Estragos (Havoc)

El gore en el cine de acción

Por Emiliano Fernández

La sangre profusa en el séptimo arte suele vincularse -y con razón- al terror, un género que se hizo un festín con el recurso entre la candidez algo kitsch de las décadas del 50 y 60 y la visceralidad abiertamente nihilista o quizás cínica de los años 70 y 80, de hecho la “fecha límite” en lo que atañe a la permisividad intra mainstream e indie porque a posteriori, desde la década del 90 hasta nuestros días, pasó a dominar en la industria cinematográfica un conservadurismo formal tendiente a bajar la edad del público desde la autocensura en el rubro creativo, por ello la casi desaparición en la mayoría de los productos de componentes otrora muy utilizados como los desnudos y el gore corrió en paralelo con esta pretensión de garantizar una clasificación por edades por demás baja. La infantilización/ lobotomización del público del nuevo milenio, léase la propensión a eliminar todo ingrediente polémico o a banalizarlo en el caso de que esporádicamente se lo incluya en la película de turno, tiene sus excepciones y la producción artística del realizador y guionista galés Gareth Evans es un excelente ejemplo, hablamos del responsable de las hiper truculentas Merantau (2009), La Redada (Serbuan Maut, 2011) y La Redada 2 (Serbuan Maut 2: Berandal, 2014), tres obras que desde el cine de acción pusieron en vergüenza al acervo occidental en materia de una valentía y una intensidad que hoy en día están semi extintas, siempre entendiendo a las escenas más agitadas como unos ballets de la muerte en los que la ampulosidad debe ser el único principio rector y no existe margen para contentar a los espectadores más remilgados.

 

El enfoque de Evans, también responsable de un thriller fallido, Pasos (Footsteps, 2006), y un ejercicio disfrutable en el horror folklórico que fue a parar a Netflix, Apóstol (Apostle, 2018), está relacionado en simultáneo con el film noir y el cine ochentoso de súper acción, con Sam Peckinpah y la Matanza Heroica/ Heroic Bloodshed de John Woo y Ringo Lam y con el spaghetti western y las coreografías del hongkonés Yuen Woo-ping, quien trabajó para Jackie Chan, Wong Kar-wai, Quentin Tarantino, Ang Lee y los hermanos Larry y Andy Wachowski, entre otros. La estela de aquella trilogía rodada en Indonesia, films cada vez más y más ambiciosos y siempre protagonizados por un Iko Uwais que se transformaría en sinónimo de las artes marciales vernáculas, el pencak silat, se extendería claramente a la mejor y más exitosa franquicia contemporánea de la acción modelo hollywoodense, esa que comenzó con John Wick (2014), epopeya de Chad Stahelski con Keanu Reeves que robaba mucho de la filosofía austera pero aguerrida de las colaboraciones entre el galés y el actor/ artista marcial indonesio. En este sentido el regreso a la acción de Evans, Estragos (Havoc, 2025), acumulaba muchas expectativas que lamentablemente derivan en relativa decepción a raíz de un producto ameno aunque un tanto olvidable que llega con demasiado retraso, en concreto siete años después de Apóstol, debido a la meticulosidad del cineasta, la necesidad de refilmar algunas secuencias y la huelga de actores de 2023 en Estados Unidos, conflicto que paralizó la industria por casi cuatro meses y le cambió la agenda a tantos profesionales.

 

Refritando el extraordinario gore del trío de trabajos con Uwais y algo de la buddy movie policial en su acepción de la década del 80, pensemos en una hipotética relectura carente de humor tontuelo y más hardcore/ a lo Michael Mann de 48 Horas (48 Hrs., 1982), film de Walter Hill, y Arma Mortal (Lethal Weapon, 1987), de Richard Donner, el guión del propio Evans gira alrededor de Patrick Walker (Tom Hardy), un detective de homicidios alejado de su esposa e hija que trabaja para un magnate inmobiliario corrupto que se postula para alcalde, Lawrence Beaumont (Forest Whitaker), todo luego de renunciar a una mafia de policías con la que solía robar dinero y drogas a los narcotraficantes, grupito encabezado por un tal Vincent (Timothy Olyphant) que no tiene problemas a la hora de matar oficiales encubiertos para no dejar testigos. Walker, que viene de chantajear a un fiscal para evitar que Beaumont vaya a prisión, recibe un nuevo encargo por parte del capitalista en materia de encontrar y proteger a su hijo, Charlie (Justin Cornwell), quien junto a su novia, Mia (Quelin Sepúlveda), le robaron a Vincent y los suyos un cargamento de cocaína escondido dentro de lavarropas, por ello el personaje de Olyphant, el cual colabora con un capo de segundo orden de las Tríadas, Ching (Sunny Pang), arrasa el aguantadero del jefecito de Mia y Charlie, Tsui (Jeremy Ang Jones), matándolo y desatando la furia de su mami (Yeo Yann Yann), jerarca que se dedica a cazar a Charlie creyéndolo el verdugo de su vástago porque respeta la palabra mentirosa de Ching, celoso del ascenso reciente a líder de Tsui.

 

Estragos, también distribuida por Netflix, posee puntos a favor como su maravillosa actitud callejera, diálogos sensatos, unas actuaciones perfectas, esas estupendas escenas de acción y mucho gore ochentoso vía ametralladoras, además del motivo de la corrupción comunal y la química entre Hardy y una Jessie Mei Li que encarna a la infaltable compañera inexperta del veterano, aquí bautizada Ellie, sin embargo la obra por momentos resulta demasiado confusa sin ninguna necesidad, el desarrollo de personajes brilla por su ausencia, algunos actores están desaprovechados -sobre todo Whitaker, ese Olyphant en modalidad villano e incluso Luis Guzmán como el tío de Mia especializado en falsificar pasaportes, Raúl- y el montaje tampoco ayuda a clarificar del todo algunas situaciones basadas en una premisa en el fondo muy sencilla y previsible, adepta a destruir alegremente el verosímil mediante un ejército de sicarios de las Tríadas que no tienen nada que envidiarle a sus parientes lejanos del cine de acción hongkonés del pasado o a los ninjas ridículos de aquella Cannon Films que solía asociarse con Michael Dudikoff. Si bien el opus fuerza la inclusión de personajes femeninos varios, abusa de la cámara movediza en demasiadas secuencias y el desenlace en general no es particularmente brillante o sagaz, la película por suerte ofrece una experiencia adrenalínica construida alrededor del carisma del asimismo productor Hardy, los litros de sangre derramados en pantalla y la potencia visual y anímica de un Evans que le escapa a la pusilanimidad de influjo inofensivo/ castrado/ digital del cine de acción de nuestros días…

 

Estragos (Havoc, Reino Unido/ Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: Gareth Evans. Elenco: Tom Hardy, Forest Whitaker, Timothy Olyphant, Jessie Mei Li, Justin Cornwell, Luis Guzmán, Quelin Sepúlveda, Sunny Pang, Yeo Yann Yann, Jeremy Ang Jones. Producción: Gareth Evans, Tom Hardy, Ed Talfan y Aram Tertzakian. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 6