El documentalista peruano radicado en España Javier Corcuera, ganador de un Premio Goya por su labor en el segmento La Voz de las Piedras del documental Invisibles (2007), realizado junto a Mariano Barroso e Isabel Coixet, y especializado en la temática de los derechos humanos, aprovecha en No Somos Nada (2021) la oportunidad de cumplir un sueño, retratar los conciertos de regreso o despedida, quién sabe, de una de las bandas más icónicas del punk español, La Polla Records, un verdadero producto musical y cultural de la particular visión anarquista española del mundo combinada con la idiosincrasia vasca.
Tras muchos años de espera, a principios de 2019, La Polla Records anuncia lo impensado, un regreso a los escenarios y la edición de un nuevo disco, Ni Descanso ni Paz (2019), en realidad una reversión de canciones de otros álbumes con un par de temas nuevos, pero al fin y al cabo un retorno esperado por todos sus fans desde la disolución de la banda en 2003 tras la edición de El Último de la Polla (2003) y la muerte el año anterior del baterista, Fernando Murúa Quintana, conocido como Fernandito. Corcuera, gran fanático de la banda alavesa, es convocado por el grupo para inmortalizar estos conciertos en un documental que sigue a Evaristo por el monte de su pueblo para acompañarlo mientras medita junto a un roble y deambula por los caminos, excusa que le sirve para relatar la historia de La Polla Records.
No Somos Nada es una obra de gran pasión y expresividad sobre una banda mítica, de músicos amateurs, como la mayoría de los músicos del punk, que transformaron su descontento ante el estado del mundo en una expresión cultural única, una filosofía para la juventud y una actualización del punk que tendría gran arraigo en España y América Latina. Evaristo se revela aquí como un poeta filósofo que encuentra en la música un canal para expresar su estado de ánimo y sus ideas, pero también como un padre reflexivo que se arrepiente de muchas de las barbaridades que hizo y dijo durante su vida, especialmente de los disgustos causados a sus padres, unos trabajadores que intentaron darles lo mejor a sus hijos.
Tanto en sus letras como en su música, el punk español es una respuesta a la falta de oportunidades de ascenso social y a la opresión de la religión y las fuerzas de seguridad sobre una generación que creció durante la democracia, agobiada por la derrota de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil, al calor de las historias y las leyendas de la utopía anarquista en su auge y desaparición, imágenes de libertad diametralmente opuestas a la realidad de la dictadura franquista que daría paso a una transición a esa monarquía parlamentaria que dejó un sabor amargo en los luchadores sociales.
La cámara sigue a Evaristo Páramos Pérez, el cantante de la banda, en sus recorridos por el pueblo en el que vive en la localidad de Oñate y en los momentos previos a los recitales, aunque también les da voz a los seguidores de la banda, alegres y exultantes ante la posibilidad de ver nuevamente a uno de sus grupos favoritos. En esos paseos Evaristo narra su niñez, los orígenes gallegos de su familia, el descubrimiento de la música y la revelación del punk como instrumento de canalización de las frustraciones de una sociedad oprimida y defraudada por una democracia endeble que luchaba para no caer nuevamente en el franquismo reaccionario que aún mantenía el control de gran parte de las instituciones.
Corcuera recurre a la animación del diseñador de La Coruña Manuel Viqueira, que con su impronta de collage fotográfico le imprime al documental una estética inconfundiblemente punk, para paliar la falta de material de archivo, que reemplaza muy bien con las entrevistas a Evaristo y Abel, el bajista de la banda, que habla cándidamente sentado en una banqueta del bar Otxoa tomando una caña, lugar que ofició de cuartel general de la banda, centro de reuniones y oficina de contrataciones. También hay una extensa entrevista a Pilar Pérez, la madre de Evaristo, que a sus ochenta y tantos años acude por primera vez a un recital de su hijo. La edición de Martín Eller es brillante porque logra construir una historia a partir de este caos de ideas que sobrevuelan sobre Evaristo y su tropa.
Corcuera hace hincapié en que La Polla Records nunca había ido a Perú, donde son recibidos por los punks locales en el aeropuerto de Lima, pero también hay imágenes de la gira latinoamericana por Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile, y por supuesto de las fechas que la banda tuvo en las principales ciudades de España, como Madrid, Barcelona y Valencia. En las canciones de la banda suenan todas las virulentas pero alegres letras antisistema que critican todas las instituciones, políticas, religiosas, educativas y represivas, al imperialismo y al resultado de pobreza del experimento de la globalización de la explotación capitalista, cuestiones que interpelan a un público desencantado con el derrotero de la democracia española y la unidad europea.
No Somos Nada también se da el lujo de reproducir en vivo algunos de los himnos que varias generaciones han cantado durante los últimos cuarenta años como Ellos Dicen Mierda, del álbum Ellos Dicen Mierda, Nosotros Amén (1990), y el tema que le da el título al documental del álbum homónimo de 1986, verdaderos clásicos del rock de protesta de un colectivo que nunca tuvo miedo de confrontar con los fascistas locales y con sus cómplices disfrazados de demócratas.
No Somos Nada (España/ Perú, 2021)
Dirección: Javier Corcuera. Guión: Javier Corcuera y Manuel Viqueira. Elenco: Evaristo Páramos, Manolo García alias Sumé, Abel Murúa, Raúl Lasa alias Txiki, Iker Igeltz alias Tripi. Producción: Lautaro Herrera. Duración: 100 minutos.