El Mono (The Monkey)

Todo el mundo muere

Por Emiliano Fernández

Como todo aquello que sube eventualmente tiene que bajar, la última propuesta de Osgood Perkins, El Mono (The Monkey, 2025), viene a confirmarnos que la imprevista cúspide creativa del director y guionista, Longlegs (2024), había sido una especie de “accidente” porque el film que nos ocupa ratifica que lo suyo es la mediocridad inmediatamente previa a aquel thriller freak de asesino en serie con Maika Monroe y Nicolas Cage, hablamos por supuesto de las fallidas The Blackcoat’s Daughter (2015), faena de satanismo y posesiones, I Am the Pretty Thing That Lives in the House (2016), semblanza gótica fantasmal craneada para Netflix, y Gretel & Hansel (2020), una relectura lastimosa del cuento de hadas alemán recopilado en 1812 por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm. El único verdadero factor en común entre Longlegs y El Mono pasa por el objetivo de alejarse ya definitivamente del “horror elevado” de las tres odiseas originales, trabajos preciosistas y un tanto morosos a nivel narrativo que pretendían seguir los pasos de realizadores de la talla de Robert Eggers, Ari Aster y Jordan Peele sin llegar ni remotamente a ese nivel de calidad, en el caso de la primera película desde una astucia que adoptaba la estrategia discursiva posmoderna por antonomasia, léase el pastiche nostálgico con diversas excentricidades extraídas de The Silence of the Lambs (1991), de Jonathan Demme, y Seven (1995), de David Fincher, entre otras, y en lo que respecta a El Mono a través de los engranajes de la prototípica comedia de terror de las décadas del 80 y 90, formato que asimismo solía recurrir a la ironía aunque rebajándola desde un humor negro autoconsciente bastante básico y en ocasiones simpático.

 

Basado en el cuento homónimo de 1980 de Stephen King que luego formaría parte de una de sus antologías más famosas, Skeleton Crew (1985), libro del que además surgieron films como Creepshow 2 (1987), de Michael Gornick, y The Mist (2007), de Frank Darabont, el guión del propio Perkins expande la mínima anécdota del texto pero siempre reteniendo la premisa de base, una maldición familiar que se reduce a ser el propietario de un juguete, un monito mecánico que reaparece mágicamente sin cesar y que cada vez que toca su lindo instrumento, en el papel unos platillos y en pantalla un tambor, provoca una muerte al azar por lo general dentro del círculo íntimo del dueño o sus vástagos/ familiares. En el prólogo un piloto, Petey Shelburn (Adam Scott), trata de devolverle el muñeco al encargado de una tienda polirubro (Shafin Karim), quien termina con sus intestinos afuera del abdomen. La esposa de Shelburn, Lois (Tatiana Maslany), desconoce en 1999 el paradero de su marido y así cría en soledad a sus dos hijos, los gemelos idénticos Hal y Bill (Christian Convery), mocosos que encuentran al simio entre las pertenencias del progenitor y por ello provocan primero la decapitación de una niñera, Annie Wilkes (Danica Dreyer), y después el óbito de Lois, quien fallece de un aneurisma frente a Bill, el verdadero “blanco” de la furia homicida de Hal porque su hermano es un abusón inmundo de nunca acabar. Unos 25 años después de que el dúo tirase el mono a un pozo, los cadáveres comienzan a apilarse de nuevo porque Bill quiere venganza aunque no logra que el juguete mate a su gemelo, el cual trabaja en un supermercado y está a punto de perder contacto con su hijo, el púber Petey (Colin O’Brien).

 

El cineasta garantiza trabajos correctos de parte de O’Brien y Theo James, responsable de interpretar a las acepciones adultas de Hal y Bill y en suma conocido por sus aportes para las sagas Divergent (2014-2016) y Underworld (2003-2016), y hasta sorprende gratamente con los cameos de Scott, recientemente en el candelero por su protagónico en Severance (2022-2025), la célebre serie de Dan Erickson para Apple TV+, y de Elijah Wood, aquel Frodo Bolsón de la trilogía de Peter Jackson de The Lord of the Rings (2001-2003) y aquí componiendo a un gurú de la autoayuda parental, Ted Hammerman, el nuevo y ridículo marido de la mujer con la que Hal tuvo a Petey (Laura Mennell), sin embargo desaprovecha a personajes bufonescos amenos como los tíos swingers de los hermanos, Ida (Sarah Levy) y Chip (el mismo Perkins), y al bobo que oficia de nexo entre los gemelos en la adultez, un tal Ricky con perpetuo look ramonero (Rohan Campbell), efectivamente quien motiva de manera tácita la reconciliación entre Hal y Bill y entre el primero y su hijo cuando secuestra a estos dos últimos con la idea de recuperar al macaco que le entregó a Bill, todo un huraño obsesionado con la parca al igual que Hal. Entre otras criaturas caprichosas que aparecen y desaparecen del relato sin demasiado sentido, como un sacerdote inexperto (Nicco Del Rio) o una agente inmobiliaria que literalmente pierde su cabeza por obra de una escopeta que se dispara sola (Tess Degenstein), Perkins en esta oportunidad reemplaza el tono solemne de sus tres obras iniciáticas y Longlegs por cierta impronta autoparódica que nunca funciona del todo debido a la falta de coherencia narrativa o retórica que sostenga tamaña ambición.

 

Dicho de otro modo, El Mono no es ni lo suficientemente graciosa, por más que Perkins quiera compensar con unos bienvenidos gore y grotesco lo que falta en chistes o latiguillos cómicos eficaces, ni lo suficientemente inteligente en su clara pretensión de reflexionar sobre la parentela, el sadismo, la identidad individual, un óbito juzgado aleatorio y ubicuo, la culpa, el anhelo lunático de revancha, los traumas juveniles, la angustia contemporánea, los equívocos del destino y el pánico a repetir el pasado, por ello Hal se aleja tanto de su hermano como de su hijo, al extremo de que lo ve apenas una vez por año. La realización, para colmo, jamás se decide en materia de las tres vertientes fundamentales del horror de muñecos y juguetes psicopáticos/ malditos, de hecho coqueteando en simultáneo con esa rama abstracta de Magic (1978), de Richard Attenborough, y Pin (1988), de Sandor Stern, con el carácter mayormente decorativo o complementario de Tourist Trap (1979), de David Schmoeller, Poltergeist (1982), de Tobe Hooper, y Dead Silence (2007), del aquí productor James Wan, y la vertiente del homicida en serie a toda pompa de Trilogy of Terror (1975), de Dan Curtis, Dolls (1987), de Stuart Gordon, Child’s Play (1988), obra de Tom Holland, y Puppet Master (1989), también de Schmoeller. Supuestamente para el director este fue un proyecto relativamente personal porque le permitió tomarse en solfa su depresión posterior a la muerte de sus padres, Anthony Perkins en 1992 de SIDA y Berinthia “Berry” Berenson en los Atentados del 11 de Septiembre de 2001, no obstante la odisea es un refrito rutinario de The Monkey’s Paw (1902), de W.W. Jacobs, y por momentos cae en un fatídico tedio…

 

El Mono (The Monkey, Estados Unidos/ Reino Unido, 2025)

Dirección y Guión: Osgood Perkins. Elenco: Theo James, Colin O’Brien, Tatiana Maslany, Christian Convery, Elijah Wood, Adam Scott, Rohan Campbell, Sarah Levy, Tess Degenstein, Danica Dreyer. Producción: James Wan, Brian Kavanaugh-Jones, Chris Ferguson y Dave Caplan. Duración: 98 minutos.

Puntaje: 5