Desde su publicación en 1942, El Extranjero (L’Étranger), de Albert Camus, se ha convertido en un clásico de la literatura del Siglo XX, un anuncio del nihilismo que había surgido de las cenizas de la Primera Guerra Mundial y que en ese momento llevaba al mundo a otro conflicto bélico, que encontraría a Camus junto a la resistencia comunista a la ocupación alemana de Francia. La obra no solo sería una sensación editorial sino un pilar de la filosofía del absurdo y de la apatía de la existencia contemporánea.
Camus, cuya trágica muerte en un accidente automovilístico en las carreteras francesas a principios de 1960 truncó una producción literaria impecable y de gran actualidad, siempre se opuso a la adaptación cinematográfica de sus obras, decisión que la viuda del escritor pretendía respetar aunque finalmente la mujer optó por hacer una excepción ante la insistencia del renombrado director italiano Luchino Visconti de llevar la novela al cine. Para esto, Visconti tuvo que aceptar rodar el film en Argelia, respetar la trama de la novela y hacer que la acción transcurra en la década del treinta al igual que la obra de Camus, asunto que llevó mucho trabajo de producción.
Tras ser arrestado por el asesinato de un árabe, un francés argelino rememora los acontecimientos que lo condujeron a su precaria situación judicial a modo de deposición oficial de los hechos ante la policía, única escena que se diferencia de la historia de Camus. A continuación, la película reconstruye fielmente el libro del escritor nacido en la Argelia colonial francesa. Arthur Meursault (Marcello Mastroianni) recibe la noticia de la muerte de su madre en un hogar para ancianos en las afueras de Argel, la capital del país, información que el empleado administrativo recibe con una cotidiana desidia característica de su personalidad. En el funeral Meursault demuestra abulia y falta de empatía frente a la perdida de su madre y luego inicia una relación con una alegre mujer con la que trabajó en el pasado, compuesta por Anna Karina, con la que se encuentra por casualidad en un balneario al día siguiente a las exequias por el fallecimiento de su madre. A pesar de su indiferencia ante lo que los demás esperan de él, Meursault es un personaje encantador que se lleva muy bien con sus vecinos, con su jefe, quien hasta le ofrece un ascenso que el protagonista rechaza, y con una bella novia que lo ama apasionadamente a pesar de conocerlo muy poco, cuestión que rompe con el espíritu de la novela de Camus, en la cual el protagonista es un alienado incapaz de sentir empatía y conectar con el prójimo de forma alguna. Un vecino proxeneta, Raymond Sintes (George Géret), le pedirá a Meursault que lo ayude en una situación complicada con una novia árabe, por lo que Raymond finalmente se involucrará con la justicia por golpear a la joven. Cuando el hermano de la chica ataque a Raymond con un cuchillo en la playa, Meursault se encontrará con el muchacho una vez más, en el mismo lugar más tarde durante ese mismo día, y lo matará con la pistola de su amigo. En el juicio los argumentos del fiscal se centrarán en la personalidad apática del protagonista, por lo que será condenado a la pena capital a pesar de la enérgica defensa de su abogado.
A diferencia de la obra de Camus, Mastroianni compone aquí a un personaje afable pero incapaz de consentir la mayoría de los sentimientos que los que lo rodean pretenden de él, como el experimentar tristeza por la muerte de su madre, una mujer a la que no veía desde hace muchos años y con la que no compartía ningún vínculo afectivo, o el acceder a las constantes solicitudes de casamiento de su novia, que lo conmina a formalizar el estatus de su relación amorosa, y también las intenciones de su jefe, el cual lo impulsa a tomar un puesto de mayor jerarquía y viajar a París para representar los intereses de la firma, ejemplos de las presiones que recibe el displicente hombre sobre cómo debe abordar su vida que contrastan con el desinterés que éste siente ante cualquier tipo de cambio. En las escenas finales en la cárcel, la impasividad de Mastroianni se transformará en visceral desesperación y descontento ante la posibilidad de enfrentar la muerte y la situación en la que la sociedad lo ha colocado por no querer prestarse a su juego de máscaras.
Mastroianni fue la segunda opción de Visconti para el personaje de Meursault, dado que Alain Delon, con quien el director había trabajado recientemente, rechazó el papel, por lo que los productores debieron doblar la voz del actor italiano al francés aunque hoy la película se puede apreciar en el italiano original del carismático Mastroianni.
Lo interesante del film de Visconti, escrito junto a Georges Conchon y Suso Cecchi D’Amico, éste el guionista de algunas de las mejores películas del director como El Gatopardo (Il Gattopardo, 1963), adaptación de la única novela del italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y Rocco y sus Hermanos (Rocco e i suoi Fratelli, 1960), traslación de la novela homónima del escritor neorrealista romano Vasco Pratolini, consiste en que a través de la misma historia y los mismos diálogos crea una obra con un espíritu y un tono completamente diferentes a los de la novela original de Albert Camus, pero respetando el mensaje del autor de El Mito de Sísifo (Le Mythe de Sisyphe, 1942) y demostrando cómo el cine y la literatura son dos lenguajes artísticos emparentados aunque esencialmente diferentes.
El protagonista representa aquí a un ser humano sin ambición, al que todas las convenciones le resultan indiferentes, ya sea la vida o la muerte de sí mismo o las de otras personas, la posibilidad de compartir su existencia con otro ser humano y los alcances de la amistad o del interés por el trabajo, circunstancias de la vida cuyas actitudes van configurando decisiones en base a las cuales cada persona construye su carácter y se prefigura un lugar en el mundo. En este sentido Meursault es un desencantado con la vida, un hombre para el que todo da lo mismo, que ve el devenir diario como un gran sinsentido de pequeños momentos evanescentes sobre los cuales nada duradero puede ser construido.
Lo relevante aquí, al igual que en la novela de Camus, no es la trama en sí misma sino la reacción del protagonista, dado que no siente ningún tipo de remordimiento ni de interés por lo que hizo. Lo irracional del asesinato del muchacho árabe, la falta de motivos, impulsa al fiscal a relacionar su falta de valores con la responsabilidad del crimen, léase la transformación del hombre en bestia, argumento que los numerosos testigos niegan, ya sea su novia o el vecino que explica cómo Meursault se preocupaba por él y por ese sarnoso perro que lo acompañaba, testigos de carácter que no logran torcer la decisión del jurado, temeroso del resultado de la brutalidad humana para la propia humanidad.
La familia de Camus, escéptica desde un principio ante la posibilidad de una adaptación cinematográfica, nunca estuvo conforme con el resultado logrado por Visconti, por lo que la película estuvo fuera de circulación comercial durante muchos años después de su estreno inicial, que tampoco tuvo mayor repercusión a pesar de las extraordinarias actuaciones de Mastroianni, Karina, Génet y Bernard Blier como el abogado defensor.
La fotografía de Giuseppe Rotunno, el legendario profesional de El Gatopardo, Los Compañeros (I Compagni, 1963), de Mario Monicelli, el segmento El Trabajo (Il Lavoro, 1962), de ese Visconti de Boccaccio 70 (1962), y Satiricón (Satirycon, 1969), de Federico Fellini, entre algunas de las joyas que lo tienen como responsable del rubro, crea un entramado de primeros planos donde el agobiante calor es el verdadero protagonista, siempre con un Mastroianni que suda incansablemente en cada deslumbrante escena llena de un brillo abrasador.
El Extranjero es una obra de profundo nihilismo ante una época de grandes conflictos, tanto bélicos y económicos como raciales y sociales, una expresión de las esquirlas de las distintas etapas del desarrollo del liberalismo que condujeron a una aproximación absurda sobre la existencia y, como señalaba Walter Benjamin, a la imposibilidad de narrar la propia historia, de considerar los actos propios relevantes. Retomando a Camus, Visconti logra una de las alegorías más viscerales sobre una humanidad que se hunde en la apatía ante el resultado de su propio proceso de autodestrucción.
El Extranjero (Lo Straniero, Italia/ Francia/ Argelia, 1967)
Dirección: Luchino Visconti. Guión: Luchino Visconti, Georges Conchon y Suso Cecchi D’Amico. Elenco: Marcello Mastroianni, Anna Karina, Bernard Blier, Alfred Adam, Pierre Bertin, Angela Luce, Jacques Herlin, Mimmo Palmara, Jean-Pierre Zola, Georges Géret. Producción: Dino De Laurentiis y Pietro Notarianni. Duración: 104 minutos.