Al Filo del Vacío (Running on Empty)

El cambio melódico y rítmico

Por Emiliano Fernández

Al Filo del Vacío (Running on Empty, 1988) lamentablemente es una de las películas menos conocidas y/ o vistas de la larga trayectoria del legendario realizador Sidney Lumet a pesar de ser uno de sus trabajos más interesantes y políticamente cargados, no sólo un film que exuda minimalismo, sensibilidad y naturalismo a nivel de las interpretaciones de su elenco, sin duda una característica repetida del acervo artístico del señor aunque rara vez con este nivel de humanidad, sino también una alegoría aún poderosa sobre los cambios drásticos que atravesó Estados Unidos durante la segunda mitad del Siglo XX, desde la radicalidad ideológica de los años 60, pasando por las múltiples crisis identitarias del pesimismo de los 70, hasta llegar a la banalización de las utopías de metamorfosis social correspondiente a la algo patética década del 80. El olvido que nos ocupa, por suerte relativo porque la carrera de Lumet es muy vasta y sus admiradores siempre descubren o redescubren opus de variada envergadura, tiene que ver con el tiempo en el que a la película le tocó nacer, aquella etapa de lo más errática y al mismo tiempo prolífica, unos 80 y 90 en los que el cineasta ofreció joyas tardías de la talla de Príncipe de la Ciudad (Prince of the City, 1981), Trampa Mortal (Deathtrap, 1982), El Veredicto (The Verdict, 1982), Preguntas sin Respuestas (Q & A, 1990) y El Lado Oscuro de la Justicia (Night Falls on Manhattan, 1996), odiseas apenas correctas como Daniel (1983), El Sueño de Mamá (Garbo Talks, 1984) y A la Mañana Siguiente (The Morning After, 1986) y un voluminoso pelotón de trabajos fallidos o no del todo desarrollados en línea con aquellas Dime lo que Quieres (Just Tell Me What You Want, 1980), Poder (Power, 1986), Negocios de Familia (Family Business, 1989), Un Extraño entre Nosotros (A Stranger Among Us, 1992), Tan Culpable como el Pecado (Guilty as Sin, 1993), Cuidados Intensivos (Critical Care, 1997) y Gloria (1999), sutil remake del neo noir de 1980 de John Cassavetes con Gena Rowlands y en sí el prólogo del fin del derrotero de Sidney, quien después entregaría las geniales Declárenme Culpable (Find Me Guilty, 2006) y Antes que el Diablo Sepa que Estás Muerto (Before the Devil Knows You’re Dead, 2007).

 

El guión de Naomi Foner, conocida por haber dirigido y escrito Muy Buenas Chicas (Very Good Girls, 2013), por ser la madre de Maggie y Jake Gyllenhaal y por haber firmado las historias de Las Violetas son Azules (Violets Are Blue, 1986), opus de Jack Fisk, Palabras Mágicas (Bee Season, 2005), de Scott McGehee y David Siegel, y dos dignos convites de su marido realizador Stephen Gyllenhaal, Una Mujer Peligrosa (A Dangerous Woman, 1993) y Corazones Rasgados (Losing Isaiah, 1995), está evidentemente basado en Bill Ayers y Bernardine Dohrn, una pareja que estuvo entre las personalidades más destacadas de Weather Underground, una organización de extrema izquierda que por un lado operó durante los 70, vinculada al marxismo antiimperialista, el Partido de las Panteras Negras y el boicot contra la Guerra de Vietnam, y por el otro lado se dedicó a detonar bombas en el Departamento de Policía de Nueva York, el Capitolio y el Pentágono, no obstante hoy en día el grupo asimismo es recordado por la explosión accidental de 1970 en el Greenwich Village neoyorquino que mató a tres miembros del colectivo, Ted Gold, Diana Oughton y Terry Robbins. Si bien la propuesta se mantiene más o menos cerca del devenir de la época de Ayers y Dohrn, dúo que engendró dos hijos, Zayd y Malik, que fue fugitivo de la ley al extremo de cambiar constantemente de identidades y hogar y que con el tiempo terminaría libre de cargos entre condenas menores y el perdón que sobrevino por las tácticas sucias del Programa de Contrainteligencia del FBI (1956-1971), lo cierto es que nuestro catalizador dramático pasa por otro episodio que no tiene que ver con Weather Underground, hablamos del atentado explosivo del 24 de agosto de 1970 contra el edificio Sterling Hall del campus de la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se ubicaba el Centro de Investigación de Matemáticas del Ejército, una unidad al servicio del aparato castrense y del Departamento de Defensa consagrada a programas balísticos, misilísticos y de contrainsurgencia para la Guerra de Vietnam, ataque a cargo de una comitiva de izquierda llamada La Pandilla del Año Nuevo (New Year’s Gang) en el que murió el físico e investigador Robert Fassnacht.

 

Dohrn y Ayers en pantalla se llaman Annie (Christine Lahti) y Arthur Pope (Judd Hirsch), una pareja que tiene dos vástagos, el adolescente Danny (River Phoenix) y el pequeño Harry (Jonas Abry), y está huyendo del FBI desde que en 1971, dentro de la militancia de un grupo marxista denominado Ejército de Liberación (Liberation Army), hiciese explotar un laboratorio militar de la Universidad de Michigan que fabricaba napalm para la Guerra de Vietnam provocando que un conserje pierda la vista, así las cosas llevan 17 años de fugitivos y cambiando de identidades y de trabajos cada vez que los esbirros estatales los identifican o sin querer algún miembro de la familia levanta sospechas o un metiche del montón empieza a preguntar demasiado. El matrimonio no ha renunciado para nada a sus ideales de los años 60 y 70, homologados a la izquierda antiburguesa que arremete contra los blancos privilegiados, los energúmenos fascistoides y todos los cerdos imperialistas del gobierno y las corporaciones que extienden la pobreza, el racismo y las injusticias por todo el planeta, y por ello continúan militando vía la creación de una cooperativa de alimentos y protestas contra el vertido de residuos tóxicos, amén de promover la sindicalización en el restaurant donde trabaja de cocinero el siempre efusivo Arthur. A pesar de que los padres tienen un rol fundamental dentro del relato, lo que además incluye a una Annie que se desempeña como secretaria en un consultorio médico y recibe la visita de un viejo amor y colega del Ejército de Liberación, un tal Gus Winant (L.M. Kit Carson) que pretende robar un banco junto con otros miembros del grupo, el grueso de la trama está concentrada en Danny alias Paul Manfield, un pianista virtuoso que aprendió de su madre y que capta la atención del profesor de música de su colegio secundario, el Señor Phillips (Ed Crowley), a través del cual a su vez conoce a la hija del susodicho, Lorna Phillips (Martha Plimpton), muchacha de la que se enamora. La rutina de fuga cíclica de la parentela Pope comienza a tambalearse por la inexistencia de registros escolares previos de Danny y la atrayente idea de concurrir a un conservatorio, Juilliard, algo que separaría al clan de manera definitiva.

 

Como si se tratase de una versión expandida y superadora de Daniel, otra faena de martirio familiar de izquierda aunque inspirada en el periplo de Ethel y Julius Rosenberg, una pareja acusada de espionaje en favor de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas durante la caza de brujas anticomunista y ejecutada en 1953 en la silla eléctrica, todo reformulado desde el pacifismo militante de los 60 mediante el personaje de un vástago ficticio, Daniel Isaacson (Timothy Hutton), Al Filo del Vacío ofrece distintas líneas de abordaje sobre la temática porque a las dos interpretaciones de cadencia retro, primero el activismo lumpen versus la hipocresía burguesa y segundo esa transformación señalada desde los hippies de los 60 hasta el nihilismo terrorista de los 70 y los yuppies risibles de los años 80, se suma la brecha generacional con respecto a los hijos, por ello tenemos dos intentos de sobrellevar la existencia clandestina de la mejor manera posible, nos referimos al sustrato casi siempre bufonesco de Harry, un pequeño payaso que apuesta por las risas en complicidad con su padre, y a la veta artística meticulosa de Danny, quien heredó de la progenitora el amor por la música clásica y en esencia aporta el corazón del film en consonancia con los múltiples cambios melódicos y rítmicos del rubro, una metamorfosis que simboliza en simultáneo la necesidad esporádica de escapar de golpe y la identidad bipartita de Danny, por un lado un joven que se adapta de manera experta a cualquier situación social y por el otro lado un “bicho raro” que prefiere esa misma música clásica por sobre las repeticiones en ritmo del pop y el rock modernos. El trabajo de Hirsch, Lahti, Abry y Plimpton es siempre glorioso, incluso la reducida participación de Steven Hill como el padre oligarca de Annie, Donald, a quien la mujer recurre para que adopte al púber antes de dejarlo ir a Juilliard cual despedida porque el FBI lo seguirá obstinadamente en pos de algún contacto con sus progenitores, sin embargo es Phoenix el que consigue convencernos de que estamos frente a una desviación adulta con respecto a la típica odisea adolescente de los 80 y en lo que atañe al melodrama romántico y familiar tradicional, hoy llevado hacia la nueva vida de la militancia política…

 

Al Filo del Vacío (Running on Empty, Estados Unidos, 1988)

Dirección: Sidney Lumet. Guión: Naomi Foner. Elenco: River Phoenix, Martha Plimpton, Judd Hirsch, Christine Lahti, Jonas Abry, Ed Crowley, L.M. Kit Carson, Steven Hill, Augusta Dabney, David Margulies. Producción: Griffin Dunne y Amy Robinson. Duración: 116 minutos.

Puntaje: 9