Maestro

Música y homosexualidad reprimida

Por Emiliano Fernández

El aparato cultural norteamericano mainstream y sobre todo Hollywood suele abogarse el deber de salvar al mundo cuando en realidad sólo hablan de ellos mismos, léase los yanquis protestantes o judíos de piel blanca y muy buen pasar económico, mientras dejan al resto del planeta en un difuso e involuntariamente gracioso segundo plano que reduce al abanico étnico en cuestión al nivel de simples caricaturas, esquema que por cierto también ocurre cuando la “gran industria” estadounidense pretende presentarnos a alguno de los sultanes de la cultura vernácula como si se tratase de uno de los más grandes genios que haya pisado la tierra, sea así o no, tenga el protagonista de turno talento verdadero y merezca semejantes halagos o por el contrario esté inflado hasta la estratósfera para llenar el enorme espacio vacío de la pantalla y especialmente de los melodramas de pretensiones rimbombantes que suelen llegar de a montones en la temporada de premios de todos los años. Maestro (2023), segunda película como director, guionista, productor y protagonista de Bradley Cooper, es de hecho un típico exponente de la segunda categoría porque nuestro artista polirubro se propone construir un lienzo caleidoscópico alrededor de la vida, sexualidad y trayectoria de Leonard Bernstein (1918-1990), un compositor y director de orquesta norteamericano que en su país se lo ensalza por demás y en el resto del mundo sinceramente se lo suele ubicar en una posición más accesoria/ complementaria porque cabecillas de orquesta existieron muchísimos y mejores, precisamente el rubro en el que se nos quiere hacer creer que más brilló porque el grueso de su actividad profesional estuvo orientado a dichos menesteres.

 

Por fuera de yanquilandia a Bernstein se lo recuerda por dos razones, una maravillosa y la otra más bien indigna, la primera nos remite a su rol como autor de la extraordinaria música de Nido de Ratas (On the Waterfront, 1954), de Elia Kazan, y Amor sin Barreras (West Side Story, 1961), de Robert Wise y Jerome Robbins, en este último caso una adaptación cinematográfica del recordado musical de Broadway de 1957 de Arthur Laurents, y en lo que atañe a la segunda razón el asunto tiene que ver con un célebre ensayo satírico de Tom Wolfe para la revista New York que más adelante formaría parte del libro antológico La Izquierda Exquisita & Mau-Mauando al Parachoques (Radical Chic & Mau-Mauing the Flak Catchers, 1970), Radical Chic: Esa Fiesta en lo de Lenny (Radical Chic: That Party at Lenny’s, 1970), en el que se retrataba con ironía un encuentro en un dúplex de Manhattan entre Bernstein, su esposa Felicia Montealegre, unos cuantos amigos ricachones del ámbito artístico y miembros de los Panteras Negras para discutir cómo ayudar a la organización durante la investigación fabricada por la policía en torno a la llamada Pantera 21 (Panther 21), una célula de los Panteras Negras que en 1969 fue acusada de planear bombardeos y ataques con rifles contra dos comisarías, reunión un tanto patética con personal doméstico sudamericano que puso en interrelación conceptos por entonces novedosos como el odio de los negros, la culpa de los blancos, la militancia política de sillón y desde ya esa moda entre la burguesía cultural/ intelectual de izquierda de apoyar con dinero o publicidad o gestos a colectivos varios que luchaban con razón por la justicia social en las sociedades capitalistas.

 

Maestro, específicamente, está dividida en tres partes taxativas y por momentos demasiado autónomas que cubren primero el ascenso profesional dentro del universo de la aristocracia musical estadounidense de Bernstein (el propio Cooper) y el comienzo de su relación con Montealegre (Carey Mulligan), de la que nacerán tres vástagos, Jamie (Maya Hawke), Alexander (Sam Nivola) y Nina (Alexa Swinton), segundo el período de crisis de la pareja y politización extrema en favor del movimiento por los derechos civiles que cubría el texto de Wolfe, un panorama que se explica tanto por la agitación social de fines de los años 60 y comienzos de los 70 como por cierta falacia detrás del matrimonio en sí porque Bernstein siempre fue un homosexual convencido y simplemente hizo lo que los gays hacían en su tiempo para “tapar” el asunto, casarse con su mejor amiga, y tercero la fase terminal del vínculo táctico/ amistoso/ romántico cuando ella, una actriz de base teatral y televisiva, se ve obligada a batallar contra un cáncer de pulmón, enfermedad que la llevaría a la tumba de manera temprana en 1978 a los 56 años de edad luego de una separación y reconciliación con Leonard. El guión de Cooper y Josh Singer, un otrora colaborador de gente como Bill Condon, Tom McCarthy, Steven Spielberg y Damien Chazelle, lucha con ahínco en pos de rescatar algo verdaderamente interesante en el devenir de Bernstein que escape al trasfondo melodramático elemental del relato y las gesticulaciones exageradas del protagonista a la hora de conducir las diferentes orquestas, misión casi imposible ya que lo único que la obra consigue dejar en la memoria del espectador es el cariño que Cooper siente por el retratado.

 

Si bien es más que evidente el hilo conductor musical entre la ópera prima de Cooper, Nace una Estrella (A Star Is Born, 2018), y este segundo opus del amigo Bradley, lo cierto es que aquella película resultaba muy superior porque ofrecía una versión naturalista modelo Siglo XXI de una fábula artística ya muy aceitada, en este sentido recordemos que el debut era la tercera remake de Nace una Estrella (A Star Is Born, 1937), el clásico de William A. Wellman sobre una historia del susodicho y Robert Carson, algo que decididamente no ocurre en Maestro porque el film por un lado sobredimensiona demasiado el apego de la pareja para construir un romance tradicional hollywoodense de ensueño, en sí negando de manera implícita la farsa de fondo a raíz de la homosexualidad reprimida de él, y por el otro lado se siente en piloto automático, carente de sorpresas y repleto de instantes remanidos y tomas digitales insulsas fuera de lugar, totalmente innecesarias en una biopic más o menos clasicista como la presente. Con una fotografía poco imaginativa de Matthew Libatique que utiliza el blanco y negro para la juventud y el color para la adultez, la propuesta tampoco se decide entre el tono festivo de Bob Fosse y Federico Fellini, las ironías contraculturales de Woody Allen y Robert Altman o la visceralidad a toda pompa de John Cassavetes e Ingmar Bergman, un atolladero que nos deja con resultados mediocres y buenas intenciones que en esencia sólo nos salvan del tedio gracias al gran desempeño actoral de Cooper y Mulligan, el primero con muchísima prótesis hiperbólica encima de apariencia judía y la segunda, una inglesa, de todos modos incómoda como Montealegre, de prosapia costarricense/ chilena…

 

Maestro (Estados Unidos, 2023)

Dirección: Bradley Cooper. Guión: Bradley Cooper y Josh Singer. Elenco: Bradley Cooper, Carey Mulligan, Maya Hawke, Sam Nivola, Alexa Swinton, Matt Bomer, Vincenzo Amato, Greg Hildreth, Michael Urie, Brian Klugman. Producción: Bradley Cooper, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Kristie Macosko Krieger, Amy Durning y Fred Berner. Duración: 131 minutos.

Puntaje: 5