No te Muevas (Don't Move)

Se te escapa la tortuga

Por Emiliano Fernández

Hasta no hace mucho tiempo el grueso del cine de género hollywoodense era muy parecido a No te Muevas (Don’t Move, 2024), realizaciones tan limitadas a escala discursiva como disfrutables en su pretensión de entretenimiento hiper hueco que giraban alrededor de una premisa muy concreta que podía ser aprovechada con inteligencia, desperdiciada en mayor o menor media -este es el caso que nos ocupa, aunque sin llegar al nivel del desastre- o directamente burlada mediante una decisión artística/ comercial que a su vez solía moverse entre lo intencional y lo involuntario vía torpeza. En este sentido el grueso de los productos de aspiraciones masivas de la actualidad o se toma demasiado en serio a sí mismo, lo que arruina las ideas casi siempre ridículas que flotan detrás, o pretende ser gracioso desde una estupidez exasperante que jamás ofrece novedad o crítica social valiosa alguna por fuera de la caricatura, suerte de espejo de lo que ocurre con buena parte del público y la crítica de cine, cuyo coeficiente intelectual roza el subsuelo. La obra en cuestión resulta anodina pero por lo menos no se anda con vueltas en cuanto a su fórmula narrativa, léase “bella señorita paralizada y en un eterno escape de un asesino en serie en medio de un contexto bucólico”.

 

Entre el dúo de realizadores, Brian Netto y Adam Schindler, y la dupla de guionistas, David White y T.J. Cimfel, apenas si lograron entregar con anterioridad una sola película potable, Intrusos (Intruders aka Shut In, 2015), thriller ameno de invasión de hogar con sorpresa incluida símil La Gente detrás de las Paredes (The People Under the Stairs, 1991), de Wes Craven, ya que el resto de sus trabajos en conjunto o en solitario deja bastante que desear, en esencia el díptico de infancia sobrenatural de Parto (Delivery, 2013) y Hay Algo Malo con los Niños (There’s Something Wrong with the Children, 2023). No te Muevas hace de la sencillez su bandera y se centra en un juego del gato y el ratón entre Iris (Kelsey Asbille), una madre de luto y con tendencias suicidas a raíz del fallecimiento accidental de su hijo pequeño en un peñasco, y Richard/ Andrew (Finn Wittrock), un homicida serial y amoroso padre de familia del que realmente no conocemos su nombre y que gusta de raptar mujeres en un parque estatal para pasar con ellas un fin de semana en una cabaña antes de arrojarlas a un lago. El loquito, como plan de contingencia, le inyecta a la fémina un agente relajante/ anestésico/ paralizante que la deja consciente aunque sin poder moverse o siquiera hablar.

 

Jugando con las sucesivas estrategias de evasión y supervivencia de Iris y el derrotero del psicópata más inepto, bobo o lerdo del cine reciente de suspenso, este Richard/ Andrew al que se le escapa constantemente su tortuga hembra de juguete y que adora lloriquear para despertar lástima cuando está a punto de ser descubierto, la película combina por un lado un intento de imitar la efervescencia de Brian De Palma, M. Night Shyamalan o Dario Argento y por el otro lado una inversión internalizada -el féretro es el mismo cuerpo- del motivo de la sepultura en vida, ese que en su versión moderna nace con La Caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960), El Entierro Prematuro (The Premature Burial, 1962) y Cuentos de Terror (Tales of Terror, 1962), las tres de Roger Corman a partir de relatos de Edgar Allan Poe, pasa por El Secuestro de Candy (The Candy Snatchers, 1973), de Guerdon Trueblood, La Desaparición (Spoorloos, 1988), de George Sluizer, y La Serpiente y el Arcoíris (The Serpent and the Rainbow, 1988), del gran Craven, y llega a las recientes Kill Bill: Volumen 2 (Kill Bill: Volume 2, 2004), de Quentin Tarantino, Enterrado (Buried, 2010), de Rodrigo Cortés, y Oxígeno (Oxygène, 2021), de Alexandre Aja, entre otras epopeyas semejantes.

 

Netto y Schindler no extienden las escenas más de lo debido, toda una calamidad insistente del séptimo arte del nuevo milenio, y exprimen con relativa pericia los rubros técnicos, en especial la fotografía de Zach Kuperstein, la edición de Josh Ethier y la música de Mark Korven y Michelle Osis, sin embargo no nos ahorran el sentimentalismo banal mainstream, ese background del vástago muerto, y se despachan con un CGI francamente horrible para hormigas, fuego y detalles gore, precisamente arruinando tres de las secuencias cruciales del film, aquella primera fuga a toda velocidad de Iris, su encuentro con un veterano que la descubre ya inmóvil y termina acuchillado, Bill (Moray Treadwell), y el interrogatorio al costado de la ruta por parte de un oficial de policía negro, Dontrell (Daniel Francis), en este caso reventado a golpes mediante una soga/ gancho de remolque. Wittrock, célebre por sus múltiples colaboraciones televisivas con Ryan Murphy, y Asbille, anteriormente acreditada como Kelsey Chow y conocida sobre todo por sus participaciones en las series Yellowstone (2018-2024) y Fargo (2014-2024), no pasan vergüenza en sus roles pero tampoco salvan a la propuesta en su conjunto de la mediocridad propia de su canal de distribución, el servicio de streaming casi siempre fecalofílico Netflix, así las cosas No te Muevas se mueve a media máquina y sin ideas novedosas ni la astucia necesaria para aprovechar las contradicciones de fondo, como el hecho de que él la quiere asesinar pero la salva del suicidio y las llamas mientras el psicópata se cree Dios y ella considera que no hay entidades mágicas/ creadoras en las alturas ni un destino al cual asirse, apenas hombres y mujeres de carne y hueso que deberían dejar de evadir sus problemas cotidianos para resolverlos o morir en el intento…

 

No te Muevas (Don’t Move, Estados Unidos, 2024)

Dirección: Brian Netto y Adam Schindler. Guión: David White y T.J. Cimfel. Elenco: Kelsey Asbille, Finn Wittrock, Moray Treadwell, Daniel Francis, Denis Kostadinov, Kate Nichols, Skye Dimova-Saw, Dylan Beam. Producción: Sam Raimi, Zainab Azizi, Christian Mercuri, Sarah Sarandos y Alex Lebovici. Duración: 92 minutos.

Puntaje: 4