Que Italia es tu patria, me dices
Que allí te aguardan las colinas del Lacio
Los campos de olivo
Las costas espejadas del Tirreno
Que allí desposarás a una princesa
Que allí has de volver a empuñar la espada
Dices, Eneas, que Italia es tu destino
Que esa tierra de imperios venideros
Que han de poblar césares
Y vates memorables
Es la que debes a tus vástagos
¿Eres tú, Eneas, quien lo dice?
¿O es la divinidad que ayer te visitara
Ese dios obsecuente
Que siempre cumple los encargos
Que otra deidad le ordena?
Han de ser de ese dios subalterno las palabras
Que inspiran las tuyas
Que Troya es tu patria, me dices
Que allí impulsaron tu barca las aguas del Helesponto
Que allí desposaste a una princesa
Que allí empuñaste por primera vez la espada
Dices, Eneas, que Troya es tu anhelo
Que ese imperio de glorias evocadas
Es el que debes a tus manes
¿Eres tú, Eneas, quien lo dice?
¿O es tu padre, al que otrora cargaras
Ese pastor jactancioso
Que amó a una diosa
Y que hoy descansa solitario en las costas de Sicilia?
Ha de ser de este anciano la nostalgia
Que inspira la tuya
Dices, Eneas, que en los navíos
Has de llevar tus lares
Para construirles sagrarios en Italia
Y elevar plegarias
Y ofrecer sacrificios
Que así has de culminar, hermoso mío
El círculo de tu estirpe
Y nacerá un hijo de tu sangre
En la tierra de tus ancestros
¿Eres tú, Eneas, quien lo dice
O es acaso ese poeta laureado
Aquel que nos consagra a un imperio futuro
En una lengua que los dos desconocemos?
Ha de ser de este funcionario elocuente
La dialéctica que inspira la tuya
Callas ahora
Los dioses te han hecho juicioso
Y rehúsas, por tanto, malgastar tus palabras
Sabes bien, hermoso mío, que no podría creerte
Podrá acaso el poeta imperial
Ese que sentirá la patria como un suelo firme
Como el centro expansivo de una conquista irrevocable
Que abarca a vástagos y ancestros
Él ha de complacerse ante tu doble devoción ciudadana
A él ha de contentar tu obediencia a dioses y difuntos
Él, hermoso mío, nunca ha de conocerte
Él no ha de recibirte en tu zozobra
Ni ha de velar por tu sueño intranquilo
Él no sabrá de las febriles visiones que lo asaltan
Fui yo, ingrato mío, quien te ofreció un palacio
Cuando las olas te privaron de tu porte de rey
Si a tu sueño retornaban las hogueras de Ilión
Era yo quien procuraba disiparlas
Yo, y no el ilustre mantuano, adiviné en tus brazos las fatigas de los remos
Y te brindé mi alcoba para que reposaras
Sin importar que le infundieras tu esencia salobre
Esa tristeza oceánica que exhalan tus ropas y tu pelo
Era yo quien te estrechaba
Aunque en tu abrazo presintiese el estupor de los naufragios
Y en tus gemidos la queja inagotable del mar
Yo, Dido, y no el célebre lombardo
Me abrí a los rigores de tu exilio
Y vi en ellos un espejo invertido de mi suerte
¿Qué son los mares estériles que surcaste
Sino hermanos húmedos de mis desiertos?
Y es por eso, hermoso mío
Por haber palpado la extensión y la hondura de tu pena
Que no puedo creerte
¿Cómo consentir en que es tu patria
Una región ignota
Donde te esperan cien tribus hostiles?
¿Cómo admitir, ahora que una tierra te cobija
Que reanudes los suplicios del mar y de la guerra
Por designio inescrutable de los dioses?
No hallo más que insensatez en tu obediencia
¿Acaso una patria se designa?
¿Qué saben los dioses de la patria?
Ellos existen sin apremios
Ajenos al tiempo y sus vejámenes
¿Qué ha de señalarles el límite de un suelo?
A ellos les fue dado
Surcar cielos y países
Y adoptar otras voces y otras pieles
Ser niño
Anciano
Suplicante
Volverse toro
Cisne
Lluvia
Has de saber, Eneas
Que la patria es dominio de los hombres
¿Qué es la patria sino un báculo
Donde apoyar la vejez
Y el dolor de ser uno
Y de perderse?
Podrá ser nuestro báculo el cetro que te extiendo
Por él han de ser tuyos mis dominios
(Esos que gané con jirones de cuero)
Y allí has de aquietar tus barcas y tu sangre
¿Cómo concebir que desdeñes tal amparo
Y retomes tu martirio de aguas y contiendas
Por decreto inexpugnable de tus muertos?
Señal de desquicio es que lo acates
¿Acaso una patria se decreta?
¿Qué saben los muertos de la patria?
Ellos olvidaron la acechanza de la duda
Ajenos al devenir y sus desmanes
¿Qué ha de serles el nombre del suelo que los cubre?
Les fue dado prescindir de fronteras y palabras
Y habitar el silencio rotundo de las cosas
Ser tierra
Piedra
Ceniza
Volverse árbol
Sombra
Viento
Has de entender, Eneas
Que la patria es asunto de los vivos
¿Qué es la patria sino un lecho
Donde aliviar la inquietud
Y la costumbre de esperar
Y preguntarse?
Fue nuestro lecho la gruta que habitamos
Ungidos de deseo e intemperie
Iguales a las bestias en la cópula y el miedo
Yo te obsequio, Eneas, aquel recodo umbrío.
Pero rechazas mis presentes
Reniegas por igual de cetro y gruta
E invocas frente a ellos un destino mayor:
Trazar el surco con que unir dos patrias imperiales
Retornar tu sangre a su cauce inaugural
¿Eres tú, Eneas, quien lo dice?
Comprenderás, hermoso mío
Que no puedo creerte
Sabes bien que no existen las patrias que celebras
¿Qué es Ilión más que las urnas de tus lares?
¿Qué Italia, más que los grabados de un escudo
Que un dios renco ha de forjar?
Sabes también, aunque lo niegues
Que un azar antiguo nos dispersa
Y nos priva de origen y destino
¿Dónde fijar el inicio de un linaje? ¿Dónde su meta?
Es incesante el periplo de los hombres
Maraña insondable
De senderos
Y puertos
Y riberas
Podrán ignorarlo algunos hombres
Los que no huyeron de su solar derrotado
Pero tú, aunque te empeñes, no has de olvidar
Aquello que el exilio nos enseña:
Son frágiles las patrias
No hay suelo firme y triunfal que nos aguarde
No hay imperio que no se desvanezca más presto que una gruta
Ni se deshaga en menos jirones que una tela
Hemos de cargar esta verdad como una herida
Más íntima que todos los ultrajes
Llaga secreta con que el mar nos horadó
Has de saber, hermoso mío
Que aunque partas
Y navegues
Y luches
Y conquistes
Nunca habrá patria más cierta
Que una cueva
Y que has de constatar tu exilio imprescriptible
Cada vez que vislumbres
La breve majestad de las rompientes
Fragmento de Dido (2021), primer poemario de Emilia Carabajal, aquí disponible el primer capítulo en PDF: https://www.editorialdetodoslosmares.com/dido/