Look Up, de Ringo Starr

La discreción del veterano

Por Emiliano Fernández

Resulta muy gracioso considerar que el grueso de los fans más acérrimos de The Beatles jamás escuchó ni una mísera canción solista de Richard Starkey alias Ringo Starr, otrora baterista de la legendaria banda de Liverpool con una carrera larguísima en el rubro cuyo estereotipo melómano entre los conocedores equivale a decir que lo único bueno que hizo sin los guitarristas John Lennon y George Harrison y sin el bajista Paul McCartney pasa por los singles It Don’t Come Easy (1971) y Back Off Boogaloo (1972), ambos cocompuestos y producidos por Harrison y mega clásicos del pop y el glam respectivamente, y por el LP Ringo (1973), efectivamente su obra maestra indiscutible en solitario -con producción de Richard Perry- y un disco en el que participaron los otros tres ex Beatles que llegó después de dos trabajos muy memores, Sentimental Journey (1970) y Beaucoups of Blues (1970), el primero una colección de clásicos del jazz y el pop prerockero y el segundo un ejercicio en el country, de hecho las dos comarcas que caracterizaron sus aportes compositivos para el cuarteto más famoso de Gran Bretaña, Octopus’s Garden y Don’t Pass Me By, temazos pertenecientes a Abbey Road (1969) y el doble The Beatles (1968), también conocido como Álbum Blanco. Para entender la trayectoria de Starr, un técnico brillante aunque intuitivo de su instrumento, hay que aceptar desde el vamos que la fórmula patentada en Ringo sería la que reproduciría incansablemente a lo largo de las décadas y décadas por venir, hablamos de muchos amigotes/ invitados, canciones optimistas o ingenuas compuestas con algún colaborador de ocasión, diversos covers o temas que se parecen mucho a otros tantos, un tono entre festivo, clasicista y kitsch y por supuesto la ausencia en general de un mensaje poderoso, ambición discursiva o cualquier virtuosismo en materia de las letras, las vocalizaciones, la producción y los arreglos porque el señor jamás fue un gran cantante, siempre le costó horrores terminar los temas y nunca se tomó demasiado en serio a sí mismo en términos artísticos, optando en cambio por hacer música simplemente por el placer autocontenido del asunto, sin la militancia política de Lennon, el preciosismo bastante baladí de McCartney o la autoindulgencia de índole mística de Harrison, socios y amigos que por cierto siempre lo tuvieron en alta estima y lo ayudaron en todo lo humanamente posible para que pueda despegar como solista.

 

Como ocurriría bajo circunstancias distintas con George, quien a partir de la segunda mitad de los años 70 progresivamente perdería interés en la música en favor del automovilismo y la producción de películas, y con John, quien optaría por retirarse del negocio durante cinco años empezando en 1975 para criar a su segundo hijo recién nacido, Sean Lennon, Ringo también se alejaría de la música -aquella de calidad, por lo menos- después de las dos odiseas nostálgicas señaladas, Sentimental Journey y Beaucoups of Blues, y el díptico rockero inaugural, Ringo y su digna y nada disimulada secuela Goodnight Vienna (1974), asimismo con producción de Perry y un seleccionado de allegados como Lennon, Klaus Voormann, Elton John y Billy Preston, este último un colaborador crucial en la fase final del periplo de The Beatles, en este sentido vale recordar la tetralogía de trabajos mediocres posteriores, Ringo’s Rotogravure (1976), Ringo the 4th (1977), Bad Boy (1978) y Stop and Smell the Roses (1981), con Ringo the 4th siendo particularmente doloroso por su intento efímero de transformarse en un insólito cantante de funk, soul y en especial música disco. Las razones de una decadencia tan prematura son numerosas y van mucho más allá del sustrato anodino del británico o su gustito por los shows sobre el estudio, pensemos para el caso en la depresión a raíz de sus problemas comerciales ya que todos los discos luego de Goodnight Vienna fueron un fracaso, el talento que demostró en su faceta actoral y que lo llevó a privilegiar por etapas su carrera en el séptimo arte, sus problemas de salud incluyendo peritonitis y la necesidad de extraerle parte del intestino, un incendio en 1979 que destruyó su casona en Hollywood, ese alcoholismo que lo acompañó durante buena parte de su vida desde la Beatlemanía, la angustia por el asesinato de Lennon y un accidente automovilístico de 1980 y por supuesto las múltiples dificultades para editar Old Wave (1983) y proseguir con su trayectoria durante la década del 80, cuando literalmente nadie quería publicar su material discográfico. El “operativo retorno”, un ciclo de nunca acabar que comienza y finaliza de repente en cualquier momento, marcaría desde entonces su derrotero profesional y los puntapiés iniciales serían Ringo Starr and His All-Starr Band (1990), típico disco en vivo que celebra una flamante desintoxicación/ sobriedad vía una banda solista siempre mutable, y Time Takes Time (1992), trabajo simpático y neoclasicista de estudio que nuevamente derivó en un fracaso económico imposible de disimular por parte del mítico vocalista de Yellow Submarine y With a Little Help from My Friends, joyas de Revolver (1966) y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967).

 

Envalentonado por su festejada participación en Flaming Pie (1997), álbum de Paul en el que se encargó de todas las baterías y toda la percusión, y sobre todo por el renovado interés internacional alrededor de The Beatles gracias a un enorme proyecto retrospectivo que demandó tres años y generó un libro, una serie documental y tres discos dobles de rarezas, Anthology 1 (1995), Anthology 2 (1996) y Anthology 3 (1996), más dos canciones “nuevas” construidas a partir de demos entregados por la viuda de Lennon, Yoko Ono, léase Free as a Bird (1995) y Real Love (1996), Starr una vez más salió del soponcio discográfico -o exilio forzado- con una nueva placa bajo el brazo y la esperanza de que derive en un éxito semejante al de McCartney, Vertical Man (1998), sin embargo el apenas correcto opus pasó sin pena ni gloria y el mismo Ringo hilarantemente se autosaboteó con su siguiente aventura, I Wanna Be Santa Claus (1999), un disco de covers de canciones navideñas que volvió a confinarlo en el terreno de la autoparodia y/ o los artistas que son chistes en sí mismos, sea ésta una condición voluntaria o no. Recién en el Siglo XXI el señor lograría exorcizar sus pretensiones utópicas -o más bien ridículas- de masividad modelo Beatles y alcanzaría cierta estabilidad como compositor, cantante y showman de una levedad cultural que por ser un tanto frívola no deja de resultar agradable, así las cosas nos topamos con una retahíla de trabajos olvidables pero relativamente amenos que incluye a Ringo Rama (2003), Choose Love (2005), Liverpool 8 (2008), Y Not (2010), Ringo 2012 (2012), Postcards from Paradise (2015), Give More Love (2017) y What’s My Name (2019), todas obras con muchos temas intercambiables y un puñado de canciones muy buenas en serio que dejaban entrever su madurez. Look Up (2025), producido por Bruce Sugar, Daniel Tashian y el inefable Joseph Henry Burnett alias T-Bone Burnett, todo un experto en el roots rock y la americana que se ha encargado de soundtracks varios para films de los hermanos Joel y Ethan Coen, constituye otro regreso, ahora vinculado a su promesa no cumplida de no editar más LPs y concentrarse sólo en EPs, y funciona quizás como la autoreinvención más interesante y atractiva de parte de Ringo, aquí por un lado retrotrayéndonos a su amor de siempre por el country, ese que recuerda a Beaucoups of Blues y sus vocalizaciones para The Beatles aunque también a su devoción infantil por el skiffle, una amalgama de folk, blues, jazz y bluegrass que fue furor en el Reino Unido durante los 50, y por el otro lado ofreciendo una colección de canciones congruentes entre sí y muy dignas que han sido arropadas con arreglos rockeros/ blueseros por Burnett, también el compositor excluyente y un colaborador que viene a reemplazar a socios de otras épocas de Starr como Perry, Arif Mardin, Vini Poncia, Joe Walsh y especialmente Mark Hudson, cómplice desde Vertical Man hasta Liverpool 8.

 

Look Up, como decíamos antes el primer long play del baterista desde What’s My Name y en esencia el sucesor de una seguidilla de cinco EPs, Zoom In (2021), Change the World (2021), EP3 (2022), Rewind Forward (2023) y Crooked Boy (2024), comienza con Breathless, con el aporte del guitarrista y vocalista de country alternativo William Lee Apostol alias Billy Strings, una canción maravillosa y acelerada sobre devoción romántica hacia la señorita de turno que pone de manifiesto la filosofía musical de Burnett, nos referimos a conseguir un equilibrio entre el sonido más sucio, rockero o caótico clásico y la cuasi prolijidad efervescente -también disfrazada de suciedad- del Sonido Bakersfield y el outlaw country, precisamente dos versiones del country que se rebelaron contra el Sonido Nashville, de base pop y orquestal, incorporando elementos del rockabilly, el boogie-woogie, el honky tonk, el blues tradicional y el rock and roll en términos generales. Look Up, con la cantante especializada en bluegrass Molly Tuttle, profundiza este enfoque de country rock situando en primer plano la guitarra eléctrica de T-Bone y la batería y la voz de Ringo, aquí combinando su eterno semblante juvenil y una experiencia de vida que vuelca una vez más hacia el optimismo, siempre con la bandera sesentosa de la paz, el arte y sobre todo el amor como bálsamos frente a cualquier escollo o debacle en el camino cotidiano, problemas que según los versos resultan fugaces y se sobrellevan desde la misericordia, la gracia, la sabiduría y la dignidad de mantener la mirada alta, nunca agachando la cabeza. Time on My Hands, cruza entre el Sonido Nashville y una suerte de balada blueseada con un gran trabajo de Paul Franklin en la guitarra de acero con pedal/ pedal steel guitar, es un tema hermoso que explora la soledad de un obrero luego de una separación que lo deja con todo el tiempo del mundo pero sin nada con qué rellenarlo, en contraposición con el ajetreo de la relación romántica cual latiguillo tragicómico que por supuesto se mezcla con esa nostalgia que tantas veces fetichizó Starr a lo largo de su carrera, hoy incluyendo una coda irónica tendiente a encontrar una nueva compañera que se sienta tan sola como él símil viejo aviso clasificado de periódico.

 

Never Let Me Go, también con Strings y el genial Mickey Raphael en harmónica, tiene mucho del heartland rock de Traveling Wilburys, aquel supergrupo de Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne de The Move y Electric Light Orchestra, aquí abrazando un espíritu de blues a medio tiempo que vuelve sobre el fetiche del entusiasmo del corazón para defender a la compañera de calumnias e injurias o acercarse de inmediato ante el más mínimo llamado de la mujer, situación que la letra homologa al amor verdadero que balancea todo lo malo de la existencia y las intentonas dañinas de la coyuntura social. Luego de I Live for Your Love, ahora con la participación de Tuttle en una composición amable prototípica del country pop baladístico en la que el cariño se vincula a una especie de hedonismo que vive eternamente en el presente del vínculo devocional, desconociendo tanto el pasado como el futuro, llega el momento de Come Back, estupenda y delicada canción encarada con Colin Lindel en la guitarra con resonador y la presencia en coros de Lucius, una banda estadounidense de indie pop, que explora una separación aparentemente no definitiva, por lo menos si consideramos sensatas las ansias de regreso del narrador en lo que atañe a una contraparte que parece haberse marchado hace poco -en algún momento de la noche- dejando la puerta abierta hacia una posible reconciliación. Can You Hear Me Call, nuevamente con la voz de Tuttle, continúa demostrando la inventiva de los riffs y los arreglos de T-Bone, todo un experto en exprimir al máximo tanto la simpleza primordial del country como el limitado rango de barítono de Starr, paradoja de por medio porque el inglés siempre se autodefinió en la praxis de sus álbumes más como un intérprete que como un compositor a contrapelo de sus tres compañeros en The Beatles, en esta oportunidad dejándonos con otro tema a medio tiempo y muy adictivo sobre dos de los ejes temáticos favoritos de Look Up en materia del corazón, la fidelidad y una comunicación que abarca todos los momentos del día, cualquier espacio mundano y todas las circunstancias u obstáculos del montón. Rosetta, con un reaparecido Strings más Larkin Poe, este último un dúo norteamericano de blues y rock sureño conformado por las hermanas Rebecca y Megan Lovell, se impone como uno de los tracks más blueseros y apasionantes del disco porque cierto aire a Traveling Wilburys y The Rolling Stones circa Sticky Fingers (1971) y Exile on Main St. (1972) se da la mano con coritos beatles, un solo rockero clásico en slide de ese Walsh de Eagles y una letra que materializa la fantasía de reencuentro de las canciones previas, ahora con la mujer del título regresando como fantasma de otro tiempo y lanzándose hacia los brazos del protagonista, quien de hecho le pregunta qué ha sido de su vida y se muestra arrepentido por haberla dejado ir en un primer momento.

 

La encantadora You Want Some, ejercicio en un honky tonk algo edulcorado con Tashian en piano y Franklin en pedal steel guitar, juega muy bien con esa sinceridad ideológica en lo que respecta al mismo hecho de encarar el country que involuntariamente a veces supone una mínima dosis de sarcasmo gracias a letras bastante ingenuas que pueden interpretarse desde la picardía psicosexual del cinismo posmoderno, aquí efectivamente por obra y gracia de unos versos que le ofrecen insistentemente a la señorita en cuestión un amor que debería homologarse al coito hecho y derecho. Ningún disco de Ringo está completo sin el infaltable tema hippón trasnochado y el correspondiente a Look Up es el simpático String Theory, en esta ocasión con Tuttle y Larkin Poe como invitados y con la firma de unos Burnett y Tashian que parecen recibir la letra desde algún plano celestial por el simple contacto con Starr y su forma de transitar su vida y trayectoria, por ello la composición construye sinonimia entre las cuerdas de la guitarra y un amor que canta, fluye, irradia, asciende, suena y vibra atravesándolo todo y atravesándonos a todos, nos guste o no. Thankful, con la participación de la célebre violinista y cantante Alison Krauss, adalid del country que ha grabado dos recordados discos con Robert Plant de Led Zeppelin, Raising Sand (2007) y Raise the Roof (2021), constituye el cierre y la única canción del lote compuesta por Ringo, amén de la ayuda en este ámbito de un Sugar que coprodujo con Starr los álbumes Y Not y Ringo 2012, y desde ya oficia de homenaje cuasi baladístico a toda pompa a su esposa de larguísimos 44 años, Barbara Bach, preciosa actriz estadounidense hoy famosa por un par de giallos, La Tarántula del Vientre Negro (La Tarantola dal Ventre Nero, 1971), de Paolo Cavara, y La Corta Noche de las Muñecas de Cristal (La Corta Notte delle Bambole di Vetro, 1971), de Aldo Lado, y una epopeya del James Bond de Roger Moore, La Espía que me Amó (The Spy Who Loved Me, 1977), de Lewis Gilbert, a la que conoció en el set de El Cavernícola (Caveman, 1981), aquella comedia tontuela pero divertida de Carl Gottlieb, y con la que se sometió a desintoxicación en 1988 por el consumo desbordado de ambos de alcohol y drogas, seis semanas de por medio en una clínica de Tucson, en el Estado de Arizona.

 

Honestamente no cuesta mucho aseverar que Look Up es el mejor disco de Ringo del nuevo milenio porque todas las placas entre Ringo Rama y What’s My Name están bien producidas y acumulan buenas intenciones pero carecen de la coherencia, naturalidad e influjo melancólico equilibrado del trabajo que nos ocupa, además la sociedad con Burnett resulta mucho más fructífera en términos de las canciones en sí que sus homólogas con Hudson o el reemplazo de este último para Liverpool 8 luego de que se pelease con Starr, nada menos que Dave Stewart de Eurythmics. Ringo, a esta altura arrastrando una maestría tácita en el arte de golpearse la cabeza contra la pared de las frustraciones que él mismo creó, incluso venía de probar la encomiable opción de hacerse cargo en soledad de su carrera y por ello Postcards from Paradise, Give More Love y What’s My Name, los tres opus anteriores, habían sido autoproducidos por el liverpuliano, una jugada que sinceramente no mejoró demasiado su repertorio de una madurez que ganó estabilidad artística pero perdió los chispazos bizarros de inspiración que caracterizaron sus décadas semi perdidas, esos 80 y 90 de Stop and Smell the Roses, Old Wave, Time Takes Time y Vertical Man. Por supuesto que Look Up está lejos de Ringo y de los momentos más memorables de Goodnight Vienna y Ringo’s Rotogravure, la trilogía de álbumes con una participación más que prominente de parte de los otros tres ex Beatles, no obstante al mismo tiempo supera a Beaucoups of Blues, su otra aventura en el terreno del country aunque mucho más barroca/ inflada y cercana al artificialoide Sonido Nashville debido al linaje del productor Pete Drake, y asimismo deja hiper rezagados a Sentimental Journey, Ringo the 4th y Bad Boy, estos dos últimos pertenecientes al período de reviente noctámbulo con The Hollywood Vampires, un club de borrachos supremos del rock que en la década del 70 solían juntarse en el Rainbow Bar and Grill de West Hollywood, en California, y abarcaba a Starr, Lennon, Voormann, Alice Cooper, Bernie Taupin, Harry Nilsson, Iggy Pop, Keith Moon de The Who, Marc Bolan de T. Rex, Brian Wilson de The Beach Boys, Keith Allison de Paul Revere & the Raiders, Micky Dolenz de The Monkees y Keith Emerson de The Nice y Emerson, Lake & Palmer. La simpleza del country le calza mucho mejor a este Ringo entrado en años que al juvenil de Beaucoups of Blues, planteo que a su vez Burnett sabe canalizar hacia unas cohesión y garra casi nunca presentes en la carrera solista de Starr, cuya heterogeneidad y cuyo carácter laberíntico suelen esconder un núcleo doctrinario por demás discreto.

 

Look Up, de Ringo Starr (2025)

Tracks:

  1. Breathless
  2. Look Up
  3. Time on My Hands
  4. Never Let Me Go
  5. I Live for Your Love
  6. Come Back
  7. Can You Hear Me Call
  8. Rosetta
  9. You Want Some
  10. String Theory
  11. Thankful