La trayectoria musical de la querida Tina Turner (1939-2023) funciona como una buena síntesis de la seguidilla de metamorfosis revolucionarias en la industria cultural durante la segunda mitad del Siglo XX, pensemos que la legendaria cantante norteamericana, nacida en Brownsville, en el Estado de Tennessee, comienza su derrotero a fines de los años 50 trabajando junto al que sería su esposo, Ike Turner (1931-2007), dentro de los límites de la música segregada de entonces y sobre todo del blues, el soul y el rhythm and blues, siempre apoyados por la banda soporte de Ike y su comitiva de coristas, The Kings of Rhythm y The Ikettes respectivamente, un esquema que tiene cierto éxito inicial en el mercado vernáculo pero trepa hacia el mainstream y la popularidad masiva en Estados Unidos y Europa cuando el dúo sintoniza de maravillas con aquella eclosión del rock, las posibilidades del estudio de grabación y la Invasión Británica de mediados de la década del 60 mediante tres jugadas muy inteligentes, primero sumarse al tour inglés de 1966 de The Rolling Stones, segundo eso de dejarse producir por el enorme Phil Spector en ocasión de un puñado de canciones del álbum River Deep, Mountain High (1966) y tercero la incorporación a su repertorio de temas de artistas británicos y compatriotas norteamericanos de vanguardia en línea con Come Together, Get Back, She Came In Through the Bathroom Window y Let It Be, de The Beatles, I Want to Take You Higher, de Sly and the Family Stone, la colosal Proud Mary, de los Creedence Clearwater Revival, Higher Ground, de Stevie Wonder, y Honky Tonk Women, de los Stones. Después de varios álbumes clásicos como It’s Gonna Work Out Fine (1963), The Hunter (1969), Come Together (1970), Workin’ Together (1970), Nutbush City Limits (1973) y el citado River Deep, Mountain High, y luego de una serie de experimentos a instancias en general de Ike, algunos exitosos como los vinculados al góspel y el funk y otros no tanto en línea con los coqueteos con el country y el folk, la sociedad/ matrimonio se rompe en 1976 y Tina continúa un periplo solista que ya había empezado bajo el control de su esposo, sin embargo su carrera se estanca con dos trabajos volcados en gran parte a la música disco, Rough (1978) y Love Explosion (1979), que dejan todo servido para un mega regreso de la mano de Private Dancer (1984), su placa en solitario más redonda y exitosa a nivel mundial gracias a lo que sería de allí en más su marca registrada, léase una mixtura de pop, baladas ochentosas y rhythm and blues con una intensidad rockera de vieja escuela.
Si bien luego Tina jamás lograría recuperar la cúspide artística de 1984, en sí una solución negociada entre su identidad soul y el acervo comercialoide de las postrimerías del Siglo XX, de todos modos entregaría dos secuelas bastante dignas que duplicaron al pie de la letra la fórmula ganadora, los también exitosos Break Every Rule (1986) y Foreign Affair (1989), prólogo sutil para un declive hacia la producción y los arreglos ya insoportables y ridículos correspondientes a sus trabajos discográficos finales, Wildest Dreams (1996) y Twenty Four Seven (1999), los cuales sufrieron de esa impersonalidad, tono redundante y falta de ideas novedosas que marcaron al período posterior a Private Dancer, ésta por cierto una placa que la llevó a un estrellato y una posición de poder tan grandes que le permitieron automitologizarse a través de sus memorias, Yo, Tina (I, Tina, 1986), best-seller coescrito junto al periodista Kurt Loder en el que repasaba su atribulada vida y terminaba de aclarar lo que ya todo el mundo sabía, nos referimos a la relación tormentosa con Ike, las repetidas palizas que sufrió y el supuesto vínculo entre este comportamiento violento y su adicción a la cocaína, algo que más adelante se descubrió que no era así porque el hombre sufría de esquizofrenia y trastorno bipolar, amén de haber tenido unas infancia y pubertad parecidas a las de Tina en lo que atañe al abandono familiar, los abusos y las parentelas emparchadas/ híbridas. Mucho antes de Tina (2021), aquel extraordinario documental de Dan Lindsay y T.J. Martin para HBO, Tina (What’s Love Got to Do with It, 1993), biopic de Brian Gibson basada en las memorias de 1986, analizó con una generosa vehemencia las idas y vueltas de la carrera y la existencia de Turner en una jugada que se sintió natural porque ella ya había participado en proyectos cinematográficos interpretando a las recordadas Reina del Ácido/ Acid Queen de Tommy (1975), de Ken Russell, y Tía Ama/ Aunty Entity de Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno (Mad Max Beyond Thunderdome, 1985), de George Miller y George Ogilvie, además de cameos en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1978), de Michael Schultz, y El Último Gran Héroe (Last Action Hero, 1993), de John McTiernan, dando por resultado un esplendoroso melodrama de emancipación centrado en una víctima que se debate entre la sumisión, la ingenuidad y la fascinación con su mecenas, en pantalla dictatorial y narcisista como James Brown, Miles Davis o Sly Stone pero muy carismático y dueño de una experiencia considerable en materia de este circuito musical de los 50 y 60.
El guión de la debutante y también productora Kate Lanier, quien pronto caería en el olvido luego de su segunda odisea, Hasta el Final (Set It Off, 1996), insólito heist film femenino de F. Gary Gray, evita mirarse al espejo del mainstream del séptimo arte, por ello no hay retrato alguno de los rodajes de Tommy y Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno, y en esencia se dedica a falsificar una enorme cantidad de pequeños detalles contextuales/ históricos/ musicales desde las “licencias creativas” de Hollywood aunque paradójicamente manteniéndose fiel al espíritu de la trayectoria en cuestión, ahora obviando el romance con el saxofonista de The Kings of Rhythm, Raymond Hill, del cual en 1958 nace el primero de los dos hijos biológicos de Tina, Raymond Craig, y consagrándose casi al cien por ciento al período con Ike, larga etapa que en 1960 genera el otro vástago, Ronald Renelle Turner, y va desde 1957, cuando ambos se conocen en The Manhattan Club de San Luis Este, en Illinois, hasta la famosa hecatombe de 1976, una pelea a las piñas en Dallas, Texas, cuando estaban a punto de mudarse de compañía discográfica, de United Artists a Cream, anécdota muy conocida en la comunidad melómana rockera porque ella, con la cara destrozada, una tarjeta de gasolina y apenas 36 centavos, lo abandona cuando estaba durmiendo al cruzar la autopista que separa al Statler Hilton del Ramada Inn, génesis de un divorcio que finiquita en 1978 y en el que retiene su nombre artístico, siendo el verdadero Anna Mae Bullock. La película recrea el abandono por parte de su progenitora, Zelma Bullock (Jenifer Lewis), y la cordial relación con su hermana, Alline (Phyllis Yvonne Stickney), no obstante lo que define a Tina (Angela Bassett) es la amalgama con su mentor, Ike (Laurence Fishburne), como decíamos antes muy demonizado en el film porque es por un lado un mujeriego que tiene dos hijos con Lorraine Taylor (Penny Johnson Jerald), fémina que intenta suicidarse de un tiro por sus infidelidades, y por el otro lado un workaholic perfeccionista que se comporta como un tirano tras bambalinas, por ejemplo sacándola a escondidas del hospital después de dar a luz, insultándola cuando se queja por tanta giras con Ike & Tina Turner Revue, golpeándola y humillándola cuando lo critica o por celos profesionales, violándola en plena drogadicción durante la grabación de Nutbush City Limits, llevándola a un intento de suicidio con pastillas, saboteando su reconversión al budismo e incluso mostrándole un arma en la época de Private Dancer y el hit autorreferencial What’s Love Got to Do with It.
Gibson se mantiene muy cerca de otras biopics femeninas, en la tradición de El Ocaso de una Estrella (Lady Sings the Blues, 1972), de Sidney J. Furie sobre Billie Holiday (Diana Ross), La Rosa (The Rose, 1979), faena de Mark Rydell inspirada en Janis Joplin (Bette Midler), y La Hija del Minero (Coal Miner’s Daughter, 1980), opus de Michael Apted acerca de Loretta Lynn (Sissy Spacek), pero no descarta la vertiente biográfica masculina a sabiendas de la ferocidad andrógina/ machona de siempre de Tina, pensemos para el caso en La Historia de Buddy Holly (The Buddy Holly Story, 1978), obra de Steve Rash sobre Holly (Gary Busey), Elvis (1979), el telefilm de John Carpenter en torno a Presley (Kurt Russell), La Bamba (1987), de Luis Valdez y sobre Ritchie Valens (Lou Diamond Phillips), Grandes Bolas de Fuego (Great Balls of Fire!, 1989), propuesta de Jim McBride que supo girar alrededor de Jerry Lee Lewis (Dennis Quaid), y por supuesto la reciente The Doors (1991), trabajo de Oliver Stone acerca de la banda del título y su líder, Jim Morrison (Val Kilmer). La eficacia melodramática de Tina, muy copiada a futuro por otras biopics sobre afroamericanos pero nunca con esta energía, se debe tanto al excelente desempeño de Bassett y Fishburne, dos monstruos sagrados que habitan a sus personajes, como al retrato de fondo de una relación enferma sin corrección política alguna y desde la honestidad más rimbombante y agresiva, esa que funciona muy bien en términos de tragedia vincular y los pinta sin medias tintas como víctima y victimario -ambos músicos se quejaron de esto, de hecho, después del estreno- como si el amor fuese “el caudal de un río”, parafraseando la letra de la gloriosa River Deep, Mountain High. El realizador, artesano británico conocido por propuestas fallidas por encargo como Poltergeist II: El Otro Lado (Poltergeist II: The Other Side, 1986) y La Jurado (The Juror, 1996), aquí combina sus dos facetas preferidas, la testimonial televisiva de Asesinos entre Nosotros: La Historia de Simon Wiesenthal (Murderers Among Us: The Simon Wiesenthal Story, 1989), La Guerra contra las Drogas (Drug Wars: The Camarena Story, 1990) y La Historia de Josephine Baker (The Josephine Baker Story, 1991) y aquella musical de los videoclips ochentosos para Styx y de películas como Breaking Glass (1980), sobre la escena inglesa del post punk, y Todavía Locos (Still Crazy, 1998), comedia nostálgica en pleno britpop sobre el rock de los años 70, de allí se entiende la pasión del film y su verosímil tan folletinesco y adictivo como hiper fastuoso…
Tina (What’s Love Got to Do with It, Estados Unidos, 1993)
Dirección: Brian Gibson. Guión: Kate Lanier. Elenco: Angela Bassett, Laurence Fishburne, Jenifer Lewis, Phyllis Yvonne Stickney, Penny Johnson Jerald, Rob LaBelle, Vanessa Bell Calloway, Chi McBride, James Reyne, Richard T. Jones. Producción: Kate Lanier, Barry Krost y Doug Chapin. Duración: 118 minutos.