Cónclave

La duda contra la certeza

Por Emiliano Fernández

Luego de un par de películas que no vio nadie, Gómez: Cara o Cruz (Gómez: Kopf oder Zahl, 1998) y Mujer2 Busca un Final Feliz (Frau2 Sucht HappyEnd, 2001), y un díptico de impronta melodramática arty que no resultó muy memorable que digamos, Jack (2014) y Todo mi Amor (All My Loving, 2019), el realizador alemán Edward Berger, de madre suiza y padre austríaco, se hizo conocido en el marco internacional con Sin Novedad en el Frente (Im Westen nichts Neues, 2022), una epopeya bélica mediocre para Netflix que languidecía tanto ante la mítica novela homónima autobiográfica de 1929 de Erich Maria Remarque como frente a la poco vista traslación televisiva de 1979 de Delbert Mann y aquella primera adaptación cinematográfica de 1930 de Lewis Milestone, una película que privilegiaba el humanismo y la perspectiva de los jóvenes masacrados en la Primera Guerra Mundial por sobre los tres pilares del trabajo rutinario e hiper reduccionista de Berger, hablamos de las carnicerías de la conflagración en sí, una crítica utilitarista de la guerra de trincheras -punto muerto de por medio para los bandos en disputa- y especialmente el retrato del devenir de los altos mandos de la política y la propia milicia, lo que a la postre provocaba que la praxis artística traicione desde el medio pelo típico del streaming -y sobre todo de Netflix- aquella mundanidad popular que constituyó el corazón y el horizonte de las odiseas de Milestone, Remarque y Mann, centradas de hecho en la denuncia del chauvinismo proto fascista de los psicópatas prusianos que justificaban la contienda desde la banalidad discursiva de la gloria y el honor mientras reclutaban a los muchachitos más crédulos como triste carne de cañón.

 

Cónclave (2024), nueva propuesta del germano con un guión de Peter Straughan a partir de la novela original de 2016 del británico Robert Harris, adopta la forma de esas películas Clase B un tanto ridículas aunque muy bien llevadas de la segunda mitad del Siglo XX, algo así como una exaltación de una trama absurda o muy poco probable que aprovecha de maravillas el contexto igualmente kitsch o quizás camp implícito en el que se mueve, nada menos que el Vaticano y los entretelones institucionales del papado y de la selección en términos burocráticos del obispo de Roma, temática vasta que a su vez tuvo un generoso recorrido que va desde las primigenias La Agonía y el Éxtasis (The Agony and the Ecstasy, 1965), de Carol Reed, y Las Sandalias del Pescador (The Shoes of the Fisherman, 1968), de Michael Anderson, pasa por comedias como Gracia Salvadora (Saving Grace, 1986), de Robert M. Young, El Papa Debe Morir (The Pope Must Die, 1991), de Peter Richardson, y Habemus Papam (2011), de Nanni Moretti, y aquel Holocausto de Escarlata y Negro (The Scarlet and the Black, 1983), telefilm de Jerry London, y Amén (2002), del querido Costa-Gavras, y llega hasta faenas recientes en sintonía con El Papa Francisco: Un Hombre de Palabra (Pope Francis: A Man of His Word, 2018), de Wim Wenders, y Los Dos Papas (The Two Popes, 2019), de Fernando Meirelles, obras alrededor del argentino Jorge Mario Bergoglio alias Francisco, el papa en funciones. La paradójica realización que nos ocupa combina el engolosinamiento con los rituales medievales de la Iglesia Católica y el ataque a su mezquindad institucional e impronta reaccionaria, por cierto una de sus diversas facetas.

 

Retomando aquella pirotecnia de las conspiranoias de El Padrino Parte III (The Godfather Part III, 1990), opus de Francis Ford Coppola, y Ángeles & Demonios (Angels & Demons, 2009), de Ron Howard, y la efervescencia o entusiasmo de las adaptaciones previas más interesantes de esta misma ficción histórica/ política de Harris, léase El Escritor Oculto (The Ghost Writer, 2010) y El Oficial y el Espía (J’Accuse, 2019), sendas joyas de Roman Polanski, la historia de Cónclave se centra, precisamente, en una reunión a puertas cerradas de todos los cardenales de la Iglesia Católica organizada por el Sacro Colegio Cardenalicio para elegir a un nuevo papa después de que el anterior falleciese de un infarto en su lecho (Bruno Novelli), gran tarea que queda en manos de Thomas Lawrence (Ralph Fiennes), un británico que encabeza el sector de izquierda del clero junto con el norteamericano Aldo Bellini (Stanley Tucci), a su vez diferenciándose de la centroderecha de Joshua Adeyemi (Lucian Msamati), de Nigeria, y la derecha a toda pompa del conservador Joseph Tremblay (John Lithgow), de Canadá, y el tradicionalista Goffredo Tedesco (Sergio Castellitto), de la misma Italia. Con la sospecha de fondo de que Tremblay y Adeyemi llevaron al papa a la muerte saturándolo de trabajo, Lawrence ve cómo la oposición de a poco se hace más y más fuerte por el desgaste del otrora papa, también volcado a la izquierda, así el nigeriano crece en votos hasta que se revela un secretito a través de una discusión fugaz del susodicho con la Hermana Shanumi (Balkissa Souley Maiga), una de las distintas monjas/ sirvientas que asisten a estos cardenales y están al mando de la Hermana Agnes (Isabella Rossellini).

 

Con apenas dos giros narrativos que arruinan las chances de Adeyemi y Tremblay de ser elegidos, el primero por haber tenido y ocultado un vástago y el segundo por sobornos y la jugada de traer a la madre del crío en cuestión para embarrarle las cosas a su adversario, la película nos regala muy buenas actuaciones de parte de los veteranos, sobre todo Fiennes, Castellitto y Lithgow, y adopta el esquema narrativo del thriller detectivesco/ político/ de espionaje y suspenso para enfrentar al investigador de turno y su amigo, esos Lawrence y Bellini, contra el fascistoide Tedesco, sinónimos de una duda -fe, tolerancia y heterodoxia doctrinaria- que lucha contra la certeza del fundamentalismo ideológico previo al Concilio Vaticano II (1962-1965). Si las tradiciones, la liturgia y los rituales ofician de telón de fondo de esta batalla por el poder de índole elitista en el Vaticano, Cónclave en general se entretiene con la histeria, la “rosca” política, los puñales en la espalda, las extorsiones, las mentiras del narcisismo, la corrupción e indiscreciones de los prelados, su manipulación poco sutil, la perfidia más cínica, los enigmas, la desconfianza mutua y la ambición. Tan prolijo y bien ejecutado como tonto y automitologizante para con la curia símil industria tragicómica del espectáculo, el film de Berger y Straughan, aquel de las excelentes El Topo (Tinker Tailor Soldier Spy, 2011), de Tomas Alfredson, y Frank (2014), convite de Lenny Abrahamson, llega al extremo del delirio en su desenlace, con un atentado explosivo que sale de la nada como Vincent Benítez (Carlos Diehz), antes cardenal de Kabul, Afganistán, y luego un papa mexicano, misionero y hermafrodita símil hipérbole grotescamente trash…

 

Cónclave (Estados Unidos/ Reino Unido, 2024)

Dirección: Edward Berger. Guión: Peter Straughan. Elenco: Ralph Fiennes, John Lithgow, Stanley Tucci, Sergio Castellitto, Isabella Rossellini, Lucian Msamati, Carlos Diehz, Bruno Novelli, Vincenzo Failla, Balkissa Souley Maiga. Producción: Robert Harris, Juliette Howell, Michael Jackman, Tessa Ross y Alice Dawson. Duración: 120 minutos.

Puntaje: 6