Todos aquellos que crecimos en la década del 90 y amábamos/ amamos la contracultura, el acervo alternativo y el rock en general tenemos un muy buen recuerdo de Beavis and Butt-Head (1993-2011), la querida serie de animación para MTV creada por Mike Judge sobre un par de adolescentes amorales, torpes, burdos, ultra bobos y fanáticos del heavy metal de Highland, en el Estado de Texas, que se la pasaban haciendo estupideces porque estaban aburridos o porque querían tener sexo con alguna señorita, lo que siempre derivaba en un fracaso rotundo. Judge, en esencia un animador muy cercano en términos ideológicos al anarquismo de las primeras temporadas de The Simpsons, de Matt Groening, y South Park, de Trey Parker y Matt Stone, luego se burlaría largo y tendido de todos los conservadores/ republicanos a través de Los Reyes de la Colina (King of the Hill, 1997–2010), genial serie craneada para la Fox, y de los liberales/ demócratas mediante la muy poco vista La Familia Goode (The Goode Family, 2009), tira que fue cancelada después de apenas una temporada por la ABC. Justo a posteriori de la hilarante película de Beavis and Butt-Head, Beavis and Butt-Head se Hacen la América (Beavis and Butt-Head Do America, 1996), por cierto un signo evidente de la popularidad y de la condición de zeitgeist de la serie ya que basta con recordar que nació con un corto de lo más precario y marginal de tres minutos, Béisbol de Rana (Frog Baseball, 1992), Judge comenzaría un intento de carrera como director de propuestas tradicionales en live action que duraría exactamente una década y lo llevaría a pelearse incansablemente con los ejecutivos de los grandes estudios hollywoodenses, etapa que cubre la trabajosa producción y estreno de Enredos de Oficina (Office Space, 1999), La Idiocracia (Idiocracy, 2006) y Extract (2009) y que provocaría su regreso a la televisión vía Cuentos del Ómnibus de la Gira (Tales from the Tour Bus, 2017–2018), para Cinemax, y Silicon Valley (2014-2019), faena para HBO que indaga en las miserias, artilugios y retos del nuevo capitalismo de la tecnología de avanzada y de la recopilación de datos privados.
Si bien La Idiocracia y Extract están muy bien ambas, la primera una parodia furibunda acerca del antiintelectualismo, la ignorancia massmediática y en especial la kakistocracia o gobierno de los ineptos, infradotados y cínicos y la segunda una suerte de secuela invertida de Enredos de Oficina porque en vez de situarse en la perspectiva del empleado explotado adopta en cambio el punto de vista del mandamás/ capitalista, algo que se condice con las mayores responsabilidades del tremendo Mike porque la susodicha, Extract, fue un trabajo mayormente independiente para Miramax Films en contraposición a la interferencia de la 20th Century Fox en sus dos opus previos en live action, la verdad es que la “joya de la corona” del director y guionista en la disciplina de lidiar con criaturas de carne y hueso y no dibujos animados es su debut, la citada Enredos de Oficina, película que en su momento fue vista como un fracaso absoluto de taquilla y que con los años adquirió una reputación de culto a medida que el largometraje llegaba a más y más espectadores mediante la TV por cable y el mercado del video hogareño, lienzo satírico centrado en la mediocridad y en el absurdo cotidiano de los trabajos de oficina y específicamente aquellos vinculados al auge de las tecnologías de la información. El protagonista es Peter Gibbons (Ron Livingston), un programador que odia su trabajo para la empresa Initech, actualizando la base de datos para la llegada del año 2000, y que termina perdiendo todas sus inhibiciones en una sesión con un “hipnoterapeuta ocupacional”, el Doctor Swanson (Michael McShane), quien fallece de repente ante la mirada de Peter, su novia Anne (Alexandra Wentworth) y otros burgueses tarados. Junto con dos colegas, Michael Bolton (David Herman) y el inmigrante Samir Nagheenanajar (Ajay Naidu), Gibbons le robará a Initech 305.326,13 dólares mediante un virus concebido por Bolton que permite depositar en determinada cuenta los redondeos de centavos de las operaciones bancarias, versión económica de la célebre táctica política del salame del “divide y conquistarás” que refiere a Superman III (1983), de Richard Lester.
Toda la producción creativa de Judge, como buen artista volcado a la ironía y la caricatura vehemente, está centrada en los detalles y no tanto en la historia narrada en sí, algunos de los cuales resultan atemporales, como por ejemplo la rutinización burocrática, el papeleo, la hipocresía permanente, los sueños deshechos de ascenso en la pirámide anodina en cuestión -corporativa privada o estatal- y el raudo acoso con amenazas, formulaciones indirectas y/ o sonrisitas hiper falsas del montón, y otros responden a aquellas postrimerías del Siglo XX, en sintonía con el gangsta rap, el naciente canibalismo laboral, el Tetris, esa eficientización fetichizada y llevada al extremo, la convivencia con el prójimo que se vuelve cada día más difícil y la explosión de los trabajos alrededor de la convergencia de redes audiovisuales e informáticas: pensemos para el caso en la secuencia inicial pesadillesca en la autopista, con un viejito con un andador moviéndose más rápido que Peter en el embudo insoportable del tráfico, en el pelmazo del jefe de Gibbons, Bill Lumbergh (Gary Cole), un imbécil que vive hostigando a todos en la oficina por pavadas de diverso orden, en el gustito por el hip hop de Bolton, típico blanco que se avergüenza de su afición por la música negra y para colmo desprecia al cantautor con el que comparte nombre y apellido, en los cubículos horrendos que separan el ambiente de trabajo, símbolos ineludibles -junto con las computadoras, la infaltable impresora trabada y esas engrapadoras robadas recíprocamente- de toda esta deshumanización y cosificación de los esclavos con corbata, en compañeros muy bizarros como Milton Waddams (Stephen Root) y Tom Smykowski (Richard Riehle), el primero despedido cinco años atrás aunque todavía cobrando su sueldo por un error de contaduría y el segundo convencido de que pronto lo echarán, en los dos consultores que Initech trae para reducir el personal e iniciar la subcontratación basura, los maquiavélicos Bob Slydell (John C. McGinley) y Bob Porter (Paul Willson), y en sueños románticos bastante humildes como el de Peter con una mesera, Joanna (Jennifer Aniston), claro oasis por fuera del tedio.
En el film Judge maneja muy bien y con suma sinceridad la oposición dentro del gremio masculino entre el trabajo intelectual/ white-collar/ de camisa blanca y el físico/ blue-collar/ de overol, por ello el vecino de Peter, Lawrence (Diedrich Bader), un simpático obrero de la construcción, sintetiza un estilo de vida más duro aunque también un poco más libre y relajado por el que Gibbons termina volcándose al abandonar en el desenlace las empresas orwellianas de las tecnologías de la información y las comunicaciones o TICs, a lo que se agrega una siempre interesante administración de las transiciones entre los distintos actos de la historia: recordemos que de la parodia del comienzo para con el ecosistema hermético y asfixiante de la oficina se pasa a una fantasía de metamorfosis identitaria símil convite de intercambio de cuerpos, con motivo de la sesión con Swanson, para luego saltar a una burla laboral todavía más descarnada cuando los dos Bobs, los consultores expertos en precarizar el trabajo, no sólo no echan al protagonista por su sincericidio del odio laboral sino que lo promueven mientras desparraman despidos varios entre todos sus amigos y colegas, planteo narrativo esquizofrénico que desemboca en esa exitosa estafa informática con el virus en los servidores de Initech a lo film noir tecnológico y extremadamente farsesco, amén de la subtrama con Joanna padeciendo los ataques del gerente del restaurant, Stan (un cameo de Judge), por no ganarse más prendedores para su uniforme o trofeos al “mejor esclavo” del lote, sátira sobre la presión en el rubro femenino/ pink-collar/ orientado a la atención al cliente. Enredos de Oficina, basada en parte en la serie de cuatro cortos animados Milton (1991), centrados sólo en Waddams y Lumbergh, analiza con maestría la desesperación existencial que genera la repetición eterna sin incentivos de ninguna clase y las actitudes psicópatas o maniáticas de patrones y algunos empleados maltratados que pueden llegar a incendiarlo todo en plan de venganza, como hace nuestro Milton, loco que toma posesión por accidente del dinero sustraído y aún así continúa quejándose en un paraíso mexicano…
Enredos de Oficina (Office Space, Estados Unidos, 1999)
Dirección y Guión: Mike Judge. Elenco: Ron Livingston, Jennifer Aniston, David Herman, Ajay Naidu, Diedrich Bader, Stephen Root, Gary Cole, Richard Riehle, John C. McGinley, Paul Willson. Producción: Mike Judge, Daniel Rappaport y Michael Rotenberg. Duración: 89 minutos.