Ultrasonido (Ultrasound)

Lo físico vía lo psicológico

Por Emiliano Fernández

La ciencia ficción es uno de los rubros más devaluados del séptimo arte desde las décadas del 80 y 90 en adelante, género que en la comarca mainstream se transformó en sinónimo de adaptaciones de series de televisión de antaño, equivalentes bastante delirantes del cine catástrofe, bazofias de una fantasía por demás pueril, exploraciones tontuelas espaciales, eslabones de franquicias interminables como la empezada con La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977), de George Lucas, aventuras de supervivencia de manual, premisas ya ampliamente quemadas sobre invasiones alienígenas y en especial bodrios de superhéroes para retrasados mentales y lobotomizados culturales del montón. Por suerte en paralelo a la pompa inflada de siempre del Hollywood más industrial, ese que hasta los años 70 condenó a la ciencia ficción a la Clase B para a posteriori adoptarla como propia aunque vaciándola de todo contenido inteligente, revulsivo o verdaderamente iconoclasta, se desarrolló una corriente indie cada día más alejada del gusto popular/ masivo, como decíamos controlado por los tanques repletos de CGIs, estrellitas y secuencias de acción estúpidas, que con sus esperables altibajos cualitativos ha sabido mantener en pie la bandera de esa especulación que imaginando mundos posibles o alternativos reflexiona sobre las particularidades menos gratificantes de nuestro presente más prosaico, propuestas que sin engolosinarse con los avances tecnológicos, toda esa fanfarria bélica o un ritmo narrativo vertiginoso apuestan en cambio por recuperar el acervo artístico del film noir para pensar conspiraciones o enredos sociales mucho más palpables que aquellos que se ven habitualmente en los blockbusters planetarios. Ultrasonido (Ultrasound, 2021), ópera prima de Rob Schroeder en el campo del largometraje a partir de un guión de Conor Stechschulte, es un excelente ejemplo de lo mucho que se puede hacer con un presupuesto acotado y una astucia rebosante de ideas, ambición, desparpajo y una complejidad que requiere la completa atención del espectador.

 

Glen (Vincent Kartheiser), volviendo con su auto una noche lluviosa del casamiento de un amigo, pisa una trampa de púas en la ruta y pide ayuda en una casa cercana, donde vive un ex profesor de secundaria depresivo, Art (Bob Stephenson), y su joven esposa y ex alumna, Cyndi (Chelsea López), quienes no sólo lo invitan a pasar la noche sino que lo incentivan a tener sexo con la mujer, algo que aparentemente ocurre con el beneplácito de los dos miembros de la pareja. Tiempo después Art se aparece en el hogar de Glen para mostrarle un video de Cyndi embarazada, lo que motiva el reencuentro de la chica con el supuesto padre del purrete en lo que será una convivencia algo extraña porque ambos se muestran desorientados pero dispuestos a hacerse cargo del crío debido a que la mujer ya no pretende vivir con su marido, quien en realidad es un ex investigador académico que se gana la vida como hipnotista tanto en fiestas, cumpleaños y eventos corporativos banales como en ese sector privado de la alta burguesía y sus chanchullos del fariseísmo. Art trabaja para el senador Alex Harris (Chris Gartin), un payaso casado y con dos hijos que dejó embarazada a su bella amante, Katie (Rainey Qualley), y por ello necesita que el hipnotista la mantenga alejada durante su campaña de reelección y en esencia encuentre un lugar para “colocar” al niño por nacer, así encierra a la muchacha en un departamento y la insta a creer que Art es Harris y que ella no está encinta, sólo esperando a que Alex regrese para estar a su lado ya de manera permanente. El plan de enchufarles el bebé al pobre de Glen y una Cyndi que en verdad no espera a mocoso alguno se cae a pedazos porque ella tiene una crisis psicológica y es raptada junto a su amante por un equipo parapolicial que estaba espiando el accionar de Art y se encuentra al mando de un ex colega del anterior, el Doctor Conners (Tunde Adebimpe), jefe de un centro de investigación secreto que quiere venderle las técnicas de hipnosis a la rama militar del gobierno estadounidense para crear a futuro armas humanas.

 

Basada en la novela gráfica Generous Bosom, del propio Stechschulte, la realización de Schroeder, hasta ahora un productor prolífico y un director de cortometrajes, documentales y videos musicales del underground norteamericano, no sólo entrelaza el devenir parasitario del dúo compuesto por el hipnotista y el senador para con la parejita de amantes, Cyndi una asistente/ esclava sexual de Art desde su adolescencia y Glen un tarado cualquiera del que el susodicho “tomó posesión” en el mentado casamiento para primero robarle y luego tratar de aprovecharlo para resolver el problemilla del crío del infiel Harris, sino que además va mutando desde el thriller erótico y perverso inicial -con toques de drama político o cuasi testimonial clásico- hacia una conspiranoia muy enrevesada que se sostiene en el suspenso, la comedia negra y por supuesto las vueltas de tuerca de una faena de ciencia ficción en la que el núcleo del asunto es el “ultrasonido” del título, una misteriosa frecuencia de audio que pone a los sujetos en un estado de sugestión/ hipnosis automática que puede llevarlos a aceptar cualquier tipo de condicionamiento verbal, descubrimiento que Art desarrolló junto a Conners hasta que el primero sufrió un colapso nervioso y abandonó el proyecto en su conjunto para pasarse al cuentapropismo del control y la manipulación mental. En realidad la protagonista central del convite es Shannon (Breeda Wool), en simultáneo una víctima reciente de violación que se autohipnotiza para tranquilizarse y está separada de su novio y una asistente del personaje de Adebimpe que se especializa en traumas vinculados al abuso, por ello se siente muy identificada tanto con Cyndi, a la que su “no marido” hizo creer que estaba embarazada, como con Glen, a quien Conners hipnotizó para hacerle pensar que es un parapléjico confinado a una silla de ruedas con el objetivo de que no pretenda escapar del centro de investigación. Así las cosas, Shannon descubre las intenciones armamentistas de su jefe y ayuda a los cautivos a huir con una variante inversa de la frecuencia de mando.

 

Ultrasonido desencadena una fascinación constante cual rompecabezas lleno de flashbacks y flashforwards que nos hacen saltar de una perspectiva concreta a otra al tiempo que ponen en cuestión los basamentos de una realidad adulterada o directamente ficticia, especie de comentario sarcástico acerca de lo fácil que resulta dominar a los seres humanos porque apenas si basta con deslizarles órdenes tácitas por lo bajo y así ellos solitos completan los espacios vacíos del discurso/ trama para que la misión de turno coincida lo más posible con la praxis circundante que los sujetos se crean para vivir. Entre ingredientes varios de obras tan disímiles como El Embajador del Miedo (The Manchurian Candidate, 1962), de John Frankenheimer, Scanners (1981), de David Cronenberg, Propuesta Indecente (Indecent Proposal, 1993), del inefable Adrian Lyne, Memento (2000), de Christopher Nolan, Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), de Michel Gondry, Primer (2004), de Shane Carruth, El Origen (Inception, 2010), también del británico Nolan, y hasta Twin Peaks (1990-1991), la serie de Mark Frost y David Lynch, el film de Schroeder cuenta con una factura técnica y actuaciones impecables y un desarrollo retórico de un cuidado supremo, agradeciéndose sobre todo la catarata de detalles de humor negro del último acto en sintonía con la colocación del bebé con unos burgueses con ganas de adoptar, la revelación de que Shannon, una adalid naif de las terapias del trauma, es otro peón del maquiavélico y también orwelliano Conners, la hilarante paliza de Alex a Art por malinterpretar la sugestión sobre Katie considerando que en serio el hipnotista se acostó con ella, el daño mental irreparable a Glen símil Shock Corridor (1963), de Samuel Fuller, y desde ya la revancha terminal de un Art que pasa a controlar al idiota hipócrita de Harris una vez que es reelegido como senador. Ultrasonido indaga en el carácter bien nefasto de la vigilancia conductista y cómo la tecnocracia lunática penetra en lo físico vía lo psicológico.

 

En este sentido, la propuesta apela a un minimalismo extremo, fundamentalmente esa cajita de Art a lo radio antigua con un pequeño parlante que utiliza para emitir el ultrasonido del averno, con vistas a construir una pesadilla que se siente mucho más real y factible que la colección de pavadas del mainstream en materia de la realidad virtual y de las dimensiones contrastantes de la existencia, hoy reduciéndolas al terreno casi siempre hegemónico de la psiquis, nos referimos a una estimulación externa que lleva a la desconfianza, inseguridad y la amnesia patológica e indica líneas de acción que luego son naturalizadas por los bípedos y reconvertidas en esa farsa del pensamiento propio altisonante de nuestros días, donde el grueso de los mortales clama a los cuatro vientos ser dueño de sus impulsos y pareceres cuando en sí reproduce al pie de la letra esquemas largamente preconcebidos, masticados, regurgitados y evidentemente fallidos, caso contrario no estaríamos hablando sobre los mismos temas/ problemas de siempre. La película resulta especialmente tenebrosa no sólo por la metamorfosis que experimentan los personajes a escala de la interpretación psíquica de sus propios cuerpos, piernas muertas y embarazados que aparecen o desaparecen de por medio, sino asimismo por el sustrato inesperado -o más bien, hiper mundano- de la toma de control, recordemos que Art “captura” a Glen en un ambiente supuestamente festivo, un casamiento en el que se convierte en un hazmerreír involuntario al ser ridiculizado en una sesión de hipnosis haciéndole creer que ganó la lotería, y Cyndi padece algo similar ya que se convierte en la asistente full time de este hechicero moderno en una fiesta vinculada al colegio secundario, cuando le saca a la chica el secreto de que está enamorada del profesor de literatura, por ello mismo Art se transforma en el susodicho para utilizar a Cyndi tanto laboralmente como sexualmente, dando a entender que la faceta íntima lejos está de ser inmune a los engaños de un statu quo que todo lo tutela desde el pragmatismo más cruel…

 

Ultrasonido (Ultrasound, Estados Unidos, 2021)

Dirección: Rob Schroeder. Guión: Conor Stechschulte. Elenco: Chelsea López, Vincent Kartheiser, Breeda Wool, Tunde Adebimpe, Rainey Qualley, Bob Stephenson, Chris Gartin, Dana Lyn Baron, Jim Boeven, Chris Dougherty. Producción: Rob Schroeder y Georg Kallert. Duración: 104 minutos.

Puntaje: 8