Escenario de los Sueños (Dream Scenario, 2023), del cineasta noruego Kristoffer Borgli, es una de esas extremadamente escasas anomalías sorprendentes de hoy en día que agarran desprevenido al espectador y hasta logran despertar algo de esperanza en el contexto del alicaído séptimo arte del Siglo XXI, donde la inventiva y/ o la capacidad de ejecución con una mínima eficacia de por medio casi nunca dicen presente por la abundante redundancia, intercambiabilidad, poca/ nula ambición, intrascendencia y paradigmática imbecilidad del público, la crítica y los artistas contemporáneos. La película nos regala un periplo que se mueve entre -y confunde a conciencia- la realidad y la ficción aunque ella misma constituye un viaje alucinante e imprevisible que arranca en el masoquismo existencial de Beau Tiene Miedo (Beau Is Afraid, 2023), del aquí productor e influencia decisiva Ari Aster, y en esa invasión en la psiquis del prójimo correspondiente a ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), dirigida por el querido Spike Jonze, no obstante el asunto pronto se vuelca hacia el terror de un acoso onírico insistente comparable al de aquel Freddy Krueger (Robert Englund) de Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984), de Wes Craven, con chispazos varios de la intranquilidad y las potenciales profecías ominosas de Donnie Darko (2001), opus fetichizado de Richard Kelly, combo que a su vez eventualmente nos reconduce a la tecnología de conexión mental de Proyecto Brainstorm (Brainstorm, 1983), joyita deforme y olvidada de Douglas Trumbull, esa tortura romántica en espiral de impronta ultra surrealista de Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), de Michel Gondry, y por supuesto aquellas disquisiciones acerca de la creatividad individual y comunitaria enrevesada de El Ladrón de Orquídeas (Adaptation, 2002), obra de Jonze asimismo protagonizada por Nicolas Cage, un intérprete inigualable que desde el vamos se abre camino como un género cinematográfico en sí mismo, gran adepto a una esquizofrenia total, anárquica y deliciosamente ampulosa.
Paul Matthews (Cage) es un biólogo evolutivo y docente universitario obsesionado con las cebras y casado con una bella arquitecta, Janet (Julianne Nicholson), con quien tuvo dos hijas hoy adolescentes, Sophie (Lily Bird) y Hannah (Jessica Clement). El protagonista enseña en una institución educativa, Osler, de la que su mejor amigo es decano, Brett (Tim Meadows), y a simple vista parece muy seguro de sí mismo en cuanto al saber acumulado e inteligencia pero la fachada esconde mucha inseguridad debido primero al ninguneo de algunos alumnos y de un otrora compañero estudiante de Paul, Richard (Dylan Baker), y su esposa, Carlota (Krista Bridges), unos ricachones petulantes que organizan unas cenas a las que jamás fue invitado, y segundo al robo de una idea de Matthews para una investigación sobre la perspicacia colectiva de las hormigas por parte de una colega maquiavélica, Sheila (Paula Boudreau), la cual nunca le dio crédito alguno. Justo luego de que en una velada teatral se encuentre con una ex novia que de repente le comunica que el biólogo ha estado apareciendo muy seguido en sus sueños, Claire (Marnie McPhail), Paul ve crecer una bola de nieve de testimonios semejantes aunque entre muchísimas personas que ni siquiera lo conocen de primera mano, convirtiéndolo en una celebridad involuntaria en Estados Unidos y algo mucho incómoda porque su pasividad en los sueños -casi nunca interviene en los sucesos oníricos- refleja su quid anodino o más bien abúlico como persona, algo que no le ahorra el ataque nocturno y con un cuchillo de un loquito del montón. Mientras Janet se acerca a un compañero de trabajo, Chris (Al Warren), Paul intenta un affaire con una chica que tuvo sueños eróticos con él, Molly (Dylan Gelula), pero todo deriva en desastre porque eyacula con los pantalones puestos y encima se tira unos pedos sentado en un sillón con la ninfa, señal del desastre por venir ya que inmediatamente después toda la fauna de palurdos que componen el amasijo humano circundante comienza a experimentar pesadillas en las que Matthews los acosa, los tortura, los viola y los asesina de maneras bastante cruentas.
Borgli no sólo retoma algunos de los pivotes fundamentales de su trabajo previo, la también hilarante y muy imaginativa Enferma de mí Misma (Syk Pike, 2022), una parodia sobre el narcisismo social, la cultura estupidizante del nuevo milenio y el hambre de celebridad instantánea, sino que además en su debut en el mercado cinematográfico anglosajón pasa con una insólita maestría desde la comedia negra fantástica, esa que hace foco en la fama no buscada y la divinidad automática de hoy en día mediante las horrendas redes sociales, a una sátira profundamente agresiva alrededor de los traumas fetichizados por una burguesía de cristal que, de hecho, salta del amor al odio en un santiamén porque todo lo ve con los anteojos del prejuicio y desde una perspectiva reduccionista binaria, donde el mundo es bueno o malo sin nada en el medio, algo que por cierto los estratos medios comparten con el resto de la sociedad globalizada del Siglo XXI. Más allá del carácter torpe y algo patético de Paul, durante gran parte del metraje lloriqueando sobre su sueño de escribir un libro y/ o dedicarse por fin a la investigación para escapar de la mediocridad inherente a la enseñanza mientras lidia con parásitos de las relaciones públicas y el marketing oportunista viral como el gracioso Trent (Michael Cera), líder de una empresa del rubro y jefazo de Molly que pasa de ofrecerle conocer a Barack Obama y un comercial onírico para Sprite a facilitar la publicación del susodicho volumen únicamente en Francia, a escala reducida y con otro título, Soy tu Pesadilla en vez de Escenario de los Sueños, la verdad es que la aversión que la comunidad siente por Matthews simboliza la idiotez y miserias de la propia sociedad en consonancia con el rechazo al intelectualismo o complejidad conceptual por parte de unas mayorías lobotomizadas por el mainstream, la virtualidad, el mercado capitalista y todos los medios de comunicación más oligofrénicos y amigos del analfabetismo funcional, en este sentido el film piensa a los tarados actuales como impulsivos, muy infantiles e incapaces de hacer frente a sus miedos porque son un manojo de compulsiones y automatismos vacuos.
Precisamente con mucho del surrealismo existencialista y corrosivo del Charlie Kaufman modelo ¿Quieres ser John Malkovich?, El Ladrón de Orquídeas y Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos y de los estudios sobre la descomposición del genial Aster, tanto la individual de Beau Tiene Miedo como la familiar de El Legado del Diablo (Hereditary, 2018) y la romántica/ de pareja de Midsommar (2019), Escenario de los Sueños por un lado hace un excelente uso de Stop Making Sense (1984), aquella legendaria concert movie de Jonathan Demme sobre Talking Heads y aquí eje de una fantasía sexual estrafalaria de Janet con el traje gigantesco de David Byrne, y por el otro lado se burla largo y tendido de la ciclotimia pueril de este público del nuevo milenio que adora entronizar lo raro, seudo novedoso o diminuto para luego destruirlo cuando la realidad no se condice con las utopías o diversas estupideces en cuestión, un detalle en pantalla representado no sólo mediante la metamorfosis de sueños en pesadillas -siempre con la presencia invasiva absurda de Paul- sino también a través del episodio con Molly, quien explícitamente pretende reconstruir en la praxis cotidiana su quimera libidinosa con el biólogo y en función de ello la realidad le pega un cachetazo que la despierta de ese risible soponcio de lo idílico en el que casi todos están enclaustrados hoy en día por motu proprio más una ayudita del oligopolio mediático del exterior. El excelente guión de Borgli, su idea de filmar sin gran despliegue las escenas fantásticas -para confundirlas con nuestra objetividad mundana- y el prodigioso desempeño de Cage, ahora en versión naturalista grotesca, constituyen los puntos altos de una película magnífica en la que la cultura de la cancelación es un delirio de los cobardes y la inventiva social termina derrotada y reconvertida en paranoia, desconfianza, desprecio, persecución y finalmente en un producto cualquiera del comercialismo basura más burdo, emporio que se propone ofrecer alicientes vanos ante la frustración posmoderna cíclica y la desconexión/ incomunicación general entre individuos que nada saben del prójimo aunque lo juzgan…
Escenario de los Sueños (Dream Scenario, Estados Unidos, 2023)
Dirección y Guión: Kristoffer Borgli. Elenco: Nicolas Cage, Julianne Nicholson, Dylan Baker, Lily Bird, Jessica Clement, Dylan Gelula, Tim Meadows, Paula Boudreau, Marnie McPhail, Michael Cera. Producción: Ari Aster, Nicolas Cage, Tyler Campellone, Jacob Jaffke y Lars Knudsen. Duración: 102 minutos.