Compañera Perfecta (Companion)

El amor convertido en arma

Por Emiliano Fernández

Las representaciones cinematográficas de los robots experimentaron cambios radicales con el transcurso de los años y honestamente casi siempre resultaron un tanto hiperbólicas si las comparamos con las magras funciones de los autómatas de nuestra praxis cotidiana, desde los destinados a la vieja cadena de montaje del enclave industrial hasta la muy sobrevaluada inteligencia artificial posmoderna y sus frustraciones de diversa índole, cuyo coeficiente intelectual tranquilamente puede homologarse al Traductor de Google o a los oligofrénicos mierdosos que votan a la extrema derecha del Siglo XXI. Luego de una larga primera etapa en la que los cuerpos metálicos -antropomorfizados o no- dominaron el panorama, desde Metrópolis (1927), de Fritz Lang, hasta La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977), de George Lucas, pasando por el costado kitsch de El Día que Paralizaron la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), de Robert Wise, o El Planeta Desconocido (Forbidden Planet, 1956), de Fred M. Wilcox, es en esa misma década del 70 cuando surge el mimetismo para con lo humano promedio modelo Westworld (1973), de Michael Crichton, Las Esposas de Stepford (The Stepford Wives, 1975), de Bryan Forbes, y Alien (1979), de Ridley Scott, un esquema que por supuesto pierde la ingenuidad de los monstruos caricaturescos de antaño, esos gélidos y brillantes como lata de sardinas, y trae a colación un nuevo tipo de horror vinculado al reflejo muy poco feliz que la humanidad suele construir de sí misma cuando se propone resolver sus problemas desde la artificialidad o lo ortopédico más pedestre, planteo que deriva en autoparodias en espejo o en una mayor mecanización de la vida que la que ya padecemos gracias al capitalismo y a la legión de imbéciles y esclavitos que lo defienden.

 

Durante los últimos años se han acumulado algunas películas que juegan con la noción del reemplazo afectivo o alguna clase de complemento en lo mundano tanto de parte de los humanoides como de la inteligencia artificial inmaterial, sobre todo Ex Machina (2014), de Alex Garland, M3GAN (2022), de Gerard Johnstone, Subservience (2024), de S.K. Dale, y Afraid (2024), de Chris Weitz, gremio a su vez muy en deuda con aquellas pesadillas de la ciencia ficción ochentosa volcada a problematizar la llegada de lo sintético y los dilemas morales que genera, pensemos para el caso en Blade Runner (1982), también de Scott, The Terminator (1984), de James Cameron, o Cherry 2000 (1987), de Steve De Jarnatt, entre otras propuestas. Compañera Perfecta (Companion, 2025), ópera prima de Drew Hancock luego de cortos y encargos varios para TV, constituye una atractiva variación del motivo del ginoide sexualizado o fembot con destino libidinoso en línea con el mito de Pigmalión y esa tradición en el séptimo arte que nace con La Mujer Perfecta (The Perfect Woman, 1949), de Bernard Knowles, pasa por la fantasía tontuela de Ciencia Loca (Weird Science, 1985), de John Hughes, y Mannequin (1987), de Michael Gottlieb, y llega hasta las citadas y más severas Ex Machina y Subservience, no obstante el opus de Hancock también le debe mucho a Las Esposas de Stepford y La Generación de Proteo (Demon Seed, 1977), joya de Donald Cammell, y se siente casi una actualización conceptual de aquellas porque por un lado retoma el fetiche de la artificialidad romántica en tiempos de cinismo, desconfianza o paranoia egoísta y por el otro lado explora la persistencia de los celos o el amor posesivo en esta misma época que nos ocupa, donde el capricho dictatorial reaparece en la convivencia.

 

Combinando la comedia negra, la ciencia ficción, la parodia social y el terror de entorno cerrado, el guión del propio realizador nos sitúa en un futuro cercano sin especificar y nos presenta el arribo de una parejita, Iris (Sophie Thatcher) y Josh (Jack Quaid, hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan), a una casona aislada propiedad de Sergey (Rupert Friend), un ruso que se acuesta con Kat (Megan Suri) y aparentemente está conociendo a otros amigos de esta última, Eli (Harvey Guillén) y Patrick (Lukas Gage), dos homosexuales muy enamorados. Todo marcha viento en popa hasta que el dueño de casa pretende violar a Iris a orillas de un lindo lago y la muchacha lo asesina clavándole un cuchillo en la yugular, detalle que nos lleva a descubrir que la chica de hecho es un robot sexual que Josh compró y eventualmente hackeó para aumentar su capacidad de agresión y eliminar la prohibición de hacer daño a los seres humanos símil las archiconocidas Leyes de la Robótica de Isaac Asimov, parte de un plan del susodicho y Kat para reventar al ruso sirviéndose de sus “hobbies” en materia erótica, supuesto mafioso que resulta ser un comerciante de césped, y para robarle los doce millones de dólares que tiene en su caja fuerte. Totalmente ignorante hasta este momento de su condición de ginoide, Iris no se toma muy bien que digamos que conviertan su amor sincero en un arma y después pretendan anularla/ destruirla, por ello se defiende del acecho y el siguiente en morir -ahora accidentalmente y de un disparo- es Eli, así Josh resetea a su androide y efectivamente envía a un Patrick hackeado y transformado en sicario a encontrar a la señorita, una jugada que provoca el óbito de un policía, Hendrix (Marc Menchaca), y del personaje de Suri, ambos ejecutados por el tremendo Patrick en su gesta de obediencia.

 

Con un muy buen trabajo de Quaid, aquí como un villano inmundo típico de la burguesía hueca del nuevo milenio, y Thatcher, vista hace poco en otra propuesta que indagaba en los recovecos del control, Hereje (Heretic, 2024), de Scott Beck y Bryan Woods, Compañera Perfecta se burla de manera explícita de la cultura de la imitación y lo efímero hedonista que anhela con locura ser real y duradero, todo un latiguillo de las redes sociales, y analiza cierta concepción hoy en boga del amor que pretende un vínculo en simultáneo devocional y dócil pero que no genere ninguna responsabilidad a cambio, clásico razonamiento de los descerebrados antiintelectuales y aniñados de nuestros días. Hancock, asimismo, administra con astucia el tópico de las ideas y los recuerdos implantados, en esta ocasión de impronta romántica baladí y en la praxis cotidiana homologados a la lobotomía derechosa de los medios de comunicación y todo el ecosistema digital filofascista, y subraya que la codicia capitalista autoindulgente está siempre detrás de los atropellos buscando a alguien que haga el trabajo sucio por ella, justo como tantas veces ocurre en la realidad cuando un grupito de oligarcas del empresariado y los sectores financieros logran que las mayorías acepten como propios intereses que le son ajenos, precisamente comportándose como robots que hacen lo que se les dice vía comandos. Suerte de retrato del despertar hacia la conciencia de clase de Iris en sintonía con Parpadea Dos Veces (Blink Twice, 2024), de Zoë Kravitz, el film nos propone la progresiva y traumática independencia de un “objeto del deseo” que identifica a su enemigo, el ser idealizado, y reflexiona acerca de los márgenes cambiantes de la libertad y del sometimiento cuando la subjetividad social muta en terreno de luchas por la verdad…

 

Compañera Perfecta (Companion, Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: Drew Hancock. Elenco: Sophie Thatcher, Jack Quaid, Lukas Gage, Megan Suri, Harvey Guillén, Rupert Friend, Marc Menchaca, Jaboukie Young-White, Matt McCarthy, Woody Fu. Producción: Zach Cregger, Roy Lee, J.D. Lifshitz y Raphael Margules. Duración: 97 minutos.

Puntaje: 7