El Viaje (I Onde Dager)

Truculenta terapia de pareja

Por Emiliano Fernández

Con el transcurso de los años el director y guionista Tommy Wirkola ha demostrado ser uno de los pocos cineastas contemporáneos que tranquilamente puede emparentarse con aquellos colegas nihilistas del cine de género de antaño que confiaban en el maquillaje, los practical effects, la efervescencia narrativa contagiosa, los chistes, el absurdo anarquista y un tono socarrón aunque nunca nostálgico mortuorio o autoconsciente al cien por ciento, en esencia un oasis en medio de la pose canchera boba de gran parte de las obras actuales del mainstream y el indie de pretensiones populares ya que en vez de desparramar redundancia y torpeza retórica/ discursiva, el noruego se abre camino como un creador transparente y para nada hipócrita que desborda amor por el terror, el acervo fantástico y los thrillers bien truculentos que no se andan con eufemismos ni corrección política alguna, este último un rubro del que su más reciente propuesta, El Viaje (I Onde Dager, 2021), es un excelente ejemplo porque hace de la vertiginosidad sosegada su gran bandera. Hijo conceptual del Sam Raimi de Ola de Crímenes (Crimewave, 1985), El Hombre sin Rostro (Darkman, 1990), Arrástrame al Infierno (Drag Me to Hell, 2009) y la trilogía de Diabólico (The Evil Dead, 1981), Noche Alucinante (Evil Dead II, 1987) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1992), el realizador casi siempre privilegia un enfoque de comedia desquiciada para sus convites de horror y una perspectiva un poco más tranquila para trabajos de otros géneros que ameritan combinar la seriedad con giros en la trama o con planteos de base decididamente algo chiflada, jugada que le permite sacarse de encima tanto a los fanáticos de la comedia pulcra como a los puristas y sonsos del resto del ecosistema cinematográfico.

 

Como todo artesano que se precie de tal, la trayectoria de Wirkola es un constante subibaja en términos de calidad y abarca desde parodias simpáticas pero olvidables, Kill Buljo: La Película (Kill Buljo: The Movie, 2007), insólita sátira nórdica de Kill Bill (2003 y 2004), de Quentin Tarantino, y Kurt Josef Wagle y la Leyenda de la Bruja del Fiordo (Kurt Josef Wagle og Legenden om Fjordheksa, 2010), burla hiper ácida para con los insoportables mockumentaries en la tradición del found footage y las decenas de clones de El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999), opus de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, pasando por sus mejores y más celebradas películas hasta la fecha dentro del gremio de los amantes del terror y del gore a máxima revolución, las hilarantes Nieve Muerta (Død Snø, 2009) y Nieve Muerta 2 (Død Snø 2, 2014), díptico sobre la lucha encarnizada contra unos zombies nazis -tan ridículos como implacables- que no tienen nada que envidiarle a sus equivalentes de Lucio Fulci, George A. Romero, Dan O’Bannon, Edgar Wright o Yeon Sang-ho, hasta llegar a las casi siempre polémicas Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas (Hansel & Gretel: Witch Hunters, 2013) y ¿Qué le Pasó a Lunes? (What Happened to Monday?, 2017), sus convulsionadas y muy desparejas incursiones en el ámbito productivo anglosajón, la primera una relectura en clave de cine de acción de la famosa fábula infantil del título y la segunda una mega distopía de ciencia ficción sobre control de natalidad y un reglamentario misterio de fondo en torno a una desaparición, excusa para más algarabía imparable, a la par tontuela y adictiva, que en esta oportunidad estaba apuntalada en un desempeño exquisito de la genial Noomi Rapace componiendo a siete hermanas idénticas.

 

El Viaje constituye un regreso a sus comienzos más minimalistas y de hecho se podría decir que es su propuesta mejor balanceada a escala dramática general y desde un punto de vista clasicista, en apariencia jugando en parte con el film noir posmoderno de relato subdividido vía flashbacks y flashforwards símil el primer Tarantino aunque en realidad teniendo más que ver con el cine de la generación anterior, sobre todo el indie desaforado y al mismo tiempo gélido sardónico de los hermanos Joel y Ethan Coen. La historia es muy simple y lo importante es el desarrollo sarcástico e inteligente, no la premisa en sí: Lars (Aksel Hennie) es un director de televisión que está casado en Noruega con la sueca Lisa (regresa Rapace), una actriz a la que detesta porque el matrimonio se encuentra en una crisis muy profunda debido a una infidelidad de ella con un tal Diego, la insatisfacción para con sus respectivos trabajos y una ludopatía del hombre que los ha enterrado en un montón de deudas, por ello pretende matarla para cobrar el seguro de vida golpeándola con un martillo y arrojando su cuerpo desmembrado en un lago lindante a una cabaña propiedad del padre de Lars, Mikkel (Nils Ole Oftebro), no obstante la mujer también desea asesinarlo por el dinero del seguro y para ello quiere pegarle un tiro con una escopeta y decir que fue un desafortunado accidente de caza, planes contrastantes que se ven saboteados por el arribo de un tercero, Viktor (Stig Frode Henriksen), jardinero y cómplice de Lars al que terminan matando después de volarle una mano, y de un trío de prisioneros fugados, el cabecilla de temer Petter (Atle Antonsen), un psicópata y ladrón de bancos, y sus secuaces Dave (Christian Rubeck), gay que anhela violar a Lars, y Roy (André Eriksen), neonazi idiota que pretende hacer lo propio con Lisa.

 

Wirkola, aquí amparado en un acuerdo de distribución mundial vía Netflix al igual que en el caso de ¿Qué le Pasó a Lunes?, se hace un festín con las posibilidades del thriller de entorno cerrado -en términos simbólicos, de aislamiento social- y los sucesivos personajes que caen en la coyuntura de turno para agregar una capa de complejidad a las escaramuzas prosaicas, así van desfilando por la pantalla muchas trompadas, esa mano destrozada de un escopetazo, algo de mierda en el ático de la bucólica cabaña, culos con perdigones, diversos intentos de usurpación anal, un poco de humillación, algún que otro cuchillazo en el pecho, un estrangulamiento con el cable de una cafetera, rastrillos transformados en armas, piernas y brazos un tanto estropeados, una nariz mordida, diversos anzuelos clavados en la cara de Petter, un disparo en las partes íntimas de Dave, cuyo apodo era precisamente “Verga de Burro”, y una infaltable cortadora de césped que desparrama intestinos a lo Muertos de Miedo (Braindead, 1992), de Peter Jackson. Haciendo equilibrio entre la hipérbole de las escenas volcadas al splatter y el pulso más medido de las secuencias que pintan la dinámica de tensión y agravios entrecruzados de la pareja protagónica, unos Lars y Lisa que a su modo están atravesando una terapia psicológica freak y muy cruenta para sobrellevar sus problemas o directamente hallar una solución permanente, el director pone en vergüenza a la enorme mayoría de sus colegas de hoy en día porque con recursos humildes, paciencia, mucho ingenio y excelentes actuaciones por parte de todo el elenco redondea una obra muy pero muy disfrutable que sin ser vanguardista ni pretender contentar a nadie en especial, por cierto la dialéctica por antonomasia del antiguo cine de los autores del horror en verdad inconformista, logra entretener con un producto maravilloso que para colmo consigue llegar a esas casi dos horas de metraje que reclaman a pura necedad las productoras del presente para prácticamente cualquier película, duración que en esta ocasión se pasa volando pero que en el grueso del ecosistema mundial del séptimo arte contemporáneo deriva en bodrios insufribles con una profusión sinceramente inexplicable de escenas relleno que entorpecen el desarrollo y ponen en evidencia la incapacidad total de muchos realizadores a la hora de narrar de manera escueta y sencilla, con fluidez, supuesto horizonte profesional de nuestros días de cine de género a montones destinado al streaming cual viejo directo a video de los años del VHS y el DVD. El sarcasmo del epílogo para con la estupidez y artificialidad promedio de Hollywood y sus pregoneros descerebrados de siempre, cuando Lars dirige la versión estadounidense del periplo narrado y Lisa la protagoniza, funciona como la frutilla de la torta porque satiriza el sustrato cobarde y antiintelectual de la cultura yanqui y global actual y en simultáneo la tendencia de los artistas a brindar al público versiones mentirosas de su propia vida que se adaptan a una imagen naif, endiosada e implícitamente farsesca…

 

El Viaje (I Onde Dager, Noruega, 2021)

Dirección: Tommy Wirkola. Guión: Tommy Wirkola, John Niven y Nick Ball. Elenco: Noomi Rapace, Aksel Hennie, Atle Antonsen, Nils Ole Oftebro, Christian Rubeck, André Eriksen, Stig Frode Henriksen, Tor Erik Gunstrøm, Selome Emnetu, Galvan Mehidi. Producción: Jørgen Storm Rosenberg y Kjetil Omberg. Duración: 114 minutos.

Puntaje: 7