Si bien Robert Heinlein es considerado uno de los grandes maestros de la ciencia ficción y Tropas del Espacio (Starship Troopers, 1959) es apreciado como uno de los grandes clásicos del género, la novela siempre estuvo signada por las acusaciones de militarismo que pendieron sobre el autor y su obra magna, lo que no empañó su reconocimiento y sus galardones. Definitivamente, es imposible negar que la novela de Heinlein exuda militarismo por todos sus poros, dado que a lo largo de sus páginas el autor sigue los pasos del soldado Juan “Johnny” Rico en su ascenso en el ejército desde su alistamiento junto a sus amigos hasta convertirse en oficial en una narración en primera persona semejante a una serie de vívidos y detallados recuerdos en medio de la larga y dolorosa guerra entre los bichos y la humanidad.
La versión cinematográfica de la novela, que tardó más de treinta años en llegar desde la aparición del libro, fue la última colaboración del director Paul Verhoeven junto al guionista Edward Neumeier, con quien el realizador holandés ya había trabajado en la distópica Robocop (1987), en el género de la ciencia ficción. Posteriormente a Robocop, Verhoeven había logrado un gran éxito con El Vengador del Futuro (Total Recall, 1990), film basado en un extraordinario cuento de Philip K. Dick, Podemos Recordártelo por Completo (We Can Remember It for You Wholesale, 1966), a partir del guión de Dan O’Bannon, responsable de la trama de Alien, el Octavo Pasajero (Alien, 1979) junto a Ronald Shusett y Gary Goldman. A estos éxitos había sobrevenido el maremoto cinematográfico y cultural causado por Bajos Instintos (Basic Instinct, 1992) y el desastre subsiguiente de Showgirls (1995), que buscaba capitalizar el éxito del film anterior. Teniendo en cuenta que la novela de Heinlein ya venía con el rótulo de obra polémica, especialmente por la cuestión de la ciudadanía limitada, Tropas del Espacio (Starship Troopers, 1997) era para Verhoeven una apuesta destinada a la incomprensión, demasiado satírica, basada en una obra tan alabada e incomprendida como denostada. Para colmo Verhoeven no solo no leyó la novela en su totalidad sino que la consideró una propaganda fascista aburrida y deprimente tras leer tan solo algunas páginas. La idea de la adaptación de la novela vino de la mano de Neumeier, fanático del libro desde pequeño, a tal nivel que escribió una segunda parte y se atrevió a dirigir una tercera, ambos desastres absolutos sin la estética cinematográfica de Verhoeven.
Entre la novela y la película hay tantas similitudes como diferencias, a tal nivel que fue posible para los amantes del libro acusar a Verhoeven de intentar destruirlo y a los detractores de la misma de decir que había sido demasiado fiel y que la sátira no era tan efectiva ni vehemente como para no confundir al espectador promedio.
Tanto la novela como la película dan inicio a la acción con la invasión fallida al planeta de los bichos o chinches, según la traducción, más bien un desastre militar de proporciones épicas que en el film imita toma por toma una sección de El Triunfo de la Voluntad (Triumph des Willens, 1935), obra de propaganda nacionalsocialista de la directora alemana Leni Riefenstahl. El film sigue la trama de la novela en su sustrato, representando un sistema político militarista en el que el capitalismo es el eje económico de una Federación Mundial en un futuro sin países, donde solo los veteranos del ejercito tienen derecho a la ciudadanía, esto es al voto y al ejercicio de la función pública. La lógica detrás del sistema tiene que ver con la reorganización social tras una guerra mundial nuclear en la que los veteranos se mancomunaron tras la culminación y ante el desastre para no permitir que la sociedad les vuelva a dar órdenes, derrotando y subyugando principalmente a los científicos e intelectuales, víctimas habituales del fascismo y de las ideas de extrema derecha. Básicamente la sociedad militarista se basa en la aplicación de castigos corporales que pretenden moldear al ser humano, explicados en la práctica y con ejemplos por el profesor Jean Dubois, un ex militar retirado que les enseña ética y moral en la escuela, personaje que en la película es subsumido por el del teniente Jean Rasczak, interpretado por el gran Michael Ironside. Las ideas de la novela son presentadas en forma lateral sin demasiado desarrollo y siempre siguiendo la narración sin detenerse en los debates ni en las explicaciones que en la novela sí son desarrollados pero como parte de una acción que nunca de detiene.
Aunque en la novela el personaje central, Rico, en el film interpretado por Casper van Dien, se enrola en el Servicio Militar Federal para estar cerca de Carmen Ibáñez (Denise Richards), la chica que le gusta, y secundariamente de su amigo Carl (Neil Patrick Harris), el ejército lo termina alejando de la chica y de su amigo, ya que las aptitudes de Rico no le permiten realizar otra tarea que la de infantería, mientras que Carl se convierte en un científico y Carmen en piloto de naves espaciales en un mundo basado en la colonización de nuevos planetas. Por otra parte en la película sí se enfatiza que la decisión de alistarse en el ejército tiene que ver con la necesidad de Rico de emprender su propio camino lejos de la tutela paterna, cuestión importante en la película y en la ideología de Heinlein, ya que Rico es un joven de clase alta. En la pantalla se mantiene esta trama pero la relación entre Rico y Carmen es más acentuada y se cambian algunos roles y personajes como Dizzy Flores, un recluta que en la novela muere en el regreso de una misión de ataque al planeta de los bichos, Klendathu, y que es transformado en la película en una bella y habilidosa mujer interpretada por Dina Meyer que le disputa el amor de Johnny a Carmen, alistándose también en la infantería. Carmen a su vez también tiene otro pretendiente, Zander (Patrick Muldoon), un rival deportivo de Rico que se convierte en piloto como ella. La trama de la película lleva a Rico a los brazos de Dizzy tras la ruptura con Carmen, que lo deja para concentrarse en su carrera como piloto, pero al igual que en la novela Flores muere en el final de una misión en la que también fallece Rasczak, situación que transforma a Rico en el nuevo teniente de su división.
Algunos personajes como el del instructor Zim (Clancy Brown) son relegados en la película a pesar de su protagonismo en la novela por cuestiones narrativas, mayormente debido a la connotación de Zim y su vínculo con todo lo que Verhoeven detesta de la milicia. Escenas como la del reencuentro entre Juan Rico y su padre también fueron eliminadas de la narración cinematográfica junto a un sinnúmero de cuestiones que hacen al núcleo ideológico de la novela que Verhoeven pretendía satirizar.
Si bien en el libro todo queda más claro y el desarrollo narrativo es además de vertiginoso y atrapante, impecable, la película intenta en todo momento atacar la sobriedad y la severidad de la novela de Heinlein, convirtiéndola en una sátira, llevando las situaciones hasta la parodia en una supuesta sociedad semi perfecta que solo sirve en palabras de Verhoeven para luchar contra una raza alienígena de bichos. Verhoeven acentúa la necesidad del fascismo de expandirse creando situaciones beligerantes, ya que incluso en la novela se da a entender que los bichos atacan a la humanidad debido a que se sienten amenazados por la intromisión de los humanos en sus dominios. Es la incomprensión y la organización militarista humana y arácnida lo que impulsa a ambas razas a emprender un genocidio sobre el otro en una guerra que tiene un principio, pero no un final. Ya sea que Tropas del Espacio sea una utopía o una distopía, Verhoeven se inclina por la crítica de lo conocido, el nazismo, ya que creció en la Holanda ocupada durante la Segunda Guerra Mundial poniendo en ridículo las costumbres, las jerarquías y prácticamente todo el acervo militar de Heinlein como basura fascistizante. Claramente esta situación fue un punto de conflicto entre la visión de la novela de Neumeier y Verhoeven, dos interpretaciones que chocaron a la hora de la adaptación y que explican algunos de los problemas narrativos del film.
En Tropas del Espacio, Heinlein combina sus experiencias en la marina como oficial naval durante la época de entreguerras, la sensación de camaradería y la confianza, pero también sus ideas sobre el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad individual así como la influencia de la tecnología en la organización política y en los cambios culturales. A pesar de que Heinlein era de hecho un inconformista y un autor que buscaba llevar sus ideas hasta sus contradicciones presentando cuestiones controversiales, el escritor creía que el inconformismo estaba destinado a la desaparición en una sociedad cada vez más homogénea y disciplinada, una visión totalitaria típica de la milicia.
Así como Verhoeven y Neumeier habían trabajado a la par en Robocop, coescrita junto a Michael Miner, en Tropas del Espacio se notan los cambios a último momento en la trama y la decisión de introducir las relaciones amorosas dentro del film parece más caprichosa que necesaria, dado que en la novela no tienen prácticamente importancia. En el film solo se hace hincapié en la diferenciación entre el cerebro y el resto de los bichos, pero no hay ninguna mención a la casta dominante, a la diferencia entre los obreros y los soldados y a las dificultades para combatir y matar a estos últimos.
Si por un lado la recreación de los bichos fue un gran logro en el film, extrañamente la película deja de lado muchas de las innovaciones tecnológicas que incluso hoy parecen posibles, como los trajes militares que funcionan como prótesis del cuerpo mejorando la performance en la batalla, incluso permitiendo volar, por dar un ejemplo de cuestiones que la obra de Verhoeven deja de lado.
Un gran acierto de Verhoeven que ya había utilizado en Robocop es el elemento de publicidad propagandística que acentúa el carácter paródico de la propuesta. Así como en Robocop había logrado exponer la problemática de un futuro cercano dominado por las corporaciones y las mafias, en Tropas del Espacio la propaganda hace hincapié en la necesidad de lograr convertirse en militar para obtener los beneficios de la ciudadanía. En la película se exponen las dificultades para lograrla al igual que su importancia de forma solapada y sutil mientras que en la novela el tema tiene un desarrollo que pasa de lo político a lo filosófico. La película, en este sentido, sacrifica muchos de los sentidos políticos y filosóficos de la novela en pos de la narración cinematográfica satírica.
A pesar de que la reputación de la película mejoró con el paso de los años, el derrotero de los actores, algunos problemas narrativos, el abandono de Verhoeven de la ciencia ficción y su decisión de convertir al film en una sátira no ayudaron a Tropas del Espacio a transformarse en un referente del género, al menos no a la par de los galardones y el respeto conseguidos por la novela, una verdadera maravilla que maneja a la perfección la exposición indirecta que caracteriza el estilo narrativo del escritor inglés Rudyard Kipling, que consiste en la creación de un contexto dentro del desarrollo del relato, cuestión central en la ciencia ficción, un género que se caracteriza por la creación de mundos imaginarios y distopías futuristas plenas de invenciones tecnológicas.
Claramente la novela es una lectura insoslayable dentro de la literatura de ciencia ficción y ciertamente la película se relaciona con la novela en forma de respuesta política detractora y paródica, pero el film logra cautivar también porque Verhoeven encuentra en el espíritu beligerante y provocador de Heinlein un contrincante digno con el cual discutir sobre el futuro, la libertad, la democracia y las contradicciones de un ejército que Heinlein prefiere ofrecer en toda su brutalidad mientras que Verhoeven no puede tomarse en serio. Ambas son visiones reales de los avatares de la guerra, dos formas de ver el presente y el futuro con muchas capas de lectura y abiertas a múltiples interpretaciones y discusiones, dos formas de intervenir en el presente y el futuro de la humanidad, pero aunque contradictorias y opuestas, definitivamente lejanas de la romantización y la unidimensionalidad que algunos críticos les impusieron y que seguramente vieron. Tal vez Tropas del Espacio nunca debió ser adaptada, como esas novelas que se niegan a entrar en el cine, quizás su época no estaba lista, pero lo que es seguro es que seguirá discutiendo con las ideas de la novela y ridiculizando sus nociones para deleite de algunos e irritación de otros.
Tropas del Espacio (Starship Troopers, Estados Unidos, 1997)
Dirección: Paul Verhoeven. Guión: Edward Neumeier. Elenco: Casper Van Dien, Dina Meyer, Denise Richards, Jake Busey, Neil Patrick Harris, Clancy Brown, Seth Gilliam, Patrick Muldoon, Michael Ironside, Rue McClanahan. Producción: Jon Davison y Alan Marshall. Duración: 129 minutos.