Cuando una película juega a dejar pistas por todos lados y a lanzarse desbocadamente a los giros argumentales es muy posible que todo salga mal. Mientras más giros tiene una trama más fácil es equivocar el camino y dar un giro incorrecto que rompa con la lógica o que deje cabos sueltos. Claramente, no es el caso de Identity (2003), un film que maneja el juego de las pistas y los giros de forma magistral para construir un thriller de gran calidad.
Una serie de personas con extrañas coincidencias se encuentran en un desolado motel de Nevada en medio de una fuerte tormenta que anega los caminos tras un desafortunado accidente, en el que un chofer de limusina atropella a una mujer en la carretera. Ese es el comienzo de una retahíla de sucesos que conducirán a brutales asesinatos en una trama alimentada por el espíritu del suspenso de Agatha Christie.
Precisamente, la película retoma vagamente la trama de And Then There Were None (1939), unas de las más intrincadas novelas de la famosa autora británica de ficciones sobre crímenes, Christie. Aquí Edward (John Cusack) es un ex policía de Los Ángeles con una licencia médica, contratado por una famosa actriz, Caroline Suzanne (Rebecca De Mornay), que por un descuido atropella a Alice (Leila Kenzie), la madre del pequeño Timmy (Bret Loehr) y pareja de George (John McGinley), una familia varada en la carretera con un neumático pinchado por el taco de un calzado femenino perdido esa misma tarde por Paris (Amanda Peet), una prostituta que se queda sin combustible y que más tarde esa noche se encuentra con Edward, quien intenta llegar al hospital más cercano para pedir ayuda para salvar a Alice, que está en una condición muy grave después del fatídico accidente. Tras dicho episodio, todos estos personajes llegan al primer lugar habitado en medio del temporal, un viejo motel dirigido por Larry (John Hawkes), un extraño personaje con varios secretos que manifiesta un claro descontento con Paris por su profesión. Al motel también llega una joven pareja recién casada, Ginny (Clea DuVal) y Lou (William Lee Scott), y un policía, Rhodes (Ray Liotta), con un convicto al que alega trasladar, Robert Maine (Jake Busey). Con los caminos anegados y las radios y los teléfonos sin señal todos se registran en el extraño motel y comienzan a morir uno a uno, convirtiéndose en sospechosos de los misteriosos asesinatos.
Pero esa es solo una parte de la historia. En otro lugar, en un juzgado de Nevada, también en medio de una tormenta, un disgustado juez (Holmes Osborne) se reúne con el fiscal de un caso (Marshall Bell), el abogado defensor de un reo (Carmen Argenziano) y un psicólogo experto en trastornos de personalidad múltiple, el Doctor Malick (Alfred Malick), en una sesión judicial inusual al calor de la aparición de nuevas pruebas en el caso de Malcolm Rivers (Pruitt Taylor Vince), un asesino confeso que parece tener múltiples personalidades y en unas horas debería ser ejecutado. En la audiencia el abogado defensor y el psicólogo intentan convencer al juez de anular la pena con los diarios del acusado y un tratamiento psicológico peligroso y experimental de consecuencias inesperadas. Ambas historias de entrecruzan en este juego de giros argumentales que van conduciendo hacia una verdad elusiva, pero con muchos guiños para el espectador avezado que gusta de seguir las pistas para encontrar la clave que revele el desenlace.
El guión de Michael Cooney no tiene nada de original, remite a otras historias y films, como por ejemplo El Otro (The Other, 1972), la película de Robert Mulligan con guión de Thomas Tryon en base a la novela de éste, por supuesto Psicosis (Psyco, 1960), la obra de Alfred Hitchcock con guión de Joseph Stefano en base a la novela de Robert Bloch, y hasta The Omen (1976), la película de Richard Donner en base al guión de David Seltzer.
James Mangold, un gran director con pocas películas en su haber, la biopic sobre la vida de Johnny Cash, Walk the Line (2005), la última película sobre el personaje de los X-Men, Wolverine, Logan (2017), y la remake del clásico de Delmer Daves de 1957, 3:10 to Yuma (2007), logra una rara combinación de grandes actuaciones que no se destacan en sí mismas al estar completamente amoldadas a la trama con un extraordinario ensamblaje. Todos los actores realizan una gran labor, especialmente John Cusack, Ray Liotta y Amanda Peet, pero hay una evidente asimilación de las actuaciones al argumento, que va dando giros inesperados para conducir al espectador a través de la mente de un hombre perturbado por un trauma de su niñez.
En Identity la construcción de cada personaje remite a una identidad marcada, las caras con las que juegan las personas, lo que son, lo que podrían ser, lo que representan y lo que quieren representar, el papel que desempeñan en distintos momentos y situaciones de sus vidas. Identidades plásticas pero a la vez marcadas, que a veces pueden salir de su papel y a veces quedan atrapadas en su dinámica destructiva, en la victimización o en el hostigamiento psicópata, distintas posiciones sociales en las que todos los individuos caen sin darse cuenta, conducidos por acontecimientos que los sobrepasan y ante los que solo pueden reaccionar tardíamente por no estar preparados para lidiar con ellos, lo que les ocurre a casi todos los personajes del film.
El opus de Mangold es un thriller artesanal sin respiro, compacto, sin escenas de más, sin ningún condimento faltante, con grandes interpretaciones y un final perfecto. Nada aquí es inesperado, pero sí lógico. Nada sorprende completamente para dejar anonadado al espectador, pero tampoco nada es realmente predecible. Sí, todo encaja en un rompecabezas muy bien construido que sabe cuándo introducir el humor cínico, el suspenso, la sangre, un libro del filósofo comunista francés Jean-Paul Sartre, El Ser y la Nada (L’être et le néant, 1943), y alguna que otra cita a otra película, en suma elementos que parecen sueltos pero que van creando un clima enrarecido entre estos personajes que ven que nada va bien y todo está por empeorar. La música es la obra perfecta y cuidada de un experto absoluto, Alan Silvestri, responsable del rubro en Volver al Futuro (Back to the Future, 1985), de Robert Zemeckis, Depredador (Predator, 1987), de John McTiernan, y El Abismo (The Abyss, 1989), de James Cameron, por nombrar algunas de sus composiciones más logradas. La fotografía a cargo de Phedon Papamichael, otro artesano responsable de la dirección de fotografía de Patch Adams (1998), de Tom Shadyac, y Nebraska (2013), de Alexander Payne, realmente logra un clima tenebroso en escenas que hay que observar atentamente para no perderse nada. Identity es, sin duda alguna, una película para disfrutar y una gran obra de suspenso que no defrauda.
Identity (Estados Unidos, 2003)
Dirección: James Mangold. Guión: Michael Cooney. Elenco: Ray Liotta, John Cusack, Amanda Peet, John Hawkes, Alfred Molina, Clea DuVall, John C. McGinley, William Lee Scott, Jake Busey, Pruitt Taylor Vince. Producción: Cathy Konrad. Duración: 90 minutos.