El Martillo de las Brujas (Kladivo na Čarodějnice)

Carne, entrañas y sangre

Por Emiliano Fernández

La nueva derecha aceleracionista del Siglo XXI, también llamada derecha alternativa, rankea en punta como la más idiota, ignorante, mitómana y ridícula dentro del gremio de por sí devaluado de los neonazis posmodernos, esos que prácticamente ya no tienen nada con qué “comprar” al pueblo -los recursos del capitalismo salvaje de hoy en día no son los de ese Estado de Bienestar que sus predecesores desarmaron- y por ello toda su propuesta conservadora se basa en una retórica demodé en la que las patrañas y la desinformación se mezclan con los desvaríos y el redireccionamiento grosero de la opinión pública. Desde oligarcas del empresariado nefasto símil Donald Trump, pasando por militares cavernícolas como Jair Bolsonaro, hasta llegar a incels y neopuritanos payasescos de una mediocridad intelectual pasmosa como el ex panelista de TV Javier Milei, sin olvidarnos de esa lacra reaccionaria europea que incluye la faceta rosa de la italiana Giorgia Meloni y la francesa Marine Le Pen y partidos neofascistas como Alternativa para Alemania y el español Vox, las distintas gamas de la extrema derecha contemporánea esconden un principio rector compartido relativamente simple, eso de funcionar como una mafia cleptocrática de corte neoliberal que se sirve del discurso oscurantista para primero llegar al poder -tanto los lúmpenes como los burgueses del nuevo milenio son en su mayoría tarados apolíticos e iletrados que quedan embelesados ante cualquier agite discursivo hueco- y luego empezar a saquear los recursos del Estado y a hacer negocios vía testaferros en los rubros financiero y extraccionista ambiental, amén de seguir garantizando la permanencia de todo el complejo industrial internacional en China y/ o el sudeste asiático, enclaves con mano de obra semi esclava, y la impunidad de los magnates de la tecnología y la comunicación chatarra del ecosistema virtual, subnormales con dinero que no pagan impuesto alguno ni mucho menos remuneración por el contenido generado a diario por todos sus usuarios. Vendiéndose como representantes de unas mayorías hastiadas del discurso orientado a minorías de una fauna woke/ agendista/ progre en franco repliegue, en realidad estos neonazis risibles son agentes del capitalismo más concentrado, hambreador y represivo de siempre y precisamente por ello sólo hablan por los millonarios del parasitismo económico volcado a la especulación.

 

Un buen retrato de cómo funciona la cleptocracia en regímenes profundamente injustos, antes el feudalismo y hoy unas democracias autoparódicas controladas por todo el aparato massmediático y las campañas mitómanas digitales, es El Martillo de las Brujas (Kladivo na Čarodějnice, 1970), recordada película del director checo Otakar Vávra que sirviéndose de un episodio verídico que abarca al clero oficial y a los tribunales seculares/ privados durante la Contrarreforma o Reforma Católica Antiprotestante, hablamos de la caza de brujas entre 1678 y 1696 en Šumperk y Velké Losiny, en la actual República Checa y por entonces una región de índole luterana en manos de Austria, le pega por elevación tanto a las persecuciones políticas de la Guerra Fría, léase el macartismo caníbal estadounidense y las purgas del estalinismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como a sucesos de Checoslovaquia en concreto como el Juicio Slánský o Proceso de Praga de 1952, una pantomima judicial que reproducía a nivel microscópico la Gran Purga en la URSS entre 1936 y 1938, o esas represión y censura posteriores a la Invasión de Checoslovaquia por parte de los países del Pacto de Varsovia como respuesta a la democratización propuesta por Alexander Dubček, secretario general del Partido Comunista vernáculo, durante aquella Primavera de Praga de 1968, en esencia una movida militar a gran escala de los soviéticos cuya ortodoxia era idéntica a la de la CIA y Estados Unidos en general, siempre encantados de financiar genocidios y las más crueles dictaduras y Golpes de Estado a lo largo del globo con tal de que representen los intereses del capitalismo y persigan los del comunismo. Al hablar de El Martillo de las Brujas muchas veces se pasa por alto lo paradójico del asunto porque Vávra, una de las figuras centrales en el desarrollo de la cinematografía checa, era un socio entusiasta de la República Socialista de Checoslovaquia (1948-1990) y para colmo se había congraciado con todas las administraciones gubernamentales a lo largo del Siglo XX, basta con pensar que el señor había nacido en 1911, cuando el país todavía estaba en manos del Imperio Austrohúngaro, y encaró su trayectoria pasando por la democracia de entreguerras, la atroz ocupación nazi y el dominio de los comunistas, con la Revolución de Terciopelo de 1989 poniéndole un punto final a su derrotero y al del socialismo en general.

 

Basada en la novela histórica homónima de 1963 de Václav Kaplický, a su vez inspirada en la cacería de brujas en el norte de Moravia y en el infame Malleus Maleficarum (1486), un grimorio con aires de tratado sádico sobre la caza de brujas supuestamente responsabilidad de los frailes dominicos Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, la realización fue escrita por Vávra y una de las figuras excluyentes de la Nueva Ola Checoslovaca de los años 60, Ester Krumbachová, una vestuarista que estuvo casada con el célebre Jan Němec y que hoy es recordada por sus guiones para clásicos de la talla de Y el Quinto Jinete es el Miedo (A Pátý Jezdec je Strach, 1965), opus de Zbynek Brynych, La Fiesta y sus Invitados (O Slavnosti a Hostech, 1966), de Němec, Valerie y su Semana de las Maravillas (Valerie a Týden Divu, 1970), de Jaromil Jireš, y las dos películas cruciales de Věra Chytilová, Las Margaritas (Sedmikrásky, 1966) y Los Frutos Prohibidos del Paraíso (Ovoce Stromu Rajských Jíme, 1970). Enmarcada en soliloquios de un monje lunático (Václav Lohniský), el naturalismo siempre sobrio de Vávra y una evidente influencia de Las Brujas de Salem (The Crucible, 1953), estupenda obra de teatro de Arthur Miller, la trama comienza con una mendiga y anciana, Maryna Schuchová (Lola Skrbková), robando una hostia durante una comunión con la idea de entregársela a otra mujer, la partera Dorota Groerová (Jiřina Štěpničková), ya que su vaca ha dejado de dar leche, por ello esta última pretendía alimentar al animal con el pan ácimo, bajo consejo de la curandera Davidka (Marie Nademlejnská), y así le pagó a la veterana con arvejas y harina de cebada. Un cura derechoso y fanático de nuestra comarca, el Padre Schmidt (Eduard Cupák), convence a la terrateniente aristocrática en cuestión, la Condesa de Galle (Blanka Waleská), para que inicie un proceso por herejía y convoque a un inquisidor, Jindřich František Boblig de Edelstadt (Vladimír Šmeral), un borracho sin estudios de impronta hiper maquiavélica que “venera” al Malleus Maleficarum y junto con su asistente, Ignác (Josef Kemr), y un torturador/ verdugo experto, Jakl (Frantisek Holar), encara una serie de farsas judiciales -desde una connivencia popular tácita- para condenar por brujería a menesterosos y ricachones por igual y confiscarles sus propiedades, todo a través de juguetes dantescos de tortura como el aplastapulgares, la bota malaya y el potro.

 

El film es sin duda una de las acepciones primigenias del horror folklórico de inquisición junto con Cuando Arden las Brujas (Witchfinder General, 1968), de Michael Reeves, y La Marca del Diablo (Hexen bis aufs Blut Gequält, 1970), de Michael Armstrong, y forma parte de una tradición que en términos generales se remonta a El Reno Blanco (Valkoinen Peura, 1952), de Erik Blomberg, Lago de los Muertos (De Dødes Tjern, 1958), de Kåre Bergstrøm, y El Demonio (Il Demonio, 1963), de Brunello Rondi, y llega a clásicos mucho más conocidos como Viy, Espíritu del Mal (Viy, 1967), de Konstantin Ershov y Georgiy Kropachyov, La Sangre en la Garra de Satán (The Blood on Satan’s Claw, 1971), de Piers Haggard, Mariposa (Leptirica, 1973), de Djordje Kadijevic, y El Hombre de Mimbre (The Wicker Man, 1973), de Robin Hardy, además de la importancia en el gremio de turno de El Pozo y el Péndulo (Pit and the Pendulum, 1961) y La Máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death, 1964), ambas de Roger Corman adaptando a Edgar Allan Poe. El convite de Vávra, un realizador prolífico y muy desparejo especializado en faenas bélicas y muchos melodramas como Romance para Fliscorno (Romance pro Kridlovku, 1967), su otro clásico del período, asimismo anticipa el motivo principal de la obra maestra del rubro, Los Demonios (The Devils, 1971), joya de Ken Russell acerca de la martirización de ese Padre Urbain Grandier (Oliver Reed) que definitivamente le debe mucho a su homólogo de El Martillo de las Brujas, el Padre Kryštof Alois Lautner (Elo Romančík), también un cura de izquierda que se enfrenta primero a Schmidt, el cual pronto se arrepiente de la masacre desatada, y luego al propio Boblig, quien se regodea en su triste impunidad y manda a la hoguera a todo el círculo cercano de su competencia católica/ política incluyendo su linda sirvienta, Zuzana Voglicková (Soňa Valentová), amante de Lautner por una noche. Con un prodigioso trabajo del elenco en su conjunto y una exquisita fotografía en blanco y negro de Josef Illík, Vávra y Krumbachová exploran con enorme inteligencia el ambiente reinante de paranoia, supersticiones, represión sexual, privilegios y cinismo y denuncian el accionar de los psicópatas y los plutócratas de la misma oligarquía mafiosa a la que nos referíamos con anterioridad, un popurrí de oscurantistas payasescos que en plena Edad Moderna retrotraen las instituciones hacia tiempos remotos, precisamente a esa Edad Media que en el Siglo XXI sigue siendo “festejada” por la nueva derecha y los energúmenos e ignorantes que la votan o ven aquelarres/ chivos expiatorios por todos lados. Esta cleptocracia de la mentira y las confesiones inventadas, propia de dementes obsesionados con eternizarse y acumular poder y riquezas sin el más mínimo prurito moral, sólo se siente realizada cuando destruye o fagocita aquello que desea, aquí las mujeres y las propiedades de sus semejantes, por ello la película subraya el fundamentalismo religioso y su apego para con la tortura, núcleo del fariseísmo puritano y su corrupción y perfidia, y regresa sin cesar a la complicidad bastante pedestre entre Boblig e Ignác, ejemplos del peligro del poder absoluto y de cómo tiende a cosificarlo todo cual medio para un fin, de hecho reduciendo a los seres humanos y todo lo viviente a “carne, entrañas y sangre” según palabras del personaje del maravilloso Šmeral, mandamás que para colmo suprime la autoridad de la Condesa de Galle, su empleadora…

 

El Martillo de las Brujas (Kladivo na Čarodějnice, Checoslovaquia, 1970)

Dirección: Otakar Vávra. Guión: Otakar Vávra y Ester Krumbachová. Elenco: Vladimír Šmeral, Elo Romančík, Soňa Valentová, Blanka Waleská, Josef Kemr, Lola Skrbková, Václav Lohniský, Jiřina Štěpničková, Frantisek Holar, Eduard Cupák. Producción: Jaroslav Solnicka y Ludmila Tikovská. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 10