Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostře Sledované Vlaky)

La carne en los rieles

Por Emiliano Fernández

La ocupación alemana de Checoslovaquia se enmarca dentro de los preparativos bélicos de los nazis previos a la Segunda Guerra Mundial en función de la política expansionista de Adolf Hitler, cuyo comienzo se ubica en sí en los meses entre la Anschluss o anexión de 1938 de Austria por parte de la Alemania nacionalsocialista y la invasión germana de Polonia de 1939, catalizador en términos prácticos de la Segunda Guerra Mundial en su faceta europea. Hitler primero eliminó el intrincado sistema de fortificaciones fronterizas de Checoslovaquia a través de la anexión de la Cordillera de los Sudetes vía los Acuerdos de Múnich de 1938, en los que los representantes del Reino Unido, Francia, Italia y Alemania decidieron la incorporación de la región al territorio de este último país bajo la excusa de que estaba habitada por una mayoría germana discriminada, antesala a la invasión en sí y la partición de Checoslovaquia en la República Eslovaca, un Estado títere nazi a cargo del monseñor Josef Tiso, y el Protectorado de Bohemia y Moravia, nación colaboracionista bajo el mandato de Emil Hácha y con cierta independencia real hasta la llegada del feroz Reinhard Heydrich, jerarca nacionalsocialista que profundizó todo el acervo antisemita y el genocidio y reprimió el movimiento de resistencia local, encabezado por el ex presidente checoslovaco Edvard Beneš desde su cómodo exilio londinense, y que terminaría siendo asesinado en la célebre Operación Antropoide de 1942, a su vez desencadenante de una cruenta venganza mediante las masacres de Lídice y Ležáky, dos pobres pueblos que fueron destruidos por completo por los nazis y sus habitantes asesinados sin piedad. Esta colección de tragedias y desvaríos militares, sociales y/ o políticos constituye el trasfondo de Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostře Sledované Vlaky, 1966), no sólo sin duda una de las obras fundamentales de la Nueva Ola Checoslovaca de la década del 60 y principios de los 70 sino asimismo una de las mejores óperas primas de la historia del cine, en este caso del genial realizador checo Jiří Menzel adaptando la novela homónima de 1965 de su escritor favorito, Bohumil Hrabal, quien aquí colaboró en el guión junto al director al extremo de recuperar ese anecdotario de sus trabajos literarios, amalgama entre el espanto cotidiano y un humor muy mordaz con ingredientes del surrealismo, el costumbrismo, el dadaísmo, el humanismo y la picaresca que en conjunto reconcilian la angustia del contexto sofocante de su época con la fuerza de voluntad individual y una gran astucia que enarbola a la vitalidad.

 

La Nueva Ola Checoslovaca fue un contingente variopinto de cineastas que aprovecharon un relajamiento de las persecuciones y la censura estándar del régimen comunista, el cual había asumido el poder del país a partir del Golpe de Praga de 1948 y el fallecimiento de Beneš de ese año. La desestalinización progresiva de finales de los 50 y comienzos de los 60 y en especial el gobierno del reformista Alexander Dubček permitieron por un lado mayores libertades en materia de la cultura, el arte y los medios de comunicación masiva y por el otro lado propiciaron cambios democráticos y aperturistas que derivaron con el tiempo en las manifestaciones populares antigubernamentales de la Primavera de Praga de 1968, lo que puso en alerta a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y por ello se produjo la invasión de los países miembros del Pacto de Varsovia en plan de reprimir a la población descontenta que pedía un regreso a un sistema parlamentario pleno, ocupación militar que a su vez se extendió hasta la Revolución de Terciopelo de 1989, acontecimiento que suprimió de manera definitiva y pacífica al comunismo. Menzel, como otros jóvenes del séptimo arte de entonces en línea con Miloš Forman, Juraj Herz, Jan Němec, Juraj Jakubisko y Jaromil Jireš, esquivó el realismo socialista imperante, perspectiva favorecida por la administración comunista y consagrada a una idealización del proletariado y el régimen en general que poco y nada tenía que ver con las economías de penuria del Bloque del Este en tiempos de aquella Guerra Fría posterior a la Conferencia de Potsdam de 1945, y se volcó hacia el humor absurdo, las ironías políticas crípticas, la comedia negra, la sátira kafkiana, el delirio, la desfachatez voluptuosa y una sutil irreverencia formal que en el caso de Menzel fue bastante más moderada que su homóloga de otros colegas generacionales, muchos de ellos jugando de manera más agresiva con el montaje, la música, la exposición dramática y una imaginación ampliamente volcada a la fantasía iconoclasta, combo que nos dejó con otras obras excepcionales como Un Verano Caprichoso (Rozmarné Léto, 1968), Alondras en un Hilo (Skrivánci na Niti, 1969), Aislado en el Bosque (Na Samotě u Lesa, 1976), Tijeretazos (Postriziny, 1981), Fiestas de Campanillas (Slavnosti Sněženek, 1984), Mi Dulce Pueblito (Vesnicko má Stredisková, 1985) y la extraordinaria Yo Serví al Rey de Inglaterra (Obsluhoval jsem Anglického Krále, 2006), casi todas sufriendo la censura hasta la Revolución de Terciopelo y el surgimiento en 1993 de Eslovaquia y la República Checa.

 

Trenes Rigurosamente Vigilados, título que apunta sardónicamente a la adorable colección de inadaptados y pícaros apenas camuflados que pululan en la estación ferroviaria del relato y en simultáneo a las formaciones que llevaban armamento o pertrechos militares para los nazis durante la ocupación de Checoslovaquia de la Segunda Guerra Mundial, transcurre de hecho durante las postrimerías del conflicto bélico, cuando los colaboracionistas fanáticos nacionales exacerbaban sus posturas, la derrota de las Potencias del Eje se veía venir desde lejos y en suma el pueblo checoslovaco, siempre adepto en general a plantarse contra el autoritarismo, la burocratización y la mojigatería de las cúpulas institucionales, optaba por multiplicar sus muestras de descontento y por ridiculizar tácitamente a la administración vernácula sumándose a unos partisanos con un amplio margen de libertad de acción y sólo en parte respondiendo a un esquema piramidal en conexión con el gobierno en el exilio de Beneš. Miloš Hrma (el ídolo pop Václav Neckář, luego acusado de ser colaborador desde 1978 en adelante de la Seguridad del Estado o StB, servicio de inteligencia de la policía política de la Checoslovaquia comunista) forma parte de una familia de vagos y lunáticos vinculados al tren, el ejército y hasta la hipnotización, muchacho al que su padre jubilado y ex maquinista le consiguió un puesto en la estación ferroviaria de su pequeño pueblo como despachador de trenes, en esencia un antiguo guardagujas. En la estación conviven el jefe (Vladimír Valenta), un payaso puritano y criador de palomas que adora su sofá austríaco, la telegrafista Zdenička (Jitka Zelenohorská), una bella joven que se aburre a más no poder, otro despachador de nombre Hubička (Josef Somr), alto mujeriego y seductor crónico, la maquinista Máša (Jitka Scoffin), novia de Miloš, el avejentado Novák (Alois Vachek), un asistente de estación que ya no puede cumplir con sus funciones básicas, y el inspector Zedníček (Vlastimil Brodský), jerarca institucional máximo y un colaboracionista que se la pasa predicando las bondades y ambiciones del Tercer Reich sin lograr influir en nadie. Entre muchos tiempos muertos, una orgía de soldados y enfermeras, peleas banales del plantel laboral y unos sellos marcados en una pierna y nalga de la telegrafista a instancias de Hubička, el virginal Hrma intenta tener sexo con Máša en el local del tío de la chica, el fotógrafo adepto a tocar culos femeninos Noneman (Ferdinand Kruta), aunque eyacula prematuramente y al día siguiente trata de suicidarse cortándose las venas en un lupanar.

 

Menzel, fiel a su sarcasmo y su fetiche actoral esporádico, se reserva para sí mismo el papel del Doctor Brabec, un médico que atiende al protagonista luego de que en el burdel evitan su muerte en una bañera de una habitación solitaria tracción a ese paradigmático fatalismo de la pubertad, un señor que lo convence de la normalidad de su situación y le da consejos tontuelos como dejar de pensar en el sexo y concentrarse en el fútbol o simplemente buscar a una mujer entrada en años para que le transmita toda su paciencia y experiencia amatoria acumulada. La película se mofa de las figuras de autoridad no sólo a través del matasanos o el jefe de estación, dos ejemplos de la dificultad para abordar la temática sexual en algunos sectores hipócritas y putañeros por lo bajo de la sociedad de entonces, sino también vía el inspector, quien a sabiendas de la próxima derrota de los nazis continúa defendiéndolos cual fuga suicida hacia adelante, y la misma progenitora de Zdenička (Milada Jezková), una desquiciada ultra conservadora y muy naif que en su cruzada en pos de un castigo contra el responsable de los sellos en la suculenta anatomía de su hija, el tremendo Hubička, se la pasa exhibiendo el trasero de la adolescente a todos los varones que encuentra, desde sus compañeros de trabajo y los miembros de la policía hasta distintos oficiales de justicia y testigos/ curiosos onanistas del montón, por ello el despachador mujeriego es sometido a una farsa de comisión disciplinaria por parte de la compañía a cargo de Zedníček, quien en última instancia dictamina que no hay delito alguno porque la chica se sometió al asunto por motu proprio. La dura realidad se cuela de a poco bajo la forma de episodios concretos, como cuando dos militares germanos toman de rehén a Miloš por actos de sabotajes ajenos y después lo liberan o el desenlace en su conjunto, con la aparición de una femme fatale misteriosa, Viktoria Freie (Nada Urbánková), cargando una bomba y la revelación de que Hubička es un partisano que planea hacer estallar un convoy alemán con municiones, lo que deriva en el asesinato de su reemplazo, Hrma, momentos antes y después de que lograse arrojar la bomba de turno y todo explotase, sin embargo la dialéctica del conflicto y su brutalidad también aparecen de manera simbólica y pesadillesca mediante una charla casual entre los empleados ferroviarios acerca de las pésimas condiciones bajo las cuales los germanos transportan el ganado con asistencia de los locales, todo vía anécdotas horrorosas como las de ovejas famélicas masticándose el pellejo mutuamente, una vaca con un ternero muerto colgándole y ya pudriéndose y un toro que se resistía con toda su fuerza a subir a un vagón y por ello un checoslovaco le arrancó los ojos con un cuchillo para “amansarlo”. Si bien el grueso del relato responde al terreno del bildungsroman o historia de aprendizaje, explorando el crecimiento a los tumbos de Miloš a partir de su imitación de los lamentables modelos masculinos que tiene alrededor hasta su eventual fallecimiento en la vorágine de las carnicerías, Trenes Rigurosamente Vigilados se mantiene además en la comarca retórica de la comedia sensual de la mano de la omnipresencia de la dimensión lúdica, burlona y contracultural de la energía libidinosa cotidiana, aquí transformada en sinónimo tanto de algarabía hedonista como de resistencia contra los fascistas en el poder y sus patéticos testaferros en el sector público, léase los burócratas de la empresa de trenes y su semejanza con los políticos acomodaticios de la Segunda Guerra Mundial y de aquella República Socialista Checoslovaca, triste satélite soviético que padeció el imperialismo rojo así como Latinoamérica y otras regiones marginales de todo el planeta sufrieron -y sufren- el imperialismo capitalista de Estados Unidos y sus nauseabundos socios europeos de siempre. La picaresca terrorista se da cita en todo su esplendor en escenas específicas como la de la aparición de la condesa (Kveta Fialová), una jinete y aristócrata ganadera que es adorada por los ferroviarios, la de la orgía improvisada entre enfermeras y combatientes, episodio que el protagonista espía y que se desarrolla dentro de un vagón de una formación parada, las secuencias en el estudio fotográfico del tío de Máša, primero con el susodicho palpando muchos culos de clientas y luego con los jóvenes amantes tratando de tener sexo, los jugueteos eróticos entre Hubička y Zdenička, pretexto para reírse de la pomposidad hueca gubernamental mediante los mentados sellos, el desfile de la madre de la muchacha en pos de justicia, upite al aire de su vástago de por medio, el hilarante intento de Miloš por acostarse con la esposa del jefe de estación (Libuse Havelková), todo mientras la veterana alimenta a un ganso con especias antes de faenarlo y le masajea sin cesar su largo cuello para que las trague símil masturbación masculina, y finalmente la pérdida de la virginidad del protagonista gracias al impulso mediador de su compañero despachador, quien arregla un encuentro de cama entre Hrma y Viktoria, en parte a su vez la razón por la que el joven lo sustituye colocando la carga explosiva mientras Hubička es sometido al ridículo juicio de Zedníček. En este sentido, el choque de sentimientos encontrados que propone el final resulta de lo más representativo en materia de la conjunción caótica de risas y penurias que enmarca al film, pensemos en el personaje de Valenta viendo frustrado su pretendido ascenso a inspector porque se apareció ante su superior con el uniforme todo cagado por sus queridas palomas, en su equivalente del maravilloso Neckář envalentonándose por su mínima experiencia sexual y haciéndose ametrallar por los nazis, cuando desde el tren uno de ellos lo descubre plantando la bomba, y en esa Máša que parece ser la única consciente de lo ocurrido al toparse con la gorra de su novio en medio de los vientos huracanados del estallido, cayendo en la angustia al tiempo que sus compañeros se sumergen en la alegría. La metáfora de la carne en los rieles, hablamos del ganado y de los seres humanos muertos en las refriegas demenciales de la sociedad moderna, ilustra de manera perfecta el dejo tragicómico de la película y su obsesión con sopesar a lo público desde lo privado gracias a la gloriosa fotografía de Jaromír Šofr, repleta de momentos hipnóticos y muy socarrones que dividen al campo entre un segmento inferior de la imagen consagrado a los personajes y sus banalidades populares prosaicas y una parte superior que funciona como el espacio no determinado por los sujetos, como esta coyuntura que no controlan para nada, un devenir genocida, dictatorial o intolerante que los ve desde arriba y que por su propio accionar pone en entredicho la autojustificación de los imbéciles de las elites y de sus socios represores…

 

Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostře Sledované Vlaky, República Socialista Checoslovaca, 1966)

Dirección: Jiří Menzel. Guión: Jiří Menzel y Bohumil Hrabal. Elenco: Václav Neckář, Josef Somr, Vlastimil Brodský, Vladimír Valenta, Jitka Scoffin, Nada Urbánková, Alois Vachek, Milada Jezková, Kveta Fialová, Jitka Zelenohorská. Producción: Zdeněk Oves. Duración: 93 minutos.

Puntaje: 10