Basada en la novela histórica de Bodil Steensen-Leth, Princesa de la Sangre: Una Novela sobre Caroline Matilde (Prinsesse af Blodet: En Roman om Caroline Mathilde, 2000), A Royal Affair (En Kongelig Affære, 2012) reconstruye el reinado de Christian VII y el triángulo amoroso que creó las condiciones para la salida de Dinamarca de la Edad Media entre el monarca, su esposa Caroline Mathilda y su médico Johann Friedrich Struensee, un librepensador progresista influenciado por las ideas de Jean Jacques Rousseau.
El film toma el punto de vista de Caroline Mathilde, una prima de Christian VII, hija del Frederick, el Príncipe de Gales, joven de quince años embelesada con las ideas de la ilustración europea y atribulada por su suerte, enviada a Dinamarca para casarse con el monarca, un joven de diecisiete años nombrado Rey de Dinamarca y Noruega tras la muerte de su padre, Frederick V. La película se presenta como una carta en forma de confesión de Caroline Mathilde a sus hijos arrebatados tras el Golpe de Estado de enero de 1772, un par de años después, con su salud deteriorada y en el exilio, un intento de explicarles su versión de la historia, claramente una interpretación completamente distinta de la oficial que los conservadores les venían inculcando a los niños.
Caroline comienza su relato con su romántica visión y sus temores y anhelos respecto del casamiento real en 1766. Tras consumar el matrimonio, Christian VII, un joven ampuloso atraído por el arte de la actuación, de carácter débil e infantil, aquejado por una enfermedad mental y asqueado de las contradicciones de la vida real, se sume en la promiscuidad sexual y los excesos, lo que acrecienta su fama de demente y lo aleja del ejercicio del poder. Promovido y apadrinado por un grupo de aristócratas liberales, el médico de origen alemán y agitador político humanista Johann Friedrich Struensee se convierte en el médico oficial del monarca y comienza a ejercer una influencia positiva en la personalidad de Christian VII, mejorando su humor y su actitud, evolucionando su rol de médico a amigo, asesor e instigador, pero también cómplice de sus arrebatos. Caroline Mathilde se siente atraída a su vez por la personalidad carismática de Struensee y por sus ideas, que se cristalizan en propuestas que el Rey viabiliza tímida pero incesantemente en las asambleas de ministros, opiniones siempre rechazadas por los conservadores del Estado. Tras demostrar la efectividad de la vacuna contra la viruela en medio de un brote del virus en Dinamarca, inoculando al Príncipe heredero al trono, hijo de Christian y Caroline, Frederick, la figura y las ideas progresistas y científicas de Struensse ganan adeptos en un reino sumido en el oscurantismo y los conceptos religiosos más retrógrados. Mientras que la relación de Christian y Struensee deviene de amistad en alianza política para lograr una mayor influencia del Rey en las decisiones gubernamentales, la relación entre el médico y la Reina se convierte en un affaire amoroso con todas las letras que tendrá consecuencias catastróficas para los tres, pero que les brindará una gran felicidad durante un tiempo hasta que la vida los suma en la tragedia como en las obras más significativas de William Shakespeare.
Gracias a su amistad con el Rey, el médico y pensador radical humanista Johann Struensee pasa de ser un mero agitador panfletario a un gobernante que comienza una revolución social desde las entrañas del poder a partir de la aplicación de las ideas progresistas de Voltaire y Rousseau en la administración del gobierno de Dinamarca y Noruega, introduciendo mejoras en la vida del pueblo danés y eliminando castigos injustos y barbaros típicos de la Edad Media. La intriga política y la manipulación son aquí las formas mediante las cuales el liberalismo impone sus ideas mediante la firma de un Rey débil, presumiblemente aquejado por la esquizofrenia y claramente afectado por su temperamento errático.
Lo que parece una historia de adulterio y tradición para el Rey y la Reina es un triángulo amoroso que en realidad recompone varios problemas irresolutos de la monarquía, principalmente el de la apropiación del poder por parte de sus ministros y el poder aparentemente nominal del Rey debido a su inestabilidad emocional y su desinterés y desconocimiento de los asuntos públicos, pero también la desconexión entre la pareja monárquica, completamente alejada física y sentimentalmente antes de la llegada de Struensse, quien logra llenar de vitalidad al Rey y la Reina estableciendo una relación muy especial e íntima con ambos.
Si en la primera mitad del film lo utópico y las intrigas y engaños se suceden vía los intentos del círculo liberal, liderado por Schack Carl Rantzau (Thomas W. Gabrielsson) y Enevold Brandt (Cyron Melville), de influir en los engranajes del poder y acceder a una posición que los conservadores les vedan, en la segunda mitad el ejercicio del poder le demuestra a Struensse y la pareja reinante que el romanticismo de las ideas da lugar al esfuerzo constante del gobernante y al sacrificio del reformador, que en este caso termina pagando su atrevimiento con la vida.
Como relato trágico y reconstrucción de un acontecimiento real, la película también se luce en la complejidad de la relación entre los monarcas y Struensse. El triángulo amoroso funciona como una alianza política y emocional que permite el ascenso al poder del médico alemán y la aplicación de las políticas progresistas que el humanismo defendía en la época.
Si Caroline Mathilde es prácticamente una prisionera que osa anhelar un poco de libertad mediante el amor y el mundo de las ideas que Struensse representa, Christian VII es también una víctima del sistema monárquico, una pieza en el gran reloj autocrático que ya presentaba en la época signos de óxido. Struensse a su vez usa a ambos para conseguir su propósito pero aliándose con ellos más que manipulándolos, estableciendo una conexión y ofreciéndoles un propósito en una vida que parece un adorno sin contenido, una fachada para sostener un sistema de opresión oscurantista por parte de una aristocracia terrateniente esclavista.
Producida por Lars von Trier y dirigida por Nikolaj Arcel, responsable de El Juego del Rey (King’s Game, 2004) y La Torre Oscura (The Dark Tower, 2017), la adaptación de la primera parte de la saga de Stephen King, y escrita en conjunto con Rasmus Heisterberg, con quien ya había realizado la adaptación de la primera parte de la saga Millennium del escritor y periodista sueco Stieg Larsson, Los Hombres que no Amaban a las Mujeres (Män Som Hatar Kvinnor, 2009), dirigida a su vez por Niels Arden Oplev, A Royal Affair es un film crudo y realista sobre las miserias de la monarquía, las intrigas, la locura, la falta de idoneidad y la opulencia del poder, contracara de la pobreza y la indigencia en la que vivían los siervos y campesinos del Reino de Dinamarca y Noruega.
Arcel, que ya había indagado en el ejercicio del poder en su primera película, le imprime al film un estilo sobrio, que sabe aprovechar las actuaciones de Mads Mikkelsen, Alicia Vikander y Mikkel Boe Følsgaard al máximo en esta brillante reconstrucción histórica sobre las intrigas de las cúpulas dirigentes, el ascenso paulatino de las ideas del iluminismo, las traiciones y el derrotero trágico de aquellos que se atreven a mejorar la vida del pueblo en contra de los intereses de la aristocracia.
Las excentricidades de Christian VII, interpretado con una brillante grandilocuencia por Følsgaard, se combinan con la parsimonia de la interpretación de Mikkelsen como Struensee y la calidez y emotividad de Vikander como Mathilde en un opus donde incluso se puede disfrutar de diálogos de Shakespeare en boca del médico y el Rey, un aficionado a las artes y la actuación. La fotografía de un tono azul grisáceo afligido de Rasmus Videbæk se combina perfectamente con la extraordinaria dirección artística de Martin Kurel y el vestuario de Manon Rasmussen en una película donde ningún detalle del pensamiento que pasa a la acción es librado al azar.
A Royal Affair se adentra en una época bisagra con gran maestría y detalles significativos acerca de los años previos a la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa, período de agitación donde el fantasma del iluminismo recorría Europa en los carruajes y las cartas, la censura era la norma y la vida un lujo. Para Dinamarca las políticas llevadas a cabo por Struensse, con Brandt como su lugarteniente, le ofrecieron al país una luz que abrió la caverna medieval hacia los nuevos hábitos burgueses, etapa de transición orientada a un cambio social que haría estallar a Europa, pondría en vilo a la autocracia y crearía las condiciones para la Revolución Industrial.
A Royal Affair (En Kongelig Affære, Dinamarca/ Suecia/ República Checa/ Alemania, 2012)
Dirección: Nikolaj Arcel. Guión: Nikolaj Arcel y Rasmus Heisterberg. Elenco: Mads Mikkelsen, Alicia Vikander, Mikkel Boe Følsgaard, Trine Dyrholm, David Dencik, Thomas W. Gabrielsson, Cyron Melville, Bent Mejding, Harriet Walter, Laura Bro. Producción: Sisse Graum Jørgensen, Meta Louise Foldager Sørensen y Louise Vesth. Duración: 137 minutos.