El cine norteamericano no suele ofrecernos una imaginación rutilante en materia del diseño de producción y de las múltiples variantes sobre un mismo tópico, prueba de ello son -por ejemplo- los tristes bosquejos de monstruos en CGI de los últimos 20 años, casi todos exactamente iguales y para colmo aún comportándose como aquel simio de la lejana King Kong (1933), de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, y la obsesión en general del mainstream y el indie con reproducir fórmulas gastadas de todos los géneros sin aportar ni un gramo de originalidad o siquiera revulsión discursiva, esa sana destinada a elevar la efervescencia de la mano de la querida incorrección política o algún que otro cuchillazo contra el sentido común imperante en el período en cuestión. Ahora bien, un caso insólito es el de Payasos Asesinos del Espacio Exterior (Killer Klowns from Outer Space, 1988), película de la sociedad creativa conformada por los hermanos Stephen, Charles y Edward Chiodo, no sólo un prodigio en materia del diseño de producción y el ingenio en torno a la hiper ridícula aunque entrañable premisa del título sino también una de las mejores epopeyas Clase B de la historia del cine yanqui, ya que los responsables -todos colaboran en todo pero en términos oficiales los tres producen, Charles y Stephen escriben y este último se hace cargo de la dirección- consiguen amalgamar comedia y horror sin resultar infantiles, burdos, redundantes o autoconscientes al extremo de transformar el asunto en una especie de chiste interno aburrido en plan de jugarreta metadiscursiva, una de esas tantas que saturan al séptimo arte actual y de las que francamente ya no necesitamos más.
El film de los hermanos Chiodo en sí unifica dos vertientes del terror y la ciencia ficción, una que estaba muy de moda en la década del 80 y otra en la que el convite que nos ocupa fue realmente vanguardia, a saber: en primer lugar está el fetiche ochentoso con las invasiones alienígenas de la más variada envergadura, en verdad una década gloriosa para la temática porque se produjeron obras muy importantes como la retro Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1986), de Tobe Hooper, la familiera E.T. El Extraterrestre (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982), de Steven Spielberg, la cargada de testosterona Depredador (Predator, 1987), de John McTiernan, la bien anárquica y desaforada Fuerza Siniestra (Lifeforce, 1985), también de Hooper, la lovecraftiana La Cosa (The Thing, 1982), de John Carpenter, y las comedias de humor negro Critters (1986), de Stephen Herek, y Mal Gusto (Bad Taste, 1987), de aquel Peter Jackson que todavía no había sido “devorado” por el mainstream; y en segundo término tenemos el tópico de los payasos asesinos, suerte de tabú comunal aún poco explorado por aquellos años y que recién a posteriori explotaría en la pantalla a través de obras como Clownhouse (1989), de Victor Salva, It: El Payaso Asesino (It, 1990), de Tommy Lee Wallace, La Casa de los 1000 Cuerpos (House of 1000 Corpses, 2003), de Rob Zombie, Balada Triste de Trompeta (2010), de Álex de la Iglesia, El Payaso del Mal (Clown, 2014), de Jon Watts, y las dos entregas hasta la fecha del realizador y guionista Damien Leone con el tétrico personaje de Art the Clown, All Hallows’ Eve (2013) y Terrifier (2016), buenos ejemplos de lo que se puede hacer con un esquema tan sencillo.
La historia se centra en una invasión de payasos alienígenas que tienen una carpa de circo por nave espacial y que engañan a los bobos seres humanos con su atuendo y artilugios en apariencia pueriles pero en verdad destinados a dispararles con un arma símil de juguete para convertir a los bípedos en unos capullos rosas de algodón de azúcar que licúan la carne para que después los tremendos extraterrestres la beban mediante una aparatosa pajita. La pequeña ciudad de turno es Crescent Cove, donde una joven pareja conformada por Mike Tobacco (Grant Cramer) y Debbie Stone (Suzanne Snyder) descubren la conjura y tratan de avisar al departamento de policía local, uno en el que sólo encuentran a Dave Hanson (John Allen Nelson), ex pareja de Stone, y al hiper fascistoide Curtis Mooney (el genial John Vernon), veterano de la Guerra de Corea y hoy oficial adepto a golpear a los adolescentes de la pequeña y alta burguesía vernácula porque los considera unos privilegiados inmundos cuyos padres los envían a escuelas privadas para que la policía se encargue de ellos, lo que en buena medida es así. Desde ya que Hanson en un principio no les cree pero cuando ve a los payasos hacer sus fechorías y hasta se entera del secuestro de Debbie, encerrada en un globo amarillo, se propone dar de baja a los monstruos del espacio exterior y para ello los dos hombres unen fuerzas con un par de tarados adorables que se dedican a vender helados con su camión alegórico, los hermanos Rich (Michael S. Siegel) y Paul Terenzi (Peter Licassi), así todos ingresan a la carpa y empiezan a reventar payasos a través de su único punto débil, nada menos que su nariz, a la que vuelan con incesantes disparos de escopeta.
Los Chiodo, aquí entregando su única película como realizadores y conocidos sobre todo por haber colaborado en plastimación/ claymation en algunos capítulos de Los Simpson (The Simpsons) y por haberse encargado de los efectos especiales y diseños varios de la franquicia Critters y de las delirantes La Gran Aventura de Pee-Wee (Pee-wee’s Big Adventure, 1985), de Tim Burton, Rubin and Ed (1991), de Trent Harris, Elf, el Duende (Elf, 2003), de Jon Favreau, y Team América: Policía Mundial (Team America: World Police, 2004), de Trey Parker y Matt Stone, en ocasión de Payasos Asesinos del Espacio Exterior recurren a extraordinarios practical effects, trajes de goma, detalles de animación, perspectivas trastocadas, animatronics, miniaturas y escenarios entre kitsch y surrealistas de colores pasteles para reforzar el sustrato absurdo del convite y llevarlo hasta sus últimas consecuencias dentro del rubro circense y de las ferias ambulantes en general y de los clowns del averno en particular; destacándose lo hecho en secuencias magníficas como la inicial con el granjero veterano Gene Green (el gran Royal Dano), quien confunde a los aliens con el Cometa Halley, la escena del descubrimiento de los cuerpos cultivados en los capullos, la bazuca de palomitas de maíz y la persecución vía el perro/ sabueso hecho de globos, las del destrozo en la farmacia, la del espectáculo callejero de títeres con trampa, las muy hilarantes de las visitas casa por casa de Crescent Cove, la del encuentro con la pandilla de motociclistas y la decapitación, la de la nenita en la hamburguesería Big Top Burger, la de la persecución con el “automóvil tácito” de los payasos, esa de las sombras chinescas en la parada de ómnibus, la del fallecimiento de Mooney en la comisaría y su metamorfosis en muñeco de ventrílocuo, la de la recolección en vía pública de los capullos de algodón de azúcar mediante una aspiradora gigante, la del ataque que sufre Stone en su baño después de darse una ducha por parte de serpientes bizarras con cabeza de payaso que parecen haber crecido del pochoclo extraterrestre, todo para luego terminar adentro del globo/ burbuja, la del ignoto guardia de seguridad (David Piel) muriendo por pastelazos ácidos que derriten su cuerpo, y finalmente todo el último acto en el parque de diversiones símil carnaval demencial con un ejército de clowns homicidas, amén de la gran frutilla de la torta, la aparición de un payaso enorme llamado Jojo, el Klownzilla (Charles Chiodo en un traje voluminoso con una máscara animatrónica), el cual destroza el camión de helados de los Terenzi y a su vez es aniquilado por Hanson pinchándole la nariz con el alfiler de su placa de policía. En la diminuta maravilla de los hermanos Chiodo no encontramos nada de ese insoportable y extensísimo desarrollo de personajes del mainstream, desde el principio vemos a los payasos y sus juguetitos y en esencia todo grita efervescencia material, mucho esfuerzo underground y riqueza imaginativa todo terreno, desde la prodigiosa expresividad de los rostros de los clowns y las actuaciones caricaturescas del elenco hasta el sustrato paródico para con la cultura estadounidense del pueblo pequeño y los suburbios y la banda sonora -tan rockera como basada en teclados y sintetizadores histéricos- de John Massari, esa que además incluye el estupendo tema homónimo de apertura y cierre cortesía de los eternamente farsescos The Dickies, complemento perfecto para una odisea que exprime con inteligencia todo el desvarío de base hasta llegar al éxtasis de la contracultura más freak…
Payasos Asesinos del Espacio Exterior (Killer Klowns from Outer Space, Estados Unidos, 1988)
Dirección: Stephen Chiodo. Guión: Stephen Chiodo y Charles Chiodo. Elenco: Grant Cramer, Suzanne Snyder, John Allen Nelson, Michael S. Siegel, John Vernon, Peter Licassi, Royal Dano, Christopher Titus, Irene Michaels, Karla Sue Krull. Producción: Stephen Chiodo, Charles Chiodo y Edward Chiodo. Duración: 88 minutos.