Pink Floyd: Live at Pompeii

Vestigios psicodélicos

Por Martín Chiavarino

Después de Let It Be (1970), el documental de Michael Lindsay-Hogg sobre la gestación del último disco de estudio de The Beatles y su legendario recital en la terraza del edificio del estudio de grabación Abbey Road, todo era posible en términos de unir la música con el cine, por lo que el realizador francés Adrian Maben, en ese momento de veintinueve años, le propuso a David Gilmour y al manager de la banda, Steve O’Rourke, hacer una película combinando la potencia alucinatoria de la música en vivo de Pink Floyd con imágenes de fondo de cuadros de pintores vanguardistas como René Magritte, Jean Tinguely y Giorgio de Chirico, uniendo de hecho el rock y la pintura, pero la noción fue rechazada de cuajo por todos los integrantes de la banda, por lo que Maben tuvo que reformular su proyecto. La idea para esta aventura le vino en un viaje a Nápoles tras visitar las ruinas de la ciudad de Pompeya, en el sur de Italia, sepultada por los sedimentos de la erupción del volcán Vesubio en el año 79. Al contemplar las espectaculares ruinas del anfiteatro aún en pie de la ciudad se le ocurrió que Pink Floyd podía realizar un recital en ese preciso lugar, al aire libre, sin público, un concepto novedoso para la época. En ese mismo instante comenzó la odisea de convencer a las autoridades, para lo que Maben necesitó de un amigo en la Universidad de Nápoles, un profesor fanático de Pink Floyd llamado Carputi. Lograr conectar todos los equipos en medio de las ruinas en un anfiteatro abandonado dos mil años antes también fue, por supuesto, un desafío que necesitó del ingenio de los operadores técnicos, quienes tuvieron que conseguir cables de larga distancia que lleguen hasta el ayuntamiento.

 

En esa época Pink Floyd estaba en plena transición desde la psicodelia hacia la música conceptual más accesible de la mano de las ideas de Roger Waters, a punto de lanzar uno de los discos más importantes de la historia del rock, The Dark Side of the Moon (1973), que contenía una de las tapas icónicas del rock progresivo, diseñada por Hipgnosis, estudio en ese momento conformado por los ingleses Storm Thorgerson y Aubrey Powell. Tan solo unos años antes, la banda había editado Meddle (1971), su último gran disco de estudio, y luego Obscured by Clouds (1972), álbum que oficiaba de soundtrack de la película La Vallée (1972), del director iraní/ suizo Barbet Schroeder.

 

Esta transición es la que marcó las dos etapas de la película y los sucesivos cambios, dado que en un comienzo el período de grabación, que había comenzado con el largo viaje del equipo de sonido durante tres días desde Londres hasta Pompeya, culminó con el registro de tan solo tres canciones, Echoes y One of These Days, de Meddle, y A Saucerful of Secrets, del álbum homónimo, a principios de octubre de 1971, para luego grabar el resto de los temas en un estudio de París, Europasonor, a mitad de diciembre de ese mismo año.

 

Aunque gran parte del interés reside en este recital sin público, donde se colaron algunos niños que observaron y escucharon a la banda en el anfiteatro a pesar de que estaba clausurado para el evento, Maben logró combinar el arte con la música proyectando diversos mosaicos romanos o erupciones volcánicas, sobre todo lava desbordando por un volcán y lodo hirviendo, en medio de las evocativas canciones de Pink Floyd.

 

Para introducir las composiciones el documental utiliza letras de molde iluminadas sobre un fondo oscuro con tiras horizontales de luz que contrastan con el resto de las imágenes que se suceden a posteriori. En la versión original lanzada en 1972, estrenada en el Edinburgh International Film Festival, la película contenía tan solo ocho temas, la introducción, Pompeii, y luego Echoes, Part 1, Careful with That Axe, Eugene, A Saucerful of Secrets, One of These Days, Set the Controls for the Heart of the Sun, Mademoiselle Nobs y Echoes, Part 2, por lo prácticamente reproducía el álbum Meddle y un par de temas de A Saucerful of Secrets, dejando completamente atrás Atom Heart Mother (1970). Después de esta función y de la cancelación del estreno masivo, Maben decidió incluir material del rodaje con entrevistas a los integrantes de la banda en las que hablaban de su visión de la música, del mundo, de cuestiones cotidianas y del nuevo rumbo del grupo, por lo que para el reestreno en 1973 y 1974 incluyó material de la grabación de The Dark Side of the Moon, en especial tomas de On the Run, Us and Them y Brain Damage en los estudios Abbey Road, alargando la duración de la obra en unos quince minutos. Para la salida del DVD en 2002 y con la moda del Director’s Cut a cuestas, Maben borró la introducción y On the Run y por alguna razón agregó registros del programa espacial Apollo, sin embargo para la última versión orientada a cines, la restauración en 4K de 2025, la introducción instrumental, Pompeii, por suerte está de regreso.

 

Además de incluir pequeñas perlas sobre la visión que Roger Waters estaba imprimiendo en la banda, Pink Floyd: Live at Pompeii (1972) cuenta con algunas de las escenas más increíbles del rock, desde el zoom out/ alejamiento de la cámara en el anfiteatro abandonado y las demostraciones de virtuosismo y experimentación sonora por parte de David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright hasta el arrebato de Waters con el gong, pasando por el “canto” de una borzoi hembra en Seamus, tema de Meddle que se caracteriza por utilizar la voz de un border collie y que aquí es rebautizando Madeimoselle Nobs y reformulado con Gilmour tocando la armónica para disgusto del perro, que intenta acallar el sonido con sus gemidos caninos mientras Wright coloca el micrófono en el hocico del animal.

 

Maben logra recrear las dos etapas de la banda, una psicodélica que estaba retrocediendo para dar lugar a la más recordada y aclamada posterior a The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here (1975), con nuevas ideas que comenzaban a germinar a medida que los músicos ganaban familiaridad con los nuevos equipos técnicos y sus posibilidades sonoras. La película, a esta altura mítica dentro de la historia del rock, es un gran ejemplo de la combinación de distintos tipos de manifestaciones artísticas, de cómo abordar la experimentación en el rock y de las posibilidades de la unión entre el cine y la música, en una propuesta que captura a la perfección toda la potencia sonora y la capacidad de asombro de Pink Floyd.

 

Pink Floyd: Live at Pompeii (Reino Unido/ Francia/ Bélgica/ República Federal de Alemania, 1972)

Dirección y Guión: Adrian Maben. Elenco: Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason. Producción: Steve O’Rourke, Reiner Moritz y Michèle Arnaud. Duración: 85 minutos.

Puntaje: 10