Amenaza en el Aire (Flight Risk)

Un aterrizaje hollywoodense

Por Emiliano Fernández

Así como las 16 películas que encaró como actor desde la lejana Arrastrado a través del Concreto (Dragged Across Concrete, 2018), joya de S. Craig Zahler que efectivamente fue lo último interesante que hizo en calidad de intérprete, demuestran que ya no queda casi nada del Mel Gibson que supo colaborar con Peter Weir en Gallipoli (1981) y El Año que Vivimos en Peligro (The Year of Living Dangerously, 1982) y con George Miller en Mad Max (1979), Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera (Mad Max 2: The Road Warrior, 1981) y Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno (Mad Max: Beyond Thunderdome, 1985), la flamante y sumamente mediocre Amenaza en el Aire (Flight Risk, 2025) nos grita en la cara que tampoco queda casi nada de ese Gibson en modalidad director y adepto a las carnicerías preciosistas de Corazón Valiente (Braveheart, 1995), La Pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), Apocalypto (2006) y Hasta el Último Hombre (Hacksaw Ridge, 2016), sin pasar por alto la versión insólitamente amable de su persona de aquella ópera prima que nadie recuerda, El Hombre sin Rostro (The Man Without a Face, 1993). Su sexta propuesta como realizador, en todo caso, le deja todo servido a aquellos que siempre dijeron que el tremendo Mel detrás de cámaras es una estafa total sin talento, aquí de hecho ofreciendo un thriller impersonal que se asemeja a una relectura aburrida, previsible y por momentos demasiado estúpida/ lela de Vuelo Nocturno (Red Eye, 2005), una de las últimas aventuras del querido Wes Craven que tenía sus “detalles” pero no parecía un producto de cualquiera de los asalariados sin alma al servicio de Netflix, todos siempre intercambiables.

 

El guión del debutante Jared Rosenberg, hasta ahora conocido por haber oficiado de editor y coproductor en Dinero por Nada: Dentro de la Reserva Federal (Money for Nothing: Inside the Federal Reserve, 2013), excelente documental de Jim Bruce acerca de la historia del banco central de Estados Unidos, gira alrededor de dos de las fórmulas más quemadas o agotadas del campo de por sí sobreexplotado de los thrillers de acción, hablamos de los latiguillos del “testigo en peligro” y el “el topo o espía trabajando para los malos”, por ello mismo Madolyn Harris (Michelle Dockery), una agente del Servicio de Marshals, arresta en Alaska a un tal Winston (Topher Grace), otrora contador de la familia mafiosa Moretti, y debe trasladarlo hasta la ciudad de Anchorage, la más poblada del Estado, para a posteriori llevarlo hacia Nueva York para que el susodicho testifique contra sus empleadores de otras épocas. Madolyn alquila un pequeño avión pilotado por Daryl Booth (Mark Wahlberg), quien resulta ser un sicario ultra sádico que torturó hasta matar al verdadero piloto y tomó su lugar con el objetivo de reventar a sus dos pasajeros, lo que genera sucesivas situaciones -poco imaginativas y con baches insoportables en el medio- en las que la mujer o el loquito toman el control de la nave ya que el testigo resulta ser un inútil y un pusilánime como buen burócrata financiero, amén del descubrimiento de parte de Harris de la existencia de un infiltrado de los Moretti en el Servicio de Marshals, en este sentido primero sospecha de su superiora directa, Caroline Van Sant (Leah Remini), y luego confirma que el topo no es otro que el director de esta muy poco popular agencia federal, Coleridge (Paul Ben-Victor).

 

Amenaza en el Aire no sólo resulta una realización fútil y olvidable que cae en el campo de la idiotez eterna del mainstream del Siglo XXI, terreno caracterizado por muchos productos industriales que no pueden escapar de su condición de chatarra cual camp involuntario, sino que asimismo transforma a este Gibson director, como decíamos con anterioridad, en otro monigote más de los grandes estudios de Los Ángeles sin un gramo de ambición discursiva, panorama particularmente trágico viniendo del señor que ganó cinco Oscars con Corazón Valiente, levantó polvareda por el hilarante antisemitismo de La Pasión de Cristo y cosechó elogios sinceros por sus dos faenas anteriores, Apocalypto y Hasta el Último Hombre, las mejores de un lote errático o contradictorio en el que el permanente enfoque derechoso y el engolosinamiento con el gore resultaban lo más honesto y eficaz en términos del armado general de los films. Dicho de otro modo, el inconveniente de Amenaza en el Aire es doble porque por un lado como película humilde definitivamente es bastante mala, lo que implica torpeza en su ejecución y mucha pobreza en el planteo narrativo de Rosenberg, y por el otro lado la táctica de Mel de renunciar a la ambición de antaño -en esencia para dar una imagen de “profesional cumplidor y sumiso” que lo aleje de los múltiples episodios mundanos que lo pintaron como un lunático y un borracho homofóbico, racista, misógino y muy violento- no genera dividendo ideológico alguno ya que desaprovecha por completo una coyuntura mundial que le resulta favorable, con la nueva derecha escalando posiciones y la izquierda odiando con razón a la lacra sionista/ fascista de Israel por la matanza en la Franja de Gaza.

 

Tenemos un problema serio cuando los tres protagonistas centrales -los únicos que están en pantalla durante casi todo el metraje- son insufribles por un motivo u otro, pensemos en el hecho de que los dos varones sobreactúan de manera grosera y ella subactúa como si no le importase para nada el papel de turno: Wahlberg no deja tic de villano sin utilizar y para colmo suele imitar -en look y actitud- al maravilloso Jack Nicholson de El Resplandor (The Shining, 1980), convite de Stanley Kubrick, el personaje de Grace es un imbécil histérico/ afeminado/ verborrágico que jamás sale de la caricatura más pedestre y finalmente la Harris de Dockery, por su parte, es otro “estereotipo con patas” cuyo trasfondo identitario pasa por otro de esos traumas berretas del montón -imaginación nivel cero- que supuestamente la transformó en el marimacho en cuestión, ahora la muerte años atrás de una testigo a raíz de su negligencia. Los dos recursos de la trama, el contador en peligro y el espía en las cúpulas institucionales, no generan suspenso alguno porque están administrados desde la vagancia creativa de las escenas dialogadas cíclicas símil teatro en el aire, esquema al que se suman one-liners anacrónicas y patéticas y una catarata de toques de humor que resultan de lo más dolorosos por su desesperación demagógica modelo mainstream de los 80 y 90, también enarbolando un desfasaje enorme, pecando de ingenuidad y derrapando en la ineficacia de nunca acabar. Incluso el cierre rutinario del relato, con esos CGIs horrendos y un aterrizaje absurdo hollywoodense con las ambulancias, los patrulleros y los bomberos colocándose detrás del avión mientras se deshace, indica el poco esmero y la nula inteligencia del film…

 

Amenaza en el Aire (Flight Risk, Estados Unidos, 2025)

Dirección: Mel Gibson. Guión: Jared Rosenberg. Elenco: Mark Wahlberg, Michelle Dockery, Topher Grace, Leah Remini, Paul Ben-Victor, Monib Abhat, Maaz Ali, Eilise Patton, Georgi S. Georgiev, Atanas Srebrev. Producción: Mel Gibson, John Fox, Bruce Davey y John Davis. Duración: 91 minutos.

Puntaje: 2