Hurry Up Tomorrow

El arte de pedir perdón

Por Emiliano Fernández

El canadiense Abel Makkonen Tesfaye alias The Weeknd, sin duda uno de los cantantes, compositores y productores más prominentes del Siglo XXI gracias a su fórmula de synth-pop más hip hop progresivo más dance más rhythm and blues alternativo, concibió una película de impronta semi autobiográfica después de un episodio acontecido en septiembre de 2022 en el SoFi Stadium de Los Ángeles, cuando tuvo que detener un recital de la gira After Hours til Dawn (2022-2025) por haberse quedado sin voz por un supuesto caso de estrés, así las cosas el flamante proyecto prontamente sería asignado a Trey Edward Shults, realizador y guionista estadounidense de background entre independiente y experimental como lo demuestran sus interesantes propuestas anteriores, la epopeya de terror It Comes at Night (2017) y los dramas familiares Krisha (2015) y Waves (2019). La obra resultante, Hurry Up Tomorrow (2025), fue musicalizada, escrita y producida por The Weeknd y rodada a principios del año 2023, un detalle fundamental que equivale a decir que estuvo “guardada” durante la friolera de dos años porque los máximos responsables no conseguían un distribuidor que permitiese terminar la post producción y estrenar un producto muy poco comercial a ojos del conservadurismo contemporáneo, período que el impaciente Tesfaye rellenó tanto con la colección de polémicas alrededor de The Idol (2023), la horrenda serie para HBO que el artista creó junto con Sam Levinson y Reza Fahim, como con la banda de sonido homónima para la película, de hecho editada unos meses antes de la llegada del film a las salas y oficiando de álbum oficial de estudio de The Weeknd, quien de todos modos optó por incluir en el relato hits previos como Blinding Lights (2020) y Gasoline (2022).

 

Nuestro soundtrack de turno, parte de una trilogía existencial junto con los discos anteriores After Hours (2020) y Dawn FM (2022), por cierto un trabajo digno que superaba al primero y caía por debajo del segundo, ya anticipaba de manera más que clara que el asunto estaría vinculado al masoquismo de siempre -de cadencia paranoica y romántica- de The Weeknd, combo que fue exacerbado durante estos dos últimos años a raíz de un doble e hilarante intento de cancelación en redes sociales y medios masivos de comunicación contra Tesfaye, primero porque es un profesional misógino y homofóbico de índole rockera clásica, léase sexista tradicional por el encuentro con una catarata de groupies un tanto descerebradas que evidentemente no le han dejado una buena opinión del rubro femenino más allá de lo que digan sus baladas más edulcoradas, y segundo porque, precisamente, The Idol fue un bodrio caprichoso y hedonista en el que el músico -mejor productor que compositor, dicho sea de paso- pasaba vergüenza por una narración caótica y por su triste desempeño como un gurú, Tedros, que pretendía controlar a una superestrella del pop chatarra actual, Jocelyn (Lily-Rose Depp, la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis). Hurry Up Tomorrow, la película, supera por mucho a The Idol y resulta más honesta y atractiva que la basura hollywoodense promedio del Siglo XXI, musical o no, aunque tampoco se puede negar que la experiencia es bastante redundante y adquiere la forma de una versión sepulcral, lynchiana y compuesta de los tres tanques cinematográficos de su ídolo histórico, Prince, nos referimos a Purple Rain (1984), Under the Cherry Moon (1986) y Graffiti Bridge (1990), vehículos narcisistas que exploraban todos los semblantes de la popularidad y no sólo la dimensión más funesta.

 

Mucho más cerca de una autoindulgencia modelo jet set filtrada por aquel slow cinema de las décadas del 80 y 90 que de un musical tradicional o siquiera un thriller psicológico como se intentó vender a la odisea en una jugada desesperada de marketing para conseguir distribución, lo que ocurriría de la mano de Lionsgate, la propuesta en esencia invierte la fórmula parasitaria de The Idol del terreno del artista y el fan o círculo externo ya que nos presenta a Tesfaye haciendo de sí mismo y autovictimizándose en pleno “costado oscuro” de la celebridad, en suma deprimido por haber provocado la tajante ruptura con su ex novia, entregado a fiestas banales con drogas y groupies y a un tour larguísimo programado por su manager/ mejor amigo, Lee (Barry Keoghan), y no pudiendo cantar debido a una disfonía por tensión muscular, trastorno psicológico a raíz del estrés y el exceso de trabajo. Luego de un recital en el que efectivamente se queda sin voz y decide bajarse del escenario apenas empezado el show, Abel conoce a una tal Anima (Jenna Ortega), linda muchacha que viene de incendiar su casa en el campo y con la que comparte una serie de momentos lúdicos en una feria de la costa de California. Ambos conectan a escala anímica y pasan la noche juntos pero a la mañana siguiente él se muestra distante y pretende marcharse para retomar su gira, por lo que la joven le pega en la cabeza con una generosa botella de champagne que le provoca una alucinación que incluye una ciudad desierta, una señorita bien lúgubre y un encuentro en torno a una fogata con una acepción infantil de sí mismo (Ivan Troy), frente a la cual no puede sostener la mirada. Pronto el ídolo despierta atado al lecho que compartió con la ninfa, ahora interesaba en que se sincere y reconozca toda su “toxicidad” emocional.

 

Si bien la realización es la más floja de Shults ya que exuda la categoría de “proyecto por encargo” a través de todos sus poros artísticos, como decíamos antes por lo menos supera a bodrios recientes del mainstream musical planetario, como por ejemplo las biopics Disco, Ibiza, Locomía (2024), Bob Marley: One Love (2024) y Better Man (2024), esta última acerca de Robbie Williams, y además nos regala ese excelente desempeño en fotografía y edición que siempre podemos esperar de un director tan concienzudo como el que nos ocupa, adepto a los primeros planos, los travellings y un montaje etéreo aunque nunca del todo críptico. Por supuesto que The Weeknd vuelve a entregar una actuación demasiado forzada o cuasi amateur, como ocurriese en The Idol, pero el problemilla está compensado por la presencia de dos profesionales de la talla de Keoghan y Ortega, los encargados de ayudar a la estrella y volcar la balanza hacia el naturalismo de la desesperación más un popurrí de otros tópicos de los dramas intimistas, pensemos para el caso en el desamor, la soledad, la depresión, la vulnerabilidad, el egoísmo, la dependencia, la confusión, la culpa, el aislamiento y la apatía. Los problemas, lamentablemente, son diversos e importantes como el nulo desarrollo de personajes, la falta de humor o una faceta autoparódica de la fama, la redundancia del surrealismo de expiación del último acto, la pobre incorporación de las canciones nuevas -sólo se salvan Wake Me Up, Drive y la power ballad homónima sobre el arte de pedir perdón, Hurry Up Tomorrow– y el latiguillo refritado del desenlace a lo Misery (1990) o la legendaria y muy semejante The Fan (Der Fan, 1982), cuando Anima asesina al metiche de Lee y amenaza con incinerar a Abel en su lujoso aposento de hotel…

 

Hurry Up Tomorrow (Estados Unidos, 2025)

Dirección: Trey Edward Shults. Guión: Trey Edward Shults, The Weeknd y Reza Fahim. Elenco: The Weeknd, Jenna Ortega, Barry Keoghan, Ivan Troy, Riley Keough, Paul L. Davis, Sebastian Villalobos, Roman Mitichyan, Kiara Liz, Olga Safari. Producción: The Weeknd, Reza Fahim, Kevin Turen y Harrison Kreiss. Duración: 105 minutos.

Puntaje: 5