Longlegs

El limbo y el triángulo invertido

Por Emiliano Fernández

Oz Perkins, vástago de nada menos que los actores Anthony Perkins y Berinthia “Berry” Berenson, el primero fallecido en 1992 por una neumonía relacionada con el SIDA y la segunda en los atentados del 11 de septiembre de 2001 a bordo del Vuelo 11 de American Airlines que se estrelló contra el World Trade Center, es el típico director y guionista del nuevo milenio que hace todo lo posible para colarse en ese selecto grupo del terror arty o “elevado” de los geniales Robert Eggers, Ari Aster y Jordan Peele, un trío que para bien y para mal -y para el hilarante espanto de los fans más cuadrados, necios o conservadores del terror de los años 80 y 90- ha marcado a fuego a la comarca de los gritos y los sustos del Siglo XXI y como prueba indudable de ello en primera instancia pueden citarse aquellas tres trilogías renovadoras, Get Out (2017), Us (2019) y Nope (2022), de Peele, Hereditary (2018), Midsommar (2019) y Beau Is Afraid (2023), de Aster, y The Witch: A New-England Folktale (2015), The Lighthouse (2019) y The Northman (2022), de Eggers, y en segundo lugar conviene enumerar a acólitos de muy diversa envergadura que incluyen a Michael Sarnoski, Parker Finn, Nathaniel Martello-White, Zach Cregger, Christian Tafdrup, Scott Derrickson, Eskil Vogt, Nia DaCosta, John Krasinski, Rose Glass, Aneesh Chaganty y Tate Taylor, entre muchos más del mainstream y el indie de la actualidad. Los problemas de Perkins a nivel creativo y formal, inconvenientes que lo condenan a la “bolsa” citada y a no poder trepar en serio hacia el Olimpo de los susodichos, obedecen fundamentalmente a tres factores, una morosidad narrativa que tiende a lentificar muchísimo la narración, cierta vacuidad discursiva que al final del metraje deja poco y nada para regurgitar en materia de ideas y finalmente un esteticismo demasiado gratuito que en general está refritado de gente mucho más talentosa -y que se mueve en otros terrenos más heterogéneos del arte, sin las limitaciones de los géneros- como los queridos Nicolas Winding Refn y Panos Cosmatos.

 

Como la vida siempre da sorpresas y el cine mucho más, hoy el realizador norteamericano, quien dicho sea de paso empezó su carrera en el séptimo arte como actor y componiendo a un jovencito Norman Bates en Psycho II (1983), de Richard Franklin, el personaje que inmortalizó su papi en el film de 1960 de Alfred Hitchcock y sus secuelas, quiebra la racha de tres películas fallidas al hilo con la sorprendente Longlegs (2024), paradigmático opus de asesino en serie con pinceladas fantásticas que en buena medida corrige los disgustos y contrariedades del montón de The Blackcoat’s Daughter (2015), experimento en satanismo y regiones aledañas, I Am the Pretty Thing That Lives in the House (2016), un relato gótico fantasmal para Netflix, y Gretel & Hansel (2020), reformulación hiper arty del cuento de hadas recopilado por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm en Cuentos de la Infancia y del Hogar (Kinder und Hausmärchen, 1812-1815). Más allá del hecho de que Perkins en Longlegs por fin aplica su arsenal de recursos en un contexto genérico que los abraza y los aprovecha sin rechazarlos por forzados, los otros dos pivotes que sostienen a la propuesta en su conjunto son los maravillosos Maika Monroe y Nicolas Cage, la primera ofreciendo una versión meditabunda de la angustia trabajada en The Guest (2014), de Adam Wingard, It Follows (2014), de David Robert Mitchell, Tau (2018), obra de Federico D’Alessandro, Villains (2019), de Dan Berk y Robert Olsen, y esa Watcher (2022), de Chloe Okuno, y el segundo construyendo uno de los mejores villanos del nuevo milenio y continuando con una trayectoria reciente demencial que incluye joyitas como Dream Scenario (2023), de Kristoffer Borgli, The Unbearable Weight of Massive Talent (2022), de Tom Gormican, Pig (2021), de Sarnoski, Color Out of Space (2019), de Richard Stanley, Mandy (2018), de Cosmatos, y Mom and Dad (2017), de Brian Taylor, casi todas ninguneadas o pasadas por alto por el grueso de los espectadores del Siglo XXI, tanto la crítica como el público en sí.

 

Cualquiera que haya visto una faena de Perkins sabe que lo suyo no es precisamente la narración sino más bien la quietud, la contemplación o los climas de zozobra, sin embargo en Longlegs hace lo mejor que puede para intentar construir una historia tradicional de crímenes en secuencia con sus recursos de siempre más chispazos de thriller diabólico de manipulación mental y terror de sectas y muñecos espantosos: Lee Harker (Lauren Acala cuando niña, Monroe como adulta) es una linda agente del FBI con clarividencia que en la década del 90 de la centuria pasada es asignada por su superior, Carter (Blair Underwood), a un caso misterioso que aglutina una colección de asesinatos de familias bajo la misma modalidad, con el padre de la casa cargándose a la esposa e hijos y luego suicidándose de repente dejando una nota firmada por “Longlegs” con un código enrevesado, así las cosas la joven no tarda mucho en descubrir que cada parentela tenía al menos una hija de nueve años nacida el 14 del mes de turno y que todos los asesinatos ocurrieron dentro de los seis días anteriores o posteriores al cumpleaños de la mocosa, para colmo al incorporar las fechas de los homicidios a un calendario lineal forman un triángulo invertido que pondría orgulloso a Mefistófeles, no obstante el gran salto hacia adelante en la investigación se produce por azar cuando en la casa de su madre, una fanática cristiana llamada Ruth (Alicia Witt), Harker descubre una foto Polaroid de un hombre pálido y tenebroso con aires de arlequín al que recuerda de su infancia, de hecho nuestro Longlegs (ese Cage irreconocible por el maquillaje y lo histriónico exagerado), un adorador de Lucifer y experto en magia negra que en los años 70 atacó el hogar familiar y accedió a perdonarle la vida a Lee con la condición de que su progenitora lo ayudase disfrazándose de monja para poder ingresar en el domicilio de cada clan con una muñeca, en cuya cabeza siempre hay oculta una esfera plateada embrujada que recuerda a aquella mítica de Phantasm (1979), de Don Coscarelli.

 

Desde ya que la película puede interpretarse como un refrito combinado de The Silence of the Lambs (1991), de Jonathan Demme, y Seven (1995), de David Fincher, más la crisis familiar de The Shining (1980), de Stanley Kubrick, el popurrí visual y temático estándar de Perkins, ese modelo David Lynch/ Roman Polanski/ Dario Argento/ Kenneth Anger, y un desenlace muy en sintonía con los remates cortantes de William Friedkin, algo que abarca tanto el dejo explícito de Killer Joe (2011) y The Caine Mutiny Court-Martial (2023) como la sutileza apocalíptica minimalista de The French Connection (1971), Sorcerer (1977), Cruising (1980) y To Live and Die in L.A. (1985), sin embargo el film encuentra su propia voz porque va creciendo de a poco en intensidad no sólo por la conexión entre cazador y presa, detalle esperable en el mundillo de vínculos parasitarios o mutualistas del director, sino también debido a que por fin “encaja” sus latiguillos favoritos en una trama que los reclama, como decíamos antes, pensemos en el satanismo de The Blackcoat’s Daughter, el trasfondo gótico recargado de I Am the Pretty Thing That Lives in the House y la niñez en eterno peligro de Gretel & Hansel, todas a su vez sembrando la feminidad atribulada de Longlegs cual maldición relacionada con el acecho, la magia oscura y lo sobrenatural más florido o quizás perverso. Perkins una vez más apela al surrealismo, una edición un tanto extraña, unos cuantos baches narrativos/ tiempos muertos, buenas actuaciones que rozan lo autista, seres caricaturescos, un preciosismo lírico a lo videoarte, publicidad o videoclips, una solemnidad cuasi autosatírica y aquel fetichismo para con el silencio críptico y los mantras esotéricos alucinatorios, por ello mismo el limbo desconcertante de fondo volverá a espantar a los cinéfilos descerebrados del terror de antaño y cautivará al resto que tenga la fortuna de descubrir la película, una que dista mucho de ser perfecta pero sabe hipnotizar con su crueldad y con su amor hacia T. Rex, la genial banda de glam rock de Marc Bolan…

 

Longlegs (Estados Unidos/ Canadá, 2024)

Dirección y Guión: Oz Perkins. Elenco: Maika Monroe, Nicolas Cage, Blair Underwood, Alicia Witt, Michelle Choi-Lee, Dakota Daulby, Lauren Acala, Kiernan Shipka, Jason Day, Lisa Chandler. Producción: Nicolas Cage, Dave Caplan, Chris Ferguson, Dan Kagan y Brian Kavanaugh-Jones. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 8