Fue la Mano de Dios (È Stata la Mano di Dio)

La mirada introspectiva

Por Martín Chiavarino

El último film del realizador italiano Paolo Sorrentino, Fue la Mano de Dios (È Stata la Mano di Dio, 2021), ganador del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2013 por La Gran Belleza (La grande Bellezza, 2013), rememora su adolescencia en Nápoles, la llegada de Diego Maradona al Napoli a mitad de la década del ochenta, la muerte de sus padres y la temprana decisión de convertirse en director de cine, al tiempo que homenajea a sus directores favoritos, Federico Fellini y Antonio Capuano.

 

Un adolescente introvertido sin amigos, muy cercano a su hermano y a sus padres, recibe junto a todo Nápoles, la ciudad más poblada del sur de Italia, tierra de contradicciones olvidada y maltratada por los italianos del norte, la noticia de la llegada del ídolo del fútbol que recién comienza su camino a la gloria, Diego Armando Maradona, que acaba de rescindir su contrato con el Fútbol Club Barcelona tras varios escándalos y desavenencias con la dirigencia. El arribo de Maradona a Nápoles se convierte en un suceso y el jugador en un símbolo de las tácticas de los oprimidos para derrotar a los poderosos.

 

En este contexto el joven Fabio Schisa (Filippo Scotti), o Fabietto, como lo nombra cariñosamente su familia, experimenta una atracción sexual hacia su exuberante tía, Patrizia (Luisa Ranieri), una mujer que sufre los arrebatos de celos de su marido, Franco (Massimiliano Gallo), a la vez que disfruta de la compañía de su parentela, las bromas pesadas de su madre y las divertidas reuniones familiares. Con la llegada del astro argentino, el padre de Fabio, Saverio (Toni Servillo), un empleado bancario, le compra a su hijo un abono para ver jugar al Napoli. Fabio vive una existencia idílica en un Nápoles que se enamora de Maradona y termina hinchando por la selección argentina ante Inglaterra y Alemania en el Mundial de México de 1986, pero una tragedia trastoca su vida de la noche a la mañana y una herida nace y se expande así en su corazón. En la cancha del Napoli conocerá a su primer y único amigo, Armando (Biaggio Manna), un piloto de lanchas que trabaja para los contrabandistas de cigarrillos, que terminará en la cárcel por su riesgosa actividad. Mientras tanto, Fabietto descubrirá el cine y se convertirá en discípulo del realizador napolitano Antonio Capuano (Ciro Capano), quien lo alienta a buscar su voz en el paisaje y la gente de Nápoles.

 

En base a un relato episódico, el film narra cómo la etapa más feliz de un adolescente puede convertirse debido a una tragedia en la etapa más dolorosa de su vida, acontecimiento que lo marcará y que definirá su sensibilidad estética, que quedará atada para siempre a su Nápoles natal junto a su familia con el fondo de las jugadas y los goles de Diego Maradona, el cual llevó al Napoli a obtener títulos y galardones que le habían sido esquivos durante su historia futbolística.

 

A partir de la tragedia, el film da un vuelco en el que el fútbol se vuelve menos importante para dar paso a la formación del carácter del protagonista y de su futuro, el deseo sexual, las noches en el teatro intentando hablar con la actriz sin tener el valor para decirle lo que siente, el deambular perdido, el desengaño y las fantasías con la tía Patrizia, que se convertirá en la musa a la que dedicará sus películas.

 

Sorrentino realiza aquí un homenaje a los directores y el cine que lo marcaron, desde la obsesión con los rostros femeninos de Federico Fellini al realismo descarnado de Antonio Capuano, mentor que marca sus primeros pasos, revisando su adolescencia para pasar de la alegría al dolor más absoluto y explorar el encuentro de su voz cinematográfica. Como en La Gran Belleza, Sorrentino utiliza la voluptuosidad fellinesca para construir su propuesta, regresando a la decadencia de una sociedad que supo ver mejores tiempos, de condesas venidas a menos, de calles sin vida que son revitalizadas por la magia del cine.

 

Sorrentino vuelve a destacarse como un gran director de actores, logrando excelentes interpretaciones de un gran elenco encabezado por Filippo Scotti, Toni Servillo, Teresa Saponangelo, Marlon Joubert, Luisa Ranieri, Renato Carpentieri, Betty Pedrazzi y Biagio Manna. La fotografía de Daria D’Antonio se destaca por su retrato de la belleza natural de la Bahía de Nápoles, sus calles perdidas en el tiempo, y por planos que evocan la intensidad de la vida napolitana al calor de la agitación maradoniana. Lele Marchitelli también vuelve a trabajar con Sorrentino para componer una banda sonora que va de la melancolía a la algarabía, y de la tristeza a la desazón completa con canciones icónicas de Nápoles como las baladas de Pino Daniele.

 

Pero Sorrentino no solo abraza su adolescencia napolitana romantizada en los ochenta. En Fue la Mano de Dios también se recurre a mitos del sur de Italia como los milagros atribuidos a San Genaro, la leyenda popular del obispo, y se recupera la militancia comunista de su padre y su abuelo mientras las mujeres voluptuosas ofrecen sus atributos a la cámara y los goles de Maradona llevan al Napoli a la gloria. La belleza del cine de Sorrentino se combina con un decadentismo producto de la realidad italiana, que cree en el cine como entretenimiento y evasión de la realidad pero también como una forma de crear una experiencia vital y en este caso, incluso, sanadora.

 

Con una mano puesta en el corazón y la otra en la cámara, Fue la Mano de Dios narra el camino que condujo a Sorrentino a adentrarse en la dirección cinematográfica, una toma de conciencia que lo lleva a posicionar su distanciamiento del mundo como una forma de verlo y retratarlo para relacionarse con una realidad de la que parece enajenado. Aunque más autobiográfica y aún más íntima que sus otros films, aquí Sorrentino se sumerge en los sueños de una clase media que sin perspectivas de mejora se refugia en el fútbol, ve la energía de Nápoles renacer con la magia de Maradona y su verborragia anti imperialista y anti racista, mientras a nivel cultural las palabras del poeta y dramaturgo Eduardo de Filippo resuenan en la cabeza de un protagonista que busca comprender cómo funciona el mundo y cómo representarlo en la gran pantalla para vivirlo con la mayor intensidad introspectiva.

 

Fue la Mano de Dios (È Stata la Mano di Dio, Italia/ Estados Unidos, 2021)

Dirección y Guión: Paolo Sorrentino. Elenco: Filippo Scotti, Toni Servillo, Teresa Saponangelo, Marlon Joubert, Luisa Ranieri, Renato Carpentieri, Massimiliano Gallo, Betty Pedrazzi, Enzo De Caro, Sofya Gershevich. Producción: Paolo Sorrentino y Lorenzo Mieli. Duración: 130 minutos.

Puntaje: 7