No Robarás a Menos que sea Necesario (Fun with Dick and Jane)

Sobreviviendo en los márgenes

Por Emiliano Fernández

No Robarás a Menos que sea Necesario (Fun with Dick and Jane, 1977), de Ted Kotcheff, no es precisamente una maravilla del séptimo arte pero funciona como una de las pocas comedias contraculturales y de cadencia anarquista en serio que generó el mainstream norteamericano en toda su historia, una película basada en una historia original de Gerald Gaiser y bastante bien escrita por un equipo de guionistas conformado por Mordecai Richler, Jerry Belson y David Giler, este último conocido por su rol de productor en la saga comenzada con Alien (1979), de Ridley Scott, y por haber escrito -o ayudado a escribir- Myra Breckinridge (1970), locura de Michael Sarne, Complot Parallax (The Parallax View, 1974), de Alan J. Pakula, Hogar Dulce Hogar (The Money Pit, 1986), opus de Richard Benjamin, un par de colaboraciones amenas con Walter Hill, Comodidad Sureña (Southern Comfort, 1981) y Contraataque (Undisputed, 2002), y las dos primeras continuaciones del universo cinematográfico del xenomorfo, esa de James Cameron de 1986 y la agridulce de David Fincher de 1992. La epopeya de Kotcheff ha conservado una inusual vitalidad y desparpajo para las comedias de su época, la mayoría de ellas demasiado simplonas o naifs y más volcadas al escapismo que al enfrentamiento directo con la angustia de la realidad cotidiana, debido a que se enrola dentro de las parodias de un contexto social, político, cultural y económico que lamentablemente no ha cambiado mucho y hasta se podría decir que empeoró a niveles agigantados desde aquella década del 70 que estaba experimentando los efectos tanto del Escándalo Watergate, con el entramado del espionaje y la renuncia de 1974 del presidente Richard Nixon a la cabeza, como de la Crisis del Petróleo de 1973, del fin de la Guerra de Vietnam circa 1975 y del derrumbe del siempre inflado y mentiroso “sueño americano” de los autos inmensos, el chauvinismo, la confianza ciega institucional, el imperialismo y el progreso económico como principal horizonte de la existencia, todo un ecosistema simbólico que ya venía sumamente baqueteado y/ o ridiculizado por los ataques de la contracultura, el hippismo y los movimientos por los derechos civiles de los años 60.

 

Mezclando la comedia familiar y las heist movies de robos menores en secuencia, y en simultáneo tomando prestada la iconografía de una típica pareja de ladrones símil Bonnie & Clyde (1967), de Arthur Penn, y de los protagonistas de una extensa franquicia de libros infantiles de enseñanza primaria creada por Zerna Sharp, esos a los que apunta el título en inglés y que además son satirizados por sus clichés de familia blanca de clase media en las secuencias de créditos iniciales y finales, Dick y Jane, la premisa de No Robarás a Menos que sea Necesario gira alrededor del ahogamiento financiero de una pareja de burgueses que se mudaron a una casona gigantesca de Los Ángeles, el arrogante y por demás confiado ingeniero aeroespacial Dick Harper (George Segal) y la simpática ama de casa Jane Harper (Jane Fonda), luego de que el jefe del primero, Charlie Blanchard (Ed McMahon), CEO de Taft Aerospace, lo incluye dentro de una generosa colección de personas despedidas de la firma supuestamente gracias al recorte gubernamental del programa espacial, la principal entrada de dinero de la compañía. A pesar de haber participado en la creación del Apolo 11 y de toda la pompa del primer hombre en la Luna, Neil Armstrong, Dick no consigue un nuevo trabajo y termina pidiendo el seguro de desempleo y bonos de comida para mantener a su pequeño hijo, Billy (Sean Frye), la mascota familiar, el perro Spot, y su esposa, quien consigue un puesto de mannequin en un restaurant que resulta un fiasco y le pide en vano dinero a sus padres (John Dehner y Mary Jackson), los cuales señalan las múltiples deudas de la pareja para aparentar un estatus que no tienen y se toman el asunto como una “lección de vida” que deben resolver ellos solitos. Arrinconados por el banco a raíz de una hipoteca y luego de que los obreros parasen las obras de la instalación de la piscina y los paisajistas se llevasen todas las plantas y todos los árboles del jardín, la pareja decide recurrir al liso y llano atraco y hasta se vuelve muy buena en ello mediante la modalidad de robar un auto e ir recorriendo diversos negocios a punta de pistola a lo largo de la noche, incluso con el tiempo volcándose a faenas más complejas como eso de desvalijar a un pastor evangelista.

 

Fiel a la estructura narrativa más clásica del aparato hollywoodense, la primera mitad del metraje está consagrada a retratar el descenso paulatino y la crisis terminal de este dúo de tarados de clase media modelo yanquilandia -en la mayoría de los países del resto del globo serían considerados casi unos magnates- y la segunda parte del relato ya se mete con la andanada de situaciones criminales que abarcan desde los primeros pasos en falso por torpeza, cobardía o prurito moral hasta la eficacia posterior y los hilarantes asaltos contra un hotel alojamiento, una disquería, un restaurant y la compañía de teléfonos, entre otros exponentes del capitalismo polirubro que los transforman en héroes populares. El film, muchas veces confundido con apenas una comedia tontuela más porque efectivamente toma la forma de una propuesta de enredos y salidas improvisadas con chispazos de slapstick, es muy inteligente en su planteo de base ya que le pega a la sociedad estadounidense en su conjunto señalando las diversas grietas bajo la apariencia de una perfección que no es tal; así tenemos a estos nuevos pobres que estafan al Estado cobrando el seguro de desempleo y trabajando al mismo tiempo en changas bien precarias para levantar una moneda más, que deben asociarse a un inmigrante latino que también fue despedido de Taft Aerospace cual maestro de ceremonias del flamante devenir del indigente que vive en una mansión, Raoul Esteban (Hank García), señor con muchos amigos perseguidos por el control migratorio, y que finalmente no aprenden de sus errores porque con el dinero de los robos continúan recayendo en compulsiones y viejos vicios como un estilo de vida lujoso destinado a dar una imagen de clase alta que poco y nada tiene que ver con la cruel realidad, a lo que por supuesto se suma el retrato de una alta burguesía corrupta e hipócrita representada en el otrora jefe Blanchard, un borracho egoísta y de lo más cínico que no sólo se quiere acostar de manera maniática sí o sí con Jane sino que dice atravesar dificultades financieras para despedir a gran parte de su plantel laboral aunque sin jamás dejar de desparramar sobornos a diestra y siniestra para facilitar los nuevos y suculentos contratos/ negocios de la empresa.

 

Fonda y Segal están perfectos en sus respectivos roles, ella con una personalidad siempre avasallante y él en su faceta más histriónica y bufonesca, dentro de una fábula que denuncia el carácter lastimoso de la ayuda estatal para los más necesitados, las ansias eternas de trepar de la clase media, el fetiche yanqui con endeudarse y el sustrato parasitario de unas elites comunales que no dejan de cagar al prójimo ni por un segundo, esquema ambicioso llevado con armonía y con sutileza por un Kotcheff que tuvo una carrera bastante extraña porque en esencia su propuesta más conocida es la diametralmente opuesta Rambo (First Blood, 1982), clásica faena de acción de derecha, y su producción artística se dividió entre una vertiente dramática macro, esa de las muy buenas Despertar en el Infierno (Wake in Fright, 1971), Imagen Dividida (Split Image, 1982), Los Valientes (Uncommon Valor, 1983) y Torbellino de Pasiones (Winter People, 1989), y una catarata de comedias para todos los gustos, pensemos en El Gran Canalla (The Apprenticeship of Duddy Kravitz, 1974), ¿Quién Está Matando a los Grandes Chefs de Europa? (Who Is Killing the Great Chefs of Europe?, 1978), Destino de un Rebelde (North Dallas Forty, 1979), Fin de Semana de Locura (Weekend at Bernie’s, 1989) y Cómo Sobrevivir a la Familia (Folks!, 1992). Jugando con una incorrección política esplendorosa y metiéndose con un tópico muy poco explorado por el cine norteamericano, la destreza de los burgueses para sobrevivir en los márgenes sociales símil alegoría sobre el fantasma -cada día más y más materializado- de la pobreza en el neoliberalismo, No Robarás a Menos que sea Necesario supera por mucho a la escuálida remake del 2005 de Dean Parisot, aquella con unos de todos modos muy dignos Jim Carrey y Téa Leoni como el matrimonio Harper, y consigue poner al descubierto las miserias de una comunidad nacional que se parece a tantas otras del globo contemporáneo en donde las frustraciones, el canibalismo, la usura y la explotación son moneda corriente y llenar una botella de Chivas Regal con un whisky de segunda marca en una fiesta elegante es más importante que la sinceridad o tener un poco de sentido común…

 

No Robarás a Menos que sea Necesario (Fun with Dick and Jane, Estados Unidos, 1977)

Dirección: Ted Kotcheff. Guión: David Giler, Jerry Belson y Mordecai Richler. Elenco: George Segal, Jane Fonda, Ed McMahon, Hank García, John Dehner, Mary Jackson, Sean Frye, Dick Gautier, Allan Miller, Walter Brooke. Producción: Peter Bart y Max Palevsky. Duración: 95 minutos.

Puntaje: 7