Monkey Man

La justicia social de Hánuman

Por Emiliano Fernández

Al actor londinense de origen hindú Dev Patel, en esencia conocido por su primer rol de envergadura, Slumdog Millionaire (2008), de Danny Boyle y Loveleen Tandan, le llevó seis largos años la realización de Monkey Man (2024), su debut como director y guionista en el formato largometraje a posteriori de entregar un par de cortos, Home Shopper (2018) y el animado Roborovski (2021), en sí una película que atravesó desde eventualidades de diverso tipo, como la casi cancelación por la pandemia del coronavirus o el fallecimiento por un ataque al corazón del gaffer/ responsable de iluminación o la decisión creativa de reemplazar toda aquella partitura original de Volker Bertelmann con un soundtrack de Jed Kurzel o la catarata de lesiones del director/ guionista/ productor/ protagonista, en sintonía con una mano rota, un hombro desgarrado, dos dedos de los pies rotos y una infección ocular, hasta el conservadurismo comercial de siempre del mainstream cinematográfico internacional de hoy en día debido a la crítica de la propuesta contra la pobreza, el sistema de castas y la corrupción generalizada -hasta las más altas cúspides institucionales- de la India, en este sentido pensemos que el film en un inicio fue comprado por Netflix y luego la compañía se acobardó ante la posibilidad del rechazo del público hindú y las autoridades del país, llegando incluso a considerar seriamente cajonear la realización hasta que Jordan Peele llegó al rescate, quien la adquirió mediante su empresa Monkeypaw Productions y consiguió estrenarla en salas tradicionales del planeta gracias a un acuerdo de distribución con Universal Pictures, amén del infaltable martirio a la hora de “negociar” una calificación comercialmente viable por parte de la inquisidora Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (Motion Picture Association of America), la cual por milésima vez ejerció su típica censura indirecta obligando a Patel a eliminar toda una secuencia crucial de violación que hubiese acercado muchísimo más al film a las epopeyas setentosas de súper acción nihilista.

 

Armado con un presupuesto escaso y muchas ganas de patear el tablero político del Tercer Mundo, uno cada día más acostumbrado a la miseria generalizada provocada por el Fondo Monetario Internacional y el neoliberalismo económico desde que en las décadas del 70 y 80 comenzase a desmantelarse el Estado de Bienestar, Patel aquí entrega una historia de venganza que es en simultáneo hiper clasicista y revulsiva, algo que tiene que ver primero con la simpleza absoluta de la premisa de base, léase la arremetida contra un caudillo de la policía -y su jefe, por añadidura- que golpea, viola y prende fuego a una mujer, y segundo con la vocación costumbrista fatalista de la propuesta y precisamente su acento testimonial, marco polémico exploitation que calza perfecto con la brutalidad de la gesta de desquite de Kid alias Bobby alias Monkey Man (Patel), el hijo de esa fémina martirizada, Neela (Adithi Kalkunte), que solía narrarle las leyendas en torno a Hánuman, Dios Mono de la mitología hinduista que simboliza el heroísmo, las artes marciales y la rauda lucha contra la opresión y que goza de una fuerza ilimitada al punto de saltar para asir el sol al confundirlo con una fruta común, por lo que fue castigado por Indra, el Rey de los Dioses, con unas mandíbulas deformes/ rotas. Luego de presenciar de niño la muerte de su madre y quemarse las manos tratando de salvarla, todo porque el energúmeno policial de turno, Rana Singh (Sikandar Kher), obedece órdenes de un gurú regional y latifundista horrendo que pretende comprar las tierras del pueblo bucólico en cuestión, Baba Shakti (Makrand Deshpande), a su vez parte de una cruzada represiva de desalojo, el adalid de la justicia social se convierte con los años en Monkey Man, luchador de boxeo clandestino con máscara de mono al servicio de Tiger (el maravilloso intérprete sudafricano Sharlto Copley), un pícaro y vividor para quien suele perder en medio de una Bombay muy marginal que convive con una oligarquía parasitaria adepta a concurrir al lujosísimo burdel de Queenie Kapoor (Ashwini Kalsekar).

 

Con la idea de infiltrarse en el lupanar de Queenie, un lugar en el que además de sexo se ofrecen drogas a la lacra capitalista, Kid le hace robar mediante terceros el monedero a la madama y luego se presenta en el prostíbulo pidiendo trabajo como un tal Bobby, un buen samaritano. Asignado en un primer momento a la cocina, el protagonista pronto consigue un ascenso al nivel de mayordomo cuando le pasa datos de apuestas a un gangster que trabaja para Kapoor y no conocía la arena boxística de Tiger, Alphonso (Pitobash Tripathy alias Pitobash), gracias al cual puede acceder al salón comedor y después a ese vip donde se topa con Rana y una de las meretrices del burdel, Sita (Sobhita Dhulipala), que también siente asco ante la clientela promedio, esa alta burguesía mafiosa y sus esbirros. Mediante un perro callejero al que le da de comer Kid logra entrar de contrabando un revólver y se propone matar al jefazo policial en el baño luego de adulterarle la cocaína con lejía en polvo, no obstante la intentona deriva en un combate furioso muy parejo, una huida por las escaleras, una persecución nocturna a bordo del tuk-tuk de Alphonso, un choque repentino, el arresto de Kid, su veloz escape del móvil policial de turno, una hilarante batalla con un proxeneta y su hacha en otro prostíbulo aunque menesteroso, una carrera por los techos de una villa miseria y la caída repentina en un río producto de un disparo de los autómatas del aparato represivo. Las aguas lo llevan hacia una comunidad hijra/ travesti que subsiste de modo precario bajo el mando del sabio Alpha (Vipin Sharma) en un templo dedicado a Ardhanari, Dios andrógino que unifica a Shiva y su consorte Shakti, así las cosas Alpha lo cura y lo insta a entrenarse con aplomo luego de atravesar una experiencia alucinógena con la que se enfrenta al trauma de la muerte de su madre y encara la embestida final contra Rana y su amo simbólico Baba, este último ya acumulando una enorme influencia política de influjo nacionalista y dispuesto a suprimir cuanto antes al colectivo hijra de la India.

 

Patel, a quien después de Slumdog Millionaire se lo pudo ver en cosillas tan variopintas como The Best Exotic Marigold Hotel (2011), de John Madden, The Road Within (2014), de Gren Wells, Chappie (2015), de Neill Blomkamp, The Man Who Knew Infinity (2015), de Matt Brown, Lion (2016), de Garth Davis, Hotel Mumbai (2018), de Anthony Maras, y The Green Knight (2021), de David Lowery, construye una montaña rusa con una excelente edición plagada de cámaras en mano, tomas subjetivas, planos holandeses y microcortes prodigiosos que exprimen con astucia y arrojo una puesta en escena de resonancias lejanas neorrealistas y filtrada mediante el esteticismo pirotécnico de la acción hollywoodense de los años 80 y el Cinéma du Look de Luc Besson, Jean-Jacques Beineix y Leos Carax, amén de la intensidad del Ilya Naishuller de Hardcore Henry (2015) y Nobody (2021) y de aquel Chad Stahelski que revitalizase la carrera de Keanu Reeves mediante la querida franquicia que comenzó con John Wick (2014) y continuó con sus cada vez más ambiciosas secuelas de 2017, 2019 y 2023. El realizador no se limita a exacerbar las dos carnicerías, el primer asalto contra Rana símil Bruce Lee y el genial desenlace de guerra total de autoinmolación a lo Sam Peckinpah, sino que profundiza desde el esoterismo cultural el viaje del antihéroe y su angustia por el calvario de Neela y tantos otros que pagan caro su valentía a la hora de enfrentarse a la persecución, aporofobia y delirios mesiánicos de la mafia hambreadora en el poder tanto de los países centrales como de las naciones del Tercer Mundo, en este caso generando una situación todavía más patética porque los caudillos y verdugos vernáculos no son más que títeres de los intereses oligopólicos internacionales. Monkey Man puede no tener ni un gramo de originalidad aunque lo compensa de la mano de una energía y una contundencia visual, anímica y espiritual que cala hondo en el corazón del espectador y no lo suelta en ningún momento porque en pantalla lo terrenal y lo cuasi onírico se unifican…

 

Monkey Man (Estados Unidos/ Canadá/ Singapur/ India, 2024)

Dirección: Dev Patel. Guión: Dev Patel, Paul Angunawela y John Collee. Elenco: Dev Patel, Sharlto Copley, Pitobash Tripathy, Vipin Sharma, Sikandar Kher, Adithi Kalkunte, Sobhita Dhulipala, Ashwini Kalsekar, Makrand Deshpande, Jatin Malik. Producción: Dev Patel, Jordan Peele, Jomon Thomas, Samarth Sahni, Win Rosenfeld, Anjay Nagpal, Erica Lee, Bavand Karim, Basil Iwanyk, Ian Cooper y Christine Haebler. Duración: 121 minutos.

Puntaje: 8