Modi: Tres Días en el Ala de la Locura (Modi: Three Days on the Wing of Madness)

La vida del artista callejero

Por Emiliano Fernández

El Valiente (The Brave, 1997), basada en la novela homónima de 1991 de un Gregory Mcdonald que también inspiraría la recordada Fletch, el Extraordinario (Fletch, 1985), gran éxito de taquilla de Michael Ritchie, fue la ópera prima y hasta hace muy poco única película como director de John Christopher Depp II alias Johnny Depp, una propuesta un tanto mucho bizarra pero interesante y con chispazos de genialidad que el rencoroso señor decidió no estrenar en su país natal porque los críticos estadounidenses que cubrieron su presentación en el Festival de Cannes de aquel año la asesinaron sin piedad, algo que tenía que ver con el metraje inflado del film, su generosa tanda de preciosismo/ lirismo de linaje europeo y cierta autoindulgencia vinculada a un tono narrativo cuasi fúnebre abiertamente vinculado a la trama, centrada en un indígena llamado Raphael (Depp) que vivía con su esposa y dos hijos en un basural, que pasó numerosas veces por la cárcel y que por 50 mil dólares aceptaba ser torturado y asesinado para una película snuff a cargo del enigmático McCarthy (nada menos que Marlon Brando), el cual le daba una “semana de gracia” para despedirse de los suyos aprovechando un adelanto correspondiente a un tercio del dinero. La faena se vendió en su momento como un western contemporáneo aunque en realidad era un estudio sumamente lúcido sobre la pobreza en el capitalismo y un drama existencial hiper noventoso e influenciado por dos colaboradores recientes de un Depp que asimismo había escrito el guión junto a su hermano D.P. Depp, nos referimos a Emir Kusturica y Jim Jarmusch, con los que de hecho venía de trabajar en ocasión de Sueño de Arizona (Arizona Dream, 1993) y Hombre Muerto (Dead Man, 1995), dos maravillas del cine de su tiempo.

 

Muchos años han pasado desde El Valiente y la paradoja de fondo es que Depp en los 90 era un “nenito mimado” de la crítica en calidad de intérprete por sus roles de excéntricos e inadaptados varios, esos que prácticamente desaparecerían a partir del nuevo milenio y la andanada de trabajos fallidos con su socio de siempre, Tim Burton, y el mega éxito mundial de Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, 2003), faena de Gore Verbinski que lo volcó hacia la pata mainstream de Hollywood. El señor viene de tres intentos seguidos como actor en pos de regresar al indie o ya dejar atrás los tanques impersonales y esos graciosos escandaletes judiciales con su ex pareja Amber Heard, en esencia porque ambos son tremendos borrachos/ drogones adeptos a la virulencia, hablamos de las más que aceptables Esperando a los Bárbaros (Waiting for the Barbarians, 2019), de Ciro Guerra, Minamata (2020), de Andrew Levitas, y La Favorita del Rey (Jeanne du Barry, 2023), de Maïwenn Aurélia Nedjma Le Besco alias Maïwenn, por ello la idea de regresar a la realización parecía acertada considerando que el proyecto de turno nació a fines de los años 70 de la mano de un Al Pacino que no consiguió financiamiento durante la década siguiente con Martin Scorsese como director. El producto resultante, Modi: Tres Días en el Ala de la Locura (Modi: Three Days on the Wing of Madness, 2024), es una obra fallida cuya idea de base parece haber sido esquivar el molde de la biopic tradicional haciendo algo más caricaturesco, demente y/ o anárquico, no obstante el film muchas veces derrapa en el tedio y en la previsibilidad del artista marginal o incomprendido que se debate entre el hambre, el inconformismo y el suicidio en ralentí.

 

Ahora reemplazando a los horizontes de antaño, léase Kusturica y Jarmusch, con el Burton queriendo ser gracioso o por lo menos ocurrente/ freak y con el genial Terry Gilliam, socio en la obra maestra Miedo y Asco en Las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas, 1998) y la bella El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus (The Imaginarium of Doctor Parnassus, 2009), Depp se mete con el pintor, dibujante y escultor italiano Amedeo Modigliani (1884-1920), gran santo patrono del modernismo y sobre todo del postimpresionismo que se hizo conocido por una serie de retratos femeninos con cuellos alargados y rostros casi siempre inexpresivos. El guión del matrimonio polaco de Jerzy y Mary Kromolowski, aquellos de Código de Honor (The Pledge, 2001), de Sean Penn, y En el Centro de la Tormenta (In the Electric Mist, 2009), opus de Bertrand Tavernier, está basado en Modigliani (1980), obra de teatro de Dennis McIntyre, y carece de una historia propiamente dicha porque acompaña a Amedeo alias Modi (el también italiano Riccardo Scamarcio) por las calles de la París de principios del Siglo XX a lo largo de las 72 horas del título, tiempo en el que conocemos a dos amigos artistas desquiciados, el francés Maurice Utrillo (Bruno Gouery) y el bielorruso Chaïm Soutine (Ryan McParland), a su amante y musa del momento, la inglesa Beatrice Hastings (Antonia Desplat), a un infaltable mecenas y marchante de arte que comercializa sus pinturas, dibujos y esculturas, el polaco Léopold Zborowski (Stephen Graham), y a un coleccionista de mucho dinero que pareciera estar interesado en las obras del protagonista, el galo Maurice Gangnat (el propio Pacino, aquí en plan de evidente homenaje a raíz de las décadas y décadas desde que se le ocurriese al actor encarar una biopic sobre Modigliani).

 

Más allá de la cuestionable movida narrativa de borrar toda referencia a la francesa Jeanne Hébuterne, la gran sucesora de Hastings y una mujer embarazada de Modigliani cuando éste fallece a la edad de 35 años por una meningitis tuberculosa, muchacha que después se quita la vida arrojándose de un quinto piso a los 21 años con ese crío de ocho meses en su interior, Modi: Tres Días en el Ala de la Locura pretende combinar desesperadamente el slapstick más ingenuo, correspondiente a las secuencias con Utrillo y Soutine, y el drama de frustraciones profesionales debido a unas fama y fortuna que no le llegarían en vida a Amedeo, precisamente homologado a los instantes con Zborowski y Hastings, no logrando unificar ambos registros de modo armonioso ni destacarse a escala individual en alguno de ellos. Mientras que los sketchs cómicos suelen fallar por su torpeza o nula originalidad y los episodios “serios” caen también en el cliché o la redundancia, los diálogos en general se sienten tan impostados como grandilocuentes -teatrales en el peor sentido del término- y la utilización del inglés como idioma central le quita osadía o verdadera potencia discursiva al convite, exacerbando la ausencia de naturalidad y la idea de estar frente a un pastiche que avanza y avanza hacia ningún lado concreto o valioso. Por suerte no todo es negativo ya que Scamarcio está perfecto como Modigliani, epítome del artista callejero, y resultan muy atractivas las escenas de Soutine pintando una media res, sus cuadros más célebres, y del protagonista delirando alrededor de su tuberculosis y la etapa final de la Primera Guerra Mundial, al igual que el objetivo tácito de ponderar la independencia creativa, la París de la época, los pintores malditos y el cine mudo, en este último caso mediante inserts efímeros en blanco y negro. Depp, un guitarrista de rock antes de convertirse en actor en ocasión de su debut, Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984), joya del horror surrealista de Wes Craven, en esta oportunidad retoma una retahíla de rasgos de estilo de El Valiente como por ejemplo el latiguillo temático de la miseria y especialmente el autosacrificio de nuestro adalid, antes por la parentela y ahora por la integridad del arte o voluntad de autonomía, el cuidado prestado al momento en el que aparece el ídolo actoral, en los 90 aquel Brando y hoy Pacino, indudablemente las mejores secuencias de cada film, y desde ya la importancia concedida a la música, en El Valiente un soundtrack glorioso a cargo de Iggy Pop y en la obra que nos ocupa incluyendo clásicos como Cathedrals (1998), de Jump, Little Children, y Tom Traubert’s Blues (Four Sheets to the Wind in Copenhagen) (1976), de Tom Waits, amén del hecho de directamente dedicarle el film al amigote Jeff Beck, guitarrista británico legendario que falleció en 2023. Las buenas intenciones de Depp contrastan con el carácter estrafalario y olvidable de toda la epopeya, un poco mejor que la demasiado floja Modigliani (2004), de Mick Davis, y muchísimo peor que la excelente Los Amantes de Montparnasse (Les Amants de Montparnasse, 1958), biopic dirigida por un Jacques Becker que se hizo cargo del proyecto luego de la muerte de Max Ophüls, películas que sí incorporaron el romance con Hébuterne además del vínculo con Hastings, en este último caso suicidándose con gas en 1943 mientras sufría de cáncer, planteo que nos deja con una faena que suaviza mucho el dejo abusivo de Modigliani con las mujeres y explora desde el automatismo diversos tópicos en línea con la picardía popular, la incomprensión que padecen las vanguardias, la sensualidad en el arte, la bohemia del primer modernismo, el reconocimiento que se escapa, el rol del mecenazgo y la alta burguesía más egocéntrica y la estampa del creador martirizado por una comunidad tendiente a negarle la legitimación…

 

Modi: Tres Días en el Ala de la Locura (Modi: Three Days on the Wing of Madness, Reino Unido/ Hungría/ Italia/ Nueva Zelanda/ Arabia Saudita/ Kenia/ Estados Unidos, 2024)

Dirección: Johnny Depp. Guión: Jerzy Kromolowski y Mary Olson-Kromolowski. Elenco: Riccardo Scamarcio, Antonia Desplat, Bruno Gouery, Ryan McParland, Stephen Graham, Al Pacino, Luisa Ranieri, Philippe Smolikowski, Sally Phillips, Eddie Loodmer-Elliott. Producción: Barry Navidi, Andrea Iervolino y Monika Bacardi. Duración: 110 minutos.

Puntaje: 4