Definitivamente el mundo es un poquito mejor porque Gérard Oury nos legó La Gran Evasión (La Grande Vadrouille, 1966), también conocida en el ecosistema en castellano como La Fuga Fantástica y La Gran Juerga, una película genial y exitosísima en taquilla al punto de que se transformó en la más vista en Francia a lo largo de tres décadas e incluso hoy se ubica cómoda en el top ten de las más vendedoras de entradas de toda la historia del país europeo. La explicación para este logro, el cual desde ya puede estar vinculado o no a la calidad o mediocridad de cualquier película, en este caso posee múltiples ramificaciones porque el film arrastraba las expectativas que había levantado la colaboración previa del director y guionista con la misma dupla de comediantes, Louis de Funès y André Robert Raimbourg alias André Bourvil alias simplemente Bourvil, hablamos de El Imbécil (Le Corniaud, 1965), otra propuesta que también está entre las más taquilleras de la historia de Francia, nación que en general se llevaba bastante bien con los dos estilos de comedia que encarnaban los protagonistas principales, léase el reposado de idiosincrasia obrera y algo obtusa de Bourvil y el histérico burgués del casi siempre exasperado e hiperquinético De Funès, éste sin duda uno de los intérpretes más famosos y más queridos por los galos, no obstante la película también responde a una época en la que los estragos de la globalización -o uniformización hacia el acervo estadounidense en detrimento de todas las otras culturas del globo- aún no estaban tan extendidos como en nuestro presente y en la que las comedias podían atraer multitudes y precisamente por ello contaban con presupuestos voluminosos para edificar epopeyas sarcásticas polirubro como la que nos ocupa, con un enorme trabajo detrás en materia de la reconstrucción del período histórico, algo que desaparecería desde los 80 en adelante por el predominio de Hollywood y el óbito tajante de la comedia masiva debido al hecho de que la homogeneización cultural no pudo ganarle a las risas regionales.
Coescrita entre Oury, Marcel Jullian, Danièle Thompson y los hermanos Georges y André Tabet, La Gran Evasión en esencia funciona como una coctelera de todos los latiguillos y recursos preferidos del realizador, como por ejemplo los motivos del hombre común bajo circunstancias extraordinarias, el viaje que se complica sistemáticamente, la fuga de algún tipo de autoridad o fuerza de temer, el complot que se mueve como una existencia paralela con respecto a la social tradicional, la lucha absurda entre intereses en pugna, las infaltables confusiones en cuanto a la identidad y finalmente la influencia nociva de acontecimientos comunales/ históricos/ políticos/ bélicos que escapan al control de los sujetos y por ello los obligan a adaptarse para sobrevivir. La trama es sencilla y abarca el ataque de la artillería antiaérea alemana sobre un bombardero de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido que en 1942 sobrevuela aquella París ocupada por los nazis, arremetida de la que salen con vida tres pilotos que se lanzan en paracaídas, primero Peter Cunningham (el gran actor mexicano Claudio Brook), quien termina sobre un andamio de un pintor cobardón que está trabajando muy cerca de los germanos, Augustin Bouvet (Bourvil), segundo Alan MacIntosh (Mike Marshall), británico que aterriza en el techo de la Ópera de París o Palacio Garnier, donde se topa con un director de orquesta ultra quejoso, Stanislas Lefort (De Funès), y tercero Sir Reginald (Terry-Thomas), el comandante máximo de la nave destruida que derrapa en el Parque Zoológico de París o Zoo de Vincennes, desde donde se escabulle de modo sigiloso porque los militares -ahora fugitivos- pautaron reunirse en los Baños Turcos de la Gran Mezquita de París para escapar hacia la Zona Libre más allá de la línea de demarcación, la Francia de Vichy. De a poco los ingleses y sus “ángeles de la guarda” franceses se reúnen para abandonar la metrópoli mientras el Mayor Achbach (Benno Sterzenbach), un absurdo oficial nazi, les pisa los talones en una cacería que pasa de la ciudad a la colorida campiña.
La idiosincrasia cómica y la ideología de fondo de Oury están muy influenciadas por la producción artística de la época de Blake Edwards, en este sentido conviene recordar no sólo las comedias del norteamericano, en línea con Vacaciones sin Novia (The Perfect Furlough, 1958), Sirenas y Tiburones (Operation Petticoat, 1959), Desayuno en Tiffany’s (Breakfast at Tiffany’s, 1961), La Pantera Rosa (The Pink Panther, 1963), Un Disparo en la Oscuridad (A Shot in the Dark, 1964), La Carrera del Siglo (The Great Race, 1965) y ¿Qué Hiciste tú en la Guerra, Papá? (What Did You Do in the War, Daddy?, 1966), sino también sus dramas, Mister Cory (1957), El Mercader del Terror (Experiment in Terror, 1962) y Días de Vino y Rosas (Days of Wine and Roses, 1962), de allí se desprende por un lado la reutilización de sketchs, remates y situaciones humorísticas del estadounidense en La Gran Evasión y por el otro lado una suerte de filosofía nihilista en la que se desvanece el típico maniqueísmo hollywoodense y todos los personajes son ridiculizados a la par porque el mismo ser humano es un payaso ególatra que no puede dejar de autosabotearse de manera grotesca mientras se cree el centro del universo. Sin embargo la película nunca llega a ser cínica al extremo de la hipérbole de la estupidez de la cultura del Siglo XXI y opta por ensalzar de modo progresivo esa solidaridad entre desconocidos que va surgiendo a medida que la unificación de voluntades hace en serio más “llevadera” la misión de llegar a la Zona Libre con vida, de allí que cierto humanismo burlón enmarque tanto las rutinas símil slapstick de los maravillosos De Funès y Bourvil, dos profesionales inmaculados que hacen de la química y las personalidades antagónicas sus banderas, como las escenas hiper edwardsianas, en sintonía con la del andamio del comienzo, la del ensayo de la orquesta, la de Bouvet en paños menores, aquella muy graciosa del arpa, la de los Baños Turcos, la de la Zona Roja de París y todas aquellas de las peripecias en el campo y en el Hotel du Globe.
Oury, que incluso se sirve de manera magistral del complemento secundario femenino de la mano de dos hermosas señoritas que ayudan a nuestra comitiva de desquiciados, primero Juliette (Marie Dubois), una titiritera del rubro infantil que oficia de interés romántico del pintor, y después la Hermana Marie-Odile (Andréa Parisy), monja amiga de la Resistencia Francesa que suele vender vino a los alemanes, por aquellos años estaba atravesando la cúspide de su trayectoria en términos de calidad y apogeo económico como lo demuestran las también interesantes El Crimen se Paga (Le Crime ne Paie pas, 1962), El Cerebro (Le Cerveau, 1969), Manía de Grandeza (La Folie des Grandeurs, 1971), Las Locas Aventuras de Rabbi Jacob (Les Aventures de Rabbi Jacob, 1973), La Gran Escapada (La Carapate, 1978), El Golpe del Paraguas (Le Coup du Parapluie, 1980) y El As de los Ases (L’As des As, 1982), una retahíla de éxitos que lo llevaron a colaborar con Annie Girardot, Philippe Noiret, Gabriele Ferzetti, Jean Servais, François Périer, Jean-Paul Belmondo, David Niven, Eli Wallach, Yves Montand, Alberto de Mendoza, Leopoldo Trieste, Marcel Dalio, Sylvette Herry alias Miou-Miou, Pierre Richard, Victor Lanoux y Marie-France Pisier, entre otros. El doloroso declive del director desde mediados de los 80 en adelante, a raíz de su propia mediocridad y del imperialismo de una industria yanqui que por aquella época retomó el control de la taquilla mundial luego de la algarabía y variedad de los años 60 y 70, no hizo más que engrandecer la sombra de sus dos obras maestras insuperables con Bourvil y De Funès, El Imbécil y La Gran Evasión, opus de una vitalidad asombrosa que no tienen nada que envidiarle a lo mejor de Edwards, desde los cuatro primeros clásicos de la saga del Inspector Jacques Clouseau (Peter Sellers) hasta joyas como La Fiesta Inolvidable (The Party, 1968) y Víctor/ Victoria (1982) o films injustamente ninguneados en la tradición de 10 (1979), Se Acabó el Mundo (S.O.B., 1981) y hasta Cita a Ciegas (Blind Date, 1987)…
La Gran Evasión (La Grande Vadrouille, Francia/ Reino Unido, 1966)
Dirección: Gérard Oury. Guión: Gérard Oury, Marcel Jullian, Danièle Thompson, Georges Tabet y André Tabet. Elenco: Louis de Funès, André Bourvil, Claudio Brook, Andréa Parisy, Terry-Thomas, Mike Marshall, Benno Sterzenbach, Marie Dubois, Mary Marquet, Sieghardt Rupp. Producción: Robert Dorfmann. Duración: 125 minutos.