Desde sus comienzos, el realizador norteamericano Alexander Payne ha sabido encontrar en el cine independiente esa cuota de libertad que permite crear obras pequeñas pero universales, alejadas de los éxitos grandilocuentes de su época aunque cercanas a círculos cinéfilos que disfrutan de la intimidad de su filmografía.
En Entre Copas (Sideways, 2004), su film posterior al éxito de About Schmidt (2002), Payne vuelve a trabajar con Jim Taylor para la adaptación de la aclamada novela homónima de Rex Pickett, que sería rechazada por todas las editoriales -al igual que la novela del protagonista de la película- hasta que el director de Election (1999) la lleve al cine, tras lo cual sería publicada con gran éxito de ventas y críticas favorables a tono con el opus de Payne.
Con la excusa del inminente casamiento de Jack (Thomas Haden Church) la semana que viene, un actor mediocre venido a menos tras algunos éxitos menores en televisión y voces en publicidades, Miles (Paul Giamatti), su mejor amigo desde el colegio y padrino de la boda, planifica un viaje por las bodegas de la ruta del vino en Santa Ynez Valley, en California, a modo de despedida de soltero.
Miles es un profesor de literatura de secundario que aspira a ser escritor y acaba de terminar una novela enrevesada de gran calidad pero que ninguna editorial quiere publicar, dado que no es lo que busca un mercado editorial que anhela éxitos inmediatos que vendan mucho en sus primeras semanas, una pequeña muestra de los cambios en la industria cultural de principios del Siglo XXI. Abandonado por su ex esposa, Victoria (Jessica Hecht), hace un par de años, Miles se ha sumido en una aguda depresión, de la que solo se retrotrae disfrutando de un buen vino, afición que compartía con su ex pareja. Si la adicción oculta de Miles detrás de su afición por el vino es el alcohol, la de Jack es una dependencia al sexo casual y las relaciones pasajeras, sin importar el compromiso o la amistad.
Jack le confiesa a Miles que su interés por el vino le parece una buena estrategia de seducción, por lo que a pesar de sus constantes peleas por la actitud diametralmente opuesta de ambos ante la vida su amistad no se resiente. En una bodega, Jack conoce a Stephanie (Sandra Oh), una bella mujer de rasgos asiáticos con la que comienza una apasionada relación. Como Sandra es amiga de Maya (Virginia Madsen), una camarera en un restaurante de la zona que estudia horticultura y que se siente atraída a Miles, los cuatro comienzan a salir hasta que a Miles se le escapa que en pocos días deben regresar a San Diego para el casamiento de Jack, lo que enfurece a ambas mujeres y deja a Jack con la nariz rota producto de la furia de Stephanie ante las ominosas mentiras del simpático, sinvergüenza y estereotipado galán.
Durante todo el film las personalidades de ambos amigos chocarán constantemente debido a la contraposición de temperamentos. Miles, un intelectual estancado con conciencia de su estado, siempre tendrá una actitud de boicot hacia sí mismo, temeroso del rechazo y de las derivaciones de sus actos, nunca del todo seguro de actuar, siempre en duda de todo. Enólogo amateur pero también proclive a perder el control cuando se emborracha, Miles es un perdedor tan adorable como odioso y patético que le roba a su madre, miente por su amigo, accede a mentirle a Maya, la mujer que le gusta, y llama a su ex esposa cuando se emborracha. Jack, en cambio, siempre verá la luz al final del camino. Con su carrera en una meseta, la posibilidad de trabajar en bienes raíces con su suegro será uno de los distintos caminos ante los que se debate mientras vive un constante presente sin preocuparse por las consecuencias.
Entre Copas es un film de sanación y aprendizaje, en el que Jack descubrirá una parte de sí mismo y se enfrentará con esa faceta malvada de mentirle a las mujeres para tener sexo, mientras que Jack deberá superar su miedo a tomar de más y a relacionarse con alguien después de la ruptura con su ex esposa por serle infiel. Los diálogos sobre el vino son realmente brillantes y revelan mucho acerca de los personajes, de sus miedos y su forma de ver la vida, en los que se destacan Giamatti y sobre todo Madsen, quien realiza una interpretación realmente extraordinaria, tal vez la mejor de su carrera como una camarera divorciada con muchos matices.
La elección de Paul Giamatti y Thomas Haden Church funciona a la perfección, al igual que la de Virginia Madsen y Sandra Oh, en una película de carretera que aprovecha la belleza de los paisajes vitivinícolas del valle de Santa Ynez en Santa Barbara con tomas excepcionales logradas por el director de fotografía de origen griego Phedon Papamichael, responsable de la fotografía de obras como Patch Adams (1998), de Tom Shadyac, y Walk the Line (2005), de James Mangold, y elegido por Payne también para Los Descendientes (The Descendants, 2011) y su mejor film, Nebraska (2013), aunque asimismo conocido por trabajar con George Clooney en Los Idus de Marzo (The Ides of March, 2011) y Operación Monumento (The Monuments Men, 2013).
A todo lo anterior se suma una maravillosa banda sonora de jazz instrumental a cargo del compositor Rolfe Kent e interpretada por la banda de Tony Blondal, soundtrack que acompaña este tour de descubrimiento individual y de amores y desamores, pasados y presentes, que chocan con los viñedos y las rutas del vino.
Entre Copas combina perfectamente el film de carretera con diálogos intelectuales y especializados en los tópicos que trata -léase vinos, industria editorial, actuación, etc.- para deslizar en el final una crítica a la sociedad norteamericana de su época que votaba a George Bush Hijo y hoy sigue a Donald Trump, todo con un tono cómico que engalana el carácter trágico.
Entre Copas (Sideways, Estados Unidos/ Hungría, 2004)
Dirección: Alexander Payne. Guión: Alexander Payne y Jim Taylor. Elenco: Paul Giamatti, Thomas Haden Church, Virginia Madsen, Sandra Oh, Marylouise Burke, Jessica Hecht, Missy Doty, M.C. Gainey, Alysia Reiner, Shaun Duke. Producción: Michael London. Duración: 127 minutos.