Excelentísimos Cadáveres (Cadaveri Eccellenti)

Los guardianes de la república

Por Martín Chiavarino

La década del setenta en Italia, denominada los Años de Plomo, fue una época en la que los conflictos sociales de la década anterior estallaron completamente para desencadenar una guerra total en la que la mafia inició una serie de batallas internas que se convirtieron en ofensivas contra el Estado, alianzas con movimientos de extrema derecha, Orden Nuevo y Vanguardia, que se enfrentaron a las de extrema izquierda, aquellas de Brigadas Rojas, la Primera Línea y el Grupo 22 de Octubre, al calor de las huelgas, las bombas y una militarización del Estado acompañada de una pérdida de derechos civiles producto del miedo de los dirigentes políticos de perder sus privilegios ante el creciente descontento social. Mientras la política anunciaba una concordancia entre el Partido Comunista y la Democracia Cristiana para mantener el orden, los secuestros, asesinatos y la corrupción generalizada que emergían día a día a plena luz eran los catalizadores de esta furia que se despertaba especialmente en una juventud desencantada nacida después de la Segunda Guerra Mundial, sin memoria del fascismo y los estragos del conflicto bélico conducido por Benito Mussolini y su tropa, decepcionados a su vez con las concesiones del Partido Comunista en este entramado de corrupción y violencia.

 

Las contradicciones alrededor de un país atrapado entre sus prácticas mafiosas, más el ascenso y caída del Partido Comunista como propuesta de cambio, fueron la fuente sobre la que se gestó un caos creativo sin igual donde la literatura y el cine se dieron la mano en numerosas circunstancias produciendo obras de gran valor cultural que ilustran la perversión del poder.

 

En Excelentísimos Cadáveres (Cadaveri Eccellenti, 1976), el realizador italiano Francesco Rosi retoma una maravillosa novela del escritor Leonardo Sciascia de principios de la década del setenta, El Contexto (Il Contesto, 1971) para adentrare en un entramado de crímenes que involucran a todo el espectro político y que desatan los fantasmas de unos dirigentes con un pasado turbio y un presente completamente oscuro.

 

Los asesinatos en pleno día de dos jueces y un fiscal son el prólogo de una investigación en la que el inspector Rogas (Lino Ventura) desentierra el pasado de los magistrados liquidados para encontrarse ante una conspiración que libera toda la paranoia de la clase política. Uno a uno los magistrados son asesinados delante de todo el mundo pero no hay pistas y los testigos son manipulados para inculpar a jóvenes que pasan por ahí. Mientras las elucubraciones y los chismes circulan y forjan la realidad, el inspector a cargo del caso encuentra una pista en los procesos judiciales que involucraron a las tres víctimas en el sur de Italia. Rogas, un oficial famoso por su integridad e imparcialidad, con amigos a ambos lados de la grieta italiana entre el Partido Comunista y la Democracia Cristiana, descubre que tres hombres inocentes fueron inculpados por las víctimas. Mientras realiza sus entrevistas y busca al culpable, uno de esos hombres injustamente condenados desaparece misteriosamente de su palacete y se convierte en el principal sospechoso mientras extrañas coincidencias se suceden, la temperatura social aumenta y los políticos, jueces y ejecutivos policiales se ponen cada vez más nerviosos.

 

Excelentísimos Cadáveres combina la prosa descarnada policial de Sciascia con la lógica del poliziottesco y el thriller de corrupción política que caracterizó al cine de Rosi para crear una obra imprescindible para entender la lógica del poder en la Italia de los setenta, una suerte de tregua entre los principales partidos políticos para mantener el orden en un contexto de violencia generalizada que inundaba las calles.

 

Al igual que la novela, el film de Francesco Rosi es visceral en su relato, sin concesiones para nadie, con un final realmente desolador que pone al descubierto la connivencia del Partido Comunista con la Democracia Cristiana en el ocultamiento de la verdad para mantener el orden. En esta conclusión un miembro del Partido Comunista le confiesa al director del principal periódico de izquierda que la verdad no es siempre revolucionaria, una negación de la cita de Antonio Gramsci en el periódico comunista El Nuevo Orden (L’Ordine Nuovo) pronunciada por el fundador del Partido Socialista en Alemania, Ferdinand Lassalle. En el contexto del film la frase enuncia la traición de los valores del partido, la entrada del partido en la política real y la clausura de la posibilidad de un cambio social.

 

El guión del propio Rosi junto a Tonino Guerra y Lino Iannuzzi analiza la lógica del poder, su función de reproducción del statu quo y su recurso de la violencia ante la amenaza de un cambio. Mientras el inspector Rogas busca encontrar al culpable de los asesinatos y prevenir nuevas muertes, la rosca política a su alrededor se incrementa exponencialmente, develando alianzas insospechadas, relaciones entre opositores y negociaciones espurias alrededor de trapitos sucios que todos buscan esconder debajo de las añejas y desvencijadas alfombras renacentistas.

 

Las actuaciones de Lino Ventura, Fernando Rey, Max von Sidow, Renato Salvatori, Tino Carrara, Tina Aumont y todo el elenco son maravillosas y cada uno tiene escenas realmente impactantes, como la representación de Max von Sidow como el Presidente de la Corte Suprema argumentando sobre la infalibilidad del sistema judicial, un discurso metafísico sobre la justicia y una demostración de la soberbia del poder judicial en una época donde el arte aún cuestionaba a las mafias que se enquistaban en el poder y sus delirios mesiánicos totalitarios.

 

Rosi refleja una Italia decadente, que vive de glorias pasadas, un país dividido y quebrado por la corrupción, la mafia y el fascismo, con un poder político y judicial que teme al cambio que se gesta en la juventud. Tanto el palacete en el que vive el principal acusado, Cres, como las catacumbas de la corte que recorre el fiscal Varga (Charles Vanel) antes de ser asesinado en el impactante comienzo del film, un recorrido por la escatología jurídica italiana y sus símbolos mortuorios más aterradores, funcionan como una metáfora de esta Italia marchita y de un poder judicial que se cae a pedazos hundido en la corrupción.

 

El título del film de Rosi es un juego metafórico, que por un lado infiere sobre la muerte de los magistrados a la vez que hace alusión a la decadencia del sistema con esa imagen inicial de Varga paseando por las catacumbas de la corte llenas de momias de magistrados santificados. Pero Excelentísimos Cadáveres remite también al famoso juego surrealista creado por André Breton, Cadavre Exquis, en el que los participantes dibujaban secciones de una figura conectada con las de los otros participantes sin ningún conocimiento de lo que habían dibujado, lo que conducía a un resultado imprevisible en el trazado final, la metáfora última de la imprevisibilidad de la trama conducida por la paranoia entrecruzada, una alegoría de la hegemonía, de este juego de todos contra todos en el que la muerte acecha a cada uno, donde el poder es más una condena autoinfringida en un juego perverso que una responsabilidad.

 

Al compás de las marchas fúnebres de Fréderic Chopin, el pasado acecha al presente como un fantasma que lo interpela en un film inteligente, que nunca toma partido, que deja que los protagonistas desarrollen sus lógicas hasta las últimas consecuencias, siguiendo la extraordinaria trama de la novela de Sciascia. Excelentísimos Cadáveres es una fábula sobre el poder difícil de olvidar, una lección incisiva como The Parallax View (1974), de Alan Pakula, y La Conversación (The Conversation, 1974), de Francis Ford Coppola, obras paranoicas, obsesivas, de personajes perseguidos, vigilados, que ven cómo el poder se posa sobre ellos constriñéndolos, una visión desesperanzadora sobre el pasado que se presenta ante el presente para pedirle cuentas, pero también una concientización sobre la política real y hasta dónde el poder está dispuesto a llegar en circunstancias excepcionales.

 

Excelentísimos Cadáveres (Cadaveri Eccellenti, Italia/ Francia, 1976)

Dirección: Francesco Rosi. Guión: Francesco Rosi, Tonino Guerra y Lino Iannuzzi. Elenco: Lino Ventura, Luigi Pistilli, Paolo Bonacelli, Alain Cuny, Tina Aumont, Renato Salvatori, Fernando Rey, Max von Sydow, Charles Vanel, Alfonso Gatto. Producción: Alberto Grimaldi. Duración: 121 minutos.

Puntaje: 10