Juego Mortal (Sleuth, 1972), el último film del prolífico realizador Joseph L. Mankiewicz, hermano menor de Herman Mankiewicz, coguionista de El Ciudadano (Citizen Kane, 1941) junto a Orson Welles, marca el final de una carrera plena de grandes logros como A Letter to Three Wives (1949), All About Eve (1950), No Way Out (1950), 5 Fingers (1952), Julius Caesar (1953), The Barefoot Contessa (1954) y Suddenly, Last Summer (1959) en una trayectoria que recorre todos los géneros, desde el film épico hasta el drama sociológico urbano para llegar en su obra final a la adaptación teatral en clave de comedia trágica.
El éxito de la premiada obra teatral homónima del escritor británico Anthony Shaffer, hoy más conocido por el extraordinario guión del film de Robin Hardy The Wicker Man (1973), obra inspirada en una novela del novelista inglés David Pinner, Ritual (1967), fue el detonante del interés por llevar Sleuth al cine. La reluctancia inicial de Shaffer a vender los derechos cedió finalmente y el escritor mantuvo el control del guión pero no pudo lograr imponer a Anthony Quale y Alan Bates en los roles de Andrew Wyke y Milo Tindle, respectivamente, ante la férrea decisión de Mankiewicz de contratar a Laurence Olivier y Michael Caine para los papeles protagónicos.
Ambientada en medio de la campiña inglesa, un escritor de novelas de detectives, filántropo y amante de los juegos, Andrew Wyke, invita a su mansión a un joven y exitoso peluquero de origen humilde, Milo Tindle, el amante de su esposa, para confrontarlo y enredarlo en una estratagema macabra. El escritor convence al peluquero de tomar parte en su charada argumentando que con sus ingresos no podrá mantener su idilio debido a los costosos gustos adquiridos de la mujer. Milo accede a la propuesta de Wyke de disfrazarse de payaso para simular el robo de unas joyas que el escritor tiene en su caja fuerte con la finalidad de que ambos de beneficien, Milo por la venta de las alhajas y el escritor por el reclamo del seguro. Después de una larga y abrumadora bufonada alrededor de los excéntricos y delicados autómatas y los costosos juegos propiedad de su anfitrión, Milo descubre que ha sido engañado para emprender una venganza suicida en una trama inesperada y sorprendente.
La palabra “sleuth” que da título al film es un sinónimo de detective que se usa en el inglés británico con un tono de broma para ironizar sobre las personas que investigan crímenes. En este caso el título remite tanto al personaje de las novelas de Wyke como a la relación entre la comedia, el misterio y el crimen que marcan la acción. El film respeta las reglas de la lógica teatral enfatizando la dinámica de ambos personajes, quienes entablan una relación de odio que los llevará a la destrucción. Laurence Olivier y Michael Caine logran un extraordinario vínculo en esta joya que combina el estilo cómico inglés y el devenir de las novelas de detectives.
Así como ambos personajes son ultimados por su contrincante a buscar pistas y tomar parte del juego que el otro propone, el film también le plantea al espectador una serie de indicios al respecto, que van desde el descubrimiento de fotos de Agatha Christie hasta una constante focalización en una pequeña estatuilla de Edgar Allan Poe, galardón con el que se premia cada año la mejor obra de misterio, llamado Edgar Award, pequeñas huellas que van construyendo el rompecabezas de un entramado social sobre la sociedad inglesa de la época.
Lo que en un momento parece un plan que puede beneficiar a todos será en su lugar el inicio de una venganza y de una transformación que creará las condiciones para una transmutación de los roles de Wyke y Tindle, personajes que simbolizan dos estratos sociales de la Gran Bretaña de los años setenta. Si Wyke representa al aristócrata inglés con todo su esnobismo y su excentricidad, Tindle es la encarnación del hijo de inmigrantes europeos que quiere abrirse camino en un país que atesora sus tradiciones y sus títulos nobiliarios. Ya en esa época se podía vislumbrar el descontento británico con la nueva composición social y el rechazo ante la ambición del vástago de inmigrantes que hasta pretende robar esposas ajenas. Todo el film es una metáfora de la caída de la aristocracia inglesa, su largo ocaso iniciado después de la Primera Guerra Mundial y acelerado estrepitosamente después de la Segunda.
El personaje de Andrew Wyke, que interpreta Laurence Olivier, está basado en el escritor estadounidense John Dickson Carr y en todo momento remite a las obras de éste y al personaje protagónico de sus novelas de detectives, Sir Henry Merrivale. Los actores secundarios mencionados en los créditos iniciales sirven para despistar al espectador ante la simple realidad que se le presenta ante sus ojos, cuestión que funcionó muy bien en la época del estreno de la película para aquellos que no habían visto la obra de teatro.
A la música de misterio compuesta y dirigida por John Addison se le suma una canción de Cole Porter que funciona como intermedio entre la primera y la segunda parte de un film que le da una vuelta de tuerca a la versión teatral con una puesta en escena que va desde el laberinto botánico inglés hasta las abigarradas habitaciones de la atemorizante mansión gótica de Wyke.
La remake de 2007 de Kenneth Branagh con guión de Harold Pinter, protagonizada por Caine, aunque esta vez en el papel de Wyke, y por Jude Law como Milo Tindle, no tendrá ni la frescura ni el ingenio de la original, un film que juega con el crimen y las novelas de detectives con gran soltura alrededor de autómatas, rompecabezas y diversos juegos de mesa.
Sleuth es un film vertiginoso, de diálogos sagaces e ingeniosos, con toques de comedia negra, una extraordinaria construcción narrativa y un inigualable manejo de cámara que se puede observar tanto en el comienzo como en el final por parte del director de fotografía, Oswald Morris, responsable de clásicos como Lolita (1962), de Stanley Kubrick, The Man Who Would be King (1975), de John Huston y The Spy Who Came from the Cold (1965), la adaptación de la novela homónima de John le Carré, dirigida por Martin Ritt. Con el telón que baja estrepitosamente ante una tragedia anunciada, Mankiewicz también anuncia el final de su fructífera relación con el cine.
Juego Mortal (Sleuth, Reino Unido/ Estados Unidos, 1972)
Dirección: Joseph L. Mankiewicz. Guión: Anthony Shaffer. Elenco: Laurence Olivier, Michael Caine, Alec Cawthorne, John Matthews, Eve Channing, Teddy Martin. Producción: Morton Gottlieb. Duración: 138 minutos.