Las idas y vueltas profesionales de Arnaldo Jabor (1940-2022), una de las figuras centrales de la cultura primero y el periodismo después de fines del Siglo XX y comienzos del nuevo milenio en Brasil, representan muy bien el derrotero accidentado de Latinoamérica ya que el señor atravesó una seguidilla de metamorfosis que pintan de pies a cabeza los cambios sociopolíticos de la región. Jabor empezó su carrera como director y guionista vinculado al Cinema Novo, una vanguardia anticolonialista y en pos de una identidad nacional brasileña autónoma que tuvo en la Trilogía de la Tierra de Glauber Rocha a su máximo exponente, léase Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (Deus e o Diabo na Terra do Sol, 1964), Tierra en Trance (Terra em Transe, 1967) y Antonio das Mortes (1969), films que influenciaron los dos trabajos inaugurales del amigo Arnaldo, el documental antropológico metropolitano La Opinión Pública (A Opinião Pública, 1967) y la propuesta ficcional Pindorama (1970), bastante barroca y pesimista en función del incremento de la censura y la represión a partir de 1968 dentro del marco de la Dictadura Militar (1964-1985). El primer volantazo en su trayectoria se produciría con Toda Desnudez Será Castigada (Toda Nudez Será Castigada, 1973), una extraordinaria farsa disfrazada de tragedia que no sólo da por terminados los experimentos de militancia social del Cinema Novo sino que además abre una etapa en la que por un lado se ofrece una relectura de izquierda y cerebral de aquellas “chanchadas”, los melodramas de la fase cinematográfica anterior, y por el otro lado se ironiza sobre el “lado B” y el fracaso del Milagro Económico Brasileño (1969-1973), un período de auge sustentado en el esquema desarrollista de Juscelino Kubitschek y João Goulart previo a la dictadura, la deuda externa, las migraciones internas del campo a la ciudad, la especulación financiera, la inversión pública masiva, la campaña de represión contra opositores políticos, el apuntalamiento de la infraestructura vernácula y la profundización de la desigualdad o concentración capitalista de la riqueza social, receta que por cierto originó una burbuja de bienestar ilusorio que explotaría de a poco con la caída de la bolsa local en 1971 y la Crisis del Petróleo de 1973, ya en el plano internacional y por el embargo de los exportadores de crudo contra Occidente por apoyar a Israel en la Guerra de Yom Kipur de octubre de 1973.
Jabor, acorde a sus principios de izquierda del inicio aunque dándoles un nuevo armazón formal, se mantuvo fiel a la fórmula recientemente patentada y no hizo más que pulirla y profundizarla usando de blanco preferido al fetiche que lo acompañaba desde La Opinión Pública, hablamos por supuesto de la clase media y todo su fariseísmo y frustraciones, así las cosas en la siguiente obra, El Casamiento (O Casamento, 1975), exacerbó los ataques contra la burguesía y en la denominada Trilogía del Departamento, aquella de Todo Está Bien (Tudo Bem, 1978), Te Amo (Eu te Amo, 1981) y Sé que te Amaré (Eu sei que vou te Amar, 1986), siguió pegándole a los sectores privilegiados aunque desde otras perspectivas, en términos concretos la comedia en Todo Está Bien y la introspección y la sensualidad en los dos opus siguientes. Dejando de lado un film tardío que no vio casi nadie y ofició de intento de regreso al séptimo arte, La Felicidad Suprema (A Suprema Felicidade, 2010), el realizador dejó de serlo con la llegada en 1990 de Fernando Collor de Mello, un presidente neoliberal e hiper corrupto como Carlos Menem en Argentina y Alberto Fujimori en Perú que desmanteló Embrafilme, empresa estatal nacida en 1969 que dominó la financiación durante los 70 y 80 en pos de suprimir la voracidad de Hollywood, por ello Jabor mutaría en columnista de medios gráficos, radiales y televisivos y sorprendentemente cosecharía una enorme fama por el sarcasmo de sus intervenciones. Sin duda los mejores films del señor fueron Todo Está Bien, su epopeya más redonda en términos humorísticos, y Toda Desnudez Será Castigada, adaptación de la obra de teatro homónima de 1965 de Nelson Rodrigues, uno de los principales dramaturgos y novelistas de Brasil, también fuente de inspiración para El Casamiento -basada en su novela de 1966- y un artista ubicado en las antípodas ideológicas de Arnaldo porque éste denunciaba con convicción a la dictadura y al Milagro Económico mientras que el escritor los apoyaba, no obstante ambos compartían obsesiones que aparecerían incesantemente en sus obras como la prostitución, el incesto, la mediocridad burguesa, el machismo, la injusticia social, el subdesarrollo, las perversiones, el aislamiento, la muerte, los dilemas conyugales y la homosexualidad, entre otras cosillas que derivaban en traiciones vinculadas al adulterio y la implosión familiar en la oligarquía.
A diferencia de otras propuestas de la época como El Bandido de la Luz Roja (O Bandido da Luz Vermelha, 1968), de Rogério Sganzerla, y Qué Sabroso Era mi Francés (Como Era Gostoso o meu Francês, 1971), joya de Nelson Pereira dos Santos, que se pueden englobar tranquilamente en la última etapa del Cinema Novo y sobre todo en los dos clichés del abandono y la pobreza en Brasil, las favelas o villas miseria y el sertão o semidesierto del nordeste del país, algo que tiene más que ver con un espíritu nihilista y socarrón que con la coyuntura concreta de aquellos relatos, Toda Desnudez Será Castigada se centra en la alta burguesía de Río de Janeiro con el doble objetivo de analizar el histeriqueo sadomasoquista entre mujeres y hombres, las primeras decididamente oscurantistas y los segundos adeptos a un honor esperpéntico, y de denunciar la hipocresía religiosa, moral y sociofascistoide de las clases media y alta de las metrópolis de la modernidad, aquí mostrándose cercanas a un rígido sistema ético cristiano de cohesión comunal cuando la soledad, la dependencia de todo tipo y en especial las infidelidades constituyen el núcleo egoísta del asunto, amén de ese planteo de siempre del Jabor guionista de enmascarar como melodrama un surtido de recursos en línea con el absurdo, el costumbrismo, el cine picaresco, el humor negro, la semblanza psicológica, la tragedia griega e incluso una commedia all’italiana muy fácil de incorporar en cualquier comarca del enclave cultural latino. El protagonista es Herculano (el asimismo productor Paulo Porto), un ricachón y viudo reciente que tiene un hijo púber, Serginho (Paulo Sacks), tres tías beatas (Elza Gomes, Isabel Ribeiro y Henriqueta Brieba) y un hermano hedonista con deudas de juego y putas, Patrício (Paulo César Pereio), quien para sacarlo de la depresión del luto y para que vuelva a fluir el dinerillo le presenta a una prostituta que canta en un restaurant de tonos ocres y púrpuras, Geni (Darlene Glória), ninfa obsesionada con el cáncer de mama de la que se enamora a pesar de su estricta educación católica y el hecho de haberle prometido a Serginho que nunca más volvería a estar con otra mujer. El adolescente descubre a los amantes y después se pelea en un bar con un borracho (Waldir Onofre), refriega que lo lleva a la cárcel y a ser violado por un ladrón boliviano con un gorro de Cuzco, Perú (Orazir Pereira), desgarro anal y cirugía de emergencia mediante.
Buena parte del film se consagra a la ridiculización del burgués por su dejo conservador e histérico y de las tías por su sustrato santurrón o parasitario para con Herculano, este último un rasgo que comparten tanto con Patrício, responsable de la idea de que Geni se case con el protagonista para controlarlo/ manipularlo, como con Serginho, otro tradicionalista que cae en múltiples contradicciones porque luego de conocer a la furcia en el hospital la insta a contraer matrimonio con Herculano, aprovechando que la mujer se siente culpable por la violación, con el propósito de iniciar un romance incestuoso con Geni, su madrastra, para amargarle la vida al progenitor por el quiebre del duelo. Jabor introduce una gran novedad con respecto al texto de Rodrigues, precisamente la violencia sexual en la mazmorra de la policía, para reírse de un comisario (Hugo Carvana) que hace gala de su inoperancia, su corrupción y sus tendencias putañeras frente al padre del joven, sin embargo el realizador mantiene la estructura de racconto o narración retrospectiva del teatro, todo construido a partir de un catalizador sencillo y astuto -símil narrador subjetivo o no confiable- centrado en una grabación para Herculano de parte de la ya fallecida Geni, la cual en el desenlace descubrimos se cortó las venas después de presenciar la fuga de Serginho hacia Europa con el ladrón boliviano, su amante oculto. Con actuaciones a veces exageradas o autosatíricas y un título que hace referencia al erotismo pero también a la dificultad de los personajes a la hora de sincerarse con el prójimo, la película por un lado explora tópicos varios como la parentela, el óbito, el deseo y la ética muy laxa a la latinoamericana, sin duda más cerca del grotesco paródico clásico que de la rigurosidad del Cinema Novo o esa fantasía irreverente de entrecasa del realismo mágico, y por el otro lado piensa la incompatibilidad total en la mentalidad de la época entre sexo y respetabilidad comunal, algo sintetizado en una frase de Geni, “una puta nunca se casa”, y en su constante pendular entre meretriz y santa a ojos propios y del resto de las criaturas en pantalla. Otra característica muy interesante del bello y curioso film de Jabor es su multiculturalidad a nivel musical, recuperando desde boleros y piezas tangueras del querido Astor Piazzolla hasta composiciones de Roberto Carlos, Carl Orff, George M. Cohan y Quincy Jones o el himno de la Revolución Mexicana, Adelita…
Toda Desnudez Será Castigada (Toda Nudez Será Castigada, Brasil, 1973)
Dirección y Guión: Arnaldo Jabor. Elenco: Darlene Glória, Paulo Porto, Elza Gomes, Isabel Ribeiro, Paulo Sacks, Henriqueta Brieba, Paulo César Pereio, Orazir Pereira, Waldir Onofre, Hugo Carvana. Producción: Arnaldo Jabor, Paulo Porto y Roberto Farias. Duración: 102 minutos.