Los Dueños de la Calle (Boyz n the Hood)

Cómo sobrevivir en Los Ángeles

Por Emiliano Fernández

Así como el querido punk a fines de la década del 70 salió a agitar el avispero político de su momento y a espantar a todos los fascistas, mojigatos y conservadores de mierda, en las postrimerías de los años 80 el hip hop fue elevado al nivel de zeitgeist o “conciencia de época” en el trayecto que va desde Run-DMC, LL Cool J y Beastie Boys a Public Enemy, De La Soul, A Tribe Called Quest, Fugees, Snoop Dogg, Wu-Tang Clan, Tupac Shakur, The Notorious B.I.G. y por supuesto los revolucionarios N.W.A., cuya canción homónima de su disco debut, Straight Outta Compton (1988), sintetiza esa ambición disruptiva del colectivo conformado por Ice Cube, Dr. Dre, Eazy-E, MC Ren, Arabian Prince y DJ Yella: luego de una mínima intro de Dre, “Estás a punto de presenciar la fuerza del conocimiento callejero”, Ice Cube entrega la que quizás sea la mejor y más aguda y enérgica estrofa de presentación de la historia del hip hop: “¡Directamente desde Compton!/ Un loco hijo de puta llamado Ice Cube/ De la pandilla bautizada Niggas Wit Attitudes [Negros con un Carácter de Mierda]/ Cuando me abandonaron, me dieron por muerto/ Aprieto el gatillo y los cuerpos se apilan/ Tú también, muchacho, si me jodes/ La policía tendrá que venir a buscarme/ De tu culo, de ahí voy a salir/ Para los mocosos hijos de puta que presumen/ Si los negros empiezan a murmurar, quieren retumbar/ Mézclalos y cocínalos en una olla, como gumbo [sopa folklórica de Louisiana]/ Mejor no enfadarse así con el hijo de puta/ Que tiene una pistola que apunta a tu trasero/ Así que quédate muy tranquilo./ No se sabe cuando estoy dispuesto a hacer un ‘movimiento de jotas’ [slang por robo]/ Aquí va un rap de asesinato para mantenerlos bailando/ Con un prontuario tan largo como el de Charles Manson/ El fusil AK-47 es la herramienta/ No me hagas actuar como un maldito tonto/ Puedes enfrentarte cara a cara, ya sin dudar/ Estoy sacando a los negros de la caja, todos los días/ Semanalmente, mensualmente y anualmente/ Hasta que esos idiotas hijos de puta lo vean con claridad/ Que estoy acá con las monumentales C-P-T [Compton]/ Muchacho, no puedes joderme/ Entonces, cuando esté en tu vecindario será mejor que te agaches/ Porque Ice Cube está jodidamente loco/ Mientras me voy, créeme que estoy pisando fuerte/ Pero cuando regrese, muchacho, ¡saldré directamente de Compton!” Toda una obra maestra de la provocación y de aquel inconformismo de vieja escuela que no se acobardaba ante nadie.

 

Una de las mejores películas de aquella época, precisamente de militancia de la juventud en contra del racismo y la brutalidad policial institucionalizada en la coyuntura histórica del neoliberalismo represor de Ronald Reagan y George H. W. Bush y el levantamiento de base popular de Los Ángeles de 1992 por la detención y la paliza contra Rodney King, es Los Dueños de la Calle (Boyz n the Hood, 1991), la inolvidable ópera prima de John Singleton con el excelente debut actoral de Ice Cube, por cierto en los años de sus joyas discográficas AmeriKKKa’s Most Wanted (1990) y Death Certificate (1991), y con un título que cita una canción del susodicho interpretada por Eazy-E, de hecho su single debut de 1987 y anticipo del que sería su único álbum como solista en vida, Eazy-Duz-It (1988). Singleton, director negro perteneciente a la generación de Spike Lee y Carl Franklin, tuvo un comienzo de carrera brillante vía la odisea que nos ocupa y otras similares sobre el quid afroamericano de entonces, en esencia el grupito de Sin Miedo en el Corazón (Poetic Justice, 1993), Duro Aprendizaje (Higher Learning, 1995) y El Rey de la Calle (Baby Boy, 2001) más Rosewood (1997), genial faena de época que respeta el mismo enfoque sociológico de izquierda para aplicarlo al pasado, en este caso la espantosa Masacre de Rosewood de 1923, un episodio de linchamientos masivos provocado por una mujer blanca, Fannie Taylor, que engañaba a su marido y quiso pasar una golpiza de su amante caucásico como un ataque de un hombre negro que se metió en su casa para robarla y violarla, mentira que derivó en el asesinato de los habitantes de tez oscura de la comunidad en cuestión de Florida entre una multiplicidad de banderas confederadas y máscaras del Ku Klux Klan. Mucho antes de que el director y guionista, como tantos otros colegas antes y después, renunciase a sus convicciones para transformarse en otro asalariado más al servicio de la maquinaria hollywoodense más boba e impersonal, desde la cual entregaría bodrios como + Rápido + Furioso (2 Fast 2 Furious, 2003) e Identidad Secreta (Abduction, 2011) y productos muy erráticos como sus dos cuasi experimentos en el arte de refritar el blaxploitation o cine de explotación centrado en la cultura negra de los 70, Shaft (2000) y Cuatro Hermanos (Four Brothers, 2005), Singleton a principios de los 90 leyó bien el clima general estadounidense y actuó en consecuencia para retratar las injusticias y tensiones del caso desde un naturalismo ascético e inteligente.

 

El relato arranca en 1984, cuando un purrete de apenas diez años, Jason “Tre” Styles III (Desi Arnez Hines II de niño, Cuba Gooding Jr. como adolescente), vive en Inglewood, metrópoli del condado de Los Ángeles, con su madre Reva Devereaux (Angela Bassett), una hembra algo abandónica que sitúa a su vástago bastante por detrás de un proyecto de vida individual que abarca estudios, un empleo mejor y una mudanza a un vecindario de clase media alta, precisamente por ello ante el primer episodio de desobediencia escolar le entrega el nene al padre, Jason “Furious” Styles Jr. (Laurence Fishburne), un veterano de la Guerra de Vietnam y sutil pacifista que se divorció de Reva años atrás y tiene una pequeña entidad crediticia/ financiera enfocada a la comunidad negra para que los afroamericanos puedan acceder a una vivienda digna y eviten las tasas usureras de los grandes bancos de los blancos. Ya asentado en la casita del progenitor en el centro-sur de Los Ángeles y específicamente en un distrito marginal, Crenshaw, el protagonista se reencuentra con unos amigos de la infancia a los que siguió viendo a lo largo del tiempo aunque sólo durante las visitas de fin de semana a Jason, hablamos de un jovencito entre gordo y fornido, Darrin “Doughboy” Baker (Baha Jackson cuando mocoso, Ice Cube de púber), el hermanastro atleta del anterior, Ricky Baker (Donovan McCrary y Morris Chestnut), y un conocido de todos llamado Chris (Kenneth A. Brown y Redge Green). La rutina del barrio abarca cadáveres por todas partes, peleas en secuencia, posibles asaltos nocturnos, una catarata de armas, mucha sangre por doquier y “cero confianza” en los semejantes y sobre todo en los representantes del Estado con la policía a la cabeza, además los esbirros negros de la ley suelen ser los más violentos y discriminadores contra los propios afroamericanos, como el Oficial Coffey (Jessie Lawrence Ferguson). La infancia finiquita cuando Doughboy y Chris son arrestados por robo y la madre del primero, la muy intolerante Brenda (Tyra Ferrell), termina de privilegiar a Ricky por sobre Darrin, así siete años después Tre está a punto de ingresar a la universidad y pretende tener sexo con su novia católica, la reprimida sexual Brandi (Nia Long), y Doughboy acaba de salir de la cárcel y vende cocaína mientras Chris mutó en parapléjico por una herida de bala y Ricky lucha por una beca para jugar fútbol americano, ya reconvertido en responsable de un bebé con una tal Shanice (Alysia Rogers).

 

Siguiendo los pasos de Haz lo Correcto (Do the Right Thing, 1989), el opus de Lee, aunque sin tanta ostentación formal y volcando la tragedia hacia el minimalismo de las relaciones interpersonales/ vecinales/ familiares, Los Dueños de la Calle por un lado compara toda la filosofía callejera masoquista de Doughboy con las aspiraciones burguesas de Ricky, el primero debiendo luchar contra los prejuicios de su madre y el segundo recibiendo el amor de esa misma Brenda sin tener que reclamarlo, por ello es un “nene mimado” que incluso considera el pesadillesco servicio militar en plena Guerra del Golfo (1990-1991) como alternativa a la carrera universitaria/ deportiva, y por el otro lado contrapone la paternidad estricta aunque comprensiva y amorosa de Jason a la maternidad displicente de Reva, el primero un heredero de las posiciones ideológicas contrastantes de Martin Luther King y Malcolm X, en contra y a favor de la violencia política como herramienta para la liberación de los pueblos oprimidos, y la segunda otra de las tantas hembras quejosas o pusilánimes o sermoneadoras del montón, en suma ocupando el típico lugar secundario de las mujeres en tiempos de guerra civil tácita y muertes masivas de varones. La olla a presión que calienta el director y guionista de a poco, vinculada a una pelea nocturna al paso que luego deriva en el homicidio de Ricky por parte de la pandilla de Ferris (Raymond Turner) y la venganza inmediata de Doughboy, unifica todos los tópicos candentes del momento en sintonía con el ascenso al mainstream del hip hop, la epidemia del SIDA/ VIH, aquella cultura criminal suburbana, el narcotráfico orientado al crack y la cocaína, el racismo policial, todas esas armas omnipresentes, la precariedad económica del gueto, un ocio patológico empardado a la apatía, la violencia como lenguaje en común, el sueño de la promoción social mediante el estudio o las balas, la gentrificación posmoderna, el alcoholismo enquistado, la maternidad irresponsable por prostitución y/ o drogas, el sexismo comunal caricaturesco, la pérdida de influencia de las religiones, el acoso u olvido institucional, el canibalismo entre negros y los medios masivos de comunicación como agentes de desinformación y de lobby represor. Parafraseando la canción de Ice Cube que suena en los créditos finales, el glorioso film de Singleton nos muestra cómo sobrevivir en las barriadas pobres de Los Ángeles y ofrece una verdad social, tan visceral como incómoda, pocas veces vista en el aparato de Hollywood…

 

Los Dueños de la Calle (Boyz n the Hood, Estados Unidos, 1991)

Dirección y Guión: John Singleton. Elenco: Ice Cube, Cuba Gooding Jr., Laurence Fishburne, Morris Chestnut, Angela Bassett, Nia Long, Tyra Ferrell, Alysia Rogers, Desi Arnez Hines II, Baha Jackson. Producción: Steve Nicolaides. Duración: 112 minutos.

Puntaje: 10