Lazos de Vida (One Life)

Los archivos de la memoria

Por Emiliano Fernández

El denominado Kindertransport, “transporte de niños” en alemán, fue una serie de traslados por tren y ferry entre 1938 y 1939, en la etapa previa a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), de unos diez mil mocosos alemanes, austríacos, checos y polacos desde la Europa ocupada por los nazis hacia el Reino Unido, todo en un contexto complejo protagonizado por hechos y procesos históricos cuyos efectos se pisaban mutuamente: por un lado estaba la obsesión con el militarismo y expansionismo prusiano de Adolf Hitler, quien se apropió de Austria mediante el Anschluss de 1938, de la región de los Sudetes de Checoslovaquia vía los infames Acuerdos de Múnich en ese mismo año y finalmente de Polonia a través de la gran invasión de 1939, en este último caso desencadenando la Segunda Guerra Mundial, y por el otro lado tenemos la patética o más bien cobarde política de apaciguamiento de las potencias occidentales, con Francia y el Reino Unido a la cabeza, que poco y nada hicieron para frenar a los nazis en la coyuntura señalada más la Noche de los Cristales Rotos, un pogromo de 1938 en Alemania y en Austria orientado contra los hebreos y dirigido por el aparato de choque y terror de los nacionalsocialistas, por ello la Conferencia de Evian de ese año, en los papeles consagrada a discutir el destino de las víctimas inmediatas de las políticas antisemitas, y aquellos Acuerdos de Múnich le dejaron bien en claro a Hitler que ni Estados Unidos ni sus enclenques socios europeos estaban dispuestos a brindar asilo a todos los refugiados judíos y políticos acumulados y que no levantarían ni un dedo para defender a Checoslovaquia, rápidamente ocupada en un cien por ciento y reconvertida en dos Estados títeres nazis, la República Eslovaca y el Protectorado de Bohemia y Moravia.

 

A nivel general el Reino Unido aceptó de mala gana la llegada desde Praga de muchos niños bajo la insistencia de organizaciones como el Comité Británico para los Refugiados de Checoslovaquia, a su vez un clon del Comité para los Refugiados Judíos de los Países Bajos que quedó a cargo de los civiles ingleses Trevor Chadwick y Doreen Warriner y la canadiense Beatrice Wellington, a quienes más adelante se sumó como enlace en territorio británico Nicholas Winton (1909-2015), un curioso corredor de bolsa de izquierda que junto a su madre, la inmigrante judía germana Bárbara Wertheimer Winton, se encargó de lidiar con el gobierno anglosajón y sus engorrosas exigencias para permitir el ingreso de los contingentes de pequeños exiliados sin sus padres, lo que implicaba que por cada purrete debía presentarse una visa, un certificado médico, una familia de acogida y la friolera de 50 libras para cubrir el eventual regreso a su país. La enorme mayoría de los nenes perdieron a sus progenitores bajo el yugo de la guerra y de los campos de concentración de los nazis y para colmo sufrieron discriminación en el Reino Unido, muchísimas veces tratados por los británicos como “el enemigo”, y en 1940 fueron encarcelados por Winston Churchill, quien de hecho los obligó durante la guerra a sumarse a las Fuerzas Armadas del Reino Unido. El Kindertransport cayó en un raudo olvido hasta que Winton se reunió con algunos de los 669 mocosos que ayudó a salvar en un par de episodios de 1988 del programa televisivo That’s Life! (1973-1994), una situación que lo transformó en una especie de héroe incómodo y en diferido porque para entonces era el único sobreviviente del comité y en sí un miembro que trabajó desde el confort de Gran Bretaña mientras sus colegas pasaban penurias en Praga.

 

Lazos de Vida (One Life, 2023), correcta biopic de James Hawes sobre Nicholas Winton a partir de un libro de su hija, también llamada Bárbara, Si no es Imposible: La Vida de Sir Nicholas Winton (If It’s Not Impossible: The Life of Sir Nicholas Winton, 2014), puede leerse en simultáneo como otro ejemplo de las múltiples películas que en el Siglo XXI han trabajado historias secundarias de la Segunda Guerra Mundial, suerte de hilarante extensión de un eurocentrismo ya vetusto por parte de países y cinematografías en decadencia por su eterna redundancia narcisista o autovictimizante, y como parte constituyente de la nostalgia hipócrita de un Reino Unido que pondera al “Oskar Schindler británico” y a otros héroes de antaño cuyas enseñanzas, léase ayudar a los más débiles o necesitados, hace mucho tiempo dejó de aplicar, pensemos en la xenofobia y el racismo de hoy en día de la nación hacia los refugiados/ inmigrantes por la miseria, el cambio climático y las guerras en África, Medio Oriente y Ucrania. La película sigue los sucesos de modo respetuoso y poco imaginativo: la primera mitad abarca el trajín del joven Winton (Johnny Flynn) en el Comité Británico para los Refugiados de Checoslovaquia junto con Warriner (Romola Garai), Chadwick (Alex Sharp) y su progenitora Bárbara (la querida Helena Bonham Carter), logrando sacar nueve contingentes/ trenes repletos de niños hasta que la operación de rescate se corta debido a la invasión alemana de Polonia, y la segunda parte de la crónica se vuelca mucho más a ese Nicholas anciano (Anthony Hopkins), casado con la danesa Grete Gjelstrup (Lena Olin), que de la noche a la mañana se transforma en una celebridad por su participación en That’s Life!, aquel magazine chatarra de la BBC conducido por Esther Rantzen (Samantha Spiro).

 

Hawes, un profesional televisivo cumplidor que viene trabajando desde la década del 90, construye un retrato simpático y no mucho más de los esfuerzos humanitarios del comité en Checoslovaquia y de Winton, más su amigo Martin Blake (Ziggy Heath cuando joven, nada menos que Jonathan Pryce de veterano), en pos de salvar a la mayor cantidad posible de mocosos en una carrera contrarreloj porque el grueso del relato se concentra en el período entre la entrega de los Sudetes a los nazis por parte de los galos e ingleses, sin intervención alguna de los propios checoslovacos, y la ocupación a gran escala del país por parte de las huestes germanas para quedarse con su bastión fabril de los rubros del acero, los productos químicos y el armamento. Como si se tratase de un complemento ficcional de aquel mucho más interesante trabajo documental de Mark Jonathan Harris que ganó el Oscar e incluso contaba con la intervención del propio Nicholas, En Brazos de Extraños: Historias del Kindertransport (Into the Arms of Strangers: Stories of the Kindertransport, 2000), Lazos de Vida crece sustancialmente -o mejor dicho, nos hace olvidar de la previsibilidad y de los clichés del ecosistema del docudrama para TV o algún streaming eternamente mediocre como Netflix- gracias primero a la sutil presencia de Hopkins, aquí brillando como en sus mejores años y aportando una sabiduría actoral inconmensurable, y segundo al interesante leitmotiv de la propuesta símil archivos de la memoria, hablamos del libro de recortes de Winton con información de una “muestra representativa” de los 669 niños salvados por el comité de entusiastas británicos, un grupo pequeño entre los diez mil totales del lote, a su vez un porcentaje minúsculo entre los millones que fallecieron en tamaña locura bélica…

 

Lazos de Vida (One Life, Reino Unido, 2023)

Dirección: James Hawes. Guión: Lucinda Coxon y Nick Drake. Elenco: Anthony Hopkins, Jonathan Pryce, Lena Olin, Johnny Flynn, Helena Bonham Carter, Alex Sharp, Romola Garai, Samantha Spiro, Ziggy Heath, Samuel Finzi. Producción: Iain Canning, Guy Heeley, Joanna Laurie y Emile Sherman. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 6