sisters (Les Frères Sisters, 2018), esta última su debut en inglés de la mano de un western rarísimo e hiper violento con John C. Reilly, Joaquin Phoenix, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed y Rutger Hauer, y por el otro lado retoma la asociación con el inefable Jean-Paul Belmondo que había marcado a propuestas previas de la dupla creativa como las hilarantes Policías y Ladrones (Flic ou Voyou, 1979) y El Rey del Timo (Le Guignolo, 1980), esquema que por cierto se repetiría a posteriori en la simpática aunque bastante inferior Felices Pascuas (Joyeuses Pâques, 1984), todavía dirigida por Lautner pero con Jean Poiret reemplazando a Audiard en materia del libreto.

 

El corazón innegable de la película que nos ocupa lo aporta el tremendo Belmondo, un señor carismático como pocos que se había hecho conocido a fines de la década del 50 y principios de los 60 mediante una seguidilla inmejorable de convites como Los Tramposos (Les Tricheurs, 1958), de Marcel Carné, Doble Vida (À Double Tour, 1959), de Claude Chabrol, A Todo Riesgo (Classe Tous Risques, 1960), de Claude Sautet, Dos Mujeres (La Ciociara, 1960), de Vittorio De Sica, La Viaccia (1961), de Mauro Bolognini, Cartouche (1962), de Philippe de Broca, Un Mono en Invierno (Un Singe en Hiver, 1962), de Henri Verneuil, la hiper taquillera El Hombre de Río (L’Homme de Rio, 1964), también de Philippe de Broca, Codicia bajo el Sol (Cent Mille Dollars au Soleil, 1964) y La Derrota Gloriosa (Week-end à Zuydcoote, 1964), ambas de Verneuil, ¿Arde París? (Paris Brûle-t-il?, 1966), de René Clément, y El Ladrón (Le Voleur, 1967), de Louis Malle, más sus míticas colaboraciones con Jean-Luc Godard, léase Sin Aliento (À Bout de Souffle, 1960), Una Mujer es una Mujer (Une Femme est une Femme, 1961) y Pierrot, el Loco (Pierrot, le Fou, 1965), y sus trabajos con Jean-Pierre Melville, hablamos de Un Cura (Léon Morin, Prêtre, 1961), El Soplón (Le Doulos, 1962) y Un Joven Honorable (L’Aîné des Ferchaux, 1963). Ya para la época de El Profesional Belmondo había dejado atrás sus coqueteos con el cine artístico y/ o de “pretensiones elevadas” y aquella etapa efervescente primigenia de la Nouvelle Vague para volcarse a esas comedias, esas aventuras y ese cine de acción que lo convertirían en una de las estrellas más exitosas y requeridas de la historia del séptimo arte en Francia, todo entre diversos trabajos para realizadores como Robert Enrico, Gérard Oury, François Truffaut, Claude Lelouch, Jacques Deray, Jean-Paul Rappeneau, Alain Resnais, José Giovanni, Philippe Labro y Claude Zidi que lo posicionarían como un tótem bastante bizarro y contradictorio, cara de la transgresión para los intelectuales trasnochados y representante de la faceta más picarona y mordaz de los galos para el público promedio.

 

La estructura narrativa en cuestión, si bien supuestamente está basada en la novela Muerte de un Animal de Piel Fina (Death of a Thin-Skinned Animal, 1976), del británico Patrick Alexander, en realidad es una reformulación a lo lejos de su homóloga de El Día del Chacal (The Day of the Jackal, 1973), de Fred Zinnemann, aunque encarada desde la idiosincrasia ochentosa delirante del cine de acción en su vertiente francesa, un mejunje en verdad adorable y demencial que incluye un marco retórico de espionaje, devaneos de thriller testimonial, mujeres desnudas y putas varias, chispazos de comedia sardónica todo terreno, algún que otro duelo a lo spaghetti western, aventuras en una clandestinidad bajo acecho continuo, misiles contraculturales contra la estupidez y la perfidia del Estado, suspenso y engaños de múltiple envergadura que subrayan el cinismo cultural compartido de fondo y por supuesto persecuciones automovilísticas por las calles, veredas y escaleras circundantes a la Torre Eiffel, a la vez homenaje y parodia a la costumbre exploitation del aprovechamiento turístico. La trama es minúscula, prácticamente inexistente: Josselin “Joss” Beaumont (Belmondo) es un agente secreto galo al que se le encargó asesinar al presidente/ dictador del país africano ficticio Malagawi, una ex colonia francesa, N’Jala (Pierre Saintons), para luego ser traicionado por sus propios colegas cuando cambia el contexto político y la cúpula europea considera que no es necesaria la muerte, así le avisan del sicario a N’Jala y éste condena a Beaumont a reclusión con trabajos forzados, contexto espantoso que sobrelleva por dos años hasta que logra escapar para volver a París y ajustar las cuentas con todos los responsables, quienes abarcan no sólo a las autoridades que lo vendieron, esas que rápidamente comienzan una cruel cacería sobre su persona, sino al propio N’Jala, el cual para esa época se encuentra de visita oficial en territorio galo. Entre los secundarios tenemos al ministro que tiene que resolver este problema generado por el gobierno anterior (Jean Desailly), el típico amigo de antaño que trata de convencerlo para que se entregue, el Capitán Valeras (Michel Beaune), el funcionario gris y mediocre a cargo de toda la operación desde el vamos, el Coronel Martin (Jean-Louis Richard), el hombre que formó al imparable Josselin a nivel profesional, el Instructor Picard (Gérard Darrieu), el fascista desalmado que quiere asesinar a nuestro antihéroe cuanto antes, el Comisionado Rosen (Robert Hossein), la “mano derecha” bien salvajona y tontuela del anterior, el Inspector Farges (Bernard-Pierre Donnadieu), y desde ya la colección de tetas y culos que interpretan a las hembras que se derriten por el campeón de la libido peligrosa, su bella esposa Jeanne Baumont (Elisabeth Margoni), la prostituta favorita de N’Jala, esa deliciosa Doris Frederiksen (Marie-Christine Descouard), y finalmente la reglamentaria amante de Joss, Alice Ancelin (Cyrielle Clair), una especialista en detalles técnicos e informáticos.

 

Si bien la película juega largo y tendido con la viveza callejera/ bohemia del protagonista y su capacidad para dejar en ridículo a los esbirros institucionales que pretenden cargárselo para “cerrar” el asunto pendiente del otrora enemigo de los franceses y hoy amigo N’Jala, quien asimismo terminó cayendo al nivel de chiste político porque dejó huir a Beaumont luego de evitarle la pena de muerte cual trofeo viviente, el opus de Lautner tampoco deja pasar la chance de explorar el sustrato melancólico de la epopeya de venganza y para ello se sirve tanto de las penurias concretas retratadas en el prólogo, con Josselin siendo drogado en Malagawi para amansarlo, transportando piedras bajo el sol, recibiendo palizas constantes de los guardias y hasta siendo testigo de la muerte de un amigo durante la rauda fuga (Sidiki Bakaba), como de la maravillosa música de Ennio Morricone cuyo leitmotiv, Chi Mai, es de una belleza elegíaca absoluta, composición que ya había sido utilizada en la hoy olvidada Maddalena (1971), del polaco Jerzy Kawalerowicz, y que aquí adquiere nueva vida mediante mejores arreglos y una repetición constante en los momentos más álgidos del relato que eventualmente la llevarían a transformarse en un hit internacional y en una de las piezas más reconocibles y célebres del querido músico italiano. Sinceramente se extraña mucho el tipo de cine comercial que tan bien sintetiza El Profesional porque en la actualidad la mayoría de los realizadores y guionistas están obsesionados con un realismo hueco sustentado en clichés y personajes anodinos y ya prácticamente olvidaron lo satisfactorio y redituable a nivel comercial y artístico que podían llegar a ser las hipérboles caricaturescas -tan sinceras como apasionantes- de antaño en función de la idea de recurrir a latiguillos, combinarlos con desvaríos retóricos maximizados varios y emplearlos en conjunto con inteligencia para volcarlos hacia un discurso iconoclasta que calza a la perfección con el nihilismo de nuestras sociedades, basta con considerar el hecho de que la película le pega durísimo al Estado Francés cual ejemplo del parasitismo de los países centrales, a las naciones subdesarrolladas del Tercer Mundo como Malagawi, a las fuerzas de represión e inteligencia, al enclave femenino acomodaticio en general y a los medios de comunicación sensacionalistas y/ o tendientes a la espectacularización de la realidad. Todo cae en la bolsa del mainstream inconformista de propensión vintage, desde el gore furioso, los estupendos diálogos sarcásticos de Audiard y la estampa ultra jetona de Belmondo y sus valerosas trompadas a discreción hasta los graciosos lanzallamas del inicio, las diversas miras telescópicas y las traiciones inmundas en nombre de la patria, negación absoluta de la corrección política en pos de construir un entretenimiento voluptuoso y bien adictivo, con un remate fatalista en verdad magistral vía aquella secuencia del fusilamiento adelante del helicóptero al servicio de la meretriz y con la esplendorosa Chi Mai sonando de fondo…

 

El Profesional (Le Professionnel, Francia, 1981)

Dirección: Georges Lautner. Guión: Michel Audiard, Georges Lautner y Jacques Audiard. Elenco: Jean-Paul Belmondo, Jean Desailly, Michel Beaune, Pierre Saintons, Cyrielle Clair, Robert Hossein, Marie-Christine Descouard, Jean-Louis Richard, Elisabeth Margoni, Sidiki Bakaba. Producción: Jean-Paul Belmondo y Alain Belmondo. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 10