A pesar de que el mainstream adora limitar la ciencia ficción a las navecitas espaciales, las explosiones y los alienígenas muy coloridos, el género siempre ofreció mucho más a nivel conceptual porque históricamente -tanto en su vertiente literaria como cinematográfica- nos ha regalado reflexiones muy interesantes sobre nuestra relación con el medio ambiente, la tecnología, los armazones institucionales y nosotros mismos, entre otros tópicos candentes. La Evaluación (The Assessment, 2024), ópera prima de la directora francesa Fleur Fortuné rodada en inglés en locaciones españolas, es un típico exponente del sci-fi posmoderno que sin ser una maravilla del cine por lo menos trae a colación cuestiones poco simpáticas como el cambio climático, la irresponsabilidad de seguir trayendo hijos al mundo y la ruina ética de la humanidad en general, este último un planteo que en la sociedad conduce al conflicto permanente porque ya nadie cree que el prójimo tenga la más mínima autoridad moral para juzgarlo, lo que no hace más que reforzar el individualismo o resquebrajamiento del tejido comunal. Con mucho de aquellas dictaduras distópicas que se movían entre el terror, la memoria suprimida y la farmacología de la anestesia social de Un Mundo Feliz (Brave New World, 1931), de Aldous Huxley, 1984 (1949), de George Orwell, y Fahrenheit 451 (1953), de Ray Bradbury, el film que nos ocupa también apela al fetiche para con la artificialidad de compensación anímica de ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, 1968), de Philip K. Dick, y a la ficción climática de la tetralogía inicial de J.G. Ballard, hablamos de El Viento de Ninguna Parte (The Wind from Nowhere, 1961), El Mundo Sumergido (The Drowned World, 1962), La Sequía (The Drought, 1965) y El Mundo de Cristal (The Crystal World, 1966), todos libros clásicos centrados en unas catástrofes planetarias en las que la naturaleza se venga del entramado parasitario humano.
El apenas correcto guión de John Donnelly y el matrimonio de Nell Garfath Cox y Dave Thomas, asimismo, refrita mucho del sadismo modelo Michael Haneke, Lars von Trier y Nicolas Winding Refn para combinarlo con los purretes ultra escasos de Niños del Hombre (Children of Men, 2006), de Alfonso Cuarón, y con aquel Alex Garland como director y/ o guionista volcado a la ciencia ficción de idiosincrasia cerebral, en sintonía con Alerta Solar (Sunshine, 2007), Nunca me Abandones (Never Let Me Go, 2010), Ex Machina (2014), Aniquilación (Annihilation, 2018) y Devs (2020), su serie para FX on Hulu: en un futuro donde el colapso ambiental y la radioactividad redujeron los recursos, transformaron a los niños en un lujo y llevaron al poder a un armazón institucional autoritario, una pareja de la alta burguesía, Mia (Elizabeth Olsen), botánica artífice de un invernadero experimental, y Aaryan (Himesh Patel), programador especializado en la creación de mascotas artificiales luego de que se ordenase la eutanasia generalizada de todos los animales, se somete a una evaluación de siete días en los que deberán convivir con una tal Virginia (Alicia Vikander), burócrata bastante sádica que tiene la última palabra en eso de permitirles o no engendrar a un mocoso mediante gestación externa/ artificial. El asuntillo va escalando de a poco y va desde armar rompecabezas, tomar muestras de fluidos corporales, espiarlos tener sexo y el hecho de comportarse como una niña malcriada símil Emma Stone en Pobres Criaturas (Poor Things, 2023), de Yorgos Lanthimos, hasta una incómoda cena con parientes y ex parejas y mucho coqueteo con situaciones de “vida o muerte” y con el arte de manipularlos a nivel sexual y destruir aquello que aman, sobre todo acostándose con Aaryan y generando un incendio en el invernadero para terminar de quebrarlos a escala anímica como una buena torturadora de los regímenes cleptocráticos y neoliberales del Siglo XX y el nuevo milenio.
Con aquella droga omnipresente en la novela de Huxley, Soma, rebautizada en pantalla Senoxidina y destinada a evitar la reproducción, el envejecimiento y las enfermedades de lo que queda de los bípedos, Fortuné, hasta ahora una realizadora de cortos y videoclips a dúo con Emmanuel “Manu” Cossu, se las ingenia para generar algo de empatía a partir del evidente conformismo y narcisismo de Aaryan y Mia, por cierto no mucho más afables que Virginia, y hasta logra esquivar la dinámica teatral de base ya que casi nunca salimos de la casona de diseño del matrimonio, rodeada de un paisaje desértico, una playa rocosa cercana y una “cúpula atmosférica” protectora que hace habitable la zona y recuerda a su homóloga de Highlander II (Highlander II: The Quickening, 1991), la conflictiva secuela de Russell Mulcahy de su propio film de 1986. Si bien el relato resulta demasiado extenso en sus casi dos horas de duración cortesía de una impronta narrativa que gira incansablemente sobre el mismo eje y nunca se decide del todo entre lo deprimente, lo bizarro existencialista o la crueldad lisa y llana, la realización maneja relativamente bien el desarrollo de personajes porque la autoindulgencia y la tranquilidad de la pareja esconden traumas acordes con este contexto desolador, ella habiendo sido abandonada por su madre cuando la enviaron por “disidente” al Viejo Mundo, especie de exilio por fuera del dominio/ amparo estatal, y él arrastrando un trauma con el fuego porque unos manifestantes años atrás incendiaron un laboratorio universitario donde trabajaba por su complicidad indirecta para con el genocidio de la fauna, no vaya a ser que la lacra humana se quede con algo menor a todos los recursos disponibles (agua, alimentos, aire respirable, etc.). Virginia, por su parte, representa a la manipulación institucional disfrazada de confianza, esquema autojustificante del poder que abusa de la ignorancia de unas mayorías que aquí permanecen en las sombras de la historia.
Lejos del engolosinamiento con los CGIs y el formato tradicional del thriller de Hollywood o el mainstream internacional actual, como decíamos antes, La Evaluación sitúa en primer plano a la obsesión de hoy en día con la simulación grotesca de lo real que se siente cercana al sadismo o la banalidad, en la praxis mundana la inteligencia artificial y las redes sociales y en la película el trabajo de Aaryan y la costumbre de la evaluadora de comportarse como una nena insoportable para sacar de quicio a todos a su alrededor, sin embargo también existen otros elementos en juego como el fantasma de la paternidad muy defectuosa, los cónyuges incompatibles, los mocosos efectivamente malcriados y la falta de paciencia en la familia y para con el prójimo en general, amén del apocalipsis de fondo, el rol punitivo del Estado/ la oligarquía privada del capitalismo y el sustrato psicopático de Virginia, no una excepción a la regla sino más bien una fiel cumplidora de las normas como se nos aclara en el epílogo, cuando descubrimos que rechazar parejas con ganas de tener críos es el deporte favorito de la dirigencia porque la esperanza social -garante estúpida de adhesión- siempre debe ser lo último que desaparezca. Los tres protagonistas están perfectos y resulta loable que la “idoneidad para la crianza” derive en cuestionamientos en torno al aislamiento, la convivencia, la hipocresía, el conflicto, el deseo, la artificialidad, la inocencia, el cinismo, la humillación, la supervivencia, el caos, la destrucción, el egoísmo y el infaltable control, no obstante la epopeya desaprovecha una tensión que sobrevuela casi todas las escenas, la guerra fría entre la burguesía profesional privilegiada y los lúmpenes, servidores públicos y burócratas empobrecidos del montón, algo que la propuesta parece reconocer tardíamente en el desenlace señalado, instante en el que Aaryan se sumerge en la burbuja del simulacro, Mia trata de reconectar con mami y a la evaluadora le crece la conciencia y se arrepiente…
La Evaluación (The Assessment, Reino Unido/ Alemania/ Estados Unidos/ España, 2024)
Dirección: Fleur Fortuné. Guión: Nell Garfath Cox, Dave Thomas y John Donnelly. Elenco: Alicia Vikander, Elizabeth Olsen, Himesh Patel, Minnie Driver, Nicholas Pinnock, Indira Varma, Charlotte Ritchie, Leah Harvey, Anaya Thorley, Benny O. Arthur. Producción: Stephen Woolley, Shivani Rawat, Maximilian Leo, Jonas Katzenstein, Elizabeth Karlsen, Grant S. Johnson y Julie Goldstein. Duración: 114 minutos.