Harry & Tonto

Tragicomedia de la vejez

Por Emiliano Fernández

Hoy en día ya casi nadie recuerda a Paul Mazursky, un talentoso realizador y guionista de la generación de Hal Ashby, Mel Brooks, Carl Reiner, Colin Higgins y Woody Allen, entre otros especialistas en comedias irónicas, sin embargo durante la década del 70 fue uno de los principales directores del Nuevo Hollywood, léase el breve y maravilloso predominio del intelectualismo de autor sobre el mainstream norteamericano, y uno de los pregoneros por antonomasia de la madurez de la comedia de la época, esa que dejó mayormente de lado el carácter aniñado, inofensivo o inmediatamente gracioso de fases históricas previas para reemplazarlo por un naturalismo que exigía paciencia y se metía con tópicos candentes de su tiempo desde una inteligencia y una adultez muy extrañas para el promedio bobalicón del cine estadounidense. Su período de oro abarca cinco realizaciones, hablamos de Bob & Carol & Ted & Alice (1969), estudio sarcástico sobre los correlatos de la revolución sexual en la burguesía más ambivalente o hipócrita, Blume Enamorado (Blume in Love, 1973), aquella relectura patológica narcisista de la screwball comedy o comedia alocada de lucha de sexos, Harry & Tonto (1974), un homenaje nostálgico al pasado remoto, sus anhelos y una vejez para nada idealizada/ simplificada, Próxima Parada, Greenwich Village (Next Stop, Greenwich Village, 1976), odisea autobiográfica sobre los inicios actorales de un Paul que supo debutar como intérprete en nada menos que la ópera prima de Stanley Kubrick, Miedo y Deseo (Fear and Desire, 1952), y Una Mujer Descasada (An Unmarried Woman, 1978), clásico del cine de divorcio de marco feminista que pondera la independencia de las mujeres en todos los ámbitos sociales, amén de la única propuesta cuasi fallida de la etapa, El Fabuloso Mundo de Alex (Alex in Wonderland, 1970), curiosidad absoluta con Donald Sutherland que funciona como un retrato de una crisis creativa y un homenaje demasiado explícito a (1963), de Federico Fellini, en la tradición de All That Jazz (1979), de Bob Fosse, Recuerdos (Stardust Memories, 1980), de Woody Allen, Un Gato en el Cerebro (Un Gatto nel Cervello, 1990), del tremendo Lucio Fulci, 8½ Mujeres (8½ Women, 1999), de Peter Greenaway, El Gran Pez (Big Fish, 2003), de Tim Burton, y la horrenda Nine: Una Vida de Pasión (Nine, 2009), aquel bodrio musical e hiper redundante de Rob Marshall.

 

Fue durante los años 80 que el declive artístico de Mazursky se comenzó a notar mediante una retahíla de pasos en falso y experimentos fallidos que incluyó a Willie & Phil (1980), respetuosa remake de Jules y Jim (Jules et Jim, 1962), de François Truffaut, como en cierto sentido lo fue Blume Enamorado, La Tempestad (Tempest, 1982), adaptación moderna de la célebre obra de teatro homónima de 1611 de William Shakespeare, Moscú en Nueva York (Moscow on the Hudson, 1984), un típico producto de la Guerra Fría en su acepción reaganiana, Un Loco Suelto en Beverly Hills (Down and Out in Beverly Hills, 1986), esa reinterpretación ochentosa de Boudu Salvado de las Aguas (Boudu Sauvé des Eaux, 1932), gran rareza de Jean Renoir con Michel Simon, y Luna sobre Parador (Moon Over Parador, 1988), intento de parodia política que retomaba mucho de Caviar para su Excelencia (The Magnificent Fraud, 1939), de Robert Florey. Luego de su última película relativamente interesante, Enemigos: Una Historia de Amor (Enemies: A Love Story, 1989), traslación de la novela del mismo título de 1966 de Isaac Bashevis Singer, aquel de Yentl (1983), el opus escrito, dirigido y estelarizado por Barbra Streisand, el realizador no lograría mantener el mismo nivel de calidad en Escenas en un Centro Comercial (Scenes from a Mall, 1991), screwball comedy posmoderna con Allen y Bette Midler, El Pepinillo (The Pickle, 1993), sátira cinematográfica con chispazos autobiográficos símil El Fabuloso Mundo de Alex, y Fielmente Tuya (Faithful, 1996), primera faena de su cosecha que no escribió ya que el privilegió fue acaparado por el también protagonista Chazz Palminteri, dejándonos con un epílogo profesional bastante digno gracias a dos propuestas televisivas, Winchell (1998), biopic acerca de un famoso y muy polémico periodista de chimentos, Walter Winchell (Stanley Tucci), y Costa a Costa (Coast to Coast, 2003), tercera y última colaboración de Richard Dreyfuss con Mazursky a posteriori de Un Loco Suelto en Beverly Hills y Luna sobre Parador, y la anomalía Yippee: Un Viaje a la Alegría Judía (Yippee: A Journey to Jewish Joy, 2006), único documental del cineasta y un convite de quid nostálgico que se asemeja a unas memorias porque cubre su periplo en primera persona por Ucrania, cuna de sus antepasados, con motivo de una celebración ritual de tres días del judaísmo jasídico.

 

Quizás la obra más meditabunda y humanista de Mazursky, un señor que siempre recurría a pinceladas de cinismo para desromantizar al amor del melodrama rosa y ofrecer un retrato más honesto del cariño o la dependencia afectiva en general, sea de hecho uno de sus pocos films en los que el amor de pareja y la ciclotimia tácita no hegemonizan el relato, Harry & Tonto, una joya tragicómica prácticamente olvidada en el Siglo XXI que sopesa los pros y contras de la ancianidad, como por ejemplo la sabiduría y la soledad o la autonomía y la vulnerabilidad o la sinceridad y la melancolía compulsiva, y que abraza el imponderable esquema narrativo de las road movies, formato al que Paul volvería en el final de su carrera de la mano de Costa a Costa y Yippee: Un Viaje a la Alegría Judía. El guión de Mazursky y Josh Greenfeld, este último sólo conocido por la presente y la secuela de 1980 de Gilbert Cates de la recordada ¡Dios Mío! (Oh, God!, 1977), el clásico de Reiner con John Denver y el carismático George Burns, gira en torno a Harry Coombes (primer protagónico en cine de Art Carney, intérprete ya veterano de los rubros radial, televisivo y teatral), un viudo, profesor de literatura jubilado y fanático de Shakespeare que sufre robos varios en Nueva York, mantiene una entrañable amistad con un polaco socialista, Jacob Rivetowski (Herbert Berghof), y es desalojado de su departamento porque derribarán el edificio para construir un estacionamiento vía la proto gentrificación setentosa. Luego del repentino fallecimiento de Jacob y de vivir un tiempo en los suburbios con la familia de su hijo mayor, Burt (Phil Bruns), donde siente que molesta en un hogar no muy espacioso de clase obrera, decide visitar a su única hija, Shirley (Ellen Burstyn), quien tiene una librería en Chicago, odisea que resulta accidentada por su dejo cascarrabias y porque viaja siempre con su gato, Tonto, así desiste de los aviones y los ómnibus y se compra un Chevrolet Bel Air modelo 1955, coche con el que levanta a una adolescente fugitiva, Ginger (Melanie Mayron), y saluda a una novia de antaño, Jessie (Geraldine Fitzgerald). El encuentro con Shirley es efímero y Harry y su mascota pronto quedan solos porque Ginger se marcha hacia una comuna hippie con un nieto del protagonista, Norman (Joshua Mostel), por ello perfila hacia Los Ángeles para ver a su hijo menor, Eddie (Larry Hagman), un vendedor de bienes raíces arruinado.

 

Mucho antes de otras faenas de ruta protagonizadas por veteranos de diversa envergadura, en sintonía con Una Historia Sencilla (The Straight Story, 1999), de David Lynch, Flores Rotas (Broken Flowers, 2005), de Jim Jarmusch, y Las Confesiones del Sr. Schmidt (About Schmidt, 2002) y Nebraska (2013), ambas de Alexander Payne, y bien lejos de la impronta criminal de otros proyectos semejantes de una tercera edad revigorizada, vertiente que va desde Un Golpe con Estilo (Going in Style, 1979), de Martin Brest, y Dos Tipos Duros (Tough Guys, 1986), de Jeff Kanew, hasta las recientes Por los Viejos Tiempos (Stand Up Guys, 2012), de Fisher Stevens, y Un Ladrón con Estilo (The Old Man & the Gun, 2018), de David Lowery, la película que nos ocupa por un lado inspiró una remake italiana jamás reconocida con Marcello Mastroianni, Estamos Todos Bien (Stanno Tutti Bene, 1990), opus de Giuseppe Tornatore que a su vez generaría una versión yanqui en 2009 protagonizada por Robert De Niro y dirigida por Kirk Jones, y por el otro lado aprovecha muy bien este latiguillo del mundo hedonista y caótico contemporáneo visto a través de los ojos de un anciano suelto de lengua, de allí que la permanente necesidad de autonomía de Harry sólo admita la compañía de Tonto y el hombre no desee ser tratado como un niño cual regresión al yugo paterno/ materno y en esencia se enfrente a otras ópticas condescendientes o algo parasitarias, pensemos en la sobreprotección lumpen de Burt, el sustrato burgués belicoso de Shirley y el oportunismo de un Eddie que pretende sacarle todo el dinero posible antes de que vuelva a marcharse para buscar un lugar verdaderamente tranquilo donde vivir. Con muchos personajes coloridos como la parejita de Ginger y Norman, un autoestopista sin nombre que cita a la Biblia (Michael Butler), un pícaro vendedor de vitaminas y alimentos naturales, Wade Carlton (Arthur Hunnicutt), una escort hermosa en camino a Las Vegas, Stephanie (Barbara Rhoades), e incluso un hechicero aborigen que el personaje del genial Carney conoce en la cárcel después de ser arrestado por orinar en vía pública, Sam Dos Plumas (aquel querido Geswanouth Slahoot alias Jefe Dan George), nuestra Harry & Tonto desparrama alusiones shakesperianas a diestra y siniestra y ofrece un paneo deliciosamente optimista alrededor de la amistad en la vejez símil superación de la insoportable familia…

 

Harry & Tonto (Estados Unidos, 1974)

Dirección: Paul Mazursky. Guión: Paul Mazursky y Josh Greenfeld. Elenco: Art Carney, Herbert Berghof, Philip Bruns, Josh Mostel, Melanie Mayron, Geraldine Fitzgerald, Ellen Burstyn, Larry Hagman, Barbara Rhoades, Arthur Hunnicutt. Producción: Paul Mazursky. Duración: 116 minutos.

Puntaje: 10