Películas acerca de caníbales hay muchas y encaradas desde diversas vertientes, estilos y géneros, pensemos en la ciencia ficción de Soylent Green (1973), de Richard Fleischer, el horror primigenio de familias antropófagas de The Texas Chain Saw Massacre (1974), de Tobe Hooper, y The Hills Have Eyes (1977), de Wes Craven, la comedia negra de Eating Raoul (1982), de Paul Bartel, Parents (1989), de Bob Balaban, y Delicatessen (1991), de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, el exploitation a toda pompa de Frightmare (1974), de Pete Walker, y Antropophagus (1980), de Joe D’Amato, aquel western freak de Ravenous (1999), de Antonia Bird, y Bone Tomahawk (2015), del querido S. Craig Zahler, el terror posmoderno de loquitos desatados símil Hannibal (2001), de Ridley Scott, Trouble Every Day (2001), de Claire Denis, y Raw (2016), de Julia Ducournau, y hasta la vertiente testimonial de obras como Supervivientes de los Andes (1976), de René Cardona, y Alive (1993), de Frank Marshall, ambas basadas en el célebre accidente de 1972 del avión 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, volando sobre la Cordillera de los Andes en su segmento argentino, con los miembros del equipo de rugby Old Christians Club. Fresh (2022), debut en el campo del largometraje de la directora Mimi Cave a partir de un guión de Lauryn Kahn, ambas atesorando mucha experiencia en cortos, ofrece una reformulación del tópico en función de los engranajes de la comedia romántica, la parodia de sutil anclaje social y el thriller psicológico de encierro con toques de faena de asesinos en serie, otro leitmotiv temático infaltable de la antropofagia en el séptimo arte porque todo lo que tenga que ver con la comida, aun otros seres humanos, implica un flujo productivo eterno a lo industria.
La propuesta que nos ocupa se centra en Noa (Daisy Edgar-Jones), una diseñadora gráfica veinteañera que está buscando pareja mediante una aplicación símil Tinder y viene de una cita desastrosa con un muchacho llamado Chad (Brett Dier), quien se embarra a sí mismo señalando lo poco femenina que es, cayendo en chispazos de racismo contra los asiáticos e incluso llamándola “perra engreída” cuando lo rechaza. Una noche en la verdulería de un supermercado conoce a un tal Steve (Sebastian Stan), un cirujano plástico cuarentón y simpático con el que inicia una relación y así se lo comunica a su mejor amiga, Mollie (Jojo T. Gibbs), una ejecutiva publicitaria afroamericana bisexual a la que le cuenta todo en su vida diaria. El bello idilio dura poco porque en un supuesto viaje de fin de semana la lleva primero a su casa alejada de la ciudad y allí la droga vía la bebida, la traslada a un cuarto/ mazmorra y le coloca esposas y cadena para retenerla ya que el señor, en realidad casado con una rubia llamada Ann (Charlotte Le Bon) y padre de dos hijos pequeños, en esencia tiene una pyme de venta de carne humana femenina a clientes caníbales de alto poder adquisitivo que pagan una verdadera fortuna para degustar tales “manjares”, los cuales envía por correo a los oligarcas capitalistas de turno junto con el nombre de la chica, ropa interior falaz, objetos personales también falsificados y una foto reglamentaria que suma a esta experiencia erótica, perversa y culinaria. Mientras charla a través del muro de su celda con otra víctima que ya tiene una pierna menos debido a una amputación, Penny (Andrea Bang), Noa literalmente pierde el culo cuando intenta escapar y Steve la atrapa y le quita el upite en una cirugía para incorporarlo en la próxima tanda de este ultra espantoso delivery.
Combinando un antagonista buen mozo y amante de la cultura pop, en sintonía con aquel Patrick Bateman de Christian Bale de American Psycho (2000), de Mary Harron, algo del emporio de la carne mancillada de Hostel (2005), del bobo de Eli Roth, y hasta el encierro femenino agitado de opus como Martyrs (2008), de Pascal Laugier, y 10 Cloverfield Lane (2016), de Dan Trachtenberg, Fresh en general posee un tono narrativo mucho más liviano y amigable que aquellas -y no se toma tan en serio a sí misma, por cierto- debido a que se vuelca más a las ironías de clase social de Ready or Not (2019), de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, que a las diatribas feministas promedio de Promising Young Woman (2020), de Emerald Fennell, todo en medio de evidentes referencias lejanas al tremendo Jeffrey Dahmer, un caníbal que asesinó a 17 niños y jóvenes entre 1978 y 1991 e inspiró los films Dahmer (2002), de David Jacobson, y My Friend Dahmer (2017), joya de Marc Meyers. Indudablemente lo mejor de la odisea de Cave es primero la química entre Edgar-Jones y Stan, dos muy buenos actores que construyen personajes verosímiles basados en el carácter de mujer “común y corriente” de ella y de playboy o cuasi dandy de él, y segundo el hecho de que la sensata película se toma su tiempo para la metamorfosis de comedia del corazón en esta época virtual, fase correspondiente a la primera media hora, hacia el suspenso en cautiverio, léase los 60 minutos siguientes vía la investigación de una Mollie preocupada que termina convirtiéndose en víctima del carnicero, y después el horror extasiado -aunque algo redundante y demasiado previsible, carente de toda sorpresa- del desenlace, ya con la comunidad de señoritas atrapadas haciéndole frente a un Steve que es seducido por Noa.
En sí el nivel de misandria revanchista de Fresh es bastante bajo porque a los dos binomios conceptuales primigenios, el de hombres narcisistas y mujeres anodinas y el de realidad deslegitimada y virtualidad fetichizada en exceso, se van sumando otros que corren de a poco el núcleo temático al ampliarlo mediante dípticos como por ejemplo ricos parasitarios y pueblo homologado a ganado, humanos destructivos y animales cosificados, mujeres cómplices a lo Ann versus féminas más autónomas y más conscientes de sus posibilidades y finalmente el binomio de sinceridad y mentiras marketineras para gustar engañando en el “mercado” que sea. Más allá de esta metáfora bien literal acerca de Tinder y aplicaciones semejantes como un negocio de la apariencia corporal símil productos de una carnicería, y esta denuncia cruzada -algo paranoica pero no por ello menos acertada- en torno a ella confiando en él sin conocerlo y él confiando en ella en el remate retórico ya conociéndola, cuando Noa efectivamente le muerde los testículos a Steve, la realización por un lado se burla del negocio de la carne y especialmente de su crueldad porque lo “fresco” del título siempre vale más, suerte de propaganda encubierta del vegetarianismo, y por el otro lado cuenta con un muy interesante desarrollo de personajes en lo que respecta al dúo principal, quizás dejando demasiado en el tintero a Penny y una Ann tullida que parece haber sido una otrora víctima del caníbal, lo que de todos modos se compensa con la hilarante intervención de un amigo de Mollie, el barman Paul (Dayo Okeniyi), quien en el final se marcha en su choche a pura picardía pragmática y deja solas a las chicas resolviendo sus problemas cual convalidación de la idea de que ya no vale la pena morir por el sexo opuesto ni por amor…
Fresh (Estados Unidos, 2022)
Dirección: Mimi Cave. Guión: Lauryn Kahn. Elenco: Daisy Edgar-Jones, Sebastian Stan, Jojo T. Gibbs, Andrea Bang, Dayo Okeniyi, Charlotte Le Bon, Brett Dier, Alina Maris, William Belleau, Lachlan Quarmby. Producción: Adam McKay y Kevin J. Messick. Duración: 114 minutos.