Los Cien Pasos (I Cento Passi)

Una montaña de mierda

Por Martín Chiavarino

La historia de Giuseppe “Peppino” Impastato (1948-1978) es una de impunidad pero también de justicia, de cambio de época, que regresa primero a la década del sesenta para narrar el proceso de construcción de la mafia que regirá en los setenta, para saltar a fines de esa década y encontrar los orígenes de un descontento social con los partidos tradicionales y sus políticas de búsqueda de consenso y pactos históricos para que nade cambie nunca.

 

El realizador italiano Marco Tullio Giordana, que venía de dirigir Pasolini, un Delito Italiano (Pasolini, un Delitto Italiano, 1995) unos años antes, se adentra en otro crimen, cometido en 1978 y resuelto en 1997 por la justicia italiana, la cual finalmente condenó al capo mafia que mandó a ejecutar a Peppino Impastato en una burda teatralización de un acto terrorista suicida que solo compró la corrupta policía de Palermo.

 

Peppino es un niño, sobrino del capo mafia de la pequeña ciudad de Cinisi, en Palermo, Cesare Manzella (Pippo Montalbano), muy apegado a su influyente tío, hasta que un día éste es asesinado con una bomba, supuestamente por Gaetano Badalamenti (Tony Sperandeo), su sucesor. Creyendo que el asesino es un pintor comunista que discutió una vez en la plaza acerca de los negocios del ayuntamiento con la mafia respecto del aeropuerto, Peppino increpa a Stefano Venuti (Andrea Tidona), un pintor de izquierda y militante del Partido Comunista que protesta regularmente contra las prácticas mafiosas sicilianas. Años después Peppino se convertirá también en militante comunista junto a Venuti. En una manifestación en contra de la expropiación de tierras para el innecesario aeropuerto en una zona peligrosa, ambos serán derrotados e irán presos. El fracaso de la medida impulsa a Peppino y a otros jóvenes a realizar manifestaciones por fuera de las directivas del Partido Comunista, lo que a la postre llevará a esa generación a incursionar en la radio, inicios de una radiofonía clandestina que arraigará fuertemente en la comunidad y conformará un nuevo mapa mediático y una transformación de la comunicación.

 

En la radio Peppino descubre que su voz logra trascender y molestar al poder mafioso, por lo que la relación con su padre, Luigi (Luigi Maria Burruano), un miembro de la mafia que ha recibido muchos beneficios, se deteriora rápidamente. La madre de Peppino, Felicia (Lucia Sardo), y su hermano menor, Giovanni (Paolo Briguglia), apoyan al joven en su cruzada, aunque con miedo y sin entender del todo el obcecamiento de Peppino por denunciar a la mafia. Temiendo por la vida de su hijo, Luigi viaja a Estados Unidos para pedirle a un primo radicado allí que interceda y permita que Peppino se aleje de Italia, pero la voz del joven cobra importancia y es abordado por un grupo de hippies que alquilan una villa en el pueblo. El colectivo, de ideas metafísicas, comienza a tener cada vez más preponderancia en Radio Aut, pero Peppino decide tomar simbólica y físicamente la radio para recuperar el control de la estación y reencauzar su contenido hacia la denuncia política. La tensión con la mafia se vuelve insostenible cuando Peppino decide presentarse como candidato parlamentario, lo que lleva a la organización criminal a tomar una drástica medida.

 

Los Cien Pasos (I Cento Passi, 2000) es un film tan inspirador como desgarrador sobre el destino de los luchadores sociales que logran alzar su voz para ejercer un daño en el corrupto entramado social mafioso de las ciudades y los países donde las prácticas delictivas y nepotistas son parte de la vida cotidiana y están arraigadas en el sentido común de toda la ciudadanía.

 

El asesinato de Giuseppe Impastato el mismo día de la aparición sin vida de Aldo Moro, uno de los líderes principales de la Democracia Cristiana italiana que acababa de sellar el pacto histórico con el Partido Comunista Italiano, asesinado por miembros de las Brigadas Rojas, marcará el inicio de una nueva etapa en la relación de la juventud con la política, lejos de los partidos tradicionales, de consumidores de noticias a productores de contenido informativo, de víctimas de las circunstancias a protagonistas de un cambio social y de una búsqueda de justicia que tardará muchos años pero llegará en la segunda mitad de la década del noventa.

 

En este sentido el discurso político tendrá nuevas connotaciones, con reflexiones acerca de la necesidad de enseñar a apreciar la belleza en lugar de pregonar la lucha de clases, una relación más cercana con los problemas sociales de cada comunidad y no un planteo estratégico de poder, cambios en la visión de las políticas de izquierda que conducirán al colapso del bloque del Pacto de Varsovia, la transformación de todos los Partidos Comunistas alrededor del mundo y el surgimiento de nuevas formas de entender el cambio social.

 

El título del film de Giordana remite a la distancia entre la casa de la familia Impastato y la del capo mafia Badalamenti, los cien pasos que separan a ambos todos los días, un pequeño trayecto pero una distancia abismal en términos ideológicos que los convertirá en enemigos declarados. Peppino luchará por sus nobles ideales ante la corrupción generalizada y denunciará a la mafia en Radio Aut todos los días como lo que es, una gran montaña de mierda que pudre a toda la sociedad que la acoge.

 

El miedo de la mafia ante las palabras mordaces de Peppino indica el poder de la denuncia ante la corrupción extendida, y como siempre las acciones realizadas debido al temor a perder los favores mal habidos terminan generando un efecto contrario al que los mafiosos pretendían. El supuesto suicidio de Peppino logra que todos los simpatizantes de izquierda se unan y salgan a protestar ante el asesinato, y a la postre será el comienzo del fin del reinado de Baladamenti como capo mafia en Cinisi.

 

Los Cien Pasos tiene escenas memorables como la del discurso mafioso de derecha de Badalamenti tras la muerte del padre de Peppino en un extraño accidente. Los arrebatos teatrales de Peppino, interpretado enfáticamente por Luigi Lo Cascio en una actuación estupenda, son extraordinarios y constituyen algunas de las mejores escenas del film. Lo Cascio está acompañado aquí por un elenco de lujo que incluye a Lucia Sardo, Luigi Maria Burruano, Paolo Briguglia, Tony Sperandeo y Pippo Moltalbano. Lorenoz Randazoo también de destaca como Peppino durante su niñez.

 

Escrita por Marco Tullio Giordana junto a Claudia Fava y Monica Zapelli, la película pone al espectador ante la inocente valentía de un joven que inspira con su actitud kamikaze de desafiar abiertamente a la mafia sin ningún temor. Las escenas finales son realmente emotivas y la elección de la canción A Whiter Shade of Pale, de la banda británica Procol Harum, funciona a la perfección como catalizador de la contradictoria sensación de tristeza ante el asesinato de Peppino y la esperanza de una juventud que sale a protestar a las calles y acude al cementerio, demostrando una vez más que la violencia frente al poder de la palabra solo genera indignación y acción directa y constituye el inicio de la caída de ese castillo de naipes que los corruptos, en su ceguera, creen ancestral e inmortal.

 

Los Cien Pasos (I Cento Passi, Italia, 2000)

Dirección: Marco Tullio Giordana. Guión: Marco Tullio Giordana, Claudio Fava y Monica Zapelli. Elenco: Luigi Lo Cascio, Lucia Sardo, Luigi Maria Burruano, Paolo Briguglia, Tony Sperandeo, Andrea Tidona, Claudio Gioè, Domenico Centamore, Antonino Bruschetta, Paola Pace. Producción: Fabrizio Mosca. Duración: 114 minutos.

Puntaje: 10