Hasta las décadas del 80 y 90 Hollywood todavía estaba interesado en encarar películas relativamente pequeñas basadas en el encanto taquillero de las estrellas de turno y el esquema hiper aceitado de un relato que ya vimos mil veces con anterioridad, propuestas que hoy casi desaparecieron por completo y que cuando regresan momentáneamente ya no reciben la gigantesca campaña de marketing y difusión que gozaban en el pasado no tan lejano, rubro ahora hegemonizado por los tristes tanques descerebrados del mainstream chatarra actual y su tendencia a reducir más y más la oferta y la variedad de lo que otrora llegaba a las salas tradicionales y en estos días va a parar a un streaming donde todo se parece a niveles alarmantes, intercambiabilidad del llamado “contenido” de por medio. Secretaria Ejecutiva (Working Girl, 1988), aun con su trasfondo de película industrial, es un excelente ejemplo de una realización artesanal y muy meticulosa del mainstream e incluso demuestra que todavía era posible tomar riesgos, pensemos para el caso que aquí nos topamos con dos mega estrellas de aquella época, Harrison Ford y Sigourney Weaver, intérpretes de vida mayormente tranquila, cediendo sin problemas protagonismo frente a Melanie Griffith, una de las actrices más desparejas y de existencia más convulsionada del período, vástago del ejecutivo publicitario Peter Griffith y la célebre Tippi Hedren, aquel reemplazo de Grace Kelly que Alfred Hitchcock había planificado después de que la susodicha se casase con el Príncipe Raniero III de Mónaco y se retirase de la actuación, sociedad que abarcaría únicamente los rodajes de Los Pájaros (The Birds, 1963) y Marnie (1964) por el carácter histérico de Hedren -que luego derivaría en una especie de locura, también heredada por su hija- y por la idiosincrasia controladora y el acoso sexual apenas maquillado del legendario cineasta inglés. Adicta a la cocaína y el alcohol, y a posteriori a las pastillas y a las cirugías estéticas por un supuesto cáncer de piel, Griffith era una bomba en potencia y un peligro que el director, el gran Mike Nichols, estaba dispuesto a aceptar.
La actriz, de por entonces unos 30 años, venía de papeles cruciales en Ciudad del Crimen (Fear City, 1984), de Abel Ferrara, Doble de Cuerpo (Body Double, 1984), de Brian De Palma, Totalmente Salvaje (Something Wild, 1986), de Jonathan Demme, Cherry 2000 (1987), de Steve De Jarnatt, El Secreto de Milagro (The Milagro Beanfield War, 1988), de Robert Redford, y Lunes Tormentoso (Stormy Monday, 1988), de Mike Figgis, y en esta oportunidad compone a la recordada Tess McGill, una joven bella y ambiciosa de clase trabajadora que logró un título universitario en negocios asistiendo a clases nocturnas y trabajando en diversos lugares como secretaria mientras soportaba las actitudes machistas o petulantes de sus superiores, quienes le prometían ascensos con el objetivo de entregarla a otros ejecutivos, como el experto en arbitraje empresario Bob Speck (Kevin Spacey), como si fuese una meretriz camuflada. La mujer empieza a trabajar para la rapaz y maquiavélica Katharine Parker (Weaver), socia adjunta de Fusiones y Adquisiciones de la compañía Petty Marsh, y eventualmente se le ocurre una idea que le transmite a su jefa, un plan de fusión amistosa que incluye la compra de acciones de una emisora de radio por parte del conglomerado capitalista Industrias Trask, encabezado por Oren Trask (Philip Bosco), para que éste evite ser adquirido por competidores japoneses, los cuales no pueden participar por ley en el segmento comunicacional norteamericano, y para posicionarse en el gremio de los mass media, por más que Trask a priori pretende comprar cuanto antes una cadena de TV. Cuando Parker se rompe una pierna esquiando cual ricachona superficial y siempre con el ego inflado, McGill se ve obligada a entrar en su lujoso departamento y así descubre de sopetón que pretendía robarle la idea y hacerla pasar por propia ante Jack Trainer (Ford), ejecutivo de una compañía asociada con el que encara de manera clandestina este proyecto de fusión al punto de enamorarse del hombre sin saber que es novio de Katharine, movida de reafirmación identitaria y de valía profesional que la lleva a contactar al propio Trask.
Sin duda los méritos de Secretaria Ejecutiva van más allá de la denuncia de la farsa de la solidaridad automática femenina, o la ratificación de su homóloga por estrato social, esta suerte de reinterpretación posmoderna de La Cenicienta, cuento de hadas europeo de la tradición oral que fue recuperado por escritores como Giambattista Basile, Charles Perrault y los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, y su condición de zeitgeist tácito de unos años 80 que se cuelan en pantalla tanto por la codicia caníbal de los yuppies como a través del look de los personajes, nos referimos a los peinados prominentes, las hombreras y el leitmotiv de las zapatillas informales con vestidos elegantes a todo trapo que simbolizan a la perfección las múltiples responsabilidades y tentaciones que impone el capitalismo de fines del Siglo XX y comienzos del siguiente en materia de estímulos de todo tipo, poca sustancia, riqueza o complejidad conceptual real y un cúmulo de tareas + hobbies + vida privada ajetreada y egoísta que destruye la estabilidad de las familias nucleares de antaño y la utopía del Estado de Bienestar del “trabajo único para toda la vida”. McGill, que es cosificada en simultáneo por su pareja oficial, Mick Dugan (Alec Baldwin), a quien encuentra en la cama con otra fémina, Doreen DiMucci (Elizabeth Whitcraft), y por su flamante jefa, esa Parker que en esencia no se diferencia en nada de cualquier jerarca masculino del montón, no sólo pretende trepar en la pirámide de la plutocracia sino conservar su dignidad y humanismo a pura paradoja si pensamos en el quid predatorio y psicopático porfiado del statu quo de los negocios, como bien lo resume Tess en el desenlace ante Trask, “puedes saltarte las reglas una vez en la cumbre, pero no por el camino y alguien como yo no llega a la cumbre sin saltarse las reglas”. Griffith, en este sentido, es perfecta para el papel porque el dejo de vulnerabilidad aguerrida de McGill, princesa proletaria en la claustrofobia del repugnante mundo de los trabajos de oficina y toda su mediocridad, aprovecha al máximo su cuerpo de puta, esa vocecita de nena ingenua y su cara angelical a lo adolescente dubitativa perpetua.
Nichols, quien venía de dos obras fallidas, El Difícil Arte de Amar (Heartburn, 1986) y Aprendiendo a ser Hombre (Biloxi Blues, 1988), y no entregaba un opus interesante desde la maravillosa Silkwood (1983), aquí redondea la realización más atractiva y compacta de mediados de su carrera como director de cine, el trabajo por el que sería recordado por esas generaciones de cinéfilos de los 80 en adelante hasta las postrimerías de su devenir profesional, cuando por fin vuelve a repuntar en términos de calidad con un díptico para HBO, el largometraje Wit (2001) y la miniserie Ángeles en América (Angels in America, 2003), y otro para salas cinematográficas habituales, Closer (2004) y Juego de Poder (Charlie Wilson’s War, 2007). El amigo Mike por un lado aprovecha desde un clasicismo inmaculado -especie de mixtura entre el melodrama de Douglas Sirk y la desfachatez irónica de Billy Wilder- el guión de Kevin Wade, conocido a futuro por El Verdadero Ser (True Colors, 1991), de Herbert Ross, Junior (1994), de Ivan Reitman, ¿Conoces a Joe Black? (Meet Joe Black, 1998), de Martin Brest, y Sueño de Amor (Maid in Manhattan, 2002), de Wayne Wang, y por el otro lado exprime con inteligencia la genial fotografía de Michael Ballhaus, socio histórico de Rainer Werner Fassbinder y Martin Scorsese, y el temazo que Carly Simon compuso para la película, el cuasi himno de cadencia góspel Let the River Run, y vuelve a emparejar -latiguillo de Nichols de siempre- el desempeño de todo el elenco, empezando por los perfectos Griffith, Weaver y Ford y finiquitando en los secundarios Baldwin, Bosco, Spacey, Oliver Platt como un ex superior de Tess, Lutz, y Joan Cusack como la mejor amiga de la protagonista, Cyn, más cameos de luminarias como Olympia Dukakis, David Duchovny, Zach Grenier y Jeffrey Nordling. En tanto fábula realista acerca de tiburones y pececitos del lamentable ecosistema laboral, el film funciona como un paneo sincero por la alienación y frustraciones de las grandes metrópolis desde el punto de vista del marginado estructural que hace de sus sueños de progreso su bandera…
Secretaria Ejecutiva (Working Girl, Estados Unidos, 1988)
Dirección: Mike Nichols. Guión: Kevin Wade. Elenco: Melanie Griffith, Harrison Ford, Sigourney Weaver, Alec Baldwin, Joan Cusack, Philip Bosco, Oliver Platt, Kevin Spacey, Olympia Dukakis, Jeffrey Nordling. Producción: Douglas Wick. Duración: 114 minutos.