El Color Púrpura (The Color Purple)

Hacia una eventual emancipación

Por Emiliano Fernández

Muy lejos de ser perfecta o siquiera cien por ciento coherente en materia narrativa, El Color Púrpura (The Color Purple, 1985) de todos modos es una obra interesante que por un lado abordó temáticas poco trabajadas en su tiempo, léase aquellos años 80 consagrados a nivel mainstream al entretenimiento más escapista y al comienzo del fetiche posmoderno con la fantasía hueca, y por el otro lado ocupa un lugar de peso en la trayectoria de su director y productor, Steven Spielberg, debido a cuatro factores complementarios, a saber: en primera instancia hay que recordar que el film fue el primer opus “serio” del realizador, quien venía de esa catarata de blockbusters para distintos públicos compuesta por Tiburón (Jaws, 1975), Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977), 1941 (1979), Los Cazadores del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), E.T. el Extra-Terrestre (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982), Al Filo de la Realidad (Twilight Zone: The Movie, 1983) e Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984), amén de una anomalía de índole criminal y su debut para la gran pantalla ya propiamente dicho, Loca Evasión (The Sugarland Express, 1974), en segundo lugar El Color Púrpura representa la acepción más extrema y pirotécnica de uno de los latiguillos fundamentales de la producción artística de Spielberg, hablamos por supuesto de la familia en crisis o la parentela compuesta o el clan en proceso de franca autodestrucción, en tercera instancia la propuesta constituye la cúspide del “período oscuro” o más bien algo pesimista del derrotero del señor posterior a la muerte accidental del famoso actor Vic Morrow y los extras infantiles chinos Myca Dinh Le y Renee Shin-Yi Chen durante el espantoso rodaje del segmento de John Landis de Al Filo de la Realidad, Se Acabó el Tiempo (Time Out), una etapa que asimismo incluye a Indiana Jones y el Templo de la Perdición y El Imperio del Sol (Empire of the Sun, 1987), y por último tampoco se puede obviar el hecho de que el amigo Steven en esta oportunidad salió completamente de su zona de confort, además, por su condición de varón judío multimillonario filmando una apología del feminismo negro de impronta menesterosa, un detalle a mitad de camino entre el quid mismo del blaxploitation, rubro del indie casi siempre a cargo de cineastas caucásicos, y la típica apropiación cultural hollywoodense que todos conocemos de sobra, hoy cercana a un sadismo bastante inflado.

 

El guión de Menno Meyjes, un holandés un tanto mediocre que trabajó para Franklin J. Schaffner, Fernando Trueba, Russell Mulcahy, Edward Zwick y Jean-Jacques Annaud y que ya venía de colaborar con Spielberg en Cuentos Asombrosos (Amazing Stories, 1985-1987), su serie antológica para la NBC, sociedad que se renovaría en ocasión de El Imperio del Sol e Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989), respeta en términos generales la historia de la novela homónima de 1982 de Alice Walker aunque introduciendo diversos cambios orientados a saciar la necesaria condensación de subtramas del lenguaje cinematográfico y los intereses humanistas del director, poco adepto al nihilismo más exacerbado y siempre necesitado de un “final feliz” compensatorio. Celie Harris (Desreta Jackson de púber, la cuasi debutante y por entonces monologuista cómica Whoopi Goldberg como adulta) es una negra pobre a comienzos del Siglo XX que vive en una granja de Hartwell, en el Estado de Georgia, junto con su padre (Leonard Jackson), el cual suele violarla y así tuvo dos hijos que el hombre terminó regalando, y con su hermana menor Nettie (Akosua Busia), más linda y por ello candidata para una segunda tanda de abusos incestuosos. Albert “Mister” Johnson (Danny Glover), un campesino vecino que se dedica al cultivo de girasol, le pide al padre de las chicas que le entregue a Nettie pero el susodicho le ofrece a Celie, así la jovencita se transforma en la esposa de Johnson y debe sobrellevar sus palizas, el coito sin pasión, las múltiples labores de la casa y especialmente a sus tres vástagos de un matrimonio previo, uno de los cuales, Harpo (Willard E. Pugh), con los años se casa con una tal Sofía (Oprah Winfrey) que demuestra ser una mujer muy independiente, por ello Albert, el padre de este último (Adolph Caesar) y la propia Celie le recomiendan que la golpee para amedrentarla, lo que genera que Sofía lo abandone y se lleve a sus tres hijos. Mister un día trae a su amante borracha al hogar, una cantante de jazz y blues llamada Shug Avery (Margaret Avery) que más adelante se casa con Grady (Bennet Guillory), y Celie por su parte tiene un mínimo affaire lésbico con Shug mientras Harpo encuentra otra pareja, Mary “Squeak” Agnes (Rae Dawn Chong), y a Sofía le caen ocho años de cárcel por pegarle al alcalde blanco local y esposo de la Señora Millie (Dana Ivey), una burguesa patética y loca que dice ayudar a los negros pero en realidad les tiene pánico.

 

La propuesta cuenta con un soundtrack de época apenas correcto del asimismo productor Quincy Jones, célebre por su trilogía de trabajos discográficos con Michael Jackson, léase los exitosísimos Off the Wall (1979), Thriller (1982) y Bad (1987), y como decíamos antes todavía es el producto de un realizador de corta edad y sumamente impulsivo que conoce al dedillo el Hollywood Clásico y que pretende salir de su nicho artístico de base, la fantasía y las aventuras folletinescas, para abarcar tópicos más maduros que casi siempre tienen que ver con una debacle histórica o planteos existenciales sin demasiado humor para aligerar el asunto, en este sentido El Color Púrpura puede leerse, junto con los otros convites del período oscuro de Spielberg más la complementaria aunque más liviana Siempre (Always, 1989), remake olvidada y fallida de Dos en el Cielo (A Guy Named Joe, 1943), de Victor Fleming, como una obra de transición hacia esa adultez plena que llegaría con la retahíla ultra amarga de La Lista de Schindler (Schindler’s List, 1993), Amistad (1997), Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) y A.I. Inteligencia Artificial (A.I. Artificial Intelligence, 2001), ahora relegando a Indiana Jones y la Última Cruzada, Hook (1991) y Jurassic Park (1993) al nivel de distracciones pasajeras o los últimos coletazos del Steven verdaderamente lúdico de sus inicios profesionales. El Color Púrpura, en gran medida, anticipa los desniveles y las paradojas del Spielberg futuro en ritmo, andamiaje dramático, ideología, delirios varios y acentos retóricos del relato, precisamente por ello en el generoso metraje de 154 minutos conviven momentos sublimes con otros zonzos, irrelevantes y/ o involuntariamente risibles y entre los primeros podemos nombrar el intento de violación de Nettie por parte de Albert una vez que la hermana menor se escapa de su progenitor, la secuencia posterior de la expulsión de la ninfa de la granja de Johnson por no ser tan dócil como Celie, la presentación en sí de Sofía a Mister a instancias de Harpo, el episodio del escupitajo de Celie en el vaso del padre del “dictador hogareño” de Glover, aquella batalla campal farsesca en el antro nocturno que Harpo abre con la ayuda de Mary, ese puñetazo en plena calle de Sofía dedicado al marido de la Señora Millie, el almuerzo familiar en el que Celie por primera vez critica/ denuncia/ ataca a Johnson y ese montaje paralelo con motivo del intento de asesinato de Celie contra su marido y aquella corrida de Shug para impedirlo.

 

Ahora bien, en lo que atañe a los puntos flojos es imposible obviar la paupérrima secuencia lésbica entre Shug y Celie, apenas unos besos para no sonrojar a nadie, la subtrama forzada del predicador caracúlico (John Patton Jr.), padre de Avery que condena su estilo de vida desinhibido y nómada propio de los artistas, y el hilarante desenlace en su conjunto, uno muy poco verosímil centrado en la reconciliación de Shug con su progenitor y la insólita redención de Mister, ahora ayudando a las hermanas Harris a reencontrarse porque resulta que Nettie estuvo de misionera en el África colonial con una parejita de “mulatos buenos”, el Reverendo Samuel (Carl Anderson) y su esposa Corrine (Susan Beaubian), y con los dos hijos de nuestra protagonista, Olivia (Lelo Masamba) y Adam (Peto Kinsaka), quienes al fin y al cabo no son productos del incesto ya que la criatura en la piel de Jackson no era el verdadero padre de Celie y Nettie sino otro varón oportunista y violento del montón. Más allá de las diferencias entre la película y la novela de Walker, como el rol más importante del lesbianismo en el libro, la inexistencia de la redención de Johnson y de la subtrama del padre clérigo, la desaparición del affaire entre Shug y Germaine, miembro de su banda, y del matrimonio entre Nettie y Samuel luego del repentino óbito de Corrine por fiebre, la poca profundidad de la película en materia de la liberación de Sofía, la presencia fugaz de la escarificación en el Continente Negro por sobre la mutilación genital femenina y desde ya el reemplazo del casamiento de Adam y la joven africana Tashi (Lillian Njoki Distefano) por la amistad pueril entre esta última y Olivia en el film, El Color Púrpura, título que hace referencia a la necesidad de todos de ser amados y respetados como el mismo Dios en un campo de flores púrpuras, explora con relativa sensatez temas candentes como el incesto, el acoso sexual, la miseria, la cosificación humana, el racismo, la pederastia, la explotación capitalista, la violencia doméstica, la homosexualidad y la esclavitud incluso entre una capa social denigrada como los negros, todo con maravillosas actuaciones de parte de Goldberg, Winfrey, Avery y Glover -más una poco recordada pero curiosa participación de Laurence Fishburne como Swain, otro músico de la banda de Avery- y logrando conciliar el sustrato misándrico caricaturesco del relato, el melodrama hiperbólico que lo motiva y esta crónica de vida de pretensión universal consagrada a la resiliencia y a una eventual emancipación…

 

El Color Púrpura (The Color Purple, Estados Unidos, 1985)

Dirección: Steven Spielberg. Guión: Menno Meyjes. Elenco: Whoopi Goldberg, Danny Glover, Margaret Avery, Oprah Winfrey, Willard E. Pugh, Akosua Busia, Desreta Jackson, Adolph Caesar, Rae Dawn Chong, Leonard Jackson. Producción: Steven Spielberg, Quincy Jones, Kathleen Kennedy y Frank Marshall. Duración: 154 minutos.

Puntaje: 8