Hasta el Fin del Mundo (The Dead Don't Hurt)

Un lenguaje en común

Por Emiliano Fernández

La carrera de Viggo Mortensen, sin duda alguna uno de los actores más nobles y sensatos del nuevo milenio, comienza con una larga primera etapa alimenticia en la que se destaca por diversas razones un puñado de trabajos luego de su debut en un papel muy secundario en Testigo en Peligro (Witness, 1985), de Peter Weir, hablamos de La Piel que Brilla (The Reflecting Skin, 1990), de Philip Ridley, Bajo la Misma Sangre (The Indian Runner, 1991), de Sean Penn, Carlito’s Way (1993), del maravilloso Brian De Palma, La Profecía (The Prophecy, 1995), de Gregory Widen, Marea Roja (Crimson Tide, 1995), de Tony Scott, La Pasión de Darkly Noon (The Passion of Darkly Noon, 1995), también de Ridley, Hasta el Límite (G.I. Jane, 1997), de Ridley Scott, Un Crimen Perfecto (A Perfect Murder, 1998), de Andrew Davis, y Psicosis (Psycho, 1998), aberración muy innecesaria de Gus Van Sant. El verdadero estrellato llegaría después de aquella trilogía basada en los textos canónicos de J.R.R. Tolkien que empieza con El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, 2001), de Peter Jackson, así las cosas se acumularon odiseas loables en línea con La Carretera (The Road, 2009), de John Hillcoat, Capitán Fantástico (Captain Fantastic, 2016), de Matt Ross, Green Book: Una Amistad sin Fronteras (Green Book, 2018), de Peter Farrelly, y Trece Vidas (Thirteen Lives, 2022), ese opus de Ron Howard alrededor del Rescate de la Cueva Tham Luang en junio y julio del año 2018, esfuerzo mundial en pos de salvar a una docena de niños atrapados en Tailandia.

 

A Viggo, como a tantos otros colegas, a veces le falla la brújula artística y termina actuando en trabajos mediocres o flojos dentro de un esquema profesional que padece buena parte de los artesanos de la actuación de vieja cepa en este Siglo XXI de pocos proyectos adultos, interesantes o mínimamente complejos, tomemos por ejemplo la contraposición cualitativa entre la gloriosa tetralogía con David Cronenberg, léase Una Historia Violenta (A History of Violence, 2005), Promesas del Este (Eastern Promises, 2007), Un Método Peligroso (A Dangerous Method, 2011) y Crímenes del Futuro (Crimes of the Future, 2022), y sus dos bodrios en el marco del cuasi western con el realizador argentino Lisandro Alonso, Jauja (2014) y Eureka (2023), típicos productos festivaleros/ contemplativos que retrasan por lo menos veinte años. Como muchos intérpretes con una posición económica más o menos consolidada, Mortensen eventualmente saltó primero a la producción, encargándose de hecho de Jauja más un par de films que también lo tuvieron como protagonista en tanto garantía de financiamiento y de distribución internacional, Todos Tenemos un Plan (2012), de Ana Piterbarg, y Lejos de los Hombres (Loin des Hommes, 2014), de David Oelhoffen, y a posteriori a la dirección y la escritura de guiones, en este caso al servicio de Cayendo (Falling, 2020), faena correcta aunque sinceramente olvidable coprotagonizada por Lance Henriksen y Laura Linney en la que además actuaba y componía la música, en esencia un trabajo un tanto autobiográfico acerca de la demencia ya que sus dos padres la padecieron.

 

Su segunda aventura como realizador, guionista, productor y compositor, Hasta el Fin del Mundo (The Dead Don’t Hurt, 2023), resulta igual de digna que la anterior pero asimismo vale aclarar que a escala presupuestaria es mucho más ambiciosa porque funciona como un western revisionista en la tradición del costado más melancólico de Sam Peckinpah, Walter Hill y Clint Eastwood, entre otros, una vez más de ribetes autobiográficos en consonancia con referencias a su pasado en Dinamarca -uno de los múltiples países en los que vivió en algún punto de su vida- y a su trabajo como vendedor de flores en Copenhague. En pantalla Vivienne Le Coudy (Vicky Krieps), una inmigrante francocanadiense en la San Francisco de la segunda mitad del Siglo XIX, efectivamente es una florista que perdió a su querido progenitor en las refriegas coloniales con los ingleses y está siendo cortejada por un rico coleccionista de arte de origen irlandés, Lewis Cartwright (Colin Morgan), a quien se saca de encima mediante el acercamiento a un carpintero danés y veterano de la Primera Guerra de Schleswig (1848-1852), Holger Olsen (el prodigioso Viggo), con quien se muda a una cabaña inhóspita en Nevada lindante a Elk Flats, un pueblo controlado por la mafia hiper corrupta del alcalde y banquero Rudolph Schiller (Danny Huston) y el latifundista Alfred Jeffries (Garret Dillahunt). Cuando Olsen se marcha a pelear en la Guerra de Secesión (1861-1865), el hijo psicópata de Alfred, Weston Jeffries (Solly McLeod), viola a Vivienne y para colmo la deja embarazada, pariendo a un mocoso bautizado Vincent (Atlas Green).

 

Mortensen juega con un tono narrativo polimorfo que no se decide del todo entre lo lírico, lo reflexivo y la denuncia bien violenta de la lacra capitalista que controla Elk Flats, lo que genera desniveles tenues en la narración y algunos baches que tampoco llegan a molestar porque el norteamericano sabe administrar con serenidad y suma inteligencia el latiguillo retórico principal, eso de situar a la lengua de la tierra adoptiva, el inglés, como un terreno cultural en común que permite la comunicación -precaria, aunque comunicación al fin- en el seno de la pareja, por ello entre el francés de ella y el danés de él, los lenguajes de cuna o cosmovisiones maternas, siempre media lo anglosajón de segunda mano y en ocasiones incluso el castellano, en este caso cortesía de la amistad de ella con un pianista mexicano, Claudio García (Rafel Plana), que suele tocar en una taberna, propiedad de un tal Alan Kendall (W. Earl Brown), en la que Le Coudy consigue trabajo como camarera. Si bien la trama es muy previsible, el metraje está bastante más estirado que lo conveniente y la catarata de flashbacks y flashforwards jamás se justifican en serio en términos dramáticos, el film en su conjunto está muy bien actuado, exuda un agraciado humanismo y en general obvia el típico empoderamiento femenino impostado/ baladí del cine de hoy en día porque ella y él están igualados en torpeza o quizás “poca prudencia” en materia de sus decisiones, así Holger la abandona a su suerte por su sed bélica y Vivienne se obsesiona con trabajar de camarera a pesar de que Weston evidentemente está interesado en violarla cuanto antes…

 

Hasta el Fin del Mundo (The Dead Don’t Hurt, Estados Unidos/ México/ Reino Unido, 2023)

Dirección y Guión: Viggo Mortensen. Elenco: Viggo Mortensen, Vicky Krieps, Solly McLeod, Garret Dillahunt, W. Earl Brown, Danny Huston, Shane Graham, Rafel Plana, Colin Morgan, Alex Breaux. Producción: Viggo Mortensen, Jeremy Thomas y Regina Solórzano. Duración: 130 minutos.

Puntaje: 6