Sin Novedad en el Frente (Im Westen nichts Neues)

En el barro de la historia

Por Martín Chiavarino

El estado de amenazas diplomáticas que se cierne en la actualidad sobre Europa, alrededor de los conflictos limítrofes, las disputas nacionalistas y las intenciones de hegemonía geopolítica de distintos sectores que desean expandir su área de negocios, tiene un alto grado de similitud, a groso modo, con la situación que desencadenó la Primera Guerra Mundial, o sea, un encadenamiento de pactos entre Estados nacionales, la disputa sobre un territorio en pugna y la enajenación chauvinista en plena ebullición. El Siglo XIX había visto la consolidación de los Estados y el surgimiento de un sentimiento nacionalista transmitido por las distintas instituciones disciplinarias, educativas y carcelarias, así como por una intelectualidad aristocrática deseosa de darle un sentido a su labor y de justificar sus privilegios dentro del orden establecido, amenazado por las ideas socialistas que se propagaban entre los trabajadores explotados en las fábricas. Los pactos estratégicos, los conflictos surgidos por las pretensiones imperialistas de los Estados y un estallido de clamor nacionalista al servicio de la expansión de los intereses capitalistas vernáculos fueron el caldo de cultivo de una ofensiva que se estancó en las trincheras cuando las teorías de las guerras pasadas fracasaron ante los avances de las nuevas técnicas de exterminio.

 

La terrible experiencia de la contienda, que dejó millones de muertos, es la trama de la novela Sin Novedad en el Frente (Im Westen nichts Neues, 1929), de Erich Maria Remarque, un veterano sobreviviente de la Gran Guerra que luego escribiría y publicaría El Camino de Regreso (Der Weg Zurück, 1930), una secuela sobre un joven que vuelve de la guerra e intenta insertarse en la vida civil alemana de la naciente República de Weimar. La novela de Remarque inspiró un año más tarde una de las mejores películas bélicas humanistas sobre los horrores de la guerra, Sin Novedad en el Frente Occidental (All Quiet on the Western Front, 1930), dirigida por Lewis Milestone y con un guión de Maxwell Anderson y George Abbott, una verdadera odisea para la época que al igual que las novelas de Remarque fue prohibida tras el ascenso al poder de los nazis en Alemania unos años después, siendo calificada de derrotista y antipatriótica por los jerarcas nacionalsocialistas.

 

A la digna remake de 1979 de Delbert Mann, escrita por Paul Monash, opacada por su insoportable voz en off, se suma ahora la del director alemán Edward Berger, curiosamente la primera versión germana de la película, ahora escrita por Lesley Paterson e Ian Stokell. La nueva versión toma su inspiración de la crudeza del opus del estadounidense Sam Mendes, 1917 (2019), escrito junto a Krysty Wilson-Cairns, que a su vez retomaba un documental de Peter Jackson, Ellos Nunca Envejecerán (They Shall Not Grow Old, 2018), películas que indagaron en el imaginario abierto por Steven Spielberg en Caballo de Guerra (War Horse, 2011), obras muy alejadas de las grandes películas humanistas sobre la temática, Johnny Tomó su Fusil (Johnny Got His Gun, 1971), de Dalton Trumbo, y Gallipoli (1981), de Peter Weir, acercándose tan solo tibiamente a la visceralidad de La Patrulla Infernal (Paths of Glory, 1957), de Stanley Kubrick. La mirada de Berger también tiene por momentos algunos atisbos de la reflexiva Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), de Spielberg, y la brutal La Cruz de Hierro (Cross of Iron, 1977), de Sam Peckinpah, intentando generar una especie de homenaje a todas las películas del género que lo marcaron.

 

El film de Berger busca mezclar las películas de Lewis Milestone, Sam Mendes y Stanley Kubrick con una impronta de violencia inusitada y explícita que sigue el derrotero de Paul Bäumer (Felix Kammerer), un adolescente que falsifica su certificado paterno para alistarse como soldado y combatir por su país, un grave error que lo llevará a presenciar todos los horrores que la guerra le tiene reservado a él y sus incautos amigos. Siguiendo la obra original la película narra el idealismo inicial de Bäumer, principalmente sermoneado junto a sus camaradas adolescentes por los fervorosos discursos patrióticos de un profesor del colegio. Los jóvenes son enviados, después de un breve entrenamiento, a las trincheras en lo que se convertirá en una auténtica pesadilla de hambre, mugre, barro y sangre, miembros cercenados, bombas y muerte por doquier.

 

A diferencia de la versión de Milestone, la película de Berger retoma algunas situaciones históricas para contextualizar la contienda como las negociaciones de paz dirigidas por el político católico de centro derecha Matthias Erzberger, aquí interpretado por Daniel Brühl, designado por el gobierno alemán para negociar con Francia, quien fue asesinado en un ataque terrorista por una organización de extrema derecha, o los arrebatos belicistas del General Friedrichs (Devid Striesow), un oficial prusiano sociópata que celebra a la guerra como única forma de probar el honor nacional alemán y que cree en su delirio que los políticos van a arruinarle la fiesta con sus lamentos por la situación crítica del país, el cual efectivamente estaba al borde de un estallido social que finalmente se produjo después de las batallas y fue reprimido con brutalidad por estos mismos generales. A través de estos dos personajes, Berger contrapone la Alemania de la República de Weimar que va a nacer y los junkers prusianos, una casta de oficiales militares provenientes de la nobleza que apoyaron las premisas de Adolph Hitler y su séquito de asesinos seriales y psicópatas en el proyecto de rearmar a Alemania para nuevamente teñir los campos y las ciudades europeas de sangre.

 

Ambos films comparten muchas escenas y metáforas sobre la vida y la muerte en secuencias que pretenden traumar al espectador, que sigue al protagonista en su periplo por las inamovibles trincheras, atónito y enajenado por el horror, luchando por su vida una y otra vez hasta el amargo final con sus sueños destrozados por la ambición geopolítica y para el beneficio de unos pocos capitalistas. Pero también hay muchas diferencias, dado que aquí el soldado nunca regresa a casa para reencontrarse con su familia y cuestionar las creencias de su viejo maestro. Berger en su lugar privilegia la contextualización histórica, la extensión de las escenas de las batallas y la agonía del protagonista ante tanta carnicería. De todos modos ambos films comparten un final desolador de desesperanza.

 

Sin Novedad en el Frente tiene un mensaje pacifista muy marcado a pesar de su catarata de escenas de violencia extrema, con una fotografía muy cuidada por parte de James Friend a través de múltiples escenas panorámicas, ya sea de la campiña francesa o de los terribles campos de batalla o de la insoportable vida en las trincheras, epopeya que se toma su tiempo para construir sus ideas sin forzar las escenas como gran parte del cine actual. Todo el elenco, encabezado por el joven Kammerer, actúa muy bien en una película cuya visión es demasiado explícita, sin sutilezas, pensada para un público que no investiga ni tiene ningún interés en indagar sobre el tema. A tono con la ideología actual, el humanismo es relegado por el utilitarismo como crítica principal, dado que cualquier acción se mide por sus resultados más que por sus intenciones o sus valores, recalcando que la guerra de trincheras no sirvió para nada porque ninguno de los bandos pudo avanzar en sus posiciones, obviando que ese no era el quid de la guerra sino más bien su consecuencia, dado que la contienda es tan solo un negocio como cualquier otro, en el que algunos salen ganando mucho dinero y otros pierden todo, incluso su vida.

 

En su camino hacia el infierno Bäumer verá morir a todos sus amigos, una generación quebrada por la locura de los generales prusianos, descubrirá en el combate mano a mano que no existen ni la gloria ni el honor en la guerra, y que la patria es solo un invento de los que poseen la tierra, los medios de producción y los cargos para conseguir aún más a costa de la vida de los menos tienen.

 

La nueva versión de Sin Novedad en el Frente es una película a la medida de esta época, muy violenta, con intenciones manifiestas, sin agudezas, con mucho cuidado estético en cada escena, con personajes buenos y malos, faena que en suma prefigura las consecuencias que la Primera Guerra dejó en el armisticio, esas que condujeron directamente a la caída de la plural República de Weimar, el ascenso del nazismo y la génesis de la Segunda Guerra Mundial, efectos deseados por todos los fabricantes de armas y los traficantes de muerte de esas elites que siempre se aprovechan de todos los conflictos.

 

Sin Novedad en el Frente (Im Westen nichts Neues, Alemania/ Estados Unidos/ Reino Unido, 2022)

Dirección: Edward Berger. Guión: Edward Berger, Lesley Paterson y Ian Stokell. Elenco: Felix Kammerer, Albrecht Schuch, Aaron Hilmer, Moritz Klaus, Adrian Grünewald, Edin Hasanovic, Daniel Brühl, Thibault de Montalembert, Devid Striesow, Andreas Döhler. Producción: Edward Berger, Daniel Marc Dreifuss y Malte Grunert. Duración: 148 minutos.

Puntaje: 6